Berlanga, ¿cómo fue posible?

  22 Octubre 2010

Destripar la realidad del momento

Tamaño natural, una de las películas de Berlanga rodadas fuera de EspañaLa importancia de Berlanga como creador cinematográfico es indiscutible y está fuera de toda duda su contribución a la historia del cine español. Desde su irrupción con Bienvenido Mr. Marshall en el año 1953 (aunque ya había realizado sus primeros trabajos a finales de los años 40), hasta su último filme en el año 2002, el director valenciano ha ido creando, película a película, un universo propio que se extiende desde la propia concepción estética del filme hasta un corpus temático que se puede rastrear en todo su cine.

Es por ello que podríamos dedicar extensos análisis sobre el uso que Berlanga realiza del plano secuencia a partir de Plácido, la importancia del humor negro en toda su filmografía y su imbricación con el inconfundible esperpento español, la utilización de un gran número de actores en cada película que le confieren una apariencia coral, el uso recurrente del sexo, la imagen femenina y la consideración de la mujer, el tratamiento del guión (el gag, la asociación con Azcona) y así hasta un largo etcétera.

Malos tiempos para la lírica

Pero siendo fundamentales todos estos aspectos a la hora de destacar la figura de Berlanga, en este artículo queremos valorar la propia existencia de la obra de arte, en este caso la filmografía berlanguiana, en un contexto adverso.

Ya no se trata de valorar únicamente desde un punto de vista cinematográfico obras como Bienvenido Mr. Marshall, Plácido o El verdugo; el objetivo es situarlas en su contexto histórico haciendo especial hincapié en las dificultades que sus creadores hubieron de soportar para llevarlas adelante. Son obras maestras del cine español por derecho propio, pero también cuentan con un valor añadido pues reflejan la situación histórica de nuestro país en ese momento y porque ahora son elementos de análisis importantes para comprender la realidad social de esa época.

No es que su cine posterior, el desarrollado a partir de la democracia, tenga menos valor, sencillamente es que ese cine realizado durante el franquismo significó una especie de hito aislado dentro de una panorama cinematográfico raquítico y conservador. Berlanga, con las películas citadas, o Bardem (Muerte de un ciclista, Calle Mayor, Los inocentes), Saura (La caza y su cine posterior) o incluso el caso aislado de Buñuel (Viridiana), fueron capaces desarrollar una trayectoria como autores que ahora sirve para comprender mejor un pasado que las nuevas generaciones tienden a olvidar.

Luis García BerlangaCuando volvemos a las imágenes de Bienvenido Mr. Marshall, el guión del tándem Barlanga-Bardem está desmenuzando el hecho histórico de un momento concreto, la firma del pacto con el gobierno de EE.UU., por el que el régimen franquista obtenía un reconocimiento internacional y unas ayudas económicas, a cambio de ceder parte de su territorio para la instalación de las bases militares americanas.

El filme de Berlanga, con esa pátina agridulce que tiñe toda la película, y donde la frustración de los sueños de un pueblo puede constituirse en la metáfora, es un ejemplo perfecto de este valor que queremos destacar pues es difícil encontrar en la década de los 50 un cine que sea capaz de parodiar la realidad del momento, poniendo en solfa todos los temas posibles como la actuación de las fuerzas vivas, la ayuda americana, el folklore, la españolada, etc.

No es una excepción. Los jueves milagro, el primer gran encontronazo de Berlanga con la censura, fue una revisión de todo ese cine religioso que se producía en aquellos años. Si en Bienvenido Mr. Marshall la censura no fue determinante (1), ejerciéndose desde fuera pues los americanos protestaron en su exhibición en el festival de Cannes por la escena, eliminada posteriormente, donde la bandera estadounidense termina sumergida en una acequia; en el caso de Los jueves milagro la censura actuó desde el inicio, en la fase de guión, y el propio Berlanga cuenta cómo el censor religioso le preparó 200 páginas de revisiones sobre el texto inicial. Revisión inicial que no impidió que Los jueves milagro tenga el triste mérito de ser una de las películas más masacradas del cine español.

