Sucker Punch (4)

  31 Marzo 2011

Libertades, creaciones y monstruos

sucker-punch-0Zack Snyder sigue con su progresión ascendente encauzada hacia el dominio maestro del cine. Y más concretamente, hacia un tipo de cine que recoge la mejor tradición de la novela gráfica, la evolución del videojuego y la reverberación de temáticas clásicas del imaginario colectivo fantástico. Pero antes repasemos la fulgurante, aunque poco entendida, carrera de este realizador.

Sus primeros pasos vinieron marcados por uno de esos remakes de filmes canonizados ochenteros que superaba incluso a su germen original. Amanecer de los muertos, de Snyder, era, en muchos sentidos, una obra mucho más inspirada y completa que la que nos podía haber ofrecido George A. Romero en su momento. Cierto también es que la conciencia cinematográfica de la época requería de los parámetros que Romero supo ofrecer.

Su siguiente trabajo lo encumbró hacia el éxito internacional. La adaptación de la novela gráfica de Frank Miller no podía haber caído en mejores manos. 300 aún permanece como una de esas traslaciones de cómic a cine más meritorias e impactantes de los últimos años. Si bien es cierto que obtuvo unos logros económicos moderados, no fue plato de buen gusto para todos, pues Snyder apostó por una narración poco dada a las convenciones que tuvo que lidiar con más de una crítica. Sea como fuere, 300 marcó el destino de este sombrerero loco de la cámara porque quedó demostrado que su abecedario visual tenía que dar aún mucho de sí, y que en su chistera quedaban aún trucajes de manos nunca vistos.

La confirmación de la magia Snyder vino después con Watchmen, fresco de superhéroes de casi tres horas de metraje que necesita una revisión urgente. En este caso, era la adaptación de otra novela gráfica, la considerada por muchos como la mejor jamás escrita, con autoría de Alan Moore y Dave Gibbons. Suponía el alcance de unas cotas difíciles de entender en un primer visionado, pero que contenía algunas secuencias memorables. Entre sus vertiginosas imágenes, se escondían halos de luz que lograban que se tratara de una obra multidimensional que podía ser interpretada a varios niveles. Una vez más, el despliegue visual de Snyder dejaba atónito al respetable. Sin embargo, su alambicada construcción de secuencias y un ritmo cercano a lo contrario que se le supone a un filme de superhéroes le merecieron un fracaso estrepitoso en la taquilla, amén de haber dejado una legión de adeptos al cómic original con inusitada furia tras comprobar el paso de su pieza favorita al celuloide.

Hemos de suponer que la siguiente cinta supuso una reconciliación con las bajas recaudaciones de Watchmen y el primer paso para la construcción de la obra que hoy nos ocupa. La leyenda de Ga’Hoole era una simpática cinta infantil en la que Snyder puso su mejor oficio. Sin embargo, el talento de su imaginación no hacía justicia a un guión átono que no sabía explotar las aventuras de tan gráciles animales protagonistas (eran unos búhos). Con todo, el resultado era un producto para todos los públicos complaciente de atender y bello de admirar. Y este fue el paso último antes de llegar a la que puede ser su obra cumbre hasta la fecha, Sucker Punch.

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Empieza el punch

Ampliamente vapuleada por la crítica y con los números para repetir la (poca) suerte de Watchmen, ambas cintas guardan más de un punto en común. Sucker Punch es un absoluto delirio que convulsiona las leyes de la narración tal y como se la conoce. De ahí, que sea una obra que, predecimos, se convertirá con el paso del tiempo, en algo más que un divertimento incomprendido.

Snyder ha volcado todas sus obsesiones en una misma cinta, logrando que el argumento planteado no tenga importancia. Es más, habrá quien opine que la cinta no tiene un argumento explícito. Y es verdad. La gran pregunta es... ¿Se puede rodar una cinta de aventuras y acción sin apenas argumento y no morir en el intento? La respuesta es —aunque muchos hayan opinado lo contrario— Snyder puede.

Lo que ha hecho Snyder es una proeza de construcción en la que la secuencia de apertura del filme (que, por cierto, merecería un puesto de honor en los anales, al igual que la homóloga inaugural de Watchmen) ya advierte que nos encontramos en el Gran Teatro del Mundo, o en este caso, del Cine, o de la Magia, o de la Imaginación (así, en mayúsculas), porque su obra no está ceñida a nada que hayamos podido antes atender. Esta vez, no adapta texto ajeno sino que constituye su primera historia de puño y letra y para la que ha obtenido (cabe suponer viendo el resultado) absoluta libertad creativa para este monumento bizarro.

