Piraña 3D (3)

  29 Marzo 2011

Renace la serie B sin complejos 

piranha3d00El revival continuo del cine de terror de los 70-80 que viven las carteleras de todo el mundo puede tomarse como un homenaje, un plagio o la definitiva constatación de la falta de ideas novedosas no sólo por parte de los guionistas, también de los directores y productores del panorama actual.

Ante esta perspectiva, la apuesta de Dimension Films y Alexandre Aja va más allá de lo que una visión apresurada sugiere: no sólo estamos ante un homenaje al filme de Joe Dante realizado en 1977, no sólo se asume el espíritu del cine de Roger Corman, no sólo estamos ante la mejor secuela de Tiburón (sí, el original de Spielberg fechado en 1977)…

No, no sólo. Aja nos ofrece algo más: una apuesta descarada y sin complejos por un cine en apariencia de cortos vuelos, de escasas pretensiones, una serie B a la antigua usanza, con sexo y gore en dosis generosas, un paseo junto a viejas glorias del género, con apariciones especiales de lo más incisivas, y todo en un título que no renuncia a la mala leche, el humor y un velada crítica al revival del cine de terror que estamos viviendo. Metalenguaje y dinamitar desde dentro el nuevo/viejo cine de terror. Casi nada.

No es que las pretensiones sean muchas, sino todo lo contrario: parece aspirar a tan poco que el resultado no sólo sorprende, sino que resulta más estimulante que casi todo el cine de terror estrenado en los últimos meses. Y, sobre todo, no es un título acomodaticio: todo su desarrollo destina un inconformismo subterráneo que no ha gustado nada en Estados Unidos, aunque sí en el resto del mundo.

Quizá no debería sorprendernos tanto, sobre todo si tenemos en cuenta que Alexandre Aja es un director con personalidad propia… aunque curiosamente casi todas sus películas son remakes y nuevas versiones. O quizá precisamente por eso.

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Un francés en Hollywood

Aunque debutó con el corto Over the rainbow (1997) y se dio a conocer en Francia con Furia (1999), una adaptación de un relato de Julio Cortázar, el verdadero boom del hijo de Alexandre Arcady llegó con Alta tensión (2003), una miniatura de terror en la que la elección del punto de vista (tramposo, por cierto, pero ciertamente eficaz) y el gore iban de la mano, en un macabro cuento sangriento que asustó y mucho allá donde se logró exhibir… y no fue en todas partes, por cierto.

Con esta tarjeta de presentación dio el salto a Estados Unidos y, con la connivencia de su adorado Wes Craven, rodó un atractivo remake de Las colinas tienen ojos (2006) superior en coherencia y en la calidad de sus imágenes al original. Un ejemplo de cómo se debe actualizar un clásico.

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La experiencia de realizar una nueva versión debió ser grata porque pronto repitió con Reflejos (2008), aunque en esta ocasión el original era una pequeña joya asiática, tan de moda a comienzos de este siglo. La propuesta de Aja cuenta, además de con algunas imágenes impactantes por su belleza, con uno de los finales más demoledores del reciente cine fantástico: no es un susto, pero el plano final difícilmente se puede olvidar.

Y de ahí, vuelta a los 70, esta vez de la mano de Joe Dante y Roger Corman, para versionar su particular secuela de Tiburón. Aquella Piraña original, ejemplo perfecto del cine barato, crítico, eficaz y, por desgracia, ya desaparecido hace años, renace casi con sus mismos encantos de la mano de Aja.

Porque lejos de plantear la innovación (y no hablemos de las 3D, hoy es casi una obligación), Aja asume su papel de restaurador con notable modestia y el regreso a los orígenes se convierte en trasgresor precisamente por su falta de pretensiones… al menos en apariencia.

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Clasificada R en USA

Con un guión completamente distinto (lo más flojo de la función, sin ninguna duda), pero con una estructura y unas propuestas similares, Piraña 3D es una serie B asumida sin complejos, trasladando la acción original a un lago de Arizona, donde se celebra una fiesta de jovencitos descerebrados que, literalmente, acabarán sin cerebro… y, en algunos casos, sin piernas, hígados y otras partes menos nobles de su anatomía.

El recurso inicial a ciertos montajes propios de videoclip para narrar la concentración de jóvenes con ansias de diversión y una música excesiva y excesivamente ruidosa puede llevarnos a pensar, al inicio, que la propuesta no merece la pena. Pero es sólo el principio. Pronto Aja demuestra mejores modales con la cámara y un montaje, relajado y respetuoso. Todo era un simple reclamo. Ya introducidos en la fiesta (y presentadas las coquetas pirañas), es la hora de cuidar la puesta en escena y el montaje paralelo (ya se sabe: las fuerzas del orden por un lado, las pirañas por otro, un científico loco en los intermedios y los descerebrados como postre, literalmente) e incordiar al espectador bienpensante (cuyo reflejo se encuentra precisamente en los descerebrados protagonistas).

Pronto advertimos que el humor es más macabro (no se pierdan a una de las pirañas saludando a la cámara), que el sexo es más explícito (el rodaje de una película porno en un barco ayuda, más si tenemos en cuenta la protagonista, Riley Steele, es precisamente una actriz porno) y que el gore se adueña por momentos de la pantalla (atentos a una moza haciendo skysurfing en el agua y, cuando sube, no tiene nada de tetas para abajo: bueno, tetas sí, pero debajo no queda nada de nada).

