La teoría del todo (3)

  22 Febrero 2015

El drama, el tiempo, el universo y todo lo demás

la-teoria-del-todo-1Que los biopic son una garantía de éxito entre la taquilla y la crítica es un hecho que ha marcado una tendencia en el cine de los últimos años, y que hemos podido ver en estrenos recientes (Descifrando Enigma, El francotirador, los auto-homenajes de Birdman…) nominados en los próximos premios de la Academia.

El problema es que una garantía de éxito o buena crítica no es garantía de excelencia. Que quede dicho desde el primer momento: La teoría del todo es una gran película, y su nominación es merecida. El problema es que es una cinta que depende demasiado de un solo aspecto excelente, y que, una vez le quitas eso, queda en agua de borrajas.

Ese aspecto, por supuesto, tiene un nombre y un apellido claros: Eddie Redmayne, si bien las actuaciones de sus compañeros David Thewlis y especialmente Felicity Jones tampoco le van a la zaga. Estamos ante una película de interpretaciones. Bien desarrollada, bien dirigida, entretenida, pero que no va mucho más allá.

Es cierto que es eso lo principal que se le debe pedir a un biopic. La actuación de Redmayne como el astrofísico Stephen Hawking es una de aquellas que se graban en la memoria, y que podrían consagrarle de manera definitiva y conseguirle la estatuilla (con permiso de Michael Keaton, a quien quizás sea hora de darle ya también el premio). Es una delicia su retrato de un Hawking desde sus días en que pugnaba por descubrir su vocación doctoral, y el inicio de su romance con Jane Wilde, hasta los primeros compases de la enfermedad, el desarrollo de ésta, y cómo la enfrenta la pareja, con el buen tacto con que se trata el tema. Contribuye a ello el sentido del humor de Hawking tan bien reflejado en la cinta, siendo una constante muy agradable para el espectador.

Quizás sea el tratamiento de la enfermedad, merced a esa gran interpretación, el aspecto mejor trabajado de los personajes, junto con las pinceladas en el trasfondo científico, con bastante crudeza y humanidad. El problema es que es un aspecto que, viendo el resto de la cinta, queda huérfano.

Se entiende, claro, al ver la base del libro, que no es otra que la autobiografía que escribió Jane. De ahí que todo lo que vemos en la película sean escenas de la vida que compartieron Stephen y Jane… y en la mayoría de los casos que protagonizaron ambos, y no de los primeros o últimos años de la vida del científico.

Ello conlleva un problema. No de cara al lapso temporal tratado (que está perfectamente escogido y basta para construir bien la historia), sino a la forma de hacerlo. Per se, la historia que se narra se basa en el romance y muestra la cara más amable de ambos personajes; pero la película no se detiene ahí, sino que obvia o pasa de puntillas la gran mayoría de momentos de mayor conflicto que tuvo la pareja (olvidando algunos aspectos más traumáticos de la vida de Jane), lo que provoca que el cuadro final sea demasiado “blando” para la dureza de la enfermedad que hay detrás, y que tan bien llevada estaba.

Así, en ese sentido, la película es poco más que un drama romántico muy bien ambientado e interpretado. Es imposible no pensar, cuando se ve, en un biopic al que de hecho hace bastantes referencias (hasta en la última escena): Una mente maravillosa que, a diferencia de ésta, resultaba mucho más incisiva, y en la que había un conflicto real que pudiera ofrecer algo más que el romance. También viene a la mente Descrifrando Enigma (The imitation game), compañera en la próxima edición de los Oscar y una cinta no sólo mucho más redonda, sino también mucho menos cómoda y con mayor compromiso.

En lo que toca a la parte científica, la película no tiene un mal desarrollo. Lo que más se echa de menos es que se trate de manera tan sucinta, pero cuando lo hace, es lo suficientemente rigurosa y cercana (planteando también el conflicto ciencia – religión en la pareja) como para llegar a neófitos y no decepcionar a quien esté más metido en materia. También son muy de agradecer los guiños a personalidades como Dennis Sciama o Kip Thorne.

Al final, como decíamos, resulta una película que destaca por sus grandes interpretaciones (sobre todo la principal), pero que decepciona al depender demasiado del romance y presentar una visión demasiado amable y cómoda de la historia que se narra. Es una teoría del todo que se queda al cabo en una pequeña parte.

Escribe Jorge Lázaro 

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