CONOCERÁS AL HOMBRE DE TUS SUEÑOS (4)

  14 Septiembre 2010

Vidas no resueltas

Conocerás al hombre de tus sueñosLa vida es un cuento lleno de ruido y furia que no significa nada. Este es el pórtico, ratificado al final de la película, que preside el regalo denso y triste, emocionado e inesperado, con el que Woody Allen nos acaba de obsequiar. Los antecedentes más inmediatos no emitían buenos presagios. Cierto aire de rutina parecía haberse instalado en su quehacer cinematográfico, y el tono liviano con el que se presentaba esta obra sugería una reiteración del cansancio acumulado. Sin embargo, derrotando todos los temores, se puede afirmar que con Conocerás al hombre de tus sueños ha regresado el mejor Allen, el Allen de siempre.

Una película neoyorquina

A pesar de estar ambientada en Londres, estamos ante una película netamente neoyorquina, con las claves que han convertido a esta ciudad y sus gentes (una determinada casta de sus habitantes) en marca de fábrica del director. Si en los últimos tiempos las exigencias de la producción parecían condicionar la elección de los lugares y los tipos para mostrar cierta coherencia, aquí Allen ha renunciado a cualquier componenda y ha retornado al medio que mejor domina.

Más allá de algunas construcciones en los pocos exteriores que tiene la película, o del aire british del personaje de la madre, todo recuerda a Nueva York, a sus películas en esta ciudad: Galeristas de arte, visitas a la ópera, lujo y diseño en grandes apartamentos con vistas magníficas, gimnasios, escritores sin éxito, partidas de póquer, referencias a los psiquiatras, neurosis más o menos encubiertas...

Parece como si Allen hubiera decidido reproducir su medio, el que mejor conoce y en el que más cómodo parece sentirse, en cualquiera de las ubicaciones que el contrato le exija, ajeno por tanto a las veleidades promocionales recientes de tan infausto recuerdo. El resultado posee una frescura que hacía mucho tiempo que no aparecía en su cine.

Parece como si Allen hubiera decidido reproducir su medio, el que mejor conoce y en el que más cómodo parece sentirse

Una película sombría

Tal frescura se deja ver en el ritmo de la narración, en la autenticidad de los tipos, en el tono desenfadado del relato, en las sonrisas que provoca, en lo trabajado del guión, en lo cuidado de los detalles, todo lo cual aproxima esta obra a muchas de las primeras y más conocidas del autor. Pero esa coincidencia no oculta la distancia que la separa de ellas, el tono sombrío, decadente, casi trágico, que la recorre de principio a fin. Ya es curioso que apenas haya chistes en la película, y cuando parece que se escapa uno quien lo pronuncia se apresure a aclarar que no se trata de un chiste. Y es que, tras la superficie levemente cómica, no tiene ninguna gracia lo que aquí se nos cuenta.

El tema esencial sería la necesidad de dar sentido a una vida que inevitablemente se escapa. Todos los personajes, por más que difieran en su edad, parecen haberse dado cuenta de que lo vivido no les satisface. Y el tiempo apremia. De un modo u otro todos buscan proyectos que les permitan reconstruir su vida, saldar cuentas con ella, reconciliarse con lo que esperaban de sí mismos. Es lo que hace el padre aferrándose a la viagra y a la banalidad e intentando volver con su mujer cuando se da cuenta de su fracaso. Es lo que hace su hija, posponiendo indefinidamente su maternidad y humillándose ante su jefe y ante sí misma con tal de escapar a la mediocridad que va reconociendo a su alrededor. O es lo que hace el frustrado escritor, condenado al descrédito y destruido física y moralmente.

Tan sólo la madre, en su ignorancia, en su ridiculez, y tras ardua lucha con una muerta (en una maravillosa escena, como tantas otras) parece (o finge) encontrar una felicidad que le permitirá sobrellevar lo que le resta de existencia. Como solución no puede ser más desoladora.

Los personajes con los que se escribe esta historia poseen una riqueza como pocas veces habíamos visto en Woody Allen

Actores y personajes inmensos

Los personajes con los que se escribe esta historia poseen una riqueza como pocas veces habíamos visto en Woody Allen. En algunos casos nos recuerdan a otros ya esbozados antes. Es el caso del padre y su novia, cuyos referentes más inmediatos los encontramos en Si la cosa funciona, y que más remotamente enlazan con el papel interpretado por Sydney Pollack y su nueva amiga en Maridos y mujeres, si bien nunca con la desesperación que aquí se transmite.

