El hombre de al lado (4)

  18 Julio 2011

El muro

El hojmbre de al ladoLa pantalla se divide en una mitad blanca y otra gris, y nos muestra una pared medianera que separa dos mundos opuestos y aparentemente irreconciliables...

La pared será demolida, a mazazos, y un agujero protagónico irá creciendo y tomando las dimensiones de una ventana por la que circulará el conflicto que atravesará las vidas tanto del protagonista como del antagonista, el espectador decidirá cuál es cuál, y sus múltiples lecturas, entre ellas,  la lucha de clases y la relación de poder que se da entre ambas.

Esta subversiva comedia negra dirigida por Marcelo Cohn y Gastón Duprat (El artista, 2008) con un magnífico guión de Mariano Duprat se irá abriendo paso al otro lado, a mazazos, sí, avanzando a paso redoblado, claro, pero también,  con exquisita sutileza...

Break on through o ábrete paso...

Leonardo (Rafael Spregelburd) es un diseñador industrial que ha ganado prestigio gracias al diseño de una silla de la que no es posible caerse... No es casual que la silla haya sido elegida como el producto más representativo de su arte, símbolo del reposo y la quietud del status quo burgués que sólo desea que todo siga igual para que nada cambie, y que la postura a la que invita sea el descanso, el confort y la comodidad que tanto se parecen a la muerte del cuerpo, y sobre todo, a la del espíritu.

Víctor (Daniel Araoz) su vecino, es un carismático y avasallador vendedor de autos usados. Sin embargo, a pesar de su poca glamorosa profesión, Víctor es una fuerza de la naturaleza, que puede hacer un escabeche de jabalí, una escultura, o un pequeño número de títeres con sólo dos dedos.

Víctor hace un agujero en la pared que linda con la de su vecino Leonardo con el fin de atrapar unos rayitos de sol que a él le sobran...

A partir de la rotura de la pared se producirá una intrusión de un mundo en el otro. 

Y aquí reside el germen del conflicto, la confrontación de dos visiones del mundo diametralmente opuestas. Una, la del establishment, con una serie de normas y códigos que dictan el buen gusto burgués, representada por Leonardo; la otra, encarnada por el espíritu anárquico y transgresor de Víctor, que seduce e invita a despojarse de todo prejuicio o pudor, y a arrojar por la borda el corsé de las buenas costumbres burguesas...

Y aquí reside el germen del conflicto, la confrontación de dos visiones del mundo diametralmente opuestas

El discreto desencanto de la burguesía

El agujero que Víctor hace en la pared irá creciendo y haciendo mella en la vida de sus vecinos snob y modernos, que ven en el orificio no sólo un ojo indiscreto e invasor, sino una amenaza a su intimidad y la penetración de un mundo que les es ajeno y por el que sienten miedo y aversión: el de la gente común.

Leonardo hará todo lo posible por evitar y mantener a distancia al nuevo intruso, como si Víctor fuera un germen resistente a los anticuerpos burgueses; sin embargo toda prevención será inútil, Víctor ha logrado atravesar no sólo la pared, sino atacar  e invadir las capas más impenetrables de sus atrincheradas mentes.

Leonardo capitula por momentos, y se rinde seducido por la simpatía y la genuina bondad de Víctor, para luego burlarse de él con sus amigos.  Ana, su mujer, lo inducirá a un nuevo ataque para que Leonardo enfrente a Víctor y logre neutralizar sus avances.

Víctor vuelve al ataque una y otra vez, ofreciéndole como muestra de cortesía un frasco con escabeche de jabalí, cuya receta se dará al final del filme, junto con los créditos, o irrumpiendo a través de llamadas telefónicas, o visitas inesperadas a las que Leonardo ya no podrá resistirse.

Avances y retrocesos marcan el ritmo de la narración, al igual que la lucha de clases que Víctor y Leonardo encarnan, cada uno por su lado, por el cierre o la apertura de una ventana...

Cuando Víctor piensa que ya ha ganado terreno, y consigue pactar un acuerdo, cerrar la ventana definitivamente, y contentarse con un mezquino tragaluz con vidrios esmerilados, Leonardo, fiel a su pertenencia de clase, lo traiciona y los combatientes vuelven al campo de batalla, es decir, al punto de partida: una pared blanca y lisa...

Avances y retrocesos marcan el ritmo de la narración, al igual que la lucha de clases que Víctor y Leonardo encarnan

La ciudad de cristal

La casa Curuchet –única en latinoamérica- en la que vive Leonardo fue diseñada y construida por Le Corbusier, sin embargo tras la bella fachada de la construcción se esconde un espléndido sarcófago de esterilidad, abulia y monotonía en donde los miembros de la familia que la habitan están más muertos que vivos: la hija insulsa y desganada que repite como autómata pasos de coreografía sin entusiasmo ni gracia; o Ana, su mujer, con la misma sensualidad de un freezer, que sólo exige piquitos como toda muestra de su energía libidinal; y Leonardo, el miembro más estancado y enmohecido, es el que mejor representa la fuerza destructiva y aniquiladora de la clase burguesa que se cierra a todo proceso generador de vida y de verdadera creación...

La arquitectura del filme es tan elegante y bella como las líneas de la construcción de la casa Curuchet en la que transcurre la historia

The end 

La arquitectura del filme es tan elegante y bella como las líneas de la construcción de la casa Curuchet en la que transcurre la historia. A partir de unas pocas líneas-enunciados surge una infinidad de implicancias tantas como posibles lecturas: el arte, los especialistas, y su relación con la vida social, y sobre todo con los verdaderos artistas.

Leonardo encarna mejor que nadie esos especialistas ultra modernos carentes de espíritu, sentimientos, identidad sexual o personal que son incapaces de establecer vínculos con los otros y con el afuera, a menos, claro, que medie el intercambio comercial.

Baste recordar el modo en el que humilla a sus alumnos cuando da su opinión sobre diseños de sillas, o cuando intenta seducir a otra de sus alumnas de la forma más obvia y burda, o elucubrando transacciones comerciales como cualquier buen empresario que se precie de serlo.

Víctor, por otra parte, encarna el espíritu del verdadero artista, anárquico, vigoroso, imprevisible e indomable... Y si quedara alguna duda, nos queda como la prueba más irrefutable el escabeche de jabalí que puede resultar más artístico y nutritivo que una silla tan aerodinámica como siniestra, de la que nunca nadie jamás tendrá la oportunidad de caerse...

Escribe Gabriela Mársico

 Título  El hombre de al lado
 Título original  El hombre de al lado
 Director  Gastón Duprat & Mariano Cohn
 País y año  Argentina, 2009
 Duración  100 minutos
 Guión  Gastón Duprat
 Fotografía  Gastón Duprat & Mariano Cohn
 Distribución  A contracorriente films
 Intérpretes  Rafael Spregelburd, Daniel Aráoz, Eugenia Alonso, Inés Budassi, Eugenio Scopel
 Fecha estreno  02/09/2010 en Argentina; 22/07/2011 en España.
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