Lux Aeterna (3)

  18 Noviembre 2020

Autoría y provocación

lux-aeterna-0En el cine de Gaspar Noé el planteamiento estético y la provocación son dos elementos que vehiculan su concepto narrativo. Y no son conceptos independientes, que se puedan separar, pues ambos caracterizan el riesgo y la situación límite a la que termina abocando todas sus producciones, afectando a todo el discurso fílmico —desde el modelo de la narración hasta el contenido—.

Adjetivos como excesivo, rareza, provocativo, experimental o polémico le acompañan desde sus inicios con su etapa de cortometrajes y no le han abandonado en los largometrajes que componen su filmografía.

El juego con la narración invertida que convierte el prólogo en un epílogo, y el uso del sexo y la violencia era esencial en Irreversible, los planos secuencia de este filme por las calles de París tienen su continuidad aumentada en el Tokio de Enter the void, en el que además se añade un carácter subjetivo (voz en off, parpadeos). La construcción de una atmósfera visual que nos introduce en una especie de viaje psicodélico y psicotrópico termina provocando una catarsis que el director argentino afincado en Francia quiere que salga de la pantalla para alcanzar de lleno al espectador.

A todo ello hay que añadir el uso de los géneros para acrecentar ese efecto provocador o experimental. Así, Love (2015) jugaba con el porno mediante la mostración explícita de las escenas de sexo, como Climax (2018) lo hacía con el musical. Es cierto que este planteamiento de enfant terrible hace que sus películas se polaricen entre el entusiasmo y el rechazo absoluto, pues ese planteamiento provocador termina convirtiéndose en muchas ocasiones en un mero ejercicio formal vacío de contenido.

Ahora llega a las salas de cine, a través de Filmin Cinema, su última obra, Lux Aeterna, un mediometraje del año 2019 presentado en el festival de Cannes el pasado año. El trabajo es un encargo de la firma de moda Saint Laurent, dentro de su proyecto Self 04, que Noé aceptó dirigir en febrero de 2019, marcándose el objetivo de realizar un rodaje rápido —cinco días, sin guion— de tal forma que la película pudiera exhibirse en el festival de Cannes de ese mismo año. Los condicionantes que impuso Saint Laurent fueron que en el filme debían participar modelos y contar con vestuarios de la firma de moda francesa.

Con esta premisa, Gaspar Noé plantea una historia en la que una actriz (Charlotte Gainsbourg) acepta interpretar a una mujer que va a ser quemada en un filme que se está rodando sobre las brujas en la Edad Media y que está dirigido por Béatrice Dalle, en un relato que se inscribe en el modelo de cine dentro del cine.

La cita introductoria de Dostoievski, sobre lo que se siente un segundo antes de una crisis epiléptica y los títulos de crédito del inicio —que entroncan con el comienzo de Enter the void— anuncian el estallido de imágenes al que vamos a asistir en un camino que tiene como objetivo reivindicar el cine como arte, de ahí las primeras imágenes de Dreyer y la cita del cineasta danés: «los cineastas tenemos una gran responsabilidad, debemos elevar el film del plano de la industria al del arte».

Noé filma la conversación entre los personajes de la directora y la actriz rompiendo la planificación del modelo clásico de representación utilizando la pantalla partida para introducir el discurso sobre la experiencia que ambas actrices han tenido con los directores. Una cámara nerviosa y que sigue a los personajes, junto con el uso de los colores característicos en su obra —el rojo— muestran el caos del rodaje de la escena de la hoguera. El productor quiere apartar a la directora y sustituirlo por el director de fotografía, poniendo en primer plano la reivindicación del director como creador frente a las presiones de la producción.

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La pantalla partida con acciones y diálogos independientes en cada una de ellas sirve para representar el caos y los vertiginosos movimientos, unidos a las citas que van mostrándose en la pantalla de Jean-Luc Godard, Dreyer o Fassbinder («cuando la presión sube demasiado me transformo en un dictador») visualizan la dificultad del artista para crear su obra de arte con libertad dentro de esa estructura orgánica que es un rodaje: actores y actrices, técnicos, invitados, dificultades o interferencias.

El filme repasa con brutal ironía el papel del director intransigente, los productores codiciosos, los técnicos egoístas, los actores caprichosos o la crítica de cine, y no deja títere con cabeza, en un juego entre ficción y realidad —los actores y actrices muestran sus identidades reales— que acompaña el caos estilístico en una diatriba sobre el cine como industria y en esa característica,  que significa el  trabajo colaborativo en el cine, donde la autoría está compartida.

En ese ejercicio reivindicativo del cine como arte, los últimos diez minutos enlazan con el inicio, donde las luces parpadeantes y la música electrónica sobre la escena de la hoguera definen la creación como un ente abstracto y con capacidad propia para elevarse por encima de todo lo demás.

Gaspar Noé, confeso admirador de Kubrick, rinde su particular homenaje con esta secuencia de colores y parpadeos que recuerda el último viaje de Bowman en la nave de 2001: una odisea del espacio, con ese bloque final entre lisérgico y extático que convierte a Charlotte Gainsbourg en un remedo moderno de Maria Falconetti en La pasión de Juana de Arco.

Fiel a su estilo, Noé filma esta composición de metacine atribuyéndose el papel de creador supremo con un personaje entre la composición del cineasta como artista y el exhibicionismo ególatra y provocador, equiparándose a esos grandes cineastas de los intertítulos. En este sentido, Lux Aeterna profundiza en el estilo del director francoargentino para gozo de sus fieles seguidores y amargura de sus detractores

Por último, constituye una buena noticia que en estos tiempos tan complicados para la exhibición cinematográfica, Filmin Cinema apueste por estrenar este tipo de obras de más difícil acceso, y con un metraje poco común, en las salas de cine.

Escribe Luis Tormo  

 

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