Calabuch (1956)

  01 Octubre 2010

Fuenteovejuna según Berlanga

CalabuchEn 1956, en plena posguerra, se estrena este filme neorrealista, donde Luis García Berlanga continúa con su cine de críica sutil.

Durante aquella época el cine estaba dividido. Por un lado,los pegados al régimen,como Ignacio F. Iquino, Rafael Gil, Juan de Orduña, Arturo Román, José Luis Sáenz de Heredia, Edgar Neville o Manuel Mur Oti se dedicaron a rodar películas donde exaltaban los valores españoles y la política de la época.

Por el contrario, una serie de directores se decantaron por esquivar la censura e intentar plasmar en la pantalla las debilidades de su país. Estos fueron fundamentalmente Juan Antonio Bardem, Marco Ferrari y Luis García Berlanga.

Los tres están pegados a la corriente neorrealista que se había iniciado en Italia, con tramas ambientadas en los sectores más desfavorecidos, con abundancia de escenas en exteriores y con temáticas que reflejaban la situación económica y moral.

Luis García Berlanga abrió su particular veda en 1953 con Bienvenido, Mister Marshall,donde critica el aislamiento político que estaba sufriendo el país para salir adelante de la guerra civil; aislamiento por parte de las potencias europeas.

Tres años después continúo con esta labor con Calabuch, el filme que aquí nos ocupa. Con Calabuch, Berlanga critica las malas relaciones internacionales, además de algunas de las tradiciones culturales –los toros– y ridiculiza la complicación que se hacia de las cosas. Pero vayamos por partes:

Para muestra, un botón

Calabuch engloba claramente las principales características del cine berlanguianoCalabuch engloba claramente las principales características del cine berlanguiano: generalmente protagonismo coral y narrado en planos secuencia, aposentado en la sátira, la farsa, el humor negro y una visión crítica y esperpéntica de la realidad sociocultural y política española.

Por si alguien no la ha visto, os diré que la película narra las aventuras de Jorge o profesor Hamilton (Edmund Gwenn) que llega de incógnito a Calabuch (realmente es Peñíscola) escapando de su ciudad, porque está cansado de que sus investigaciones científicas sean usadas para fines militares. 

En el pueblo nadie le reconoce, por lo que pronto se convierte en un vecino más. Poco a poco se mete en el bolsillo a cada uno de los habitantes de la localidad y más todavía cuando colabora en la construcción de un cohete para el campeonato entre pueblos de las fiestas mayores.  

Gracias a sus elevados conocimientos consiguen ganar la competición y que el pueblo salga en las noticias. Un hecho histórico conseguido gracias a Jorge que llena de felicidad a los habitantes. Para él, es el final de sus vacaciones puesto que de esta manera es como las fuerzas armadas lo localizan y van en su busca para llevarlo de regreso.

Y así, aunque Jorge es el gran protagonista, Berlanga se preocupa de hacer un retrato de los pueblos a través de la mirada a Calabuch, dando un importante protagonismo al resto de conjunto coral.

De esta forma observamos las relaciones de poder establecidas. Al igual que sucede en otra de sus películas, Bienvenido, Mister Marshall, con la que guarda una tendencia hacia lo rural y a lo coral, encontramos aquí de nuevo como secundarios las cabezas pensantes, el alcalde, el jefe de policía, el cura y la maestra.

Todos retratan fielmente los roles de la época. El cura siempre con su sotana, el policía siempre en un uniforme y con bigote, la maestras tierna e inteligente; es el espejo de lo que pasaba en todos los pueblos de la época y que aún hoy sigue pasando por anticuado que parezca. Esto la convierte en una película de actualidad a pesar de los años que han pasado desde su estreno.

Además, también conocemos al farero, maravilloso Pepe Isbert esta vez con un papel no tan importante como en El verdugo, pero sin embargo crucial en el desarrollo de los acontecimientos de la historia, a pesar de su escaso metraje. La figura del farero es todo un guiño un tanto melancólico hacia una profesión ya extinguida.

El langosta por su parte es el contrabandista y pillastre del pueblo. Vive en la cárcel, pero no está triste por ello puesto que gracias a la familiaridad del pueblo consigue que el jefe de policía le deje salir todas las mañanas para sólo tener que ir allí por las noches. Como responde Jorge en su despedida a su acompañante en el vuelo:

- Nos dio un gran susto profesor Hamilton, pensamos que se había escapado con todos nuestros secretos.

- Y en cierto modo, así ha sido.

- Parece un pueblo gracioso Calabuch. Me gustaría pasar aquí un fin de semana. Hay algún hotel en condiciones.

- No, no, no hay hotel, pero si de verdad quiere venir un día, haga lo que hice yo, pregunte por el langosta.

- ¿Tiene una casa bonita?

- La mejor, y no le cuesta nada, es la cárcel.

- Ustedes los sabios siempre de broma.

- ¿Le molestaría dar una pasada por encima del pueblo? Quisiera despedirme de los amigos... 

- ¿Tiene muchos amigos?

- Sí, 928.

Se nota que el pueblo está retratado desde el cariño. Berlanga prescinde de buenos y malos. En Calabuch cada uno se preocupa de lo suyo, con sus problemas y grandezas, cada uno vive y deja vivir en la mayor tranquilidad y confraternidad posible.

