Perfumes (3)

  12 Enero 2021

Más interesante de lo que parece y de lo dicen

perfumes-0Desde el comienzo, la película ya se hace atractiva. Guillaume, un padre, y su hija salen de la piscina para comprar un tentempié en una máquina expendedora. Como no tiene monedas, el padre zarandea la máquina, miente al empleado y consigue con mentiras y argucias la merienda para la niña sin pagar nada.

Lo que sucede, entre turbador y ligero, define a su protagonista, un individuo simpaticón pero lerdo, escaso de recursos pero avispado.

Lo que sigue nos muestra al personaje ante un juez pleiteando por la custodia de su hija frente a su exmujer; le obligan a tener una casa más amplia para compartir la custodia. De esta guisa, el director Magne consigue de manera sencilla iniciar su película con un nivel que propicia el interés del espectador, mostrando, de forma espontánea y con perspicacia psicológica, la mediocridad y mala educación de un hombre que probablemente no ha tenido oportunidades educativas.

La protagonista

Anne Walberg es una exitosa creativa del mundo de la perfumería, una estrella de este mundo. Inventa, conceptúa y elabora aromas y vende su enorme talento a una gran variedad de empresas. Es una mujer que conoce el valor de su don y vive cuidando mucho ese olfato que es una cualidad frágil que necesita de buenos alimentos, descanso y abstenerse de beber alcohol o contaminarse con los malos olores del tabaco o la suciedad.

En cierto modo es una mujer narcisista que vive como una artista de lo suyo, que es la nariz, y suele exhibir un fuerte temperamento y cierto egoísmo, frialdad y desinterés frente a los demás, a la vez que vive en soledad.

La cosa es que Anne ha sido difamada profesionalmente de haber padecido un episodio de «anosmia» o pérdida del olfato. Desde este episodio —que fue real, aunque ella no lo divulgara por propio interés— tuvo que utilizar su talento y aprendizajes para continuar ideando sus exquisitas esencias.

Pero la memoria o el aprendizaje anterior de los bálsamos no fueron suficientes para seguir en la cumbre. Resultó así despedida de la empresa de perfumes de la que era número uno. Ahora se gana la vida diseñando olores para desodorantes de supermercado, inventando efluvios ambientales cara al turismo, como por ejemplo el olor de una cueva paleolítica, o diseñar el olor adecuado para una firma de bolsos de piel de lujo.

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La unión de ambos

Guillaume es contratado como chófer de la exigente señorita Walberg, que ha de ir y venir por la geografía francesa ofreciendo sus «servicios-nariz». En el entorno inmediato de la quisquillosa y fría Anne el único que no la teme es Guillaume, un hombre que amén de desastroso y con problemas domésticos, se ve en la obligación de aguantarla, pues debe ganar dinero para pagar un nuevo apartamento en el que convivir con su hija de diez años. Es por ello que él soporta y ella no lo despide de su trabajo.

Anne es maniática con los olores de las sábanas de los hoteles, el olor a cigarrillos o la proximidad con la gente. Obliga a Guillaume a no fumar, a que le ayude a cambiar las sábanas o a subir y bajar sus pesadas maletas, cosa que a él le revienta. Una pugna entre dos personalidades muy distintas que acaba por crear en sus inicios un tipo de vínculo delirante e incluso cómico, a la vez que imprevisible.

Los dos protagonistas están condenados a entenderse e incluso a avenirse, lo que, siguiendo con la cosa olfativa, se huele desde el primer momento. Sin bien no es un film de grandes pasmos sí lo es de gratas sorpresas, además de original. Es original por los personajes tan singulares, por el raro oficio de la olfativa señorita y porque a pesar de todo, el espectador apenas puede adivinar qué va suceder en la escena siguiente.

Hay también un capítulo apreciable en la trama, en el sentido de que los personajes deben aprender a comprenderse y respetarse, deben pues evitar profundizar temas punzantes como las relaciones sociales y el clasismo que caracteriza a la protagonista.

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Película humana y humanista

Estamos ante una obra humana y humanista, hermosa en el mejor sentido, no es venturosamente ambiciosa en sus pretensiones y se ve de buena gana. A pesar de ser un poco densa en su parte central, acaba consiguiendo lo que pretende, lo cual podría decirse con palabras de Ocaña: «No busca más que lo que hay, pero lo encuentra».

El director Grégory Magne estrena su primer film en solitario, con un guion de su autoría que plantea la historia de dos personajes enfrentados, dándose codazos larvados, pullas, todo ello a riesgo de que ocurran incidentes incluso potencialmente inquietantes.

De un lado está la extraordinaria soberbia de una mujer que usa su olfato como herramienta de negocio para asesorar nuevas emanaciones o sugerir el tipo de olor que debe prevalecer en determinado ambiente o institución, lo que incluye la llegada de turistas y otros visitantes o compradores; o sea, mete sus narices en los asuntos de los demás —nunca mejor dicho—.

