eXistenZ (eXistenZ, 1999)

  26 Diciembre 2011
Realidades virtuales y cinematográficas 

existenz-100Podríamos decir que la carrera cinematográfica de David Cronenberg se puede jalonar en segmentos temporales que revelan una cierta coherencia interna en toda su obra.

Su primera etapa se dedicó a filmes de terror más o menos baratos aunque notablemente llevados que incluye Vinieron de dentro de..., Rabia, Videodrome o Scanners, siendo La mosca el mayor éxito del periodo.

Para quien esto firma, existe una segunda época en la que el canadiense se interesó por las bajezas sexuales y psíquicas del ser humano. Aquí incluimos otro de sus éxitos de taquilla, Inseparables, junto con El almuerzo desnudo o M. Butterfly, todas ellas cintas narradas de manera enrarecida que encontraron un público intelectualoide serio ávido de historias mórbidas. No en vano, estamos hablando de, además de Inseparables (que diríamos que fue un rotundo acierto artístico y comercial), dos adaptaciones de obras (una literaria y la otra operística) que ya contaban con esa ventaja inherente.

Luego vino el escándalo con la que podríamos denominar una prolongación de esta segunda época. Para algunos bien será un nuevo periodo aunque para otros no es más sino la evolución lógica de la antedicha. Crash supuso, además de otra de esas adaptaciones de textos enfermizos, un planteamiento radical en el que los personajes se excitaban con el contacto a través de los automóviles y todo lo que éstos implicaban (incluyendo accidentes de coche, heridas abiertas, cicatrices y un sinfín de extrañezas masoquistas). Pero en esta misma corriente también deberíamos incluir eXistenZ (no es que la mecanografía haya jugado una mala pasada sino que se escribe así) o Spider.

Después de esta tríade de psicologías torturadas, Cronenberg se dedicaría al cine más normal (hablamos, claro, de Una historia de violencia, Promesas del Este y la actual Un método peligroso) y, curiosamente, es el que ha reportado mayores satisfacciones hasta el momento.

Antes era el raro, el director extravagante que filmaba obsesiones malsanas para narrarlas mediante lenguajes igualmente insalubres para la mente bienpensante. Ahora se ha convertido en el director reputado cuyas narrativas son (supuestamente) limpias e impecables. Pero como nos gusta regocijarnos en lo bizarro, nos interesa más su etapa inmediatamente previa a la actual.

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La trilogía de lo retorcido

Antes de convertirse y abandonar su condición de director maldito, algo parecido a David Lynch y salvando las distancias, nos atrevemos a decir que Crash, eXistenZ y Spider bien podrían formar una trilogía en la que el paroxismo mental y sexual aparecía en mitad de una comunidad civilizada y ordenada para dar paso a un descenso a los infiernos de proporciones dantescas.

Todo ello matizado con un panorama que implicaba la modernidad, el avance tecnológico o la virtualidad de un mundo diluido aparentemente estable. Es aquí donde situamos perfectamente la que toca hoy comentar aquí, eXistenZ.

Otra curiosidad es la no-notoriedad que ha trascendido a la película. Este firmante recuerda a la perfección que acudió el fin de semana del estreno de eXistenZ a una gran sala de su localidad que estaba literalmente a rebosar de público para ver la última rareza del señor Cronenberg. Pero eXistenZ no contenía, al menos en aquel entonces, nombres lo suficientemente fulgurantes para obtener recuerdo y éxito en la memoria.

Sin embargo, obtuvo premios de esos que alaban el riesgo cinematográfico. Sumó a la carrera de Cronenberg el Oso de Plata en el Festival de Berlín de 1999. Recordemos que La zona muerta cosechó varios galardones, Inseparables y La mosca estuvieron a las puertas de los Oscar, Crash se llevó el Gran Premio del Jurado en Cannes, aunque muchos se llevaran las manos a la cabeza...

Hoy pocos piensan en eXistenZ en un filme de esos que vienen a la cabeza cuando suena el nombre de Cronenberg porque, sencillamente, trataba unos temas que escapaban de la mayoría de manos y mentes y estaban planteados con sumo delirio.

La obra, recordemos, contenía nombres de absoluto valor que hoy son reconocibles pero que no lo eran tanto a finales del pasado siglo. El máximo reclamo era el protagonismo de Jennifer Jasón Leigh, excelente actriz especialista en féminas torturadas y complejas que parece hoy haber desaparecido de la faz de la tierra, y Jude Law, que aún no era el guapérrimo galán reconocido hoy en todo el globo. Otros nombres que les acompañaban en esta aventura eran Willem Dafoe, Ian Holm o Sarah Polley (¿alguien se acuerda de ella en esta película?).

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En un mundo mejor

Recordemos de qué iba la cosa. Allegra Geller es la creadora más reputada a nivel mundial de videojuegos virtuales que más cercanía a la realidad implican. En una especie de estudio piloto que la programadora realiza con doce personas que deberán testar el nuevo videojuego que ha creado, Allegra resultará herida de un disparo. Éste proviene de uno de sus fanáticos detractores, quien ha utilizado un arma casi absurda para emitir tal disparo.

