LA TETA ASUSTADA (4)

  04 Marzo 2009
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Título original: La teta asustada
País, año: España - Perú, 2008
Dirección: Claudia Llosa
Producción: Antonio Chavarrías, José María Morales y Claudia Llosa
Guión: Claudia Llosa
Fotografía: Natasha Brier
Montaje: Frank Gutiérrez
Intérpretes:

Magaly Solier, Susi Sánchez, Efraín Solís, Marino Ballón, Antolín Prieto

Duración: 94 minutos
Distribuidora: Wanda Visión
Estreno: 13 febrero 2009
Página web:  www.latetaasustada.com

Poetización del documento social
Escribe Daniela T. Montoya

"A lo largo de su historia, la medicina occidental ha ido apartándose de las cuestiones espirituales […]. La historia de la investigación médica fue un proceso de especialización hasta el punto de que hoy el cuerpo mismo ha quedado parcelado en zonas que competen a una cantidad de especialistas. Todo esto se reúne en una teoría general de los seres vivos que, sin embargo, no toma en consideración lo psíquico".
Mary Douglas
Estilos de pensar. Gedisa, Barcelona, 2008 (pág. 40-41).


latetaasustada1.jpgClaudia Llosa se plantaba con discreción en la 59ª Berlinale. Ya era una gran satisfacción que el festival germano hubiese elegido esta joven realizadora para lidiar con directores de renombre. Antes de que se iniciara el desfile por la alfombra roja, nadie hubiera presagiado el desenlace final de la competición oficial. Incluso se quiso aprovechar su presentación en Berlín para iniciar la distribución en las salas españolas, como si su sola participación en el certamen fuera el maximum de promoción adicional que pudiese alcanzar la cinta. ¿Excesiva modestia o clara consciencia del panorama comercial? Contra todo pronóstico, pero sin contrariar el consenso general de los asistentes, La teta asustada se llevó el máximo galardón del certamen, el Oso de Oro a la mejor película.

La enfermedad heredada

El título elegido por la directora peruana para su segundo largometraje, tras Madeinusa (2006), remite a una enfermedad, pero sus intenciones son plasmar unas formas de vida que tienen lugar en su país natal.

latetaasustada2.jpg“La teta asustada” es el nombre popular con que se conoce la dolencia que padece la protagonista del filme Fausta (Magaly Solier). No hay estudios clínicos sobre esta afección, que conllevarían su inclusión en los listados científicos de enfermedades y establecerían las pautas de tratamiento. Aún así, es bien conocida entre los lugareños. Entre sus efectos está el miedo paralizante que padece Fausta, quien es incapaz de salir de casa sin compañía. Las causas, de sobra conocidas (pero no reconocidas por las autoridades locales), el pavor a ser violada, como le ocurrió a su madre y cuya consecuencia es su propio nacimiento.

Esta enfermedad psicológica es el detonante de la película La teta asustada, tanto de su planteamiento como posible proyecto fílmico, como de la trama e, incluso, del discurso implícito en el trabajo finalizado.

Cuando Claudia Llosa estaba inmersa en el rodaje de su anterior película, le sorprendió descubrir la existencia de semejante enfermedad. Curioseando sobre el tema, aquello que en principio parecía concernir a un par de mujeres, resultó ser algo común a miles de aquellas que vivían en las montañas durante los años de terrorismo. Apenas se ha comenzado a documentar y estudiar este suceso de cariz psicológico, pero de clara connotación social. Sin embargo, Llosa encuentra la información suficiente para convertirlo en tema central de lo que iba a ser su siguiente película.

La historia de La teta asustada se vertebra sobre Fausta, joven que ha mamado de su madre dicha enfermedad. Ella es el eje central, pero no único, sobre el que gira la película, ya que Claudia Llosa no se limita a hacer un retrato psicológico sobre un patrón común, consecuencia de un determinado contexto político. El personaje de Fausta es una vía para adentrarnos al contexto sociocultural en que se inscribe. De esta forma, las alusiones al pasado que han marcado su personalidad, son reminiscencias que chocan contra la realidad del presente. Siendo el tiempo actual, por tanto, el foco de interés de la directora y, en consecuencia, de la película. 

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Alrededor de Fausta

Fausta es hija de una indígena que ha bajado a los asentamientos en la periferia de la capital peruana. Allí vive con su madre y la familia de su tío, perpetuando la estructura de pequeña comunidad que debía llevar en la sierra. Sin embargo, la muerte de su madre (y la necesidad de darle digna sepultura) le llevará a enfrentarse al mundo exterior, aquél que se desarrolla en la ciudad. Se oponen, pues, la cultura heredada a través de las prácticas y cánticos de su madre, frente al mundo civilizado, aquél en que las relaciones están establecidas por el capital y la clase.

latetaasustada3.jpgCon el objetivo de conseguir la plata necesaria para enterrar a su madre en el pueblo, Fausta entra a trabajar de mucama para una burguesa blanca. Una señora culta, tan ensimismada en su agobio existencial (a causa de un estancamiento creativo), que es incapaz ni de aprenderse el nombre de la recién llegada. Para la señora, mientras la casa esté ordenada, poco importa quien haya bajo el uniforme. Más aún, en su recinto atrincherado, los influjos de la realidad local son suprimidos al mínimo, aunque sea a base de desodorante. Todo lo contrario que Fausta, para quien la pregnancia de lo corpóreo, como por ejemplo las manos, es una cuestión de identidad.

A pesar de este trabajo, Fausta mantiene los vínculos con su tío. Especialmente, cuando sube a su barrio de los nuevos llegados (en perpetua espera de una oportunidad para una vida mejor) para ayudarle en su trabajo de animador de fiestas nupciales. Es una actividad en la que contribuye toda la familia y que, se presupone, complementaria de cualquier otro oficio que pueda surgir. La palpable precariedad de recursos es un handicap que se solventa con ingenio y alegría. En esas celebraciones, la felicidad de los novios se contagia a toda la comunidad. Incluso Fausta, por momentos, es capaz de sonreír y olvidarse del miedo que coarta su libertad de movimiento. Hasta que un pequeño desmayo desvela el método que ha adoptado para paliar sus temores.

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La mirada holística

En La teta asustada Claudia Llosa trenza a la perfección estas tres realidades que giran en torno a la figura de Fausta. A saber, un mundo ancestral, cuya historia se hereda por medio de la tradición oral, donde la tierra es el punto común entre la vida y la muerte; el mundo civilizado, occidentalizado, en el que la alta cultura (entendida como superestructura) abstrae la vida de su ligazón a lo mundano; y una realidad intermedia, anclada en las tradiciones populares, pero con ansia de absorber la modernidad. Son realidades separadas, pero que al mismo tiempo se entrecruzan dejando influjos en uno y otro lado.

Realidades verídicas que Llosa retrata de forma verosímil (aunque para muchos puedan resultar estrambóticas), si bien es cierto, tamizadas por su mirada poética (como la argucia argumental del uso de la patata por parte de Fausta). Los tonos terrosos impregnan el conjunto de este documento social que es La teta asustada, dando cuenta tanto de los primeros casamientos múltiples que tuvieron lugar en Perú, como del papel de lo simbólico en la aprehensión de la realidad.

Y es que Llosa no se conforma con testimoniar sólo prácticas culturales, ni contar un cuento mágico sobre la liberación de una mujer, ni hacer una reseña sobre la pugna entre lo ancestral por no perecer con la llegada de la modernidad. Como en la vida misma, lo psíquico, lo corpóreo y lo simbólico está todo interrelacionado, y Claudia Llosa sabe bien cómo conjugar estos aspectos de una misma realidad.

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