Buenos principios (2)

  03 Abril 2020

Comedia doméstica que se sobrelleva

buenos-principios-0Un escritor de edad mediana de nombre Henri y en crisis, hace más de 20 años que alumbró un best seller sin que desde entonces haya vuelto a encontrar inspiración ni ideas para repetir la hazaña.

En los últimos años se ha dedicado a su familia: mujer y cuatro hijos. Desde su punto de vista son ellos los responsables de sus frustraciones y fracasos, de que la vida se le haya ido entre los dedos, de muchas cosas que ya no hará y a las que ya no podrá acceder.

Y hay algo que destaca: su deseo de vivir en Roma, su ciudad preferida. Además, los asuntos se precipitan y el amor de su mujer empieza a flaquear y sus hijos deciden independizarse. De la nada aparece un perro peculiar, que le ayudará a entender el sentido de su propia vida, lo cual podría convertirse en su mejor novela.

Detrás de esta película está el director Yvan Attal, cineasta controvertido que unos admiran y otros detestan. Attal adapta la obra del escritor norteamericano John Fante, My Dog Stupid, uno de los dos relatos que componen el libro Al Oeste de Roma. Attal es también el actor que encarna al protagonista del filme.

O sea, el pobre Henri a sus 55 años no puede escribir nada interesante, con el agravante de que debe mantener una familia que no hace sino darle disgustos. Para colmo se cuela en su casa de manera inopinada un perro enorme con inclinaciones sexuales poco comunes, un perro al que bautizan Estúpido y que acabará convirtiéndose en todo un símbolo de la trama.

La película trata en gran medida la llamada «crisis de la mediana edad» o «crisis de los cincuenta», momento en el cual un hombre ve que su vida se le va vertiginosamente y quisiera recuperar el tiempo volviéndose autoindulgente y fantaseando con coches deportivos, mujeres bonitas o similares; es decir, todo un espectro de cosas de las cuales ya no podrá disfrutar con toda probabilidad.

Henri padece a sus hijos erráticos, jóvenes sin un norte claro, yendo cada uno a lo suyo y muy demandantes. Su esposa se muestra fría tras casi treinta años de matrimonio con sus altos y bajos y sus dosis de Prozac y vino.

Y Henri insiste en responsabilizar a su esposa e hijos de su parvedad sexual, sus dolores musculares, sus altibajos emocionales o su falta de productividad creativa. Y justo cuando él está en plena crisis haciendo balance de su vida, su mujer y sus hijos se marchan dejándolo solo.

De modo que he ahí a nuestro pobre escritor con la compañía de Estúpido, perro que se ha instalado definitivamente en su casa, con su aquiescencia y su cariño, contra todos los intentos de su familia por echarlo. Henri encuentra en Estúpido un gran e incondicional amigo. Estúpido, con su presencia y su talante melancólico le va a ir ayudando a comprender mejor su vida, de cara a una felicidad verdadera. En fin, que el perro Estúpido servirá de detonante en la trama.

Comedia doméstica, cuenta con una primera parte que hace presagiar lo peor: bronca, agitación e histeria entre padres e hijos. Pero por suerte se decanta en la segunda mitad por el más tradicional camino de la comedia de remarriage, o sea, de cómo recuperar a su desatendida esposa. Entonces la cinta se hace más amena, simpática y apetecible, si bien es predecible el recorrido sentimental del relato.

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La pareja principal, Attal y Gainsbourg, que son pareja en la vida real, tienen buena sintonía en la pantalla y ambos protagonizan alguna que otra escena divertida, como la del porro en el sofá. Charlotte Gainsbourg marida bien con la cámara, amén de ser fotogénica; Attal complementa de forma solvente su rol de esposo sobrepasado. Otros actores meritorios son Pascale Arbillot, Adèle Wismes o Sébastien Thiery.

La comedia es ligera, ligereza que proviene de que la película no entra en honduras ni asuntos existenciales de calado, sino que, a través de ciertos apuntes y evidencias de la trama, viene a desembocar en un final feliz, gestionado por la soledad de Henri y la sempiterna compañía de Estúpido. Igualmente, el film lanza algunas señales para que el espectador sea quien interprete y modele las experiencias del protagonista.

Attal da lo que puede como director y como como intérprete. Logra que el espectador pueda acercarse a un personaje inestable y no siempre agradable. Y es todo un logro que Henri se mantenga en pie haciendo gala de un halo al menos de dignidad y decencia. Es una cinta de intérpretes, pues progresa gracias al trabajo actoral. El guion hace gala de diálogos punzantes y la semblanza de la felicidad conyugal que dibuja, acaba por ser de lo más convencional.

Película entrañable y a la vez dramática, tono inteligente de comicidad apenada y un deje de coherencia, mientras narra la caída en desgracia y la recuperación del desdichado escritor y la extravagante familia que acaba bastante desunida. Transpira el film una melancolía que deviene finalmente sosiego, con la compañía del perro coprotagonista.

La cinta está dividida en siete capítulos y un epílogo, y el título del sexto, es una frase del premio Nobel de Literatura Czeslaw Milosz: «Cuando un escritor nace en una familia, toda la familia está jodida». Y esa es la conclusión de la cinta que el guion trata de enderezar, para conseguir que la familia jodida, incluido el desgraciado escritor, acaben en un final aceptable.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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