Hogar (3)

  14 Abril 2020

El fin justifica los medios

hogar-0La pandemia que asola el mundo ha obligado a hacer un parón en la vida de todos, pero Netflix, sin necesidad de congregar a cientos de personas en una sala, continúa su marcha a buen ritmo.

Hogar es su último estreno, un thriller brillantemente protagonizado por Javier Gutiérrez bajo la batuta de Álex y David Pastor. Ambos, directores y guionistas, aterrizan en la plataforma con películas futuristas y de enfermedades misteriosas a sus espaldas justo cuando el confinamiento pide a gritos un poco de alegría para amenizar el paso de las horas.

En Hogar no hay zombis ni pandemias, pero está Javier Gutiérrez, y eso ya es un buen comienzo. El actor encarna a Javier Muñoz, un publicista que lo tenía todo en la vida y lo perdió. Ahora está demasiado anticuado para empresas que buscan junior creative y demasiado mayor para contratos en prácticas no remunerados. Se ha quedado en la calle, su mujer trabaja para mantener a la familia, ha perdido su casa y a su hijo le hacen bullying en el colegio.

Todo lo que puede ir mal, según sus estándares de felicidad, va mal. Javier quiere volver a ser el protagonista de sus anuncios de familias felices, colores cálidos y casas millonarias porque él, a diferencia del individuo que ahora duerme en su cama, se lo merece.

Lo que tienes y lo que necesitas

Las dos viviendas entre las que se mueve el protagonista en Hogar son un claro reflejo de su situación emocional: lo que cree merecer, lo que realmente tiene. Lo mismo sucede con los planos en los que sube la persiana y deja ver un espacio abierto de grandes vistas, unos edificios pegados al suyo o un jardín que le otorga una falsa libertad, limitada por un muro de hormigón y mentiras.

No es la primera vez que espectadores acostumbrados a este tipo de thriller siguen los pasos de un personaje enturbiado por sus aspiraciones y dispuesto a todo para ocupar el puesto de otro. Tomás, interpretado por Mario Casas, es el hombre que vive en la antigua casa de Javier y está en su punto de mira. Ambos actores crean un vínculo potente desde el primer encuentro que eleva la tensión conforme avanzan las secuencias.

Lejos de empatizar con un Javier Gutiérrez que de sobra conoce este papel, las acciones de su personaje parecen ir encaminadas no solo a inmiscuirse en las vidas de otros, sino a arrasar con todo a su paso, incluidos los nervios del espectador. 

La presencia de Lara y Marga, sin embargo, deja mucho que desear en el guion. Constantemente están siendo utilizadas por un Javier que juega sin dificultad con sus vidas y que no tiene en cuenta las motivaciones y necesidades que, de todas formas, no tienen, porque no están construidas con una intención más allá que la de formar parte del mobiliario.

Como la casa en la que Javier entra sin preguntar, haciendo y deshaciendo a su antojo. De hecho, el final de ambas, especialmente de Lara, no es menos que utópico e inverosímil. Marga, por su parte, vive durante todo el metraje en una oscuridad de tonos tostados que remarcan la idea de lo poco que vale. Se queda así demasiado pequeña cuando se presenta como un inconveniente para Javier porque, realmente, no tiene fuerza para serlo.

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Condimento al plan perfecto

Hogar está construida con cimientos sólidos, cuidando al detalle cada giro y cada línea. Desde los primeros minutos y a buen ritmo, el planteamiento de la película va apareciendo sobre la mesa conforme Javier Muñoz va dejándose ver. Solo cuando está clara su motivación, empieza el juego. De hecho, él mismo lo verbaliza.

El guion sigue todos los pasos de la receta para no dejar cabos sueltos y termina en un final predecible pero no menos angustioso. Es Javier Gutiérrez quien actúa como un chorrito de coñac poniéndole gracia al asunto y sacando a Hogar de una zona correctísimamente construida y a la que no le habría venido mal un poco de manga ancha.

Es una buena película para mantener los ojos en la pantalla, con una producción potente, actores relucientes y tensión constante.

Spoiler: Si vas a destapar a un asesino, no tengas la deferencia de contárselo a él antes. Nunca sale bien, y lo sabes.

Escribe Lorena Martín

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