Longa Noite (3)

  17 Abril 2020

¿Qué hiciste en la guerra, papi?

longa-noite-0José María Nunes, uno de los cineastas españoles más revolucionarios de los años sesenta del siglo pasado, dijo, hace ya casi dos décadas, en un post screening de su película Amigogima en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, refiriéndose a como se recordaba la guerra civil española en la actualidad, que el primer paso para que existiera la posibilidad de que se volviera a producir un acontecimiento tan funesto para la historia de nuestro país era olvidar lo que había sucedido. 

A esa sesión acudimos solo diez personas y acabamos la proyección tres, caso bastante lógico habida cuenta que la línea de dicho certamen siempre ha transitado por derroteros mucho más populares y menos dados a trabajos de autor nacionales tan personales.

Aquella afirmación, clamada en el desierto de butacas de aquel día, entronca con la desmemoria histórica en la que nos hemos instalado: los políticos que nos vendieron el futuro amnistiado intentan no hacer leña del árbol caído y pasar página mientras que, paradójicamente, las viejas heridas parecen estar más en carne viva que nunca, y nuestras generaciones más jóvenes, a las que ni se alecciona en la causa en su etapa educacional, ni saben ni conocen.

Por eso, películas como Longa Noite, de Eloy Enciso, son ahora más necesarias que nunca, aunque venga envuelta en un formato tan inaccesible para el gran público.

Gracias a los Festivales que la han proyectado (buen momento para reivindicar el Festival Novos Cinemas de Pontevedra), a su estreno casi invisible en alguna sala de Madrid (Cineteca) y Barcelona (Yelmo) y a las plataformas en streaming como Filmin, la posibilidad de disfrutar de su quietud sincera y de su fuerza visual y verbal se ha convertido en realidad, avalada por su exitoso paso en el Festival de Locarno donde la Asociación de la Crítica de Cine Independiente le otorgó el Boccalino D’Oro al mejor director.

Enciso había alcanzado cierta visibilidad en círculos autorales en 2012 con su anterior Arraianos, crónica sobre un pequeño pueblo perdido en las montañas de la frontera entre Galicia y Portugal, una comunidad rural que se resistía a desaparecer. Allí ya se daban las constantes que se repiten y perfeccionan en Longa Noite: un cine meditativo y poético amparado en una fotografía fascinante e inmersiva, salpicada por unos pocos personajes que recitan diálogos mínimos.

Aquí la fórmula cobra mayor sentido al tratarse de poner en boca de los lugareños diversos textos escritos en época de contienda por autores tan consecuentes como el exiliado Max Aub; Alfonso Sastre, uno de los dramaturgos más importantes en su compromiso político y social de denuncia del régimen franquista; o Rodolfo Fogwill, un escritor y sociólogo argentino que denunció en sus obras la estupidez de la guerra.

El milagro se produce cuando lo que se recita cobra una autenticidad y una contemporaneidad que desarma. Aquellos textos escritos en el dolor del momento no han perdido un ápice de su valor en unos días como los nuestros en los que la cuerda ideológica se tensa más que nunca hacia los extremos.

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Despojada de todo artificio e impostura, dos de los lastres pocas veces reconocidos en nuestro cine más autoral —plagado en demasiadas ocasiones de obras insípidas auspiciadas por escuelas de cine permisivas que quieren abarcar mucho para apretar muy poco—, se nos presenta una selección de tableau vivants en los que, abarcando distintos géneros —como las piezas teatrales, relatos confesionales o epistolares—, se tratan temas como el exilio, los pueblos preñados de chivatos y soplones que señalan con el dedo a su vecino, la angustia antes de la ejecución... y el miedo, o, como se dice en un momento del film, «el miedo del miedo».

En algunos pasajes sobrecoge la armonía alcanzada en la comunión naturaleza-hombre, sobre todo en las escenas nocturnas, donde el personaje que funciona como nexo de unión entre párrafos pronunciados se pierde entre la espesura del bosque. Pasajes y paisajes se funden mientras las cadencias son apuñaladas por desconsuelos, torturas y congojas de quienes sufrieron la derrota. Y se llega a la esencia de la incomprensión, momento ideal para el fundido a negro del que todavía no hemos logrado salir.

Y a uno le gustaría abrazar la utopía y pensar que Longa Noite debería alcanzar mayor visibilidad, aunque fuera poca. En ese aspecto, observar cómo otro proyecto similar, aunque un poco más domesticado, como O que Arde, de Oliver Laxe, llegó a ser finalista de los Premios Goya se vislumbraba como una tenue luz al final del camino.

Un espejismo. La realidad es bien distinta y el público adocenado se deja mecer por lo obvio mientras quienes deberían convertirse en garantes de difusión de trabajos tan personales y auténticos como éste se dedican a dictar leyes que amparan a quienes anteponen los réditos económicos a los proyectos más corajudos. Así nos va, y nuestro cine no levantará cabeza mientras no reconozcamos a directores que dan la máxima talla desde lo exiguo.

La ocasión la pintan calva: ahora tenemos la oportunidad de disfrutar, online y de manera completamente gratuita, de algunos trabajos de un buen puñado de cineastas gallegos a contracorriente quienes en lugar de herir sensibilidades las alientan.

Un cine insólito que no revienta taquillas pero sí banalidades.

Lo puedes ver en: 10 anos de Novo Cinema Galego

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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