El monje (2)

  18 Febrero 2012

La seducción del mal 

el-monje-1El monje es la última película de Dominik Moll, una coproducción hispano-francesa basada en la famosa novela gótica de Matthew G. Lewis, The Monk, publicada en Inglaterra en 1796.

Rodada en escenarios naturales españoles —Convento de Santes Creus (Tarragona), Bárdenas Reales y Arguedas (Navarra), ciudad de Gerona y alrededores— y franceses —convento Fontfroide de Narbona y Perpignan—; la propuesta es un viaje de ida sin retorno a los recovecos más oscuros del alma cristiana.

Es imprescindible antes de comentar la película aludir a la obra literaria de referencia, para, independientemente de los valores cinematográficos de su adaptación, valorar la fidelidad o distanciamiento al texto original y sus consecuencias.

La novela

El monje es considerada una de las obras cumbres de la novela gótica inglesa, corriente que surgió a mediados del siglo XVIII en la literatura británica con El castillo de Otranto (1765) de Horace Walpole, en pleno Iluminismo, como reacción de los círculos intelectuales europeos contra la tiranía de la razón y sus certidumbres. Autores como Ann Radcliffe, Willian Beckford, el propio Matthew G. Lewis o Charles Maturin lo cultivarían con gran éxito.

La novela gótica (llamada romance, en inglés “narración fabulosa” para diferenciarla de la verdadera novela (novel) mucho más constructiva), recupera el mundo de lo mágico y sobrenatural con historias fantásticas basadas en leyendas y supersticiones populares, pobladas por personajes oscuros, trágicos, melancólicos y/o atormentados (generalmente nobles extranjeros), condenados a la eterna insatisfacción. Seres  inmersos en una atmósfera depresiva, acosados por espectros, demonios, vampiros… rodeados de fenómenos extraordinarios, tentaciones y misterios inexplicables, que habitan en parajes sombríos, intrincados conventos y/o castillos medievales ruinosos.

Como movimiento duró aproximadamente hasta 1815, pero como género inspiró a la literatura romántica posterior y mantuvo su vigencia durante todo el siglo XIX y aún con posterioridad.

Desde su publicación, El monje, causó un gran impacto en el público y la crítica de la época. Acogida con gran interés entre la población, no contó con el apoyo de la intelectualidad británica más obstrusa y moralista, que la tachó de impía, libertina, atea y perversa. El poeta Samuel T. Coleridge, elogió su gran imaginación aunque afirma que “destila un veneno moral” que su talento literario no hace sino agravar; y haciéndose eco de la británica Asociación para la Eliminación del Vicio condenó el libro justificando que nadie que no fuera realmente un monstruo podía ser capaz de inventar episodios tan monstruosos. Condenando los escandalosos episodios “que ninguna observación sobre el personaje puede justificar, ya que ningún hombre bueno soportaría con gusto el paso más fugaz de esos episodios por su propia mente”. (1)

En cambio, Lovecraft la consideró una obra maestra de pesadilla llena de elementos macabros, Lord Byron y el marqués de Sade la respaldaron en sendos escritos, André Breton y Antonin Artaud la consideraron la mejor novela gótica y obra cumbre del Romanticismo y Luis Buñuel la incluyó entre sus novelas favoritas.

El monje, escrita cuando su autor contaba solo diecinueve años, es una fábula moral, una cruda crítica, sobre la hipocresía y corrupción de la religión católica, la exaltación de las pulsiones sexuales desbordadas, la fatalidad del destino y la maldad en sus más perversas versiones.

La antigua rivalidad entre potencias, la corriente religiosa antipapista que existía en la Inglaterra anglicana del momento y el conocimiento de los excesos cometidos en nombre del catolicismo, con la Inquisición a la cabeza, y las desviaciones del clero español relatadas en el libro del sacerdote zaragozano Antonio Gavín, Claves de la corrupción moral de la iglesia católica, publicado en inglés por primera vez en Dublín en 1724,  debieron decantar a su autor por ambientar la obra en un espacio-tiempo de especial intransigencia religiosa como fue la España del siglo XVII.

