Color out of space (3)

  07 Agosto 2020

Una historia deliciosamente absurda

color-out-of-space-0Nicolas Cage posiblemente sea uno de los actores que más trabaja en Estados Unidos. Al año presenta una media de cuatro películas, la mayor parte de serie B y con argumentos bastantes locos. Desde hace varios años se ha convertido en una especie de icono pop dentro del cine cutre y bizarro, teniendo una gran legión de seguidores con ganas de propuestas violentas y sobreactuadas.

El motivo es que el actor de grandes cintas como Leaving Las Vegas o La roca está arruinado debido una malísima gestión de sus propiedades y a un nivel de vida desproporcionado. Se estima que ha dilapidado una fortuna de 125 millones de dólares en más de 50 casas y en todo tipo de excentricidades.

Fruto de tantas películas de vez en cuando estrena alguna interesante, como el caso de Mandy (2018) o la que hoy nos toca, Color out of space, dirigida por Richard Stanley.

Se trata de una cinta inspirada en uno de los relatos más famosos del genial escritor H. P. Lovecraft y en la que cuenta la historia de un meteorito que se estrella cerca de la granja de los Gardner, liberando un organismo extraterrestre que convierte la tranquila vida rural de la familia en una pesadilla colorista y alucinógena.

Los Gardner son una familia que, tratando de cambiar de aires y buscando una vida más tranquila, se muda a una granja de Nueva Inglaterra. Todo va bien, con la familia adaptándose a su nueva vida rural, cuando un meteorito cae en su patio delantero y se derrite en el terreno, infectando todo a su paso con un extraño color.

La familia descubre con horror que este extraño elemento alienígena está mutando poco a poco toda forma de vida a su alcance, incluyendo a ellos.

Un punto de partida que permite a Stanley adentrarnos en un mundo de horrores y demencia que busca homenajear el estilo de Lovecraft. El resultado es una película muy extraña (casi fuera de mercado) que desde el primer minuto toma rumbos inesperados hacia el absurdo y el surrealismo.

Color out of space no busca la seriedad y prefiere adentrarse en el terreno de la parodia y el exceso, con un resultado hipnótico, visceral y sobre todo brillante.

Hay mucho de homenaje al cine de horror corporal de David Cronenberg, con unos efectos especiales y estética que directamente nos llevan hacia los años 80. Al igual que los relatos de Lovecraft, los personajes irán perdiendo poco a poco la cordura, adentrándose progresivamente en un mundo muy visceral, lleno de criaturas horribles.

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El reparto, con el inefable Nicolas Cage a la cabeza, es solvente, creíble y capta la esencia del relato original para ofrecer una oscura visión de las relaciones familiares y la monstruosa metamorfosis que un ente oculto en el meteorito imbuye en la pequeña localidad americana.

Es en este punto donde el hiperactivo actor mejor brilla, dando vida a un granjero que va perdiendo la cabeza y cayendo en una especie de abismo personal. Muy parecido al papel que hizo en la genial Mandy, Cage cae en todo tipo de sobreactuaciones, excesos y carcajadas, creando un personaje totalmente demente y en los límites de la serie B. En este sentido, es un placer verle poner todo tipo de caras raras (esta vez sin pelazo) y asistir a su decadencia progresiva mientras se dedica a ordeñar alpacas.

El resto de actores, empezando por una correcta Joely Richardson, están a la altura del absurdo, creando una película que por momentos tiene mucho de genial y única. Esto se debe a que Color out of space pierde desde el primer plano la vergüenza y no tiene miedo de caer en el ridículo.

Gracias a ello nos encontramos con una cinta llena de momentos divertidos, de grandes sustos, de muñecos extraños y de efectos especiales propios de otros tiempos. El resultado es bastante bueno y es de esperar que se convierta en todo un éxito de taquilla.

Escribe Vicente Ignacio Sánchez | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

 

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