Divergente (1)

  21 Mayo 2014

Pues no encaja, no

divergente-1Las comparaciones son odiosas. Lo sabemos. Pero también son inevitables en muchas ocasiones. Especialmente si la pieza a comparar sugiere  puntos en común a otra pieza contemporánea de rabioso éxito. Estamos hablando, claro, de la comparativa que estamos leyendo estos días en los medios entre la nueva saga proveniente de la fantástica juvenil Divergente y los ya notorios Juegos del hambre.

Pero estas comparaciones no son en vano: cierto es que el estilo de historia es similar en ambos casos; y en ambos casos encontramos a una fémina adolescente un tanto rebelde en un mundo futuro distópico que no acaba de encajar en el sistema establecido. Por supuesto, también hay historia de amor de por medio (por decir algo, porque de momento amor lo que se dice amor no hay). Y también hay un sinfín de luchas y pruebas que debe superar dicha muchacha para demostrar su valía. Es decir, en ambos casos (al menos en la primera entrega de ambas sagas) hay más de uno o dos puntos en común aunque muchos lectores avezados a estas sagas no vean tantas similitudes entre ambos mundos literarios.

Sí es cierto que todo hace presagiar que en Los juegos del hambre hay mucha más imaginación y enjundia que en este mundo dividido en facciones que propone Veronica Roth y que, en el fondo, está plagado de incongruencias de base que van tiñendo y estirando el relato y la evolución personal de Beatrice, una chica del montón que se verá en el ojo del huracán de unas circunstancias que no controla. ¿Les suena esto último que acabo de decir? Pues vamos allá…

Entramos en el mundo de Divergente

Todo empieza francamente bien pero lo bueno dura poco y es que Neil Burger —director de las correctas El ilusionista (2006) y Sin límites (2011)— no es una buena elección para dirigir este pastiche de ciencia ficción adolescente, romance, acción pandillera y rebelión pues resulta todo demasiado serio como para que la cinta tenga buena  vibración. La cinta empieza mostrándonos unas interesantes instantáneas de ese mundo futuro dibujado con la voz en off de la protagonista de esta historia contándonos de qué va la cosa.

El mundo se divide en cinco facciones: Osadía (los valientes), Erudición (los listos), Abnegación (los buenazos), Verdad (los sinceros) y Cordialidad (los que siempre quedan bien). Esta distinción entre estilos de personalidad  —bastante  banalizada ya per se— es la que cada adolescente debe decidir a los dieciséis años. Cada uno puede quedarse en el grupo de sus padres (el que han conocido y aprendido) o puede cambiarse a otra facción tras unas pruebas que les hacen a todos y cada uno de ellos. También hay personas “sin facción” porque en su día la facción les expulsó y ninguna otra facción les puede acoger en este caso.

Tanto el padre y la madre de Beatrice Prior, la heroína, y su hermano pertenecen a los Abnegados pero su hermano opta por pasarse a Erudito y Beatrice elige la Osadía en el último instante. Aunque las pruebas previas han revelado que tiene características de todas las facciones, lo que se conviene en llamar una Divergente.

Los Divergentes son temidos porque no encajan en ninguna de las 5 facciones y se pretende su erradicación absoluta porque son los menos controlables por el poder, a mí que me perdonen pero en Los juegos del hambre ya se hablaba, y mucho, del control popular por parte del sistema imperante. Hasta aquí, la cinta hace gala de cierta elegancia y logra despertar el interés. Desde que Beatrice se convierte en Osada (desde ese momento se hará llamar Tris), la cinta se tambalea y cae al vacío por culpa de una historia que a todas luces resulta insuficiente.

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Dentro de la Osadía

A partir de que Tris es Tris, o sea, desde que deja de ser Abnegada para ser Osada, la película se convierte en una sucesión de pruebas para demostrar su valentía dentro de la facción. Pero las pruebas nada tienen que ver con la valentía sino con la violencia.

La muchacha debe luchar cuerpo a cuerpo con sus compañeros, aprender a lanzar cuchillos y a usar todo tipo de armas mortales, debe pelear, dar saltos al vacío… es decir, a llevar una conducta paroxística y un tanto suicida ante la vida (y quien esto firma se pregunta: ¿eso es la osadía realmente?, ¿ser un kamikaze andante te hace valiente o te hace un chiflado?)

Sigamos, una vez dentro, Tris y los demás compañeros osados tienen dos jefes: el guapérrimo de buen corazón y con un cuerpo de infarto y el feo y malvado que encima está un tanto entrado en carnes. Ambos son jefes de la facción aunque sean veinteañeros. Uno es muy muy malo y por poco incluso deja morir a una de las osadas durante la realización de una prueba física mientras que el otro empieza como el duro de la clase y se vuelve el dulzón de turno cuando empieza a intimar con Tris.

Tris va haciendo las pruebas aunque sus puntuaciones no son ninguna maravilla y corre el riesgo de ser una “sin facción” aunque finalmente logrará un aprobadillo justo para quedarse como una integrante de Osadía. Sin embargo, su jefe guapo sospecha que ella no es una Osada de verdad sino que es en realidad una Divergente aunque guardará silencio y la ayudará a pasar desapercibida porque claro, el romance manda. Y sin que la historia nos proporcione explicaciones al respecto, todo cambia entre las facciones.

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La pluma y la cámara

Sabemos que el primer libro de la trilogía visionada por Veronica Roth tiene una buena agilidad narrativa y que los personajes están más o menos bien perfilados pese a tratar la iniciación de Tris durante más de cuatrocientas páginas, pero todo ello se ve severamente lastrado en su traslación al celuloide. En la película, lo que vemos es que Tris se tira dos horas luchando en su facción si quitamos el prólogo y el epílogo, duración harto innecesaria si atendemos al hecho de que se trata de una cinta en la que no hay avance de la acción hasta los diez últimos minutos (ojo, el libro es igual)

El personaje de Tris, por su lado, queda reducido en la película a una joven dulce con ansias de luchar y de ser diferente mientras que algo más de brío tenía la chica en el libro. Así, los personajes secundarios quedan completamente en la oscuridad en su versión fílmica y tampoco ayuda en este sentido demasiado las elecciones que han hecho para los protagonistas de esta serie.

Shailene Woodley no acaba de componer un personaje con luz propia aunque lleve bien el peso de la función; Theo James no es más que un rostro y un cuerpo para envidiar pero sus dotes interpretativas son poco menos que nefastas; Kate Winslet parece que ha olvidado sus previas lecciones magistrales y aquí carece del acento que toda supervillana debería tener; Tony Goldwyn y Ashley Judd aciertan como padres de la protagonista aunque salgan cinco minutos; y la retahíla de adolescentes comparsas son perfectamente olvidables.

Imaginamos que tampoco los productores han quedado muy contentos con el resultado pues han contratado a otro director menos serio que Burger para las futuras entregas de la serie. Pero en el fondo ha acertado bastante pues esta floja historia que debería haber sido contada en menos de una hora ha arrasado en Estados Unidos y aquí seguro que también obtendrá buenos dividendos.

A veces, la adaptación fallida empieza en un texto original que deja ya bastante que desear, texto que se empeora en su versión para el cine. Así es difícil creer en la Osadía… o en la Divergencia.

Escribe Ferran Ramírez

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