Una vez Allegra recuperada, se embarcará en la aventura de probar el videojuego junto con un represente de la empresa para quien trabaja. Ambos entrarán en un mundo virtual extraño que deberán escrutar para comprobar si algún tramo del mismo ha sido dañado. Ya tenemos el punto en el que Cronenberg nos quería: ¿estamos jugando en un plano real o en uno ficticio?

eXistenZ es un ejemplo más de un uso extravagante de la narrativa que cautiva a unos y molesta a otros. La cinta está plagada de momentos grotescos, casi surreales y gruesos, que parecen no emparentarse con el género al que se adscribe el filme, la ciencia-ficción. Pero Cronenberg, como manipulador experto que es de mentes y modos, le da la vuelta a la tortilla. Y sí, lo grotesco se da la mano con la surreal y la ciencia-ficción se da la mano con el videojuego. Pero más allá de las imágenes caricaturescas y los momentos de dudoso gusto, hay mucho más que quizás pasó desapercibido.

Digamos que no es profunda ni adulta como podría ser un Inseparables o un Crash, ni tampoco es tan rigurosa como sus últimas obras, pero sí contiene un vertido de imágenes hipnóticas que contienen poderosas metáforas. eXistenZ es una obra sobre la presunción de la realidad y de la ficción o sobre los valores que sostenemos como reales o como ilusorios dentro de una sociedad de contenido programático. También realizó un ejercicio de reflexión profética pues advirtió sobre la necesidad de comunicación mediante la tecnología y la virtualidad.

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La historia, entre capas

Desde luego, no es lo mismo haber visto eXistenZ en su momento de estreno que revisarla hoy. Actualmente, estamos en esta especie de ola digitalizada en la que casi todo pasa a diario por las tecnologías de la información y la comunicación, lo que ayuda a valorar aún más la cinta. Pero a finales de los noventa, la obra pilló a muchos en situación de desconcierto. Por eso, Cronenberg situó a sus personajes como antagónicos conocedores de la realidad.

Es decir, Jennifer Jason Leigh, en otra de sus memorables composiciones (que alguien recupere a esta actriz, por favor) es la analista cuyos ojos dominan los cánones de una virtualidad alternativa en la que domina los metalenguajes del videojuego, mientras que Jude Law encarna a un tipo inepto (o no tan inepto) cuyos ojos reflejan la sorpresa del espectador. Es a través de él que vamos desenmarañanado un guión complejo y enrevesado, de esos que escondenn sorpresas y giros argumentales a cada paso que da hacia delante.

Pero todos esos pasos son pasos en falso que juegan en pro del espectador y, para muchos, en contra del propio filme. Quizás la cinta adolece de momentos de auténtico clímax, es cierto. También es cierto que una cinta de ciencia-ficción sin presencia dinámica de efectos visuales puede llegar al cansancio, es cierto. Pero igual de cierto es que ese divagar entre secuencias que nadie sabe a ciencia cierta a donde le conducen ni si son verdaderas o pertenecen a la ensoñación juega y gana tantos en un ajustado metraje.

La idolatría de la creación de realidades virtuales es, en esta cinta, otro de los ejes engranados en el texto. Y es que la relación hipertextual entre el hombre y la máquina queda otra vez patente como ya sucedía en Crash. Pero aquí todo sucede de manera surreal con pulso cerebral.

Es decir, las relaciones entre la fantasía y la realidad quedan disueltas porque vivir la fantasía no implica perder la racionalización de los contenidos. Es más bien al contrario, estar en un mundo alternativo implica ser mucho más inteligente para poder lidiar con los conocimientos adquiridos por el ser humano y por las formas que tiene éste para poder construir nuevos cimientos dentro de su propio mundo.

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La virtualidad orgánica

eXistenZ bien podría ser la carta de amor-odio cinematográfica al Second Life que millones de personas utilizan. Ese mundo en el que aparentamos quiénes no somos o quiénes somos en una realidad mucho menos evidente, oculta entre capas y capas de hipocresía y de mascaradas sociales. Pero lo que más sorprende esta cinta es el carácter orgánico de toda la obra. El espectador es desafiado a jugar a ese videojuego mediante las dilucidaciones del guión pero siempre en un plano que es básicamente real.

Es decir, no estamos jugando con efectos especiales que nos hagan ver que estamos dentro de un videojuego. No existe un monitor, ni un mando, ni algún cachivache tecnológico que nos esté diciendo de movernos hacia un lado o hacia otro. Simplemente es el cuerpo humano y la mente humana que se encuentran dentro de un mundo de virtualidad y de realidad absolutos. Y la cosa no acaba aquí.

Cronenberg hace que los cuerpos de las personas puedan conectarse, mediante un agujero en la espina y a través de un cordón umbilical, a la consola o centro de operaciones cuya forma es multiforme y rosada como si se tratara de una masa de carne cambiante. Es decir, todo es maliciosamente orgánico. No es descabellado deducir que esa virtualidad se fomenta en una relación sexual y biológica. Las personas conectadas con cordones umbilicales a una interfaz madre y que precisan de desnudarse para conectarse y elevar sus pensamientos al éxtasis en otro mundo o en otro plano que se encuentra en algún lugar oculto de la mente.

Esta especie de conexión o penetración tecnológico-sexual es la que mantienen los personajes para poder adentrarse (penetrar de nuevo) en ese mundo de fantasía inalcanzable que tanto ansían, convirtiendo la virtualidad en una arma de poderosa fascinación y obsesión. Y es esa virtualidad la que acaba por desplazar la propia realidad, pues en la virtualidad reside el verdadero “Yo” y el verdadero poder del subconsciente, temas que vuelven a ser eje central de su actual Un método peligroso.

La historia se repite.

Escribe Ferran Ramírez

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