Double World (2)

  09 Agosto 2020

Wuxia elevado a la enésima potencia

double-world-0Al igual que ha ocurrido con muchas películas producidas en este infausto 2020, Double World estaba programada para un rutilante estreno en distintas carteleras a lo largo de este verano. Pero debido a la pandemia, se ha convertido en una de las primeras grandes películas en lanzarse on-line en plataformas con la esperanza de recuperar sus vastos costos.

Es una pena porque Double World es el tipo de obra pensada única y exclusivamente para ser exhibida en pantalla grande. Abre un espectacular nuevo mundo de fantasía, lleno de efectos visuales deslumbrantes.

Tampoco es que tuviera asegurada su puesta de largo en nuestro país, y, como mucho, puede que, además de en algunos países asiáticos, se hubiera proyectado de modo restringido en cines norteamericanos, pero quien sabe si algún festival de cine fantástico por todos conocido se hubiera atrevido a programarla.

Double World se basa en un popular videojuego MMORPG (para los no iniciados, un videojuego multijugador que se asemeja a un juego de rol) llamado Zhengtu, que es el título original de la película en chino. Zhengtu significa «forma de conquistar».

La población masiva de China tiene la comunidad de juegos en línea más grande del mundo y Zhengtu es uno de los cinco mejor valorados, con millones de jugadores desde que se puso en circulación en 2007. Zhengtu tiene una reputación algo despiadada: Los seguidores pueden aumentar su estado invirtiendo una buena cantidad de yenes, lo que ha derivado en que muchos adictos hayan incluso dilapidado la fortuna de sus familias solo para elevar su nivel.

Un personaje de alto nivel puede morir fácilmente a manos de un personaje de nivel superior, y eso se paga a precio de oro. Y esta misma brutalidad de la cruda realidad se traslada a la adaptación cinematográfica que nos ocupa: pasar pruebas para sobrevivir en la batalla. 

Double World tiene una base intrínseca de fanáticos, suficiente para invertir un presupuesto de 42,9 millones de dólares, que es modesto para los estándares de Hollywood, pero bastante considerable para China. Visto lo visto, la mayoría del presupuesto se gastó en efectos especiales, un auténtico alarde pirotécnico que acaba por superar a cualquiera por su acumulación barroca.

Al final, la historia viene a ser lo de menos. Se van encadenado escenas de acción deslumbrantes que, a ojos del espectador occidental, puede llegar a agotar en ciertos momentos. Aquí no hay lugar ni a la pausa ni al respiro. Se esboza la trama y todo se vuelca hacia un caudal inacabable de peleas, combates en sus diferentes vertientes, intrigas palaciegas y aventuras mil, bañadas, eso sí, en una inusual patina sanguinolenta que la hacen poco recomendable para el público familiar.

La crudeza de algunas de sus imágenes, que se derivan del torneo principal de dimensiones épicas, nos retrotraen a títulos clásicos de la Shaw Brothers con la torture porn de Los cinco venenos a la cabeza (quien no la haya visto, que la recupere más pronto que tarde, porque es alucinante).

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Y por esas cosas culturales en las que preferimos no entrar, los instantes más ásperos tienen como víctimas propiciatorias al elenco femenino, muy superior en calidad interpretativa, por cierto, a los hieráticos personajes principales masculinos.

Uno de ellos, es el cantante nacido en Canadá Henry Lau, que por estos lares tuvimos la oportunidad de verlo en un rol secundario en la olvidable Tu mejor amigo: un nuevo viaje, con Dennis Quaid como protagonista. El otro, Mark Cheng, parece perdido entre la maraña de situaciones precipitadas que no le permiten ni tan siquiera poder moldear su caracterización. Es curioso verle mirar al vacío como si no entendiera casi nada de lo que ocurre a su alrededor. Pero en las escenas coreografiadas se luce, y para el tipo de producto que se trata, ya es más que suficiente.

Dirigiendo este alegato paroxista tenemos a Teddy Chan, cuyo bagaje en la realización no es que esté trufado precisamente de obras sutiles. Verbigracia sus dos últimos trabajos antes del que nos ocupa: Kung Fu Jungle, con Donnie Yen, y Guardaespaldas y asesinos, tan entretenidas como desechables.

Lo mejor de la propuesta sin duda es su colorismo ostentoso y su tentador aparato visual repleto de impresionantes conjuntos mejorados con CGI y trajes opulentos, todos ricos en detalles (ojo a los cascos con incrustaciones de dragones y a las siniestras hoces giratorias).

A la escena del dragón habría que dedicarle otra crítica aparte: lo más kitsch que uno haya visto en mucho tiempo.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna 

 

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