La profesora de piano (3)

  01 Agosto 2020

El equilibrio es imposible

la-profesora-de-piano-0Después de proyectarse el año pasado en el festival de Seminci, llega a nuestras pantallas La profesora de piano (Lara, 2019), el segundo trabajo del cineasta alemán Jan Ole Gerster.

En esta ocasión, el director no se supera a sí mismo (ardua tarea por otra parte) ya que su opera prima fue un exquisito ejercicio que el mismísimo Truffaut podría haber filmado. Aun así, aquí se aprecia su sello personal y mantiene referencias fílmicas tan memorables como La pianista de Michael Haneke o la más reciente La audición de Ina Weisse. 

Estamos ante un filme donde sus silencios hablan, sus planos destilan armonía y su atmósfera te mantiene vivo en su quietud. Tiene un ritmo lento y pausado, el que requiere este sosegado ejercicio de coraje melódico. Una delicada y meticulosa pieza que prefiere mantenerse estable en su equilibrio antes que arriesgar y tropezar.

Si antes hablábamos de referencias artísticas como las del austriaco Michael Haneke o la germánica Weisse, otro autor que está presente en la obra es Pedro Almodóvar, haciendo que los rojos del escenario propios del manchego evoquen la pasión que impregna este conjunto.

Uno de los rasgos característicos de la nueva entrega de Gerster son los planos generales y simétricos que se captan reiterativamente a lo largo de la proyección; una muestra del cuidado y la obsesión que dedica Jan a su creación.

La figura que sustenta la obra, exclusivamente con su presencia, es la de la actriz Corinna Harfouch, una de las gratas sorpresas interpretativas que descubrirá el público este año, pues su carácter mezquino, frío y altivo causará rechazo por parte de los personajes, pero afecto por parte del espectador.

El egoísmo y hermetismo que impregna Lara en su valía hará que ella misma se convierta en su alter ego. Por su personalidad y manera de actuar, podemos estar ante la Emma Suárez alemana.

En este sigiloso largometraje, el misterio estará presente tanto en un primero como segundo plano. No sabemos qué pasado esconde la protagonista, como tampoco sabemos qué es lo que hay detrás de esa relación madre-hijo que nos presentan.

Y es que muchas de las incógnitas a resolver no tendrán solución, dejando al respetable con un sabor agridulce a la par que descafeinado, pero puede que en lo arcano esté la tecla exacta que se busca. Aunque las preguntas que todos se harán al concluir el visionado serán: ¿Qué clase de té quería Lara? ¿De escaramujo o de menta?

La profesora de piano nos ofrece una apuesta realista con la que empatizar fácilmente. Gracias al entretejido dramático, a su estilo lento y a su sencillez, mantiene la marca personal del director. Una película amena con carga reflexiva que invita a que las preguntas vitales formuladas de forma indirecta en la pantalla, también busquen respuestas en la mente de los espectadores. 

En conclusión, para el que escribe estas líneas, La profesora de piano encuentra en la perfección su imperfección, puesto que el director al querer cuidar y pincelar cada uno de sus planos, ha preferido ser cauteloso, no arriesgar en exceso, y se ha conformado con su excelencia planificativa. Un meticuloso ejercicio donde los encuadres y silencios dan con la nota propicia.   

Escribe Daniel Bernal | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

 

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