Hope (3)

  28 Enero 2021

Entereza entre las entrañas

hope-0En unos tiempos en que la autoficción es tendencia entre los grandes cineastas, a través de la cual efectúan confesiones veladas sobre su esfera privada, pero siempre dejando el beneficio de la duda sobre qué es verdad y qué es literatura, Maria Sodahl arranca su película con esta sincera afirmación: «Esta es mi historia, tal y como la recuerdo».

La noruega ha vuelto de su retiro forzado, tras debutar hace una década con Limbo (2010), para hablarnos sin tapujos de su experiencia con el diagnóstico de un tumor cerebral aparentemente incurable, el cual afortunadamente consiguió superar. Sodahl comprime el relato en una semana, concretamente la de Navidad, en la cual los altibajos emocionales atacarán a la protagonista, Anja.

La armonía familiar de estos días choca frontalmente con el afrontar un destino probablemente fatal, mientras que en el frío clima de las salas de consulta Anja, a su vez, se aferra a cualquier atisbo de futuro.

El film de Sodahl podría inmiscuirse en el telefilm, pero la cineasta fortalece su obra con un posado realista con el que legitimar su vivencia, creado en base a un seguimiento médico polifónico, lleno de puntos de vista y pronósticos variables que enriquecen las lecturas de la enfermedad y, sobre todo, la gestión emocional de ella.

Sin embargo, Hope sobrepasa los estándares del drama médico y aprovecha para indagar en algo mucho más profundo. Paralelamente al descubrimiento del cáncer, asistimos a la fase terminal de la relación de Anja con su pareja de hace décadas, con la que tiene tanto hijos propios como de matrimonios anteriores, representados por estos alter ego de ella y de su marido (el director Hans Petter Moland). Tóxico como el tumor que destruye el interior de la protagonista, es algo que llevaba consumiéndose desde hacía más tiempo pero que, al final, les estalla en toda su cara, sin importar que sea Navidad.

Sodahl estudia los efectos del descuido de una relación duradera que parecen irreversibles con suficiente madurez y serenidad para creerlos y validarlos, pese a que en algún momento pueda tirar de cliché. Eso acaba dando igual porque Sodahl ha decidido valientemente exponer su intimidad —mediada a través del dispositivo fílmico—-, y va a fondo en la descripción de una semana angustiosa, donde el final de todo está cerca.

La película se sitúa a medio camino de los melodramas nórdicos que destilan calidez, como pueden ser los de Susanne Bier o Bille August: tenemos muy presente Silent Heart (2014), pero con un estilo más comedido y depurado, que lo acerca a las crisis de Ingmar Bergman, especialmente de Secretos de un matrimonio (1974).

La cineasta, por su parte, peca a veces de exhaustiva en algún pasaje redundante y reiterativo, pero al mismo tiempo es coherente a la hora de generar esa sensación de hastío y pesadez ante la espera de novedades decisivas. Además de la honestidad de Sodahl tras la cámara, buena parte del crédito cabe asignarlo a unos esplendorosos Stellan Skarsgard y, sobre todo, Andrea Braein Hovig, supurando química en el momento más decadente de la vida de sus personajes.

+-Habiendo tratado una vivencia muy personal, Maria Sodahl ha firmado una película bastante

 equilibrada sobre un tema de tratamiento muy delicado que escapa en todo momento de la 70 pornografía sentimental, pero que tampoco se deja llevar por un optimismo frívolo ni se enmarca en una asepsia insensible. 

Hope es pesimista, dolorosa, pero, como reza su título, también esperanzadora.

Escribe Aleix Sales | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna | Fotos Adso Films

 

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