La corte de Ana (2)

  17 Mayo 2020

Los secretos de mi éxito

la-corte-de-ana-0Sentido homenaje el de este documental a una de las figuras más importantes de la cultura contemporánea de nuestro país. Si bien todos conocemos (o al menos los que peinamos canas) a Ana Belén, o a Ana, como ella quiere que se le llame, o a Pilar Cuesta, que es su nombre real, aquí se nos recuerda toda su trayectoria artística en sus facetas de actriz, directora, militante comunista y, por supuesto, cantante.

No estamos ante un trabajo que rebose originalidad. Todo está maquetado a base de documentos de archivo y entrevistas de bustos parlantes. Pero, aunque todo nos suene a muy conocido, vale la pena acoger en nuestro regazo melancólico este paseo-mecedora por películas, canciones y acontecimientos que nos han acompañado desde siempre.

En cuanto al material histórico, destacan sobremanera algunas imágenes registradas en los albores de su carrera, como la prueba de cámara a la que fue sometida para obtener un papel primerizo. Allí ya se le notaba soltura y control del medio, en un intento de las productoras por equipararla a las niñas bonitas del cine español: Marisol y Rocío Dúrcal.

Pero, tal y como ella afirma, le faltaba algo de gracejo (voz seguro que no), y si a eso le añadimos que su debut en cine con Zampo y yo fue un sonoro fracaso de taquilla y público, pues a otra cosa mariposa.

También hay que echarle el ojo a esa mínima entrevista recuperada a un mítico como Eloy de la Iglesia, quien la dirigiera en la reivindicable La criatura (1977), triángulo amoroso ¿imposible? entre una mujer, un hombre... y un perro en el que se vanagloria de haber sido el primero en haber enseñado al público español a Ana Beleén sin ningún tipo de cortapisas.

Aparte de la entrevista central a la musa, que ocupa buena parte del exiguo metraje de horita y poco más, también escuchamos las alabanzas y opiniones de un buen puñado de coetáneos que trabajaron con ella en algún momento. La nómina de presentes es de las que quitan el hipo: Joaquín Sabina, Joan Manel Serrat, Juan Diego, Miguel Ríos, Fernando Colomo, Manuel Gutiérrez Aragón... y, por supuesto, Víctor Manuel, su compañero durante más de treinta años.

Todos elevan la figura de su compañera a unos altares que en ocasiones suenan a demasiado repetitivos. Hay instantes en los que el recuerdo afable muta en voyerismo de quienes la miraban con bastante lascivia. Diríamos que entonces su corte estaba compuesta por Ana y los lobos.

Sabemos de quien estamos hablando; una figura capital que nos ha hecho sentir y disfrutar como pocos, pero no necesitamos que cada cinco minutos nos recuerden lo guapa y lo maravillosa que era. Al director del documento, Fernando Méndez Leite (otro de la quinta), tampoco es que le duelan prendas de ir mostrando piropos y lisonjas por doquier, desembocando en un tramo final en el que se coquetea sin tapujos con el género hagiográfico.

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Repasando un poco sus trabajos como actriz, muchos de los cuales van apareciendo durante el recorrido vital mediante pequeños fragmentos, vale la pena destacar el comentario que subraya sus dotes de vocalización (una de las grandes carencias de los actores y actrices españoles actuales) gracias a su experiencia en las tablas, y el recorrido por algunos títulos muy olvidados merecedores de una revisión: la seminal Españolas en París (1971); mi debilidad (perdón por la intromisión), que sigue siendo El amor del capitán Brando (1974), un paseo nostálgico por esa España que empezaba a vislumbrar algún color además del gris que supuso una de sus mejores interpretaciones y un nuevo papelón para el inconmensurable Fernando Fernán Gómez.

También habría que echarle un vistazo a Tormento (1984) o a Divinas palabras (1987). Por supuesto también se alude a sus grandes éxitos en el cine, tan archiconocidos como La corte del faraón, que da pie al título del documental, Libertarias, El vuelo de la paloma, Demonios en el jardín, La pasión turca, y tantas otras.

Lo mejor de La corte de Ana sigue siendo escuchar su aterciopelada voz, de la que aquí por desgracia se nos priva bastante. Entendemos que no se trata de un concierto de grandes éxitos, pero es que cualquiera que haya coincidido vitalmente con su trayectoria podría tararear sin quedarnos cortos por lo menos más de diez canciones de su extensa discografía.

Cuando empieza a entonar los primeros acordes de España camisa blanca de mi esperanza el mundo se para, y qué decir de hits como No sé porque te quiero, Lía, derroche o El hombre del piano. Hay pocas como ella que hayan unido sensualidad y capacidad vocal de una manera tan bárbara, y si no sólo hay que echar un vistazo a su versión de ¡Ay, va! de La corte del Faraón, capaz de derretir un iceberg.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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