Domino (2)

  07 Junio 2020

¿Brian la Palma?

domino-0Sí, es la última película firmada por Brian De Palma. Pero no, no es un film suyo.

Es el resultado final de una serie de atentados contra un film que, pese a todo, guarda un par de escenas típicas de su autor (una persecución inicial en los tejados y un clímax final al ralentí en una plaza de toros) y muchos interrogantes… lo que convierte el film en un juego muy atractivo: averiguar qué es y qué pudo ser.

Intentemos desentrañar cómo se llega a este confuso Dómino, Domino o Dominó: jugamos con el acento porque entendemos que el título podría referirse al popular juego… aunque ni eso está claro.

Empecemos por el principio: lo que iba a ser.

Van cayendo las fichas

El proyecto nace en 2016 como una coproducción europea, entre distintos grupos: Dinamarca, Bélgica, Italia, España… Brian De Palma llega al film tras descartarse al primer director previsto, Hans Petter Moland (1).

Ya con De Palma a las riendas del proyecto (es un decir), se cae la actriz Christina Hendricks… y la sustituye Carice van Houten, conocida por sus films El libro negro (de Paul Verhoeven) y Valkyria (de Bryan Singer), aunque la fama le llega por los 29 episodios en los que interviene en la serie Juego de Tronos.

Inicialmente, el rodaje está previsto en Málaga, incluso aparece la noticia en distintos periódicos españoles… pero se rueda en Almería en verano de 2017. Y se rueda sólo una semana en la ciudad, cuando estaban previstos veinte días en distintas localizaciones.

El capital más importante lo aportaba la empresa belga Zilvermeer… pero este grupo inversor se retira durante la estancia en Almería… y se suspende gran parte del rodaje: no aparece el puerto (algún plano de la playa sí queda), un plano testimonial del aeropuerto (que huele a falso: el rótulo parece del siglo pasado y esa localización nada tiene que ver con el moderno aeropuerto almeriense) y el lleno de la plaza de toros (2.000 figurantes fueron elegidos tras un agotador casting) se deja a medio camino para el clímax final (apenas 350 contratados que rellenan como pueden la corrida).

El guión inicial cuenta con muchas más escenas… pero la falta de presupuesto obliga a eliminar las más caras, sobre todo una larga persecución (asegura en distintos medios el coordinador de extras, Joan Franco).

Figura en los créditos el rodaje en Italia… pero ningún plano «italiano» aparece en el montaje final, salvo que se trate de un trabajo en estudios para escenas como la persecución inicial en los tejados. Una escena, claramente inspirada en el inicio de Vértigo, que, por cierto, «huele demasiado» a rodaje en estudio, casi como si De Palma quisiera subrayar el artificio de ese momento.

Se rueda en 2017, se monta en 2018, pero no se estrena hasta finales de 2019… y a España llega en 2020, apenas unas semanas antes del cierre de los cines por el coronavirus.

Incluso se llega a hablar de un montaje inicial que ronda los 150 minutos… aunque el que finalmente se ha estrenado no llega a 90 atropellados minutitos.

De Palma reniega del film, del montaje, de la falta de medios… se rumorea en algunos periódicos que intenta que aparezca Alan Smithee como director, pero tampoco (2).

Queda la foto de José Luis Alcaine (aunque quizá falte una revisión del etalonaje final en la copia que hemos visto), la música de Pino Donaggio (que homenajea alternativamente a Hitchcock y a… De Palma) y el montaje de Bill Pankow.

Tres maestros, los dos últimos habituales del cine de Brian: Pino o Bill han participado en prácticamente todos sus títulos desde Carrie (1976).

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¿Y el guión?

Se sabe que el texto original es obra de Petter Skavlan, del que se conoce sobre todo su trabajo en Kon-Tiki, título escandinavo nominado al Oscar en 2012. Narra tres tramas que se entrelazan, en ocasiones de forma abrupta: familia, atentado yihadista e investigación de la CIA.

La trama familiar comienza con la muerte de un veterano policía, por culpa de su compañero más joven, Christian (Nikolaj Koster-Waldau). En su camino para vengar su «padre espiritual», encuentra a una policía (Carice van Houten) que fue amante de su compañero, pero también descubren que el asesino está mezclado en un complot internacional de terrorismo.

