El príncipe olvidado (2)

  17 Agosto 2020

El «toque» Hazanavicius

el-principe-olvidado-0Michel Hazanavicius es uno de esos directores que tienen un toque especial en su cine, casi siempre basado en sorprendentes ideas. Su último film, estrenado en 2020, El príncipe olvidado, parte de una de esas grandes ideas, la interrelación entre la vida real (padre que cuenta cuentos a su hija) y la imaginación (los personajes de esos cuentos), para discurrir por terrenos menos originales (pero llenos de efectos digitales) y acabar de una forma más bien convencional… aunque, eso sí, cierra el círculo para que la historia se repita una y otra vez.

Como en el caso de Christopher Nolan, los puntos de partida de Hazanavicius son apasionantes… y los resultados, no tanto.

¿El mejor ejemplo de ese tipo de cine? La osadía de hacer una película con los mismos planteamientos que el cine mudo de comienzos del XX en pleno siglo XXI… aunque luego The Artists (2011), pese a la lluvia de premios —incluido el Oscar al mejor director—, perdía fuelle a lo largo el metraje y acababa resultando mucho menos interesante que su premisa.

Fue su gran momento de gloria, porque su carrera anterior se limitaba a un par de títulos del género de espías, con producción notable pero escasas ambiciones artísticas —dos episodios de OSS 117—; y su carrera posterior ha coqueteado con la comedia a lo Blake Edwards —Los infieles (2012)—, otro film sobre el mundo del cine que pretende acabar de una vez por todas con la genialidad de Jean Luc Godard —Mal genio (2017)— y esta nueva película que, en principio, bebe del mundo de los cuentos para ofrecer, en teoría, el no va más…

Y no lo consigue, lógicamente.

Omar Sy es un padre con dos cargas: la pérdida de su esposa y una hija de once años a la que debe cuidar. Y lo hace, sobre todo, con cuentos en los que ella es la princesa protagonista y él su príncipe encantado.

Pero la niña crece y, en plena adolescencia, prefiere amigos reales antes que príncipes soñados, incluso si para eso ha de mentir por primera vez a su padre… que no acaba de entender por qué su hija está cambiando y deja en el paro a los protagonistas de sus cuentos.

Una vecina nueva (Bérenice Bejo, esposa de Hazanavicius y protagonista de casi todos sus films) hará las veces de psicóloga, madre y finalmente esposa, para regocijo del desconcertado padre y de sus héroes inventados (el príncipe, el malvado y multitud de seres que pueblan sus cuentos), que regresan del paro para seguir viviendo en la mente de los más pequeños.

Un atractivo juego entre realidad e imaginación como punto de partida.

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Disney, Pixar y Goldman

Contada así, la premisa resulta atractiva.

Incluso la interacción entre la realidad y el mundo de los cuentos sorprende en su primera aparición, por un diseño atrevido visualmente, imaginativo y que funciona… insistimos, la primera vez.

Pasada la primera parte, la llegada de la hija al instituto acarrea nuevos amigos, alejamiento del padre, necesidad de tener su espacio… cosas que el padre —feliz en su trabajo y, hasta ese momento, en todos los aspectos de su vida— no acaba de entender. Y, lógicamente, no sabe cómo reaccionar ante su «nueva» hija.

Pero aquí está el hada madrina… perdón, la vecina, queríamos decir. Y será ella quien le enseñe a moverse por la vida real, sobre todo cuando los hijos crecen.

Más allá de un guión que no es finalmente tan imaginativo en el desarrollo de la trama, lo que se echa en falta es esa «originalidad» con la que Hazanavicius nos sorprende al inicio del film.

Luego, casi todo se limita al lamento de los personajes ficticios por tener que desaparecer poco a poco y ser, finalmente, olvidados… ¿les suena la idea de la saga Toy Story creada por Pixar?

Incluso, cuando en el mundo de la ficción asistimos al viaje a lo más oscuro, ese camino de aprendizaje, uno no puede quitarse la sensación de que esto ya lo hemos visto… concretamente en Del revés, otra película de Pixar, en la que nos adentrábamos en la mente de una niña.

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Mientras cita obras ya conocidas —aunque sin reconocer esos orígenes— Hazanavicius estira demasiado las escenas de efectos digitales en el mundo de la imaginación. Técnicamente bien resueltas, pero resultan demasiado largas las secuencias de la tormenta y la desaparición de los personajes secundarios que van siendo olvidados.

Un problema de ritmo que el film sólo supera con ese final que nos devuelve al punto de partida y que pone de nuevo en marcha el mundo de los cuentos.

Todo muy en la línea del «toque» Disney.

En el fondo, el concepto global de El príncipe olvidado tampoco es original del todo, ya que ese relato contado a un personaje y luego materializado es una idea que planteó el guionista William Goldman en una de sus grandes novelas, La princesa prometida (1973), que fue llevada catorce años después al cine, de la mano del director Rob Reiner.

En La princesa prometida ya teníamos al narrador, al niño/niña que escucha, el mundo imaginario, la ironía con algunos de sus personajes, cierto afán por desmontar mitos de los cuentos clásicos y, en definitiva, el enlace entre la realidad y la ficción narrada.

De El príncipe olvidado queda para el recuerdo un reparto ajustado, con Omar Sy asumiendo su doble papel de padre y príncipe —lo que requiere buena dosis de descaro, dados los vestuarios que debe soportar en la ficción— y con la siempre simpática Bérenice Bejo —que parece repetir su rol coqueto y juguetón de The Artists en gran parte de sus películas posteriores—.

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A nivel de guión, destacamos el uso de cualquier tipo de cartel promocional en las calles, paredes y decorados «reales» para hacer avanzar la historia a base de títulos, frases, eslóganes e información de todo tipo. La imagen aquí sí aporta una función narrativa y brillante, una original forma de sustituir la voz en off por un apoyo visual atractivo.

Por último, a nivel técnico, nos quedamos con unos efectos especiales brillantes, una melódica banda sonora de Howard Shore (alejado de sus grandes orquestas para El señor de los anillos y atento a crear una envoltura mágica para el relato) y esa premisa inicial que engancha durante la primera parte del film.

Pero, como suele sucederle también a Christopher Nolan, una vez hemos quedado entusiasmados con el planteamiento inicial… sus películas dan vueltas sin acabar de entusiasmar, por más que un cierre brillante nos deje un buen sabor de boca al final.

Origen, Interestellar y Memento ilustran, en el caso de Nolan, ese planteamiento brillante que luego el desarrollo no es capaz de completar. Y, en el caso de Hazanavicius, The Artists, Mal genio y El príncipe olvidado serían los casos equivalentes.

No es cine infantil al uso, pero puede verse en familia… y se agradece que sea un cine alejado de esa continua fotocopia del «cine familiar» que nos llega de las multinacionales norteamericanas.

Lástima que el «toque» Hazanavicius sólo sea el punto de partida y no un halo que alcance a todo el film, como sucede con los auténticos genios.

Escribe Mr. Kaplan  

 

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