El personaje principal le fue sugerido, según advierte el propio autor en el prefacio del libro, por la historia de San Barsisa (2) un santón ermitaño venerado por su virtud y milagros, que un día tentado por el demonio, ultrajó y asesinó a una joven princesa, y después le vendió su alma a cambio de una salvación imposible. También confiesa haberse inspirado para otros pasajes en la leyenda alemana de la Monja Ensangrentada (3), además de tomar prestados algunos versos de poemas y canciones españolas.

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La obra literaria es envolvente, apasionada, imaginativa y fascinante, narrativamente sinuosa, densa, directa y muy ágil, tan prolija descriptivamente como descarnada y emocionalmente atrevida, para la época. No sorprende que entre los círculos más reaccionarios resultara tan escandalosa y cínica (satánica, blasfema, indecente… son sólo algunos de los epítetos que recibió). Lewis se atreve a transgredir los límites de lo éticamente correcto y describe, con una prosa audaz y sin pudor, a diferencia de otros autores góticos, episodios de sexo y violencia con elocuente morbosidad y una naturalidad cercana a lo patológico.

La trama principal que abre y cierra la novela gira en torno a Ambrosio, prior de los capuchinos, recogido de niño por los monjes de la orden y educado intramuros por ellos, un modelo para todos de virtud, sacrificio, humildad y sabiduría que por su gran elocuencia se ha convertido en un predicador tan venerado como temido, inmune al pecado y a la tentación.

Un misterioso novicio, convertido en su fiel servidor y confidente, perturbará la supuesta tranquilidad de su alma, arrastrándole en una espiral de sexo, lascivia, muerte y condenación que afectará a seres inocentes, como la joven Antonia, su madre Elvira, y a él mismo.

La narración, no obstante, es una complicada estructura de historias entrelazadas, por los personajes protagonistas, ligadas en mayor o menor medida a la trama principal, pero cuyas subtramas autónomas, tratadas con la misma intensidad, imaginación y meticulosidad que la principal, desarrollan su propia subestructura dramática independiente.

Todas las adaptaciones cinematográficas, máxime si son de obras literarias tan complejas, controvertidas o de cierto renombre, son difíciles y comprometidas, requieren un conocimiento profundo de la obra, una sensibilidad literaria especial y una gran convicción personal del autor, para saber qué aspectos quiere representar, cómo y con qué intencionalidad.

Una buena adaptación literaria, por encima de cualquier otra cosa, dice Sánchez Noriega, se mide más por la calidad de la película producida que por la fidelidad de la misma al texto original. Por tanto, “…si una película es buena, el origen literario es una cuestión completamente accidental; por ello, no es importante que sea fiel al original ni que respete el conjunto de la historia, reproduzca todos los diálogos o contenga los mismos personajes” (4).

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La película

La adaptación de El monje es una tentación tan irresistible como comprometida, por eso, quizás, sólo existe una versión anterior a la actual. Reverenciada por los surrealistas, sólo su cineasta más universal se atrevió con ella, aunque luego fuera otro compañero el que aprovechara, con poca fortuna, su trabajo.

En 1965 Luis Buñuel preparó junto a Jean-Claude Carrière la adaptación de El monje, una de sus novelas favoritas, que nunca llegó a realizar. Tenía ya elegido, incluso, el elenco protagonista Paco Rabal (Ambrosio), Jeanne Moreau (Mathilde), Peter O’Toole (el duque) y Michel Piccoli (el inquisidor), cuando en el último momento se canceló el proyecto por problemas de presupuesto. El guión de Buñuel (5) se inspiró en la novela de Lewis, pero omitió localizaciones, pasajes y personajes e introdujo cambios significativos en unos y otros hasta desviarse totalmente del original hacia derroteros más en consonancia con su ideario personal.

Años más tarde cedió el texto a su amigo y realizador surrealista Ado Kyrou, para que realizara su propia versión, Le moine (1972), rodada en inglés y protagonizada por Franco Nero, Natalie Delon y Nicol Williamson. Kyrou alteró del guión cuanto le pareció oportuno, y el resultado es una cinta poco afortunada con nula repercusión en su momento y posteriormente, y aunque se nota la influencia de Buñuel, en ciertas escenas y el final es un guiño a La edad de oro, su visión, impregnada de elementos fantásticos y góticos, le aleja de la causticidad y genialidad de su mentor.

