BIENVENIDOS A ZOMBIELAND (2)

  03 Octubre 2010

Terror consumista

Bienvenidos a ZombielandParece que hasta hace bien poco tiempo el subgénero zombie fuera un coto exclusivo del muy recurrente George A. Romero. Lo poco afortunado de sus incursiones en otros terrenos cinematográficos, no necesariamente alejados de la dimensión terrorífica, contrastaba con el indudable acierto de su idea de adaptar libremente el Soy leyenda de Richard Matheson en su obra seminal La noche de los muertos vivientes (1968), a la que siguieron varias secuelas de no menor trascendencia, lo convirtieron en el autor de referencia en este tipo de cine.

Es bien sabido que casi todo el imaginario zombi bebe de esas fuentes y no es raro ver reconocido en los títulos de crédito de casi todas las películas sobre el tema el agradecimiento al muy venerable realizador. No obstante, los alumnos aventajados que siempre acaban por superar (o acaso matar, como al padre) al maestro, no han dejado de introducir cambios en dicho imaginario.

Sucedió con Peter Jackson en la excesiva Braindead (1991), donde los muertos vivientes seguían el itinerario georgiano del contagio vírico ya ensayado en la irregular The crazies (1973, de la cual se ha realizado un remake en 2010) pero añadiendo un punto de humor negrísimo y descacharrante que en adelante convertiría el terror en algo más que una película de miedo.

Junto a esta aportación, algunos de los adoradores/críticos de Romero decidieron manipular el ritmo: si algo podría criticarse a los no muertos era su desesperante lentitud para acosar a los vivos, así que gente como Danny Boyle decidió combinar el delirio de los pueblerinos contagiados de The crazies con los ya clásicos y desgarbados zombis en 28 días después (2002), dando lugar a hiperactivos asesinos sedientos de sangre ante los que los protagonistas habrían de huir a una velocidad más que considerable si no querían pasar a peor vida.

Otros notables adaptadores, como Zack Snyder realizaron incluso remakes de secuelas (Amanecer de los muertos, 2004, remake del Zombi de Romero) asumiendo ya que la velocidad de los zombis era un añadido irrenunciable.

Zombieland se mueve pues, en estos parámetros sin aportar nada excesivamente original, pero combinando adecuadamente el humor con la celeridad y la insistencia de los devoradores de vísceras

Zombieland se mueve pues, en estos parámetros sin aportar nada excesivamente original, pero combinando adecuadamente el humor con la celeridad y la insistencia de los devoradores de vísceras. Ha de reconocerse que la película del novato Fleischer cuenta con una primera parte primorosa: la introducción de la situación y de los personajes (apenas cuatro, que luego serán cinco merced a un espectacular cameo de los que hacen época) posee la frescura de lo novedoso y nos hace creer en una posible reinvención del género; ese decálogo de reglas para la supervivencia, tan de sentido común como chocante en sus planteamientos (ojo a la regla de los retretes), constituye una verdadera tesina sobre la idiosincrasia zombi y hace notar que los guionistas son verdaderos especialistas del género.

Si añadimos además el típico componente de crítica social al estilo de vida americano (el paciente cero se contagia con una hamburguesa de gasolinera y Woody Harrelson encarna a un personaje obsesionado con consumir el último pastelillo del mundo de cierta marca), tenemos un entretenimiento asegurado sin necesitad de desconectar el cerebro.

Pero ¡ay!, resulta que la tan esperanzadora propuesta se va deshinchando como un globo a medida que transcurre el metraje. Una vez los protagonistas llegan a su destino (un Beverly Hills en el que los famosos son muertos vivientes, con los consecuentes y en ocasiones logrados chistes), parece que las ideas se acaban y todo lo que parecía frescura y talento se transforma en el típico videojuego de survival horror al que puede resultar muy divertido jugar, pero que aburre contemplar si no se participa.

Esta película, que prometía, parece haberse malogrado con el abandono de las obligaciones de los guionistas de llevar a buen término un relato que comenzaba magníficamente

Dejando a un lado las perdonables inconsistencias de guión (un país en el que los zombis campan a sus anchas aún conserva la energía eléctrica incluso para poner en marcha un parque de atracciones), el bajón es tan considerable que puede notarse cómo se alargan secuencias innecesariamente. Es evidente que la película no se prodiga más allá de la hora y veinte minutos por el hecho de que hacía rato que no tenía nada más que contar y el epílogo es tan previsible que por mucho que se adorne con slow motions y fuegos artificiales deja bien a las claras que constituye un parche apresurado, una guinda artificiosa al prefabricado pastel que Harrelson persigue a lo largo de toda la película.  

Una lástima, en fin, que la química que parecían destilar los personajes (excepción hecha de la hermana pequeña, que apenas aporta nada al conjunto), adecuadamente contrapesados y sobre la que se apoya el grueso del filme, se diluya también con la historia de amor sobrevenida y con la absurda inversión de roles final.

Esta película, que prometía, parece haberse malogrado con el abandono de las obligaciones de los guionistas de llevar a buen término un relato que comenzaba magníficamente. Quizá se encontraran indispuestos en el tramo final por una sobredosis de pastelillos.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Bienvenidos a Zombieland
 Título original  Zombieland
 Director  Ruben Fleischer
 País y año  Estados Unidos, 2009
 Duración  88 minutos
 Guión  Paul Wernick, Rhett Reese
 Fotografía  Michael Bonvillain
 Distribución  Sony Pictures
 Intérpretes  Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Emma Stone, Abigail Breslin, Amber Heard
 Fecha estreno  25/12/2009
 Página web  www.zombieland.es