Sucker Punch aúna todo lo que a su creador le place. Tenemos secuencias impecablemente filmadas en las contiendas de la Segunda Guerra Mundial, dragones y mazmorras, escenarios apocalípticos, luchas marciales de espada y cuchillo, robots ingentes y asesinos, y todo un sinfín de referencias a la cultura del videojuego, a la infancia-adolescencia más rebelde, a la música como expresión interna (incluidas canciones de Björk, Queen y otros tantos) y a las obras que nos han llevado a la ensoñación en el pasado. Porque es precisamente de lo que trata esta pieza, de la libertad de la creación y de la imaginación sin límites en cuanto al proceso de construcción de realidades alternativas.

No estamos ante un filme de aventuras al uso, ni siquiera hay un ritmo pautado en las secuencias de acción. Se trata de una película iconoclasta que hace que la cascada de imágenes que descienden ante los ojos se convierta en un festival pervertido de alusiones en busca de la más obcecada libertad. Snyder ha diseñado un vehículo único, y como único, incomprendido, que aboga por una feminidad luchadora y por una supervivencia dentro de un mundo hostil. Recordemos que el sueño de la razón produce monstruos.

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El female-power

Este tanque de guerra está capitaneado por cinco féminas de armas tomar (no se pierdan los nombres: Amber, Rocket, Blondie, Sweet Pea y Baby Doll) que deben sortear la vida que les ha tocado mediante una unión sin precedentes y una fuerza sobrehumana para lograr la victoria.

La libertad que ellas ansían es la de la creación igualmente, la de poder crear una vida a partir de la nada, la de poder escapar de un contexto que las utiliza cual saco de patatas. Es este female-power el que se erige como gran protagonista de la función. Quentin Tarantino ya había probado algo así con su Death proof, donde líneas argumentales eran una mera excusa para mostrar las narices femeninas. Esta misma ansia revolucionaria del equipo con curvas de vértigo es la que demuestra su realizador en su propuesta.

Snyder, con estas mujeres a lo Lara Croft o a lo Street Fighter, ha diseñado un videojuego fílmico de alto rango. Cada pantalla es un nivel, y en cada nivel hay un monstruo maligno al que hay que vencer para poder llegar a la siguiente secuencia. Incluso hay un sencillo manual de instrucciones debidamente explicado para que las heroínas no tengan dudas en su camino hacia el éxito. El bonus final es la pura libertad.

Es en esta mezcolanza de videojuego, pesadilla hiperrealista y violencia posmoderna donde Snyder sabe mover perfectamente los hilos. Quizás falla en el aprovechamiento de sus actrices (la soberbia Abbie Cornish podría haber dado más de sí) y quizás falla en el planteamiento de algunos pasajes; de lo contrario estaríamos delante una completa obra maestra. Pero es innegable que el autor (porque esto es cine de autor por mucho que algunos quieran degollar al abajo firmante) propone una sucesión de planos e ideas ocultas que sólo significan una única cosa, genio a raudales.

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Y luego tenemos a Emily Browning, perfectas mejillas sonrosadas, coletas infantiles y labios carnosos que encarna la inocencia perdida y el paso hacia la madurez de la servidumbre humana. Snyder ha diseñado la fémina de videojuego perfecta, además de incluir a la mencionada Cornish (Bright star), Vanessa Hudgens (¡la Daniela de High School Musical!) o Jena Malone (quien siempre tenía el rol de estudiante de instituto con problemas personales) en mujeres dispuestas a morir para no verse sometidas a las vejaciones masculinas.

Sucker Punch es una obra poliédrica, demasiado como para analizarla en el presente, que sin embargo, vaticinamos, fracasará en taquilla y quedará en ridículo ante la crítica, es cierto. Pasó lo propio con una obra que, con el tiempo, ha sido objeto de reivindicación cult, Southland tales (de Richard Kelly, 2008).

Deberemos darle más tiempo, y mayor libertad, a este golpe seco contra las directrices del género. Sea cual sea, el género al que se suscribe, porque hasta en eso se afirma como inclasificable y libre de estatutos. Esta película es el primer videojuego hecho cine. Sucker Punch es un clásico freak instantáneo.

Escribe Ferran Ramírez

 Título  Sucker Punch
 Título original  Sucker Punch
 Director  Zack Snyder
 País y año  Estados Unidos, 2011
 Duración  109 minutos
 Guión  Zack Snyder y Steve Shibuya
 Fotografía  Larry Fong
 Música  Tyler Bates y Marius DeVries
 Distribución  Warner Bros. Pictures International España
 Intérpretes  Emily Browning, Abbie Cornish, Jena Malone, Vanessa Hudgens, Jamie Chung, Carla Gugino, Jon Hamm, Scott Glenn, Oscar Isaac
 Fecha estreno  25/03/2011
 Página web  http://wwws.warnerbros.es/suckerpunch/index.html