La diosa Fortuna (2)

  09 Octubre 2020

La reformulación del mismo truco de magia

la-diosa-fortuna-0El título de la última obra del cineasta turco (asentado en Italia) Ferzan Ozpetek, La diosa Fortuna, ya indica aproximadamente por dónde se irá encarrilando la película conforme avance su metraje. Lo que Ozpetek nos presenta es una combinación de drama de pareja y drama familiar, que desde el comienzo quedan unidos en una trama no del todo original, pero que sí sabe exhibir un corazón y un conocimiento de la vida muy grandes.

A través de una nimia referencia mitológica, la película nos brinda una mirada positivista sobre las relaciones de pareja, sin arriesgarse en exceso con sus formas cinematográficas Es imposible que esta película te socave de romanticismo o te deje los labios fruncidos de tristeza.

Si algo caracteriza a Ferzan Ozpetek es esta temática repetida sobre el desgaste afectivo que se produce en el compartimiento rutinario del amor y que un elemento nuevo es capaz de revolotear todos los esquemas pos establecidos de la relación.

Alessandro y Arturo, pareja desde hace más de 15 años, están en crisis desde hace tiempo. La pasión y el amor se han transformado en un sentimiento de afecto. La llegada imprevista de dos niños que la mejor amiga de Alessandro les deja en custodia podría, sin embargo, aportar un cambio a su estancada rutina. Esta solución es un gesto de locura. Pero el amor no deja de ser un estado de placentera locura.

Desde la aparición infantil, el film busca impregnarse de una ternura que aligera su entretenido visionado y la conjugación de unas repartidas dosis de comedia y drama.

Sin embargo, su confuso prólogo y paralelamente su banda sonora desentonan inadecuadamente con lo que es en resultado. Si no tienes la suerte de leer la sinopsis, tu instinto podría asociar los gritos agonizantes del comienzo y la fotografía sombría con una película de terror.

Fuera sarcasmos por mi parte y en intento de redacción seria, me desconcierta cómo su director no se percató de este desbalanceo en la puesta de escena que se prolonga hasta bien entrado el nudo. Bien podemos destacar que a pesar de lo que podemos denominar carácter discordante, el apartado actoral siendo desconocido para el público no doméstico brilla en sobriedad de un mensaje significativo enteramente inteligible.

Su predecible narrativa no supone un desacierto flagrante, pero alrededor de una realización seca y rudimentaria todo se desvirtúa y sugiere que sus matices pequen de funcionales.

Su apariencia es en definitiva poco estimulante, pero la fortuna de verla posteriormente desvela un encanto embelesado en la energía de sus actores y el complemento de sus canciones en italiano que siempre encandila.

Un truco de magia que sabes cómo comienza y termina, pero cierras los ojos y disfrutas de él, da igual el número de veces que te lo repitan: la reflexión más básica del amor con la fórmula más repetida.

Escribe Miguel Robles 

 

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