Once were Brothers: Robbie Robertson & The Band (2)

  03 Julio 2020

Los mejores recuerdos

once-were-brothers-0Aunque tal vez sin tanta notoriedad dentro de la cultura popular como otros grupos o solistas coetáneos, es innegable el valor que aportó una formación como The Band a la música, erigiéndose como un pilar referencial para muchos artistas, desde Eric Clapton hasta Death Cab for Cutie.

No solamente han marcado hitos en lo estrictamente sonoro, también contribuyeron a asentar el subgénero del rockumentary con El último vals (1978), registro de su último concierto antes de su primera disolución firmado por Martin Scorsese, en el que contaron con la colaboración de compañeros de fatigas como Bob Dylan, Van Morrison o Neil Young.

Tras los documentos filmados de Woodstock, The Rolling Stones o del mismo Dylan, la película del italoamericano consiguió devenir una de las más influyentes en cuanto al documental musical gracias a la magnífica fusión del nervio fílmico de Scorsese con la garra del conjunto canadiense, eclosionando en una vibrante y nostálgica carta de despedida por todo lo alto.

Once were Brothers: Robbie Robertson & The Band sigue otros derroteros con distinta suerte.

En este caso, el film de Daniel Roher es transparente desde su subtítulo y cuenta la historia del grupo desde la perspectiva de uno de sus fundadores, Robbie Robertson. Tomando como base sus memorias, Testimony (publicadas en 2017), Once were Brothers narra la habitual peripecia de orígenes y salto a la gloria de una banda de rock con la fórmula de entrevistas intercaladas con material de archivo, tan efectiva como poco arriesgada.

La trama se sostiene por el interés que suscitan las características de los distintos integrantes de The Band, pero tampoco tiene demasiado que aportar a un fan de la formación; mientras que el material de archivo es abundante y bien tratado, pero se antojaba indagar más en rarezas visuales e imágenes más privadas, más que apostar por lo políticamente correcto.

Pero esto se debe al mayor escollo de su planteamiento: la evidencia que se trata de una narración parcial y filtrada por Robertson. A pesar de contener múltiples testimonios, se echa en falta una mayor polifonía de voces para construir un relato más plural y contrapuesto a la versión de Robertson.

Lamentablemente, en buena parte eso no es posible por el hecho que la mitad de los componentes han fallecido. Aun así, esto da una pista que, tal vez, Once were Brothers llega tarde y podría haber tenido mayor trascendencia hace 20 años. Es complicado predecir el impacto que habría generado el documental justo después de la disolución definitiva del conjunto, tanto como pronosticar la evolución de The Band si Richard Manuel no se hubiera suicidado o si Rick Danko siguiera con vida.

Avatares que cargan el peso de la existencia y que, en definitiva, han llevado a que la historia de The Band sea esta y no otra. Correcta y efectiva, es inevitable pensar que un grupo de su clase merecía algo más innovador y personal, acorde con su espíritu inquieto.

Afortunadamente, siempre podremos volver a ese último vals para recordar todo su esplendor.

Escribe Aleix Sales | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

 

once-were-brothers-1