El niño de la bicicleta (2)

  04 Noviembre 2011

Hay esperanza 

el-nino-de-la-bicicleta-0El cine de los hermanos Dardenne es hoy en día el paradigma del cine social de calidad. Desencantada por las últimas propuestas de quien fue la referencia en este campo, el británico Ken Loach, y sin que el cine inglés acabe de ofrecer un sustituto de garantías (lo de Mike Leigh es otra cosa), la crítica celebra con entusiasmo cada nueva entrega de estos belgas que poco a poco, a fuerza de coherencia, están delineando una isla temática y estilística en el cine europeo.

Siempre se ha ensalzado, como genuina marca de fábrica, la austeridad con la que construyen sus propuestas, llegando a considerar su trabajo, en algún momento de exaltado fervor, como la continuación de, nada menos, la obra de Robert Bresson. Las intenciones se mueven, sin duda, en esa línea. Los resultados, a pesar de los premios de prestigio que acaparan, son más discutibles.

El niño de la bicicleta abunda en su planteamiento habitual, a la vez que introduce una perspectiva novedosa en su producción. De nuevo nos encontramos con el conflicto que suscita la paternidad, y una vez más nos movemos en los márgenes del desarraigo y la exclusión. Su enfoque continúa siendo descarnado, cortante. No hay retórica ni complacencia. A fuerza de escueta, la realidad que nos ofrecen se torna casi abstracta.

Consiguen así momentos bellos y sugerentes. El protagonismo de la bicicleta se constituye en una especie de columna vertebral sobre la que se arma la película. Los largos y nerviosos desplazamientos del niño sedimentan la sensación de huida que otorga unidad a toda la narración. Pero al mismo tiempo la reiteración de los espacios advierte de la imposibilidad de esa huida. Y no cabe escapatoria porque en realidad Cyril no quiere sino escapar de sí mismo. Por otra parte la liberación con la que se obstina se ve bloqueada con la renuncia del padre a ocuparse de él, de tal modo que únicamente transformándose podrá satisfacer su anhelo.

La relación con el padre ofrece los instantes más intensos de la película. La incomunicación representada por la música a todo volumen o por el cristal a través del cual requiere su atención, con el esfuerzo que supone auparse para reclamarlo, contrasta con el ansia con la que se coloca frente a la puerta esperándolo o con la crueldad de la decisión que finalmente tendrá que asumir. Por su parte el padre posee la fragilidad de los animales heridos, los que necesitan aferrarse al último cabo que promete un incierto rescate.

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Sin embargo, a diferencia de anteriores propuestas de los Dardenne, no todo es oscuridad. La esperanza se hace presente, y el incesante periplo del niño acaba siendo un paseo compartido. Los colores grises y sucios dejan paso a algunos rayos de sol, y la música se atreve a acentuar algunos momentos con especial carga emocional. La película, en cierto modo, se dulcifica, que es tanto como decir que el cine de estos hermanos belgas se dulcifica.

El modo en que esto sucede es, cuanto menos, llamativo. Parece como si, cansados de abandonar a sus personajes a su suerte, los directores se apiadaran de ellos. O como si se vieran obligados a agitar las conciencias para intervenir en la degradada situación que hasta ahora nos habían presentado. Más que un relato, El niño de la bicicleta acaba constituyendo una apelación y un acto de fe. Y justo ahí anida su debilidad.

Porque en última instancia su planteamiento no deja de ser programático, teledirigido. Y será por su falta de costumbre, o por intentar adentrarse en terrenos que no dominan, la película pierde consistencia. Las escenas se tornan más endebles, y los personajes carecen de la densidad que otros sí tienen. Es el caso de la preparación y ejecución del robo, resuelta en forma más bien torpe. Como precario resulta el bosquejo del traficante o la insistencia en su peligrosidad. Y así, la súbita transformación ocurre porque debe ocurrir, sin que medie explicación alguna.

Y es que este es uno de los problemas del estilo de los Dardenne. Su concisión se convierte no en una sugerencia sino en la ausencia de sentido. A fuerza de despojar a la película de lo superfluo la dejan tan desnuda que cualquier traje le conviene. Un largo plano sobre el rostro inexpresivo del niño huyendo indica su redención sólo porque así queremos que sea. Nada más. No se puede contar todo sin decir apenas nada, y eso parece pretender en ocasiones la película. Dejar al albur del espectador la reconstrucción de lo narrado es viable si se establecen las líneas de fuerza sobre las que cimentar esa reconstrucción. En caso contrario, como a veces sucede aquí, se puede caer en la cuenta de que las imágenes atesoran más vacuidad que sugerencia.

El triunfo de la bondad con la que esta película se resuelve, además de tener un encaje más que difícil en la historia contada, deja el regusto de las buenas intenciones preñadas de ingenuidad.

No esperábamos esto de los hermanos Dardenne.

Escribe Marcial Moreno

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Título El niño de la bicicleta
Título original Le gamin au vélo
Directores Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
País y año Bélgica, Francia e Italia, 2011
Duración 87  minutos
Guión Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne
Fotografía Alain Marcoen
Montaje Marie-Hélène Dozo
Distribución Wanda Visión
Intérpretes Cécile De France, Thomas Doret, Jérémie Renier
Fecha estreno 28/10/2011
Página web http://www.legaminauvelo-lefilm.com/