Los atentados de Isis están dirigidos Salah Al Din (Mohammed Azaay), e incluyen la retransmisión de una matanza en directo desde un festival de cine de los Países Bajos y, como colofón, una bomba en la plaza de toros de Almería, durante una corrida emitida también en directo.

Un agente de la CIA con pocos escrúpulos (Guy Pearce) intenta manipular a unos y otros para seguir manteniendo el control sobre el mundo occidental. En una increíble argucia de guión, el asesino inicial del policía es un peón en manos de la CIA para detener al líder de Isis y evitar más atentados.

Pero, vamos, eso es en el guión (suponemos), en la práctica nada de eso es creíble.

Mucha trama para tan poco metraje. Pero se puede rastrear la presencia de Brian De Palma en distintos detalles del resultado final.

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Primeros destellos

Misión a Marte tenía su prólogo el 9 de junio de 2020. Domino comienza en Copenhague al día siguiente: el 10 de junio de 2020. No parece una casualidad… la duda es si ese toque de «ciencia ficción» quizá fue añadido al final, simplemente con un rótulo, puede que como simple «ajuste de cuentas» con la kafkiana producción del film.

No es el único chiste privado: el coqueteo con un bolero en la banda sonora parece un homenaje a la música de Sakamoto para Femme Fatale. De ello hablaremos al final, cuando analicemos la banda sonora de Pino Donaggio. Baste, de momento, señalar que aquella era una película de Brian que transcurría en un festival de cine y con espías de grueso calibre… elementos también presentes en este Domino.

A nivel de personajes, asistimos en el inicio a una cena familiar entre el «padre adoptivo», su esposa y su joven compañero de fatigas en la policía… pero hay un conflicto: el veterano le oculta al joven sus escarceos amorosos con una policía a la que ha dejado embarazada.

Esa difícil relación nos resulta familiar a los seguidores de Brian. Recordemos el padre traidor en Misión: Imposible o la madre de Carrie, que decide acuchillar a su propia hija… mientras reza, eso sí.

Y qué decir de la relación entre la pareja protagonista: un coitus interruptus nunca consumado. Se intuye una relación sentimental entre el hijo adoptivo y la amante del padre (embarazada, recordemos), pero nunca llega a consumarse… ¿censura? ¿guión incompleto? ¿montaje recortado?

Una relación sexual traumática es el caldo de cultivo depalmiano por excelencia, y es fácil rastrearla en títulos como Hermanas, Carrie, Vestida para matar, En nombre de Caín, Doble cuerpo, Femme Fatale, Passion y, sobre todo, Corazones de hierro, en la que una violación es el eje de todo el film.

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El toque De Palma

Apenas llevamos 4 minutos de proyección y ya descubrimos que hay algo más que un simple thriller del montón detrás de Domino.

Christian ha de madrugar porque ha quedado con su compañero para una misión; como pasa la noche con una amante ocasional, no se despierta tiempo; le llaman por teléfono; quiere irse, la amante le entretiene; finalmente sale apresuradamente del dormitorio… y se olvida la pistola.

Toda esa escena de los escarceos y el olvido está resuelta con un único plano: un zoom muy suave que comienza mostrando todo el dormitorio y acaba en un primer plano del arma olvidada. Un plano-secuencia que nos anuncia un elemento clave: la ausencia de la pistola va a provocar la muerte de su compañero, su padre espiritual.

Hacia el minuto 22 volvemos al mismo escenario. Han pasado muchas cosas: la persecución, la muerte de su compañero policía, la investigación en marcha…

Nuevamente el zoom, esta vez inverso: partimos del primer plano de la pistola y abre el encuadre hasta ver la luz del día, la cama vacía, la soledad del protagonista…

De Palma, pese a todo, muestra que sabe hacer cine y contar con la imagen un drama… independientemente de lo que los personajes estén diciendo en la escena.

Curiosamente, el protagonista pierde dos veces su arma: la primera tras hacer el amor esa noche; y la segunda, en plena persecución hithcockiana por los tejados… en evidente homenaje a Vértigo.

Demasiada casualidad para no ver en esa doble pérdida una «culpa». La investigación demostrará que es un «falso culpable», pero la procesión va por dentro… la venganza está servida.

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En el clásico de Hitchcock, un policía muere cuando intenta ayudar a James Stewart que se ha quedado colgado allá arriba. Aquí, policía y asesino caen del tejado sobre unas cajas de tomates, que evitan su muerte… y nos presentan el McGuffin de la trama: una empresa de tomates que en realidad traslada explosivos para atentados.

