Arrietty y el mundo de los diminutos (3)

  25 Septiembre 2011
Slow movie

arriety-0Studio Ghibli parece haber optado por acentuar sus diferencias de estilo con las grandes producciones norteamericanas desde un punto de vista no sólo técnico: a la apuesta por la animación tradicional frente a la digital, añade un ritmo pausado y un desarrollo de la acción lineal, sin estridencias ni exceso de pirotecnia.

Pareciera que nos hallásemos frente a la versión cinematográfica de alguno de esos restaurantes que promocionan la slow food como respuesta al estrés nutricional que acosa nuestras digestiones modernas, como queriendo serenar nuestro desordenado apetito fílmico con un plato sencillo, pero sano y de buen gusto.

El resultado parece avalar esa propuesta, puesto que uno sale del cine con la sensación de haber contemplado algo muy bello, toda vez que no pueda dejar de echar en falta algunas de las señas de identidad del autor de dibujos japonés por excelencia, Hayao Miyazaki.

Bien es cierto que la película se basa en una historia suya y que los rostros de los personajes recrean singularmente su estilo; sin embargo, algunas de las carencias del filme deben anotarse en la ausencia de su impronta creativa en otras fases del proceso: todo se basa en su historia y nada más que su historia; ni un ápice de osadía, ni un feliz añadido. Que a pesar de todo Arrietty siga siendo una buena película, deja bien a las claras la fuerza que posee el guión y la dependencia que de la imaginación colosal de su fundador tiene Ghibli.

A pesar de ese y algún que otro detalle que acaba por diluir la grandeza de Arrietty, no podemos dejar de reconocer que la película posee otras virtudes que la hacen recomendable por sí misma. En el aspecto artístico destacan precisamente los elementos que la alejan del hiperrealismo estricto de algunas producciones 3D de Hollywood: aunque los fondos, fijos pero muy coloristas, podrían formar parte de una sesión de cromoterapia, el dominio del movimiento de los personajes contrasta con esa aparente sencillez, haciendo gala de una técnica muy avanzada, y dotando el conjunto de una naturalidad que la aleja del cartoon norteamericano, más centrado en la hipérbole como modo de expresión humorística.

La falta de humor quizá sea uno de los aspectos más llamativos del film, y un óbice a la hora de elegir el visionado de una película infantil; empero, quizá sea necesario recordar que no sólo de risa vive el niño, y que algunos de los motivos más remarcables de la película son su sensibilidad para llamar la atención sobre la necesidad de respeto al diferente (y tangencialmente al débil, caracterizado de un modo sutil por su reducido tamaño) y a toda forma de vida, que merece ser preservada por su sola existencia.

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Redundando en ese aspecto, no se caracteriza a los seres humanos como intrínsecamente malos, (toda vez que existen personajes rechazables y todo hay que decirlo, en exceso caricaturescos) y se pone atención sobre las bondades y la capacidad de observación y comprensión de algunas personas. Del mismo modo se justifica la agresividad humana como una carencia empática basada en prejuicios e ignorancia y con la incapacidad de dejarse llevar por la magia de antiguas leyendas. La visión en exceso pragmática y apegada a lo material del personaje “antipático”, le hace ver a los pequeños protagonistas como simples “bichos que roban” y eso le soslaya también la posibilidad de sustraerse a su encanto.

Mérito de la película es además no caer en lugares comunes, asociando a determinados animales domésticos con pequeños depredadores carentes de escrúpulos (el gato comúnmente es animal de compañía de los malvados de cualquier filme con supervillanos), amén de promover un cuidado no invasivo de los pequeños habitantes de la naturaleza: proporcionarles alimento y cuidados no quiere decir encerrarlos en una jaula de oro para contemplarlos a nuestro antojo, coartando así su libertad y su hábitat.

El protagonista humano del filme comprende esto muy bien y no lleva a los diminutos a la casa, sino la casa a los diminutos. Su respeto por ellos nace precisamente de una capacidad de observación reposada, acentuada por sus circunstancias físicas.

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En el contexto en que hemos desarrollado esta crítica, podría tomarse como una nueva llamada de atención sobre los excesos que la inmediatez y la prisa cometen sobre nuestras habilidades sociales: bien puede que desarrollemos velocidades de adaptación vertiginosas y destrezas manuales sin par, acuciados por la exigencia de rapidez y reflejos de las videoconsolas, pero puede que eso nos haga perder la necesaria atención sobre los acontecimientos que se desarrollan a un ritmo más cadencioso: el cultivo de la amistad, del amor o el cariño no se resuelven de un golpe de mando, y a veces ni siquiera con un mensaje de móvil. Es necesario un apego que sólo surge de la serenidad que conlleva el saber que vivimos, crecemos y hasta envejecemos juntos.

Arrietty y el mundo de los diminutos puede no ser una obra total, y un hito en lo que respecta a esas motivaciones, pero desde luego abre un camino que quizá sea necesario retomar de vez en cuando, aunque sea sólo por disfrutar de un paseo tranquilo, en lugar de una carrera frenética.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Arrietty y el mundo de los diminutos
 Título original  Karigurashi no Arrietty
 Director  Hiromasa Yonebayashi
 País y año  Japón, 2010
 Duración  94 minutos
 Guión  Hayao Miyazaki y Keiko Niwa; basado en la obra The Borrowers, de Mary Norton
 Fotografía  Atsushi Okui
 Música  Cécile Corbel
 Distribución  Aurum
 Intérpretes  Dibujos animados
 Fecha estreno  16/09/2011
 Página web  http://www.karigurashi.jp/index.html