¿Dónde estás, Bernadette? (2)

  30 Julio 2020

Película de medianía apoyada en una sensacional Blanchett

donde-estas-bernardette-0Está claro que los grandes estrenos están apostados a la espera de una salida airosa para al menos amortizar los gastos de las grandes producciones. Mientras, aparecen películas de calidad media en el mejor de los casos, para aliviar al espectador de tanta mascarilla y tanta distancia social como vivimos en este verano, y para que se vaya familiarizando de nuevo con las salas de proyección.

Me tocó ir al cine a ver, a falta de algo mejor, esta película del director Richard Linklater, un autor muy admirado y bien recibido, según se dice, por su interés y la dignidad que puede alcanzar su cine más o menos independiente. Es autor de esa trilogía: Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013), de la cual no soy yo particularmente afecto; más bien al contrario.

Bernadette Fox (Cate Blanchett) es una mujer que vive en Seattle, tiene un marido de nombre Egie (Billy Crudup) a quien ama y que la ama, una hija brillante, Bee (Emma Nelson), a la que adora y de la cual disfruta; todo ello en un contexto de familia burguesa exitosa y una acomodada vida.

Pero un buen día desaparece inesperadamente sin dejar rastro, por lo que su familia emprende una acelerada e intensa aventura para desvelar la incógnita de dónde pueda estar. Lo cual, dicho de otro modo, encierra un matrimonio en crisis, hija adolescente, el papá que es un adicto al trabajo, experto en nuevas tecnologías, que sobrelleva la sempiterna depresión y agorafobia de su trastornada esposa que en su momento fuera estrella juvenil de la arquitectura ecologista y minimalista, pero que perdió su capacidad creativa y vive desde entonces un íntimo derrumbe, enganchada a todo tipo de psicofármacos, despropósitos en la administración de su vida personal y doméstica, y plena de misantropía manifiesta.

La joven y capaz hija, dolorida por lo que presencia, hace lo posible para que la pareja parental perviva. Es el punto en que la huida de la madre a la Antártida (viaje que habían planificado los tres miembros de la familia), precipitará la catarsis del trío familiar y con ello, la vuelta de Bernadette a la creación arquitectónica y una oportunidad que aleja el malestar y la frustración permanente de sus vidas.

Mi impresión es que Richard Linklater va en esta obra a rebufo de una Cate Blanchett que llena con sentido todos los planos y episodios de la trama. La película sin la actriz australiana no sería ni la mitad de lo que es. Una película que camina entre la aspereza de algunas situaciones que pueden resultar casi surrealistas (la psiquiatra que la quiere internar, el agente del FBI, el infiltrado ruso, etc.) y la levedad de partes del film que van del drama blando y llevadero al humor y la comicidad.

El guion, de Linklater, Holly Gent Palmo y Vincent Palmo Jr., adapta la novela homónima de Maria Semple. Es un libreto bien construido, con diálogos rozando la brillantez, sofisticados estados de ánimo en liza y personajes que expresan en un lenguaje cool sus emociones y pareceres. Agradable la música de Graham Reynolds y Sam Lipman, junto a una fotografía, sobre todo de la Antártida, muy luminosa de Shane F. Kelly.

En el reparto destaca una Cate Blanchett siempre elegante, cuya presencia carismática y elegante es vital para este emprendimiento de Linklater; su presencia está al pie de cada detalle de la cinta. Muy bien el resto del reparto: Billy Crudup, Emma Nelson, Kristen Wiig, Judy Greer, Laurence Fishburne, Troian Avery Bellisario, Jóhannes Haukur Jóhannsson, James Urbaniak, Zoe Chao, Claudia Doumit y Zachary Davis Brown. Actuaciones corales por momentos y eficientes.

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El argumento apenas delinea su curso narrativo, y no da tregua en cada lance que inicia una nueva acción o un nuevo acontecimiento, pues hay y muchos sucesos dramáticos concatenados sin apenas tregua.

Esta circunstancia casa con unas palabras de la joven Bee al comienzo, cuando indica que el cerebro tiende a centrar su atención en los acontecimientos nuevos, desestimando lo habitual, lo cual vendría a ser una necesidad de estar alerta, a modo de instinto de supervivencia, lo que contradictoriamente nos lleva a aburrirnos de la rutina, para ir en pos de cierto grado de indecisión y titubeo.

Hay una primera parte de la obra en la que van apareciendo los personajes secundarios alrededor de la protagonista, lo cual incluso puede dar una sensación de desconcierto, pues aún no sabemos quién es Bernadette ni cómo es su vida. Como apunta Partearroyo: «Elipsis, puesta en escena, montaje sincopado, varios dispositivos de narración (…) todo se enreda como las zarzas descontroladas de su jardín»

Y hay una parte segunda, cuando la acción pasa de Seattle a la Antártida, entonces la narración se atempera, asomando una clara aventura familiar con final feliz.

Desde mi modo de ver, es una película sin mayor trascendencia, que me ha parecido por momentos precipitada y con unos diálogos difíciles de seguir. Por lo demás, esto es lo que hay por este momento post Covid-19. Habrá que esperar mejores producciones y a que el virus se largue de una vez y nos deje disfrutar de la pantalla grande.

Escribe Enrique Fernández Lópiz 

 

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