La persecución por los tejados, insistimos, está presentada de forma demasiado «artificial» para resultar creíble, por lo que sugiere que a De Palma le interesa más subrayar el complejo de culpa del protagonista.

Ya se sabe, el famoso falso culpable de Hitchcock… aunque al final casi siempre haya acabado siendo un «falso inocente».

Ya en el suelo, tras el golpe sobre los tomates, con imagen subjetiva, inclinada, desfigurada… vemos desde su punto de vista algo raro. Se llevan al asesino… pero no atinamos a descubrir quién se lo lleva.

Curiosamente, también el final de Domino retoma Vértigo. En el caso de Hitch, la subida al campanario era clave para descubrir la otra trama: el asesinato que pasa por suicidio. 

En el caso de Brian, la subida de la escalera nos lleva literalmente en busca de la luz (aquí es un edificio coronado por un anuncio publicitario luminoso). Allí están los terroristas y allí subirá el héroe para hacer justicia…

Estamos en pleno clímax que, atentos, incluye también una corrida de toros en Almería (con poco público, problemas presupuestarios, ya sabéis), una cédula terrorista que va a inmolarse entre el escaso público mientras los toreros siguen a la suya, el líder de Isis que graba y emite en directo al mundo —gracias a un dron— el momento clave de la presunta inmolación…

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Y, en paralelo, la policía que detiene el atentado en la plaza con una patada en los huevos —literal, oigan— y el policía que acaba con los malos que están en el edificio cercano, dron en mano, siguiendo la jugada como si del VAR se tratara (¿para cuándo el VAR en los toros?).

El largo clímax incluye 5 minutos al ralentí, sólo con el bolero compuesto por Donaggio y un montaje in crescendo, alargado más de lo imaginable, que remite a ciertos momentos históricos del cine de Brian: Vestida para matar, Los intocables, Atrapado por su pasado, Impacto

Artificial, pero efectivo. Resulta un plato ideal para gourmets de pelo blanco… y un poco indigesto para millennials, que no aguantan escenas sin explicaciones y que duren más de un minuto.  

Pero es un momento inolvidable, para bien y para mal.

Lo que habría que olvidar es lo que sigue: la resolución más increíble y atropellada vista en el presente siglo en una pantalla.

Los personajes se van juntando en el edificio, bajo el luminoso publicitario. Un ambiente irreal, con la luz azulada de Alcaine (insistimos: al film parece faltarle un etalonaje final), unos y otros se van presentando a rezar el rosario…

O al menos esa es la impresión que tiene el espectador al ver que, tras cinco minutos sin mediar palabra, todos llegan con ganas de explicar algo. Se juntan. Discuten. Alguien mata a alguien.

Abrazo final. Breve congelado del abrazo que denota que ese no era el plano final del film.

Fundido y a otra cosa.

Sí, efectivamente, el auténtico final no está rodado. O, al menos, no se ha montado en esta copia que se exhibe.

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Hay que mirar con calma

Si hay un tema que siempre aparece en el cine de Brian De Palma es la importancia de la mirada. Mirada subjetiva del protagonista, al que acompañamos y vemos lo que él. O mirada externa que manipula al protagonista y probablemente al público.

De Palma es el director de los mirones, del voyeur. De ahí que su cine esté lleno de miradas… a veces indiscretas.

Aquí tenemos varios momentos en los que se juega con esa idea.

En la detención inicial, que acaba con la muerte del policía veterano, De Palma utiliza su querida lente de doble focal: primer plano nítido, una separación casi invisible y fondo también nítido. En este caso con la mirada del asesino y del policía, su víctima. Una marca de fábrica que nos ayuda a centrarnos en la importancia de la mirada.

Más adelante, en el primer atentado de Isis, De Palma acude a otro recurso de la casa: la pantalla múltiple.

Si ya hemos podido seguir determinados momentos a través de varios monitores, en la comisaría y, sobre todo, cuando la CIA entra en acción (literalmente: tienen ojos en todas partes), su verdadero momento de gloria está en el festival de cine.

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Un festival de cine mostrado con dos cámaras instaladas sobre una ametralladora: una mira a las víctimas, la otra apunta a la autora de los disparos. Dos puntos de vista simultáneos de una misma escena, con la pantalla partida: ¿recordáis el final de Carrie en la sala de baile?