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La versión de Dominik Moll

La película, centrada en la trama principal de la novela, relata la historia del hermano Ambrosio (Vincent Cassel), en la España católica del siglo XVII. Abandonado al nacer a las puertas del convento de los capuchinos, creció, educado por los monjes, aislado del mundo exterior. Desde que profesó su dedicación al estudio y el recogimiento, le han convertido en modelo de sacrificio, virtud e iluminación y su elocuencia y sabiduría, en predicador de religiosidad extrema, venerado por fieles y admiradores y temido por su intolerancia al pecado.

La primera muestra de ella se produce cuando confesando a la hermana Agnés (Roxana Durán) descubre su pecado secreto, e ignorando las súplicas de piedad y compasión de la monja la delata ante la madre superiora (Geraldine Chaplin), conduciéndola con su actitud hacia la muerte. Agnés le maldice.

Entre el abarrotado auditorio que ha escuchado su sermón semanal está la joven Antonia (Joséphine Japi), un alma pura e inocente que se ha instalado en la ciudad junto a su madre enferma, Elvira (Catherine Mouchet). En la iglesia conoce a Lorenzo de Medina (Frederic Noaille), un joven noble que, prendado de la muchacha, aspira a conquistar su corazón, pero Antonia conmovida y estremecida por las palabras del monje exalta la magnitud de su santidad y le venera con devoción.

Un día aparece en el convento un misterioso novicio llamado Valerio (Déborah François), que se pone a su servicio para tentarle, perturbar su conciencia, remover sus convicciones y conducirle por el camino de la perdición. Sólo el padre Miguel (Jordi Dauder) intenta tranquilizar su alma.

Poseído por sueños extraños que le perturban, en los que la virginidad tiene el rostro de Antonia, el monje no puede evitar, cuando la conoce, sentir deseos libidinosos hacia ella, que la joven rehúsa y que su satánico consejero le ayuda a consumar. Cuando Elvira le sorprende, el monje reacciona violentamente asesinando a la mujer que antes de morir ha reconocido, con horror, en el cuerpo del monje la señal de su verdadero origen.

Ambrosio oculta, tras su fachada de humildad y perfección, un alma llena de vanidad, inseguridad y orgullo, que el maligno (Sergi López) intenta aprovechar para corromperla y conseguir su condenación eterna.

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Dominik Moll es un director y guionista francés de origen alemán, formado en Nueva York, que cuenta con una breve pero singular filmografía. Debutó en el largometraje con Intimité / Intimidad (1993) una historia con guión propio inspirada en una novela de Jean Paul Sartre que fue muy aplaudida por la crítica pero no por el público. Le siguió Harry, un ami qui vous veut du bien /Harry, un amigo que os quiere (2000), una película de suspense, con un clima asfixiante y turbador, que consiguió cuatro premios de la academia francesa (incluidos mejor director y mejor actor para Sergi López) y estuvo nominada en Cannes a la Palma de Oro, al igual que su tercer largo, Lemming (2005), un thriller psicológico, enigmático y absorbente, fronterizo con lo fantástico que también compitió en Sitges. Por su parte, El monje, antes de su estreno en Madrid, también ha pasado por los festivales de San Sebastián, Sitges y Sevilla.

El director, atraído por la pasión que destila la narración y el placer visual que provoca, a medio camino entre lo fantástico y lo surreal, se atrevió con su propia adaptación, escrita en colaboración con Anne-Luoise Trividic, basada en la novela original.

Se han omitido varios personajes, y ciertos episodios, algunos realmente fantásticos (el romance de Raimundo de las Cisternas e Inés, el relato de la Monja Sangrienta y del Judío Errante…), otros morbosos y crueles (el inhumano cautiverio de Inés en las mazmorras del convento, la violación y asesinato de Antonia, el linchamiento popular de la madre superiora…) o demasiado lascivos, que hubiesen desvirtuado sus pretensiones.

En su versión, ha simplificado el enrevesado y denso argumento de la novela centrándose en la trama principal, y descargando toda la fuerza expresiva de la narración en la figura de Ambrosio y su descenso paulatino a los infiernos.

