Todo pasa en Tel Aviv (2)

  07 Julio 2020

Una sátira suave

todo-pasa-en-tel-aviv-0Sameh Zoabi dirige su tercer largometraje con notable habilidad, en esta divertida y aguda comedia que resulta del gusto del público, sabe bien y se digiere fácilmente.

Cuenta la historia de Salam, un pícaro y delgado palestino de 30 años que vive en Jerusalén y trabaja en una popular telenovela palestina titulada Tel Aviv On Fire. Lo han contratado en la serie a través de su tío para que supervise la utilización de un buen hebreo en los diálogos, aunque ni siquiera habla bien esta lengua.

La serie está siendo filmada en la ciudad palestina de Ramala (Cisjordania), y aunque los conflictos están allí, el film de Zoabi focaliza las tensiones en un puesto fronterizo. Todos los días, para llegar a los estudios de televisión, Salam debe pasar por un estricto control israelí donde un cargo militar, Assi, descubre que trabaja en el programa favorito de su mujer.

En una de esas, el joven miente y le dice al comandante del puesto que él es el guionista de la serie, siendo que no tiene ni idea de cine. El militar empieza a darle consejos y sugerencias para el guion. O sea, para impresionar a su esposa Assi se involucra en escribir la historia y no tardará Salam en darse cuenta que las ideas del militar le pueden llevar a ascender como guionista y, efectivamente, su carrera creativa empieza a despegar.

La relación entre el palestino y el vanidoso israelí centra una película, tras la cual tenemos el enredo de una fábula televisiva sobre espías y pasiones nada menos que en la Guerra de los Seis Días.

Hay referencias al cine de Hollywood (El halcón maltés, Casablanca y otros), un envoltorio que alude a la ficción dentro de la ficción y la discordancia entre puntos de vista diversos sobre la controvertida y dramática realidad israelí-palestina, lo cual convierte esta cinta en una mixtura donde la ligereza, el desabrimiento, el sainete y la autenticidad van de la mano.

Aunque los personajes sustanciales son Salam y su contrario Assi, Zoabi consigue que todos los personajes, contando con cuantos rodean la telenovela, resulten importantes para el relato.

No obstante, el peso interpretativo recae en los dos actores que encabezan el cartel, Kais Nashif y Yaniv Biton, que consiguen con sus actuaciones enfrentadas investir el film de un tono personal. El actor palestino sabe tintar su astuto y artero personaje en un tipo poco menos que existencialista, triste y reflexivo, lo que lo aleja del estereotipo de hombre calamidad o galán de comedia.

Contrariamente, Yaniv Biton dota a su rol de comandante israelí de un histrionismo propio de las obras de enredo. Una mezcla sencilla, agradable y amena. Destaca también Lubna Azabal, como la estrella del show, donde interpreta a una espía árabe haciéndose pasar por una mujer judía enamorada de un oficial.

Acompaña un plantel de actores muy eficientes, que son quienes representan la figura del productor (y tío del sufrido Nashif), la chica del vestuario que aspira a ser actriz, etc. Actores y actrices como Maisa Abd Elhadi, Nadim Sawalha, Salim Dau, Yousef «Joe» Sweid, Amer Hlehel, Laëtitia Eïdo, Ashraf Farah o Ula Tabari.

todo-pasa-en-tel-aviv-3

Está muy bien la música de André Dziezuk y buena la fotografía Laurent Brunet, junto a una aceptable puesta en escena y un acertado retrato costumbrista del entorno y sus gentes.

La base de la película está anclada en una realidad terrible, por demás conocida, una realidad geopolítica sobre el conflicto entre palestinos e israelíes, lo cual se aborda a modo de comedia romántica y ligera; pero tal vez habría merecido otro planteamiento más audaz y crítico pues lo verdaderamente interesante de la trama es «el juego de espejos que refleja forzosamente la película, a la hora de mantener un (imposible) equilibrio que también pesa sobre la ficticia serie que presenta. Y que, ni dentro ni fuera de sendas ficciones, ni en el mundo real del que vaya a verla al cine, podrá evitar la irrupción de ofendidos de todo color y condición» (Weinrichter).

El guion de Dan Kleinman y el propio Zoabi está bien escrito, de forma inteligente, con momentos hilarantes y otros de reflexión, pues la trama hace uso de cierta metaficción para aproximarse de manera liviana, al menos en lo aparente, a la situación de los territorios ocupados, para mostrar la realidad de un conflicto enquistado de décadas que tiñe cada aspecto del día a día de los habitantes de ambas partes de la frontera.

El mensaje más buenista y destacable de esta comedia resulta de evidenciar que tras fronteras y conflictos bélicos, las personas de uno y otro lado, israelíes y palestinos, tienen cosas en común que son eclipsadas por los intereses políticos y los prejuicios culturales y religiosos. Es, así, una comedia agradable que prefiere dejarse llevar por los buenos sentimientos y obviar diferencias políticas más profundas y arraigadas.

Una sátira suave, no hay violencia y la película se deja ver gratamente por todo el mundo, pues no hay drama ni posicionamiento político.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

todo-pasa-en-tel-aviv-2