Los Minions (2)

  27 Julio 2015

Villanitos que no dan la talla

los-minions-2Las dos primeras entregas de Gru, mi villano favorito (2010), fueron una agradable sorpresa en el ámbito del cine infantil. Con toda osadía, una película se atrevía a poner como ejemplo para los tiernos infantes al villano y no al héroe, a un tipo rechoncho, calvo y de afilada nariz que no se dedicaba a ir salvando a cachorrillos, sino a pinchar globos, contaminar el medio ambiente  o a espantar niños, mientras ascendía en el cursus honorum del crimen afanando todo tipo de fetiches, por lo general representativos de los logros del capitalismo occidental, incluida la luna como metáfora del sueño neoliberal norteamericano.

Aunque el nivel de maldad moral de Gru no alcanzase para catalogarlo como verdadero villano, porque demostró tener más corazón que la mayor parte de los próceres de la patria —banqueros, cuidadoras de orfanato o eminentes tecnólogos—, el hecho de que su vida se decantara por el lado oscuro y peligroso, y no constituyese un dechado de virtudes cívicas, sorprendía en un género cinematográfico más bien dado al buenismo pedagógico y la profusión de moralina.

Esto sorprendía muchas veces a unos padres que se debatían entre la diversión sin complejos y la capacidad del cine para modelar las tiernas conciencias de sus vástagos, y quizá por ello los responsables de la saga introdujeron un contrapunto moralmente “blanco” —aunque quizá fuese mejor decir amarillo— que suavizase un tanto los excesos gamberros de Gru y sus coqueteos con las fronteras de lo legal.

Este contrapunto fueron los Minions, y ellos mismos se constituyeron casi en película dentro de la película, creando una corriente tan poderosa que con mucho superaron en el imaginario colectivo a su amo y señor para convertirse en la imagen de marca de la saga.

Así, vistas las cosas, la productora vio necesario —y rentable— plantear un spin off que explicase el origen de estos mini esbirros, y que a buen seguro tendría un éxito apabullante entre los más pequeños y los mayores que se vieran obligados a acompañarlos.

Dicho y hecho, en 2015 nos ha llegado esta especie de precuela en la que se explica —más o menos— el origen de los tiernos bichitos y su tendencia a buscar un amo que oriente sus desmanes, por lo general caóticos y problemáticos, pero con una sorprendente tendencia a salir bien al contrapesarse la fuerza destructiva de sus estupideces.

Así pues, el comienzo de la película se dedica a narrar la historia de las sucesivas servidumbres de los Minions a diversos amos, todos malvados y todos al final, malhadados por la torpeza del ejército de esbirros amarillos.

Pero en lo que respecta al desarrollo del filme, uno empieza a notar enseguida que falta algo: lo que en las películas de Gru suponía un agradable interludio, un relajo de la acción gracias a la irrupción de los consabidos histriones, aquí se convierte en categoría narrativa, en hilo conductor de una historia que no tiene más enjundia que la de sucesión de chistes en torno a los personajillos amarillos.

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Bien es cierto que se les construye una pequeña odisea a dos bandas —por un lado la tribu, que alcanza su destino después de dar un rodeo por TODA la Commonwealth, por el otro los tres protagonistas que encuentran la supuesta ama que debe guiarlos— pero también lo es que ésta apenas constituye una excusa para poner a los personajes ante situaciones comprometidas, sin una verdadera poética del conflicto y sin un esquema narrativo claro que vaya más allá que los chascarrillos de cartoon.

En esta tesitura, es tal el protagonismo que se les concede a los Minions, que los personajes humanos aparecen como excesivamente definidos, esquemáticos y arquetípicos, podría decirse, y que su falta de aristas los convierte en meros comparsas de una acción puesta a la gloria del lucimiento de la pragmática torpeza de los Minions.

Como para no abandonar la tradición del escarnio de una nación en cada película, en esta ocasión le ha tocado padecer la burla a Gran Bretaña, como en las anteriores entregas fueron los EEUU y México. Para cumplir con el objetivo, se ha dotado a los personajes humanos con un toque tan excesivamente British, que ello es lo que constituye el enfoque humorístico sobre los mismos. Un recurso pobre y esquemático, pero recurso al fin y al cabo, para paliar groseramente su falta de personalidad.

¿Y qué más puede decirse? Los Minions siguen siendo encantadores, maravillosamente gamberros y torpes hasta decir basta sin caer en el histrionismo cansino. Puede decirse que son uno de los más simpáticos hallazgos del género infantil en los últimos años, y que están llamados a brindarnos grandes chascarrillos por mucho tiempo, siempre que los productores no les cedan excesivo protagonismo.

Porque lo que es evidente es que adquieren su verdadero encanto a la sombra de Gru. Es aparecer éste sorpresivamente en pantalla y la escena se ilumina, ensombreciendo a la mismísima Reina Isabel de Inglaterra.

Parece que, después de todo, era cierto que los Minions no podían sobrevivir sin un amo adecuado, y que el supuesto enfrentamiento entre las criaturas amarillas y su jefe no es sino dialéctico: de su mutua oposición nace algo más grande.

Así que lo que esperamos a partir de ahora, es que vuelva nuestro villano favorito, y por supuesto, que vuelva con sus esbirros. Todo sea por mantener vivo el espíritu de la gamberrada.

Escribe Ángel Vallejo


Más información sobre la saga:
Gru, mi villano favorito

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