El hombre de acero (3)

  17 Julio 2013 Juego de ases 

el-hombre-de-acero-000Por fin se ha estrenado la cinta que supuestamente es una de las atracciones cinematográficas más potentes de este año, amén de ser la cinta que salve las taquillas de medio mundo de la bancarrota.

Llevamos mucho tiempo oyendo sobre la gestación de este hombre de acero, lo que no había hecho más que enardecer la espera de una obra de aquellas que provocarán una ovación emocionante al finalizar su último fotograma. Dos horas y media de película después descubrimos que una especie de voluntad más-grande-que-la-vida es la que se esconde detrás de sus mentes responsables, lo que ha hecho que este nuevo Superman sea todo un aparato apasionante y escurridizo a la vez.

Una vez vista, uno se queda desconcertado por la mezcla de espectáculo titánico, colosalismo destructor y narración hiperestilizada. Desde luego, quien espere algo parecido al Superman mucho más entrañable y encantador de Richard Donner, mejor se de la vuelta y se meta en otra sala.

Aquí tenemos a las nuevas y brillantes figuras de director, productor y guionista llamados respectivamente Zack Snyder, Christopher Nolan y David S. Goyer, trío de ases con sobrada experiencia en el mundo de la adaptación del cómic  tradicional a los cánones del siglo XXI.

Lo que aquí encontramos es a un Hombre de acero radicalmente nuevo que… sí, repite la misma historia que ya conocemos (y quizás ese sea la principal barrera de la cinta pues ya habíamos visto la historia y se convirtió en mito) pero no tiene nada que ver con el Superman de Christopher Reeve.

Aquí tenemos a un héroe de físico impresionante aunque de personalidad impresionada… Clark Kent es taciturno, huidizo y resignado, que busca un lugar imposible en el mundo, que vive a través de los recuerdos de su infancia y que vive esperando un momento de descubrimiento a nivel mundial. Su encuentro con la periodista Lois Lane abrirá la veda para que los acontecimientos se aceleren.

La historia y sus ases

La estructura de esta cinta es cuanto menos curiosa: tenemos un prólogo en el planeta Krypton que recuerda a alguna cinta de batallitas en el espacio y a otros tantos productos fílmicos basados en cómics que empiezan con similar arranque (Green Lantern, por ejemplo), y ya tenemos los primeros 30 minutos de cinta llenos. Todo hay que decirlo, es una de aquellas introducciones poderosas que se toma su buen tiempo es describir los hechos.

Acto seguido, el binomio Snyder-Nolan da paso a la narración más calmada, equilibrada y preciosista, que nos da un paseo de más de una hora por la vida errante de nuestro protagonista, tanto en signo presente como en su facción pasada. Es en esta hora y pico que sus responsables demuestran su autoría.

Es decir, una hora y pico (casi como si se tratara de una película de metraje ajustado) Snyder, Nolan y Goyer nos llevan a dar un paseo por las miserias del superhéroe, sus andanzas sin rumbo, sus perdidas sociales… y sus ansias de reconocimiento social, hasta que conoce a Lois Lane. Este pasaje es quizás el más elaborado a nivel de guión de toda la cinta. Hay imágenes que incluso pueden recordar a Malick, lo que no hace más que insistir en que quienes están detrás de este importante bombazo querían algo fuera de serie.

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Finalmente, llega el estruendo final, que dura, atención otra hora más. Una hora arrebatadora visualmente, agotadora por su destrucción masiva (¿cuánto hace que no veíamos tanta destrucción en tan concentrados minutos?), de hasta tres clímax diferentes y que rompe las barreras de las lógicas convencionales narrativas al engarzar esas tres luchas a muerte en las calles del planeta.

Se trata de un espectáculo diríamos casi sin precedentes (¿una batalla a muerte de una hora de metraje en la que se sabe de antemano el final de la misma?) pero que a todas luces y sombras resulta torrencial, magnánimo, extenuante.

Pues sí, esta es quizás la película del año en cuanto a proporciones y cifras. Todo en ella adquiere un tinte gigantesco, lo que no deja de ser saludablemente arriesgado, aunque los puristas opinen lo contrario. Desde luego, la osadía de unir partes narrativas tan diferenciadas entre ellas, mezclar géneros tan a priori equidistantes (lírica visual en flashbacks, ciencia-ficción a tope, violencia hiperbólica aunque sin sangre, drama emocionante…) y resultar más o menos airoso del entuerto es toda una hazaña. Al igual que lo es reunir a un reparto de esta categoría.

Henry Cavill es todo físico, y con eso le basta y se supone que le sobra. Los padres biológicos de nuestro héroe, Russell Crowe y Ayelet Zurer se encuentran en el primer pasaje, uno de los más bellos, lo que hace que se realcen sus momentos.

Los padres adoptivos están sencillamente increíbles, tanto Kevin Costner como Diane Lane (con atención acento en él, por favor). Amy Adams, desde luego, no es ninguna belleza pero acierta bastante en su personaje aunque resulte limitado; lo mismo sucede con Laurence Fishburne. Y luego está el villano Michael Shannon, perfecto como siempre en su composicin de efectos visuales alucinantes, buena simnterpretaciones, frecen estos ases. Desde luego, dista de ser una pelde con Laurenceón.

Así atendemos a un espectáculo megalómano por el que vale la pena pagar la entrada de cine, verlo en un pantallón digital y sentarse a disfrutar de la traca visual que nos ofrecen estos ases. Desde luego, dista de ser una película perfecta pero la ración de efectos visuales alucinantes, buenas interpretaciones, diferentes narraciones y un sentido arrebatador de la puesta en escena está servida.

Recordemos que es Zack Snyder quien está detrás de las cámaras, señoras y señores, conocido por una imaginación desbordada y excesiva que sólo sabe crear piezas increíbles aunque quizás aún le falte atinar más en su vertiente historiadora. En sus manos, este Superman es todo un prodigio de desenfreno, rabia y tensión, que ya es mucho.

Escribe Ferran Ramírez

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