Las escenas en la discoteca o el intento de reconciliación con su mujer poseen un patetismo devastador. Al final su renuncia a aceptar bovinamente el embarazo de su novia le reserva un amago de dignidad en el fracaso que lo honra al mismo tiempo que lo condena. El tono y la mirada de Anthony Hopkins renunciando al incierto futuro que esa paternidad le ofrecía contienen el peso de toda una vida, un peso que no podemos sino asumir sobre nuestros hombros aunque sea con resignación, pues todo intento de liberación es ilusorio.

La edad y las circunstancias nos invitan a ver en este personaje el alter ego del director. Sin embargo esa imagen debe ser completada con el de su hija, un Woody Allen más joven, adicto a las pastillas, incapaz de escapar del yugo materno e intentando reconstruir una vida con un amor finalmente inalcanzable. Es la primera vez en su filmografía que Allen se deja reflejar en un personaje femenino.

Naomi Watts borda su papel. La titubeante seguridad que transmite, la indisimulable emoción que en ocasiones trata de contener, la ilusión que no se atreve a formularse, la falsa comprensión... Todos esos sentimientos circulan por su rostro sin necesidad de encontrar una articulación explícita. Y desembocan en dos escenas antológicas, de lo mejor de Woody Allen: la que protagoniza con su jefe y en la que intenta insinuarse sin querer entender sus negativas, y la que desata el resentimiento contra su madre tras la absurda negativa de ésta a darle el dinero para su galería, un último salvavidas al que aferrarse. Dos escenas, de una tristeza infinita, que delatan a magníficos actores a las órdenes de un soberbio director.

Es la primera vez en su filmografía que Allen se deja reflejar en un personaje femenino

Merece una especial mención el personaje del escritor frustrado interpretado por Josh Brolin. A lo largo de su obra Woody Allen ha presentado variados ejemplos de personajes perversos y sombríos, pero de un modo u otro les concedía un punto de apoyo sobre el que ganarse cierta comprensión. Podía ser su inteligencia, quizá su simpatía, o al menos ese aura de grandeza que en ocasiones acompaña a la maldad. Nada de eso aparece aquí. Por más que se intente es imposible cualquier rescate. Partiendo de la mediocridad, y sin caer en el arquetipo, consigue con Roy alcanzar la perfección en la repugnancia, la cual se acentúa, por contraste, en la degradación a la que somete al único personaje estimable de la película, la joven musicóloga a la que espía por la ventana. Esa fascinación anclada en la ingenuidad y acentuada por un complejo de Edipo sutilmente insinuado, y que la lleva a abandonar una vida cargada de promesas de felicidad por la nada más absoluta, redunda en la vileza no ya de su comportamiento, sino de su mera existencia. La escena en la que sale a la calle con la camisa desabrochada buscando a su vecina habría bastado, por sí misma, para hundir para siempre en el olvido a cualquier glamuroso galán del viejo Hollywood.

Este personaje le sirve también a Woody Allen para ajustar cuentas con la racionalidad. En él, médico frustrado, vemos el ejemplo de que no basta con la actitud científica y contraria a la superstición para garantizar la integridad moral. Más aún: la advertencia al comienzo de la película de que los adivinos pueden resultar más útiles que los psiquiatras parece traslucir una actitud compasiva hacia los que se aferran a creencias absurdas que les ayuden a vivir, al tiempo que delata cierto desencanto respecto a las posibilidades de la ciencia y quienes la detentan. Y aunque es esta ciencia la que finalmente restituye la justicia, pues es la medicina la que salva la vida del accidentado y condena en consecuencia al estafador, su mera presencia, como el personaje de Roy testimonia, no garantiza nada. Tampoco la Razón nos salvará.

Podemos aventurar que más de uno mirará de soslayo esta película y se apresurará a calificarla de menor dentro de la filmografía de Allen. Le falta el tono grandilocuente de otras obras. Pero justo esa aparente superficialidad es la que la dota de su enorme potencial destructivo.

Quizá corra la misma suerte en la consideración general que otra de sus grandes películas, aunque en apariencia inofensiva, como es Todo lo demás. Pero, como ésta, es una de las obras cumbre de director neoyorquino, una elegante pero implacable mirada sobre el género humano de alguien que parece haber disputado ya todas sus batallas, y a quien no resta sino advertirnos del desencanto que nos espera al final del camino. A sus pies, maestro.

Escribe Marcial Moreno

 Título  Título en España
 Título original  Título original
 Director  Nombre director
 País y año  Nacionalidad y año
 Duración  100 minutos
 Guión  Autor del texto
 Producción  Nombres productores
 Distribución  Distribuidora en España
 Intérpretes  Protagonistas principales
 Fecha estreno  11/09/2010
 Página web  www.encadenados.org

Podemos aventurar que más de uno mirará de soslayo esta película y se apresurará a calificarla de menor dentro de la filmografía de Allen