Tras Los jueves milagro, Berlanga tardó cuatro años en volver a dirigir. Pero cuando lo hizo nos dejó dos obras maestras: Plácido y El verdugo, dos películas que volvían a destripar la realidad del momento, la miseria económica y la pena de muerte.

La situación social y política tras la guerra civil, con un territorio devastado y cerrado a toda ayuda externa, mantuvo a España en una autarquía económica que prolongó la situación de miseria y hambre más allá de lo razonable, pues no sería hasta finales de los 50 o principios de los 60 cuando los nuevos planes de desarrollo y la apertura externa (el turismo como fuente de ingresos) cambiaron la situación. En esos años las políticas de beneficencia y auxilio social, capitaneadas por la diáspora de organismos políticos y religiosos, intentaban enmendar la dura realidad con actuaciones y campañas similares a la de “siente un pobre a su mesa” que aparecía en Placido (y que tenía que ser el título original pero que no fue aprobado por la censura). En esta película, que además supone para Berlanga el encuentro con el guionista Rafael Azcona, su colaborador más importante a lo largo de toda su carrera, vemos un reflejo satírico de esa parte de España que el cine del régimen oculta tras comedias insulsas, dramas moralizantes o panfletos históricos referidos a nuestro pasado glorioso e imperial.

El verdugo viene a recoger, analizar y devolver, con toda su carga humorística y esperpéntica, la realidad de esa España de los primeros años 60Pero quizá el mejor ejemplo de lo que queramos expresar sea la realización de su siguiente filme, El verdugo. Uno de los mayores escándalos del cine español, junto a Viridiana de Buñuel, y que sufrió todo tipo de embates que comenzaron con la censura previa al rodaje del filme y terminaron con su exhibición en el festival de Venecia del año 1963.

Como siempre, El verdugo viene a recoger, analizar y devolver, con toda su carga humorística y esperpéntica, la realidad de esa España de los primeros años 60. De hecho, en el mismo año que se estrena El verdugo, 1963, el régimen de Franco había fusilado a Julián Grimau, ejecución que desencadenó una de las más grandes oleadas de protestas internacional, es decir, que el filme de Berlanga está plasmando de una manera directa una situación que ocurría en ese momento.

Pero el filme no sólo ataca de una manera explícita la pena de muerte, también caricaturiza ese auge que representó el turismo a través de la parte final donde toda la familia viaja a Mallorca, uno de los destinos principales para toda una generación de españoles, aprovechando el viaje profesional del verdugo. Esa simbiosis entre el placer vacacional y la crueldad de una ejecución constituye una de las asociaciones más demoledoras del cine español.

Y por si esto no fuera suficiente, el significado final del filme viene a decir que todos somos capaces de alinearnos y ser partícipes de la peor situación, aunque no seamos protagonistas de ella: la escena final donde un pobre hombre, convertido en verdugo, termina siendo llevado por los guardias para que cumpla su papel, una propuesta que parece extenderse a modo de terrible comparación de lo que gran parte de la sociedad española sufrió/asumió con el régimen franquista.

El verdugo, junto con Viridiana, se convirtió en uno de los mayores escándalos del cine español con motivo de su presentación en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 1963, hecho que motivó una serie de situaciones kafkianas que se pueden seguir con todo detalle en el libro de Antonio Gómez Rufo dedicado al cineasta (2).

Novio a la vista (1954)Hay que tener en cuenta, además, que los mecanismos de la censura se extendían por todos los subsectores y afectaban no sólo a la planificación inicial o a los cortes directos sobre el metraje sino que también se ejercían sobre la distribución y la exhibición, pudiendo marginar un filme manejando estos aspectos. Por ejemplo, Los jueves milagro apenas estuvo diez días en cartel cuando se estrenó.

Por si esta situación no fuese suficientemente compleja, las autoridades franquistas jugaban a mantener una contradicción que consistía en poder presentar un cine de calidad de cara para fuera, encarnado en directores como Saura, Bardem, Patino o Berlanga, para luego, en el mercado interior, ser capaces de interponer todas las trabas posibles para que ese cine no alcanzara el objetivo de la distribución. Esta contradicción tenía muchas formas, igual premiaban a un filme otorgándole una categoría de interés especial, como posteriormente, se torpedeaba con cualquier excusa posible.