Para ello, ha intentado ofrecer un enfoque del protagonista diferente, más subjetivo y personal. Moll ha construido un personaje más humano, más real, con más problemas de conciencia y dotado de una personalidad más contradictoria; según él, “menos caricaturesco” que el literario. Ambrosio no es sólo el personaje abyecto, obseso, repugnante y perturbado por su vanidad, pasiones y perversiones que refleja la novela. El monje es también una víctima de sus propias circunstancias, un hombre a la deriva, heredero de una situación traumática de abandono y orfandad, educado en la religiosidad extrema y en sus peores vicios, encerrado intramuros toda su vida, sin experiencias del mundo exterior y torturado por su propia pantalla de virtud y santidad, en la que ha terminado por atrincherarse —sin convicción, para huir de las tentaciones del mundo— en un nivel de espiritualidad irreal.

Esta perspectiva diferente del personaje es lo más interesante que el director-guionista aporta a la película, pero su percepción ya estaba en la narración de Lewis, solo que éste pasa por ella de pasada, para cebarse luego en sus atrocidades (incesto, violación, asesinato…) con implacable crudeza.

el-monje-8En el capítulo VI de la novela, se percibe cierta conmiseración del autor por el desdichado monje; en él, Lewis refleja a un hombre sufriente, desviado de su destino y modelado contra natura por el mal, primero por la malsana educación religiosa recibida dentro del convento y después por el enviado del demonio, que con sus perniciosos consejos trata de sofocar cualquier atisbo de bondad o compasión remanente.

En un pasaje de este capítulo, Lewis relata las cualidades naturales de Ambrosio, las cuales hubiera desarrollado si su juventud hubiese transcurrido en el mundo: de naturaleza viril, firme, de espíritu emprendedor y atrevido, generoso, compasivo, inteligente y de buen juicio. En cambio, el convento le extirpó sus virtudes naturales y lo modeló a su conveniencia. Sus educadores convirtieron su benevolencia universal en egoísmo personal, la compasión en pecado, su noble franqueza en servil humildad, atormentaron su alma con todos los horrores de la superstición…, y le transformaron en un ser tímido y aprensivo, orgulloso, vanidoso, ambicioso y cruel.

Continúa Lewis, “Sin embargo, a pesar de todo el trabajo que se habían tomado para pervertirlas, sus buenas cualidades naturales conseguían, a veces, atravesar las oscuras tinieblas que con tanto cuidado habían arrojado sobre ellas. En estos casos la lucha entre su carácter real y su carácter adquirido era sorprendente para aquellos que no conocían sus predisposiciones naturales. Pronunciaba contra los culpables las sentencia más severas que poco después la compasión quería mitigar… Su genio innato arrojaba una brillante luz sobre los temas más oscuros, que casi inmediatamente la superstición volvía a hundir en las tinieblas más profundas…” (6).

Este espíritu del personaje es el que Moll ha querido rescatar para Ambrosio, el individuo atormentado y contradictorio entre dos sensibilidades antagónicas, la natural y la adquirida, abandonado en un inmenso vacío pulsional desconocido para él. No sorprende que un ser tan reprimido, manipulado e inseguro sucumba y termine convertido en un monstruo, que en palabras del propio actor protagonista le decantan hacia comportamientos de psicópata, “de asesino en serie”, según dijo literalmente, en su presentación de la película en Madrid.

El director deposita en la personalidad y expresividad natural de Cassel (presencia imponente, fisonomía peculiar, mirada azul penetrante…) toda la fuerza expresiva interior del personaje que transmite densidad e inquietud, pero no emociona. Sólo en la escena final, convertido ya en un ser maldito, su interpretación alcanza la máxima intensidad.

La película no renuncia a los aspectos góticos (aparición del fantasma de Agnés, atmósfera oscura y misteriosa, aspecto enigmático de Valerio, cementerios nocturnos e invocaciones); y a la inclusión, en ciertos pasajes, de elementos surrealistas (como la importancia de los sueños (del monje y de Elvira), el símbolo de los buitres alrededor de la cruz, o la confusión entre realidad y ensoñación en los pasajes eróticos).

Tampoco se niega a admitir influencias buñuelianas en su obra, algunas secuencias así podrían parecerlo (montaje paralelo de la procesión con planos del rostro de la virgen mientras Ambrosio consuma la posesión de Antonia), aunque se desmarca del enfoque satírico del maestro aragonés. Cree que pueden existir semejanzas con Simón del desierto, por el tema de las tentaciones, con Vértigo de Hitchcock por su obsesión por la mujer e incluso con Murnau (?), pero poco más.