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Pero no sólo de cómo acabar de una vez por todas con las pelis de universitarios puede presumir Piraña 3D, también hay una investigación a cargo de una sheriff (el signo de los tiempos: una estupenda Elisabeth Shue, musa del cine fantástico hace treinta años, con títulos como Link, Karate kid o la trilogía de Regreso al futuro), políticos que no hacen caso, alarmas en el agua, los hijos de la representante del orden que no obedecen y se exponen al peligro marino y muchas tomas submarinas subjetivas (¿todo esto les suena a Tiburón? Pues eso, fusilar sin complejos).

Y todo ello rociado con abundante aroma de cinefilia, gratuita en ocasiones, cómplice siempre, un terreno abonado para dedicarse a reconocer caras y situaciones vistas anteriormente.

Y ahí encontramos un auténtico arsenal. Desde Richard Dreyfuss en un bote al inicio (absorbido por un tornado que, a su vez, libera las pirañas), cuya cabeza repite el susto del Tiburón de Spielberg, hasta una cueva llena de huevos con un inequívoco sabor a Alien (aunque aquí bajo el agua: y es que en el fondo del mar “nadie puede oír tus gritos, tampoco”) y, cómo no, Titanic, cuyo picado del hundimiento se reproduce aquí con una plataforma que sirve de escenario en el agua para una fiesta que, literalmente, finaliza con el mar rojo.

Además, así, sin esforzarnos mucho: música a lo Claudio Simonetti para los créditos finales (Dario Argento en la memoria), un brutal susto final que deja al de Carrie en pañales (y es que los hijos son gamberros, pero no vean cómo son los padres); el experto en efectos de maquillaje Gregory Nicotero (fundador de la mítica KNB: Kurtzman, Nicotero y Berger, los maestros del maquillaje gore de los 80) ejerciendo de capitán del barco donde se rueda una peli porno; la olvidada Dina Meyer (musa de Starship troopers) recuperada como actriz de cine softcore; el impagable Christopher Lloyd repitiendo su papel de científico loco de Regreso al futuro y, como colofón, el famoso plano combinando zoom con travelling para sugerir una gran impresión (creado por Hitchcock para Vertigo y fusilado casi por todo cineasta que se precie). En fin, una fiesta para los sentidos.

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No es otra estúpida película americana

Humor, mala leche, cinefilia… todo un festín para los amantes del cine más agresivo del terror de los 70 y 80, pero con un punto gamberro que es imposible reproducir en papel, aunque como muestra un botón: dos pirañas se pelean por el pene (sí, han leído bien: el pene) del director del cine porno, finalmente una logra comérselo, pero tras probarlo lo escupe… no es un manjar exquisito para tan delicado paladar, parece decirnos mientras mira a la cámara (sí, han leído bien: mira a la cámara).

Y no, no es un ejemplo de película moralista precisamente. Aquí el que la hace no la paga. Bueno, ése la paga, pero los otros también. Todo el mundo, bueno o malo, acaba siendo... ¿carne de cañón?

Que sólo recaudara 25 millones de dólares en Estados Unidos (cuando contó con un presupuesto de 24) es algo comprensible, porque no es un manjar para todos los paladares y más si cuestiona buena parte del cine que hoy se hace: no sólo el de universitarios, también el aburguesado cine de terror actual y no hablemos de los remakes, casi siempre más conservadores y moralistas que los originales de los 70-80, véase al respecto las nuevas versiones de La niebla, Pesadilla en Elm Street, La matanza de Texas: el comienzo o El padrastro.

Afortunadamente, en el resto del mundo está siendo un notable éxito, lo que ya ha propiciado la puesta en marcha de una secuela. Una duda nos asalta: ¿se titulará Piraña 4 o debería ser conocida como Piraña 3, segunda parte? Un galimatías que ya se produjo con Rambo (Acorralado, 2ª parte), cuya secuela pasó directamente a titularse Rambo III (cuando debería haberse titulado Rambo 2, Acorralado 3ª parte). Esto... bueno, tampoco es importante, lo importante es que contraten a guionistas con algo que contar y no lo dejen todo en la pasión cinéfila de Alexandre Aja. Simple cuestión de tiempo, Dimension Films ya se ha puesto manos a la obra.

Mientras, relájense y disfruten de un pasatiempo con mucha mala leche, unas pirañas muy coquetas (en más de una ocasión “posan” de cara a la galería) y políticamente muy, muy incorrecto.

Escribe Mr. Kaplan

 Título  Piraña 3D
 Título original  Piranha 3D
 Director  Alexandre Aja
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  89 minutos
 Guión  Josh Stolberg, Pete Goldfinger
 Fotografía  John R. Leonetti
 Música  Michael Wandmacher
 Distribución  DeAPlaneta
 Intérpretes  Richard Dreyfuss, Ving Rhames, Elisabeth Shue, Christopher Lloyd, Eli Roth, Jerry O'Connell, Steven R. McQueen, Jessica Szohr, Kelly Brook, Riley Steele
 Fecha estreno  25/03/2011
 Página web  www.piranha-3d.com