Colette (3)

  28 Junio 2020

Una Colette rompedora resalta sobre su dimensión literaria

colette-0Recuerdo desde muy pequeño algunas de las novelas de Colette en la biblioteca de mi casa. Las adquiría mi madre, gran lectora. Sidonie-Gabrielle Colette (1873-1954) fue, además de novelista, periodista, guionista, libretista e incluso artista en revistas y el cabaret, en Francia.

Su fama le vino por su novela Gigi que fue trasladada a la pantalla por Vincente Minnelli en 1954, con Leslie Caron y Maurice Chevalier como protagonistas. Llegó a presidir la Academia Goncourt entre 1949 y 1954; y le sería concedida, entre otras, la Legión de Honor francesa.

Pero, como cuenta esta película, la vida de Colette no fue fácil, entre otras cosas por su desdichado matrimonio con Henry Gautheir-Villas «Willy», que actuaba a modo de mentor. Willy, sin escrúpulo alguno, firmaba las producciones de su esposa, se enriquecía y además la engañaba con otras mujeres.

Pero Colette, con el tiempo y el consejo de su madre, supo quitarse el yugo de su esposo y continuar en solitario la vida, en la que alternó el arte escénico y la literatura, muy alentada, por cierto, por el famoso escritor Georges Simenon. Todo ello tras hacer pública su bisexualidad y un talante muy avanzado para su época.

En su agitada vida sentimental, Colette reivindicó los derechos sexuales, a la vez que alzó su voz de mujer sobre el poder del hombre, todo lo cual constituye el eje de su obra. O sea, nadaba contra corriente.

La película es una biografía de la Colette joven (Keira Knightley), autora de obras polémicas que causaron escándalo en el París de los años 20 como Claudine y Gigi. La narración cuenta desde su infancia en el campo, pasando por su consagración en la sociedad parisina junto a su marido, el también autor Henry Gautheir-Villas (Dominic West), hasta su independencia plena que vino con la separación matrimonial. En este punto, Colette toma las riendas de su vida empoderándose de la misma y también de su propia obra literaria, hasta entonces en manos de su esposo.

El director Wash Westmoreland consigue, meritoriamente, sortear esa especie de evidente biopic, reconstruyendo con tacto visual el entorno de la conocida novelista en un universo festivo, un contexto ad initium desprejuiciado y entretenido de aquel París de la belle epoque.

Plasma el espíritu rebelde de la autora, lo cual que Westmoreland consigue una «fábula de complejidad psicológica, riqueza contextual y disposición para lecturas no maniqueas por encima de lo que podríamos temer en un biopic» (Trashorras). Una película que sin ser mayúscula merece reconocimiento; incluso su academicismo, actuaciones, banda sonora y otros aspectos técnicos son merecedores de elogio. Eso sí, sin entrar en mucho análisis.

Deriva esta cinta de un guion de Westmoreland coescrito junto al malogrado Richard Glatzer y Rebecca Lenkiewicz, que deviene historia de independencia creativa, centrada en los primeros pinitos literarios de Colette. Junto a este comienzo literario, las tensiones dentro de su terrible matrimonio con Henry Gauthier-Villars, un hipócrita y vividor de pronostico que la utiliza en todos los sentidos.

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Excelente la música del compositor de ópera británico Thomas Adès, que resulta un activo principal del film, uno de los valores principales de la película; la partitura fue escrita expresamente para la pantalla por Adès, con su ágil piano y el trabajo de cuerdas que lo acompaña. Muy buena la fotografía Giles Nuttgens. Unido a ello una exquisita puesta en escena, vestuario incluido.

En el reparto, el vértice principal de esta cinta recae sobre Keira Knightley, con una encarnación muy natural que ella hace de la novelista como personaje tierno, que a la vez entraña una Colette paradigma de emancipación femenina; la Knightley personifica el físico de «fragilidad, determinación y malicia que el personaje exige» (Oti Rodríguez); además, el director sabe sacar lo mejor de su belleza cérea marcada por el impulso amoroso.

Dominic West, con verismo y oficio actoral del bueno, encarna a un Willy funesto y egoísta que resulta tan creíble que se hace odioso al espectador. Acompañan de manera muy meritoria actores y actrices como Denise Gough, Fiona Shaw, Robert Pugh, Rebecca Root, Eleanor Tomlinson y Aiysha Hart.

Aunque la película no profundiza en la literatura de Colette, sí lo hace en la época que le tocó vivir y sus circunstancias muchas veces adversas. Pero, sobre todo, se centra en la figura de una mujer que representó un mensaje nuevo de manumisión y liberación.

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O sea, un biopic más centrado en el perfil personal e ideológico de la protagonista que en su vertiente artística. Hay que tener en cuenta que Colette escandalizó a la sociedad de su momento por su explícita bisexualidad y las inusuales relaciones que mantuvo, tanto con su esposo, como con una aristócrata lesbiana u otros hombres y mujeres, a lo largo de su vida.

En suma, película melodramática bien intencionada de una Colette controvertida cuyo modo y actitudes rompedores son abordados de manera retrospectiva, envueltos en un ropaje cinematográfico clasicista y digno.

Además, con la perspectiva que ofrece, no escapa al buen espectador que con el ingenio de la protagonista y su modernidad de amplio espectro, colocó la obra literaria, el sexo y el amor por delante del contexto histórico que le tocó vivir. Incluso podría decirse que fue avanzadilla del actual #Me too.

Premios en 2018 (a 17 de noviembre de 2018): Premios Independent Spirit: Nominada a mejor guion. British Independent Film Awards: 4 nominaciones.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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