Tras El verdugo, Berlanga tardaría cuatro años más en volver a ponerse tras las cámaras, y su siguiente filme, La boutique, se rodó en Argentina por temas de producción. Con Vivan los novios, que en su momento pareció más llevadero pues se enmarcaba dentro la comedia tradicional, volvió a tener problemas con la censura.

Tamaño natural, su último filme rodado durante el periodo franquista, fue una coproducción con Francia, pues por la temática que se desprendía de su argumento era impensable que se rodara en España. La historia de amor entre un hombre (Michael Piccoli) y una muñeca hinchable no tenía cabida dentro de la estructura del cine español de esos años, y desde luego, se estrenó en España después de la muerte del dictador.

No hemos hablado de todas sus películas pero en su mayoría, como gran parte del cine español incomodo al régimen, sufrieron los avatares irracionales de la censura. En Novio a la vista (1954), a pesar de su sencillez temática, Berlanga fue obligado, no a cortar, sino a rodar una escena nueva que se añadiese al metraje original para compensar un comentario cándido realizado en una secuencia del filme sobre los generales españoles.

Matices

Bienvenido Mr. Marshall fue tildada de defender lo español frente a la contaminación exteriorPero las dificultades del cine de Berlanga curiosamente no sólo vinieron de la censura oficial, el director de Calabuch también sufrió la propia incomprensión de los sectores de izquierda. Algunas de sus películas fueron acusadas de servilismo y de propaganda del régimen. Bienvenido Mr. Marshall fue tildada de defender lo español frente a la contaminación exterior, es decir, secundar lo patrio en detrimento de la apertura más allá de las fronteras y se esgrimía como argumento el apoyo de sectores del régimen precisamente por esa defensa de la idea de que lo que viene de fuera es falso y ficticio. Es una lectura tangencial de Bienvenido Mr. Marshall que no se apoya si se realiza un análisis más profundo y se tiene en cuenta la posterior carrera de Berlanga.

No es un caso aislado, Los jueves milagro debido a la concesión de un premio en el Festival de Cine Católico de Valladolid, fue adscrito por parte de la izquierda como una película de inspiración católica. Incluso El verdugo, que está fuera de toda duda, siendo apoyada por la crítica internacional y los representantes del festival de Venecia, fue recibida con indignación y protestas por el sector anarquista a la hora de su presentación en el citado festival pues pensaban que el filme venía a justificar las ejecuciones del régimen de Franco.

En 1969, cuando el régimen eligió Vivan los novios para representar a España en Cannes, sustituyendo a la película escogida inicialmente, El jardín de las delicias de Carlos Saura, el director valenciano volvió a ser objeto de numerosas críticas, pues este desplazamiento fue interpretado como un espaldarazo a Berlanga por parte de las autoridades políticas españolas frente al filme de Saura, a priori, más políticamente incorrecto.

Es por ello que, con la perspectiva que da el paso del tiempo, hay que valorar como un elemento primordial la mera existencia de esta clase de películas, situándolas en el contexto determinado de esos años, donde las posibilidades de poner en imágenes la realidad del momento eran verdaderamente limitadas.

La perseverancia en que ese tipo de cine saliera adelante y el desarrollo de una carrera coherente como autor a lo largo de varias décadas, es un valor que no se debe olvidar pues la dificultad, como hemos visto, no sólo tenía que ver con la problemática inherente a la propia creación artística, sino que era una lucha constante en todos los frentes.

Escribe Luis Tormo


NOTAS:

(1) Berlanga cuenta que en Bienvenido Mr. Marshall no tuvo problemas de censura. Aunque hay que recordar que la escena donde la maestra tiene un sueño erótico con unos jugadores de rugby sí fue totalmente prohibida.

(2) Gómez Rufo, Antonio. Berlanga. Contra el poder y la gloria. Ediciones Temas de Hoy. Madrid, 1990.

Tamaño natural, la película que consagró a Berlanga como 'erotómano empedernido'