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Según Moll, su intención ha sido contar una historia de amor trágico, más cercana a la tragedia griega, que al relato de pulsiones sexuales desbordadas, que es la novela.

Esa intención de licuar el mensaje original priorizando sentimientos como el amor o la culpa, rechazando o mitigando otros (terror, lascivia, sadismo) e intentando conjugarlos con algunos componentes formales de la novela (atmósfera gótica, fantasía, surrealismo, onirismo), desvirtúa el contenido crítico, cínico y moral de su referente y ofrece un producto híbrido y serio, expresivamente estancado, donde nada fluye con naturalidad.

La narración carece de ritmo y agilidad, y lo que es peor de intensidad y emoción; es desapasionada y distante, excepto en momentos puntuales: el sueño-obsesión de Ambrosio, con esa virgen vestida de rojo arrodillada ante la cruz, el montaje simultáneo procesión-violación y la secuencia final en el desierto.

Las interpretaciones adolecen del mismo distanciamiento que la narración y, aunque correctas, tampoco conmueven, salvo en escenas puntuales. La puesta en escena intenta ser sobria con algunos toques de artificio, poco efectivos. La alternancia entre secuencias de contrastes luminosos desproporcionados (entre el sol extremo y la oscuridad más penetrante), aparte de la metafórica interpretación entre el bien y el mal, no coadyuva tampoco a dar unidad estética a la obra... Sólo hay un elemento que consigue difuminar los excesos y carencias de la imagen y dar cohesión al conjunto: la música inquietante de Alberto Iglesias que serpentea por la narración con presencia propia.

Esta versión, sin duda, no provocará polémicas, herirá sensibilidades, ni despertará pasiones, pero sí el deseo de disfrutar de la novela original, que sin ser una obra maestra es fascinante.

A pesar de lo expuesto, animo a los espectadores que se acerquen a la película, antes de leer el libro, sin expectativas. Quizás así les sorprenda. Porque los desaciertos y confusiones del realizador puede que también hayan afectado a este cronista que inmerso en una surreal triple visión simultánea, la del autor, la del cineasta y la suya propia, tampoco haya sabido/podido abstraerse lo suficiente para juzgar cada una en su justa medida.

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Notas

(1) Gavin Baddeley (2007). Cultura gótica. Ma non troppo, Ediciones Robinbook, Barcelona, pág. 41 . En http://books.google.es/books?

(2) La historia de San Barsisa aparecida en el nº 148 de The Guardian. Recogida en The Brithis Essayist; with Prefaces, historical and biographical, by Alexander Chalmerls, F.S.A, Vol. XV, London 1823. Digitalizado por Google en http://books.google.es/books?

(3) La primera vez que aparece este relato es en El monje. Posteriormente Charles Nodier hizo una recensión poco afortunada del mismo conocido como La monja ensangrentada ó La monja sangrienta que aparece recogido en su libro Infernaliana (1822), selección de cuentos, narraciones y novelas breves propias y de otros autores.

(4) José Luis Sanchéz Noriega (2008), Diecisiete preguntas sobre las adaptaciones literarias al cine. VI Jornadas de Animación a la lectura. Getafe, 2008.

(5) El monje, guión de Buñuel y Carrière,  publicado por Laertes en 1978.

(6) Matthew G. Lewis (1984), El monje. Traducción de Pablo Jiménez Burillo. Ediciones Forum, Barcelona.

Escribe Purilia

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Título El monje
Título original Le moine
Director Dominik Moll
País y año Francia - España, 2011
Duración 101 minutos
Guión Dominik Moll y Anne-Louise Trividic
Fotografía Patrick Blossier
Música Alberto Iglesias
Distribución Vértice Cine
Intérpretes Vincent Cassel (Ambrosio), Déborah François (Valerio), Joséphine Japy (Antonia), Sergi López (pervertido), Catherine Mouchet (Elvira), Jordi Dauder (padre Miguel), Geraldine Chaplin (abadesa), Roxane Duran (hermana Agnes), Frédéric Noaille (Lorenzo), Javivi Gil Valle (hermano Andrés)
Fecha estreno 27/01/2012
Página web
http://www.elmonjelapelicula.es/