Él es un hombre que ha de sobrevivir para su sustento y la crianza de su hija (superviviente en París); un hombre un poco fullero con las cuentas y embustero, que la lleva y trae a Anne a lo largo y ancho de sus viajes en automóvil Mercedes Benz de lujo de la empresa para la que trabaja.

Cada uno en su modalidad son ejemplos de mala educación por doquier, él como hombre sagaz pero burdo y pícaro, ella como mujer estrella de las fosas nasales, pero insensible al prójimo. Ambos podrán aprender el uno del otro y corregir el rumbo, incluso en las pequeñas cosas.

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Aspectos técnicos

Tiene una buena puesta en escena con una atrayente banda sonora de Gaëtan Roussel, música deliciosa que acompaña y no invade, que es dulce y atrayente. Excelente fotografía de Thomas Rames, unido a un tempo narrativo acompasado y aceptable con la historia.

El reparto es muy bueno, con unos estupendos Emmanuelle Devos (expresiva y elegante) y Grégory Montel (verosímil y natural) que sintonizan, si es que se puede hablar así, en una interpretación dual interesante.

Aparece igualmente en un pequeño papel nuestro compatriota y actor muy apreciado en Francia, Sergi López, un trabajo como Dr. Ballester, experto en temas del olfato, que el actor español acierta a interpretar jugosamente, con magisterio.

Acompañan con solvencia artistas como Gustave Kervern (el gerente), Zelie Rixhon (como la simpática hija) y William Sciortino.

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El tema del olfato y el aspecto humano de escuchar

Es de gran interés en esta película el análisis que hace del negocio de los olores, una industria multimillonaria que abarca no solo el diseño de perfumes de alta gama para las firmas y casas de moda, sino también los esfuerzos para disfrazar la fetidez de las emisiones de fábricas o aromas para fumigar los supermercados y que la gente compre abundantemente.

Como escribe Felperin: «Esta película se siente un poco como un tributo a talentos como Becker y Christine Nagel (antes de Jo Malone, ahora en Hermès) que actuaron como asesores de la película. Esa atención al detalle agrega una grata capa de complejidad, lo que hace que todo sea un poco como una visita al departamento de perfumes de las Galeries Lafayette antes de un viaje en taxi en un día lluvioso en París».

Entonces, al hilo de lo dicho, esta película trata del arte tan enigmático y desconocido del olfato, del saber oler, diferenciar y mezclar fragancias; el olfato, una modalidad sensorial y perceptiva no bien entendida aún por la fisiología y la psicología de la sensopercepción, o no tanto como la audición o la visión, por ejemplo. Por lo tanto, este extremo es ya un valor argumental del film (recuerdo aquí la novela El perfume del escritor alemán Patrick Süskind, llevada al cine por Tom Tykwer en 2006 con el título El perfume: Historia de un asesino).

Y en otro extremo, también nos interiorizamos en la historia de la muy inusual habilidad en los tiempos que corren de saber escuchar, una necesidad imperiosa para cualquier actividad entre personas, callar y escuchar, sencillo, pero poco frecuente. La película también lo subraya como un valor.

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Pero sin duda es en los elementos y detalles sensitivos, a veces con una componente metafórica, donde la película resulta más acertada. Se insinúan los aromas de la hierba recién cortada, el perfume J’adore de Dior (que Anne se atribuye, pero cuya formulación es obra del maestro perfumista Calice Becker) o los ambientadores de coche.

Esta sensualidad olfativa es destacable incluso como elemento erótico, dado que el film no es en sentido estricto una historia de amor entre sexos, aunque sí afirmo que es un relato amoroso en el plano de la amistad, la valoración y el afecto que ambos protagonistas acaban por tenerse, lo cual no cuento, y que concluye en final feliz o muy feliz.

Para ello no han hecho falta a Magne los cuentos morales o fábulas exóticas, tampoco escenas de cama, sino enseñanzas básicas que tanto la Mademoiselle olfativa como el burdo chófer aciertan a transmitirse mutuamente, mensajes y enseñanzas que van y vienen de forma llana, pero eficiente para sus respectivos espíritus. Progresivamente, Anne va suavizando su carácter altivo y Guillaume se torna más comprensivo y complaciente, estableciéndose entre ellos una relación más sintónica y entrañable.

Esta relación chófer-cliente hace que esta cinta también recuerde el patrón de la película Green Book (2018), de Peter Farrelly, donde los dos protagonistas contrapuestos acaban entendiéndose y salen enriquecidos de la relación.

Película que se ve con gusto, que entra por los ojos y por la nariz, por lo que recomiendo que no se pongan la mascarilla, pues Perfumes invita a oler y respirar. Está bien dirigida, no aburre y es una cinta inteligente. Hay Parfum, también Eau de Toilette, jabones, ambientadores y aromas mil. Obra con un bouquet exquisito y a Emmanuelle Devos que consigue con su mirada límpida y sus aciertos como actriz dotar de elegancia a la película. 

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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