Star Trek: En la oscuridad (3)

  07 Julio 2013 Acción, nada más 

star-trek-1Una nueva amenaza se cierne sobre el Universo, se trata de un antiguo miembro de la flota intergaláctica que ataca a las principales cabezas de la misma. El capitán Kirk y Spock se embarcarán, una vez más, en el Enterprise para acabar con él.

En 2009, J. J. Abrams se puso al frente de Star Trek con gran maestría y la libertad que le proveía el estar convirtiéndose en el nuevo Rey Midas de Hollywood. Lo hacía con descaro, saliéndole la jugada redonda, pariendo un filme no solamente entretenido sino con un argumento digno de las mejores películas de ciencia ficción. Cuatro años después llega esta Star Trek: En la oscuridad, que si bien no tiene parangón con su predecesora se convierte con dignidad en uno de los blockbusters de este verano.

Si echamos un vistazo a la carrera del ya consolidado Abrams, observamos que siempre acomete los mismos errores. Si se involucra 100% en el proyecto vertiendo todo su savoir faire el resultado es excelente, mientras que si solamente ocupa parte de su mente mientras el resto está ya en otros quehaceres el resultado es correcto, nunca suspenso debido a su desorbitado talento, pero no alcanzando las cotas que debería.

Esto es lo que sucede con Star Trek: En la oscuridad (2013), donde solamente se ocupa de la dirección, campo perfectamente dirimido, lo que no es suficiente para que se logren unos resultados dignos del mejor J. J.

La lejanía, en lo que a guión se refiere, del director deja la cinta en manos de Alex Kurtzman, Damon Lindelof y Roberto Orci, equipo de su confianza que en este caso realiza un trabajo adecuado pero carente de excelencia. Mientras que Kurtzman y Orci son sinónimo de estabilidad y no despuntan pero se elevan como bastiones al trabajo de Abrams, Lindelof es un tipo con talento descontrolado, es decir, sus ideas pueden tildarse de sorprendentes y despertar la magia de una película, pero nunca son redondas, proyecto en el que se involucra, proyecto rebosante de agujeros argumentativos —Perdidos—.

Si juzgamos la película dirigida por Abrams solamente como lo que pretende, diversión y entretenimiento, nada negativo podemos decir sobre ella, pero si vamos más allá y analizamos su argumento con detenimiento, cae por su propio peso. Encontramos personajes insertados con alfileres, relaciones forzadas en exceso y sobre todo varios sinsentidos, cubiertos, eso sí, por una excelente dirección y acción trepidante, capaces de maquillar los peores errores de guión que se imaginen.

La mano de J. J. se nota especialmente en el humor que rezuma en algunas escenas, provocando reminiscencias del mejor Spielberg, pero su mano no es suficientemente firme para dirigir un argumento que se torna excesivamente enclenque.

Los actores que repiten el papel de la anterior entrega lo hacen como cabía esperar, sin sumar ni restar. Por su parte, la nueva incorporación, Benedict Cumberbatch, interpretando al villano del filme excelsamente, se convierte en la gran sorpresa, si bien su personaje no posee matices, es él motu proprio quien se los aporta, erigiéndolo como el más redondo de la cinta.

Optar por J. J. Abrams es sinónimo de acierto dado que independientemente de cuánto se involucre, su sola presencia asegura calidad y respeto por la obra. En este caso, demuestra conocimiento de las películas y series anteriores y, además, consigue enganchar a aquellos que no se identifiquen como trekkies.

A pesar de no contar con un guión sobresaliente, Star Trek: En la oscuridad rebosa acción y asegura diversión, tornándose en un buen refugio contra el tan temido tedio veraniego.

Escribe Sonia Molina

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