Un amigo extraordinario (3)

  24 Agosto 2020

Película terapéutica y digna de verse en los tiempos que corren

un-amigo-extraordinario-0Al joven periodista Lloyd Vogel (en la realidad el periodista Tom Junod), le encargan que indague sobre la figura de Fred Rogers a través de una entrevista, entrevista que sirve de hilo conductor para llegar hasta el personaje del film.

Fred Rogers es un hombre bueno, entrañable, amable, empático y decente. Todo ello acabará por dejar al amargado hombre que es Lloyd de una pieza, conmovido y resuelto a examinar su propia trayectoria vital; Fred lo ayudará a superar su escepticismo, le enseñará a hablar de sus sentimientos y a valorar la bondad, el amor y el perdón. 

Y un tanto le puede ocurrir al espectador predispuesto, lo cual que puede afirmarse que esta es una «película terapéutica» o «película de autoayuda». Y es que el Sr. Rogers más parece —y así debió ser en la realidad— un cruce de psicoanalista y gurú Zen de los que salvan a quienes están a su alrededor.

En España apenas se conoce la figura de Rogers (1928-2003), pero en EE.UU. Fred fue una institución cultural: estrella de su propio show televisivo infantil durante tres décadas desde 1968, es considerado paradigma de dignidad, calidez y sabiduría.

Un presentador de TV que manejaba marionetas, músico, fue ministro presbiteriano e incluso es considerado un notable educador. Creó el programa Mister Roger’s Neighborhood, que se emitió en la televisión pública estadounidense PSB (Public Broadcasting Service). Rogers fue todo un referente en los Estados Unidos.

La directora norteamericana Marielle Heller (¿Podrás perdonarme alguna vez?, 2018) retrata la figura de Rogers tomando como base el artículo Can you say… hero?, publicado en 1998 en la revista Esquire, en el cual el periodista Tom Junod —un hombre hastiado y devastado por la muerte de su madre— relata su experiencia reveladora al conocer a Rogers; igualmente va exponiendo cómo, pese a su inicial recelo, consolidó una gran amistad con Fred.

Junod declaró que su encuentro con Rogers cambió su perspectiva de la vida, viendo él mismo cómo poco a poco se iba modificando su visión de la existencia y de sus relaciones familiares. Y es esta perspectiva de Junod, rebautizado en el film como Lloyd Vogel, la que toma la historia.

Excelente guion de Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster, bien trabado, al que le falta algo de pimienta y profundidad, pero que resulta muy efectivo cara al espectador, que se siente rápidamente identificado con la figura y el carisma de Rogers.

Buena la música Nate Heller con canciones bonitas que arropan el relato, y muy elegante fotografía de Jody Lee Lipes; a lo que se une una buena puesta en escena de una obra ambientada a finales de los 90.

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Subraya la obra el contraste entre la gentileza y el afecto de Rogers, y el mundo crispado y violento en el que vivimos, para dejar evidencia de la importancia que tendría su figura en los tiempos que nos tocan. Heller huye de la santificación del personaje, pues entonces habría sido inaccesible, como afirma su esposa en el film; como también rehúye del exceso de sensiblería, al tiempo que se da buena traza para balancear lo cómico y lo melancólico de un personaje verdaderamente encomiable y cordial.

Pero el gran valor del film, el que le da una solidez definitiva es el reparto. Tom Hanks es ya un actor cumbre, un icono de bonhomía y persona afable, tanto en su vida personal, como algunos papeles que ha interpretado: abogado enfermo de VIH que se opone a ser discriminado en Philadelphia, 1993; protagonista de episodios claves de la historia americana del siglo XX en Forrest Gump, 1994; sacrificado capitán en Salvar al soldado Ryan, 1998; carcelero empático en La milla verde, 1999; desamparado en una isla desierta en Náufrago, 2000; o héroe en Capitán Phillips, 2013, y Sully, 2016. Ningún actor actual ha interpretado de forma tan genial la figura del héroe y del hombre bueno e irreprochable en el cine de Hollywood.

Pues bien, hechos los preámbulos, en esta cinta Hanks hace de nuevo el rol heroico y de guía moral que fue el mítico Rogers, un hombre que se echa sobre sus espaldas los sinsabores y problemas del prójimo. Hanks se mimetiza con el personaje, entre otras por su personalidad de actor revestido de honestidad; pero también por su superlativa interpretación; muy meritoria, con primerísimos planos difíciles de aguantar salvo por un gran actor.

Como afirma el crítico norteamericano Gleiberman: «Hanks clava el estilo de hablar tan delicado que es peculiar de Fred Rogers: el canto popular que casi podría ser un acento, la forma en que las palabras salen lo suficientemente lentamente como para hacerlo sonar como un hipnotizador benévolo».

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Y junto a Hanks, en el rol de Vogel, Matthew Rhys se emplea a fondo para expresar esa mezcla de cinismo y vulnerabilidad que le valió fama y galardones como articulista de la revista Esquire, pero que acierta igualmente a interpretar su posterior reconversión tras sus visitas a Rogers, una vez caído del caballo y transmutado en persona afable y cariñosa. Un trabajo de «gesto sutil e imponente turbación» (Ocaña). Entre ambos actores hay una innegable química que contrarresta «el esquematismo y la previsibilidad del arco narrativo» (Salvá).

Acompañan otros actores de reparto de gran calidad, como un estupendo Chris Cooper en el papel de padre repudiado; la bonita Susan Kelechi Watson como esposa del periodista; Noah Harpster, Tammy Blanchard, Wendy Makkena, Enrico Colantoni, Sakina Jaffrey o Maddie Corman, entre otros.

Film que aborda y borda con un estilo directo y sin piruetas el choque entre la bondad y el descreimiento y la acritud en el ser humano.

Esta cinta no es un biopic sino más bien un sucinto homenaje para alguien verdaderamente extraordinario. Quienes estén interesados en profundizar en la figura y el gran influjo mediático del músico, presentador, educador y marionetista Fred Rogers, tendría que ver ¿Quieres ser mi vecino?, de 2018, un conmovedor e inspirado documental que cuenta de manera reveladora la historia, las lecciones, la ética y el legado de este icono de la televisión infantil norteamericana.

Escrito por Enrique Fernández Lópiz