Las dos caras de un atentado terrorista, quizá una de las grandes ideas del film: el directo como reclamo terrorista y ahí están las televisiones para conectar con la masacre… el 11-S no queda tan lejos.

Aunque la pobreza visual de esas imágenes emitidas en un sucedáneo de YouTube remite a ese mismo tipo de imágenes en Internet proyectadas en Redacted, otra película acabada sin presupuesto, como buenamente pudo, y todo por meterle mano al ejército norteamericano.

Y es que De Palma, en su cine del siglo XXI, además de Hitchcock y los festivales de cine, parece demasiado interesado en criticar al ejército y los medios de comunicación… así es normal que sus películas no se acaben o no lleguen a estrenarse. No se ajusta al molde del cine comercial.

Eso sí, para subrayar el carácter de «mirones»: toda la escena final, vista simultáneamente desde varios puntos de vista, incluye los prismáticos como voyeur, en este caso el líder de Isis que anima a los demás a inmolarse delante de las cámaras para obtener mayor rédito de su muerte…

Y nosotros, como él, somos voyeurs de la acción, del sacrificio… pero no nos mojamos.

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Vuelve el gran Pino Donaggio

La música de Donaggio juega a dos bandas. Por un lado, es un homenaje continuo al estilo de Bernard Herrmann para Hitchcock, pero sin plagio. Por otro, utiliza ese piano suave, romántico, triste, que aparece en algunos films de… Brian De Palma (especialmente recordado en el final de Impacto).

En varias escenas resuena en la memoria Con la muerte en los talones, lo que no resulta tan ilógico si tenemos en cuenta que ese complot internacional de Isis bien podría ser la transcripción al siglo XXI de la trama de espías ideada por Ernest Lehman hace 60 años.

Donaggio coquetea con las cuerdas y con algunas melodías que recuerdan a Herrmann, aunque busca salidas que lo alejen del pastiche. Una banda sonora mucho más interesante escuchada separada de las imágenes, porque en gran parte de la película su volumen es demasiado bajo, excepto en The Roof (la escena de la persecución inicial en la terraza, heredada de Vértigo) y The final clash (la inolvidable batalla final a cámara lenta, sin diálogos).

Este último tema, por cierto, recupera el bolero como elemento musical, algo que ya había utilizado continuamente Ryuichi Sakamoto en Femme fatale. La construcción de un bolero proporciona un crescendo natural a la banda sonora que se ajusta como un guante a la tensión creciente del clímax: pelea en la terraza en paralelo con la inmolación prevista en la plaza de toros, durante la corrida, todo ello grabado con un dron para difundirlo en Internet.

El atropellado final, con personajes subiendo a la azotea para resolver todas las subtramas en un vergonzoso último minuto del film, cuenta con ese piano de Donaggio que remite al fracaso final, sobre todo en Impacto: allí, Travolta acababa con el psicópata, pero no podía salvar la vida de la prostituta; aquí, la mujer policía mata al asesino… pero eso no puede devolverle a su amante y padre del hijo que lleva dentro.

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Epílogo innecesario

En síntesis: lo que vemos es aburrido por momentos, faltan escenas y sobran innecesarias explicaciones finales…

Pero entre tanto desatino se cuelan unos cuantos momentos del gran De Palma que nos permiten imaginar cómo sería el film completo.

Y no, no esperen el «montaje del director».

Eso sucede cuando la peli se rueda y le cambian el montaje al final… aquí ni llegó a rodarse. Un triste final para un gran cineasta, pese a sus indudables altibajos.

Escribe Mr. Kaplan  


Notas

(1) Director noruego conocido sobre todo por su asociación con el actor Stellan Skarsgard en títulos como Uno tras otro, Aberdeen o Zero Kelvin. Aunque sus títulos más conocidos son la serie de televisión Los casos del Departamento Q y su debut norteamericano, Venganza bajo cero (2019), que en realidad es una nueva versión made in Hollywood de Uno tras otro, sustituyendo a Skarsgard por Liam Neeson.

(2) Alan Smithee nació a finales de los años 60, por gentileza de Don Siegel… Durante 50 años ha sido el pseudónimo oficial usado por aquellos directores que reniegan del resultado final, normalmente por injerencias en el rodaje o en el montaje por parte de la productora. Y, si Smithee no ha «dirigido» en los últimos años títulos como Bohemian Rhapsody o Domino es porque seguramente ya está muerto. Algún día habría que revisar su filmografía.

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