Berlanga en su regreso a Peñíscola para un homenaje a 'Calabuch'

Historias de la radio, II Parte

Además de estar en estrecha relación con la tendencia general del director, la película guarda un cierto paralelismo, mal que le pese, con la película de José Luis Sáenz de Heredia Historias de la radio, estrenada un año antes.

Este paralelismo es fundamentalmente con la tercera de las historias del filme de Heredia. En ella un pueblo se une para ayudar a un niño enfermo. Deciden mandar al maestro a un concurso de radio para que gane un programa y conseguir así el dinero que falta para su operación ya que el común recaudado no ha sido suficiente.

Al igual que Heredia, Berlanga debió ser también admirador de Lope de Vega o por lo menos, de su libro Fuenteovejuna, pues también aboga por aquello de “aquí, como en Fuenteovejuna, todos a una”.

Si en la obra teatral de Lope se une todo un pueblo contra el abuso de poder del comendador y para ello se toma la justicia por su mano, y en Historias de la radio para ayudar a un niño, en Calabuch lo hacen para impedir que las fuerzas armadas se lleven a Jorge del pueblo. Le han tomado cariño y deciden plantarles cara, cada uno a su manera, luchando o rezando. El jefe de policía es el encargado de organizar la resistencia y les alenta a que cada uno luche con lo que tenga a su alcance.

El segundo punto en común es la importancia crucial de los medios en la difusión de la información en ambas películas. Si en Historias de la radio es memorable la escena de todos los habitantes escuchando por la radio al maestro además de resolver el problema; en esta es justo una foto enviada a los periódicos la causante del desenlace, aunque con una intención contraria ya que en este los medios provocan que Jorge sea encontrado.

Auque eso no es todo. Ya en su prólogo la historia comienza con una noticia de radio, donde se informa al mundo de la desaparición del científico; luego, en el pueblo hay una sesión de cine donde se pasa el nodo, y también en el bar se escucha varias veces de fondo la radio y la televisión.

Para bien o para mal, lo que está claro por su alta presencia en la narración,  es que Berlanga tenía muy claro las grandes armas de poder que suponían los medios de comunicación de masas y que por ello fueran tan manipulados.

Costumbrismo

Ciudadano de a pie, Berlanga apostó por el cine costumbrista aunque no estuviera muy de acuerdo con el tiempo que le tocó vivirCiudadano de a pie, Berlanga apostó por el cine costumbrista aunque no estuviera muy de acuerdo con el tiempo que le tocó vivir.

Sirve esta película como documento histórico de Peñíscola. El pueblo está perfectamente integrado en cada secuencia. La playa, el paseo, el faro, su calle mayor... Si hemos visitado recientemente Peñíscola podemos observar los cambios que se han producido con el paso del tiempo. Por ejemplo la playa que estaba sin edificar y ahora esta sitiada por el turismo; el pueblo ahora rebosa de grandes hoteles y cientos de restaurantes de diferentes nacionalidades, cuando antes existía un único bar; la mejora en el asfaltado de las calles; y la restauración del faro. No es de extrañar por tanto que en 2006 desde el festival de cine de Peñíscola se le rindiera homenaje a la película.

Este costumbrismo es el mismo que refleja el uso del teléfono de antaño, cuando no todas las casas del pueblo disponían de teléfono. Sólo los grandes poderes disfrutaban de él y era a través de una centralita (generalmente ubicada en el bar) donde se distribuían las llamadas.

En Calabuch hay varias escenas en que observamos las conversaciones telefónicas y la infraestructura rudimentaria del pueblo, donde los problemas telefónicos eran tales que en ocasiones valía más la pena mandar a un mensajero que andar a vueltas con la tecnología.

En esta misma línea, existen tres actos costumbristas de masas: una boda, una corrida de toros y la celebración de las fiestas patronales.

De entre los tres es de destacar que Berlanga ridiculiza en cierto modo el arte del toreo. El torero se trae su propio becerro, el cual no quiere hacer nada. Así pues en plena faena queda en ridículo, teniendo que salir los mozos del pueblo a la arena para que haya más espectáculo. Y además, por si fuera poco, primero se le estropea la furgoneta y no es capaz de arreglarlo hasta que lo hace un hombre del pueblo, y segundo se le pierde el becerro antes de una corrida en otro pueblo. Un desastre lleno de sutil crítica y humor negro berlanguiano.

Como lugares comunes, el bar encabeza la lista. Es allí donde se desarrollan las relaciones sociales entre vecinos, donde se enteran de las noticias y se comparten confidencias. El bar sirve también para que veamos la otra cara de Jorge. Pues por mucha matemática complicada que sabe, no le vale a la hora de ganar al domino o al billar.

Por esto mismo decía antes que Berlanga lanza el mensaje que las cosas son más sencillas de lo que parecen. Que la ciencia y la matemática no necesitan de enrevesadas formulas para su aplicación diaria; como cuando la maestra en sus clases nocturnas para los adultos quiere que resuelvan un problema y el compañero de pupitre de Jorge lo resuelve antes que él, aun usando la técnica de toda la vida, los dedos.

Evitando la censura

Maestro en el arte de evitar la censura, Berlanga sabía maquillar sus películas de tal forma que la crítica quedara para un segundo planoMaestro en el arte de evitar la censura, Berlanga sabía maquillar sus películas de tal forma que la crítica quedara para un segundo plano, para un análisis más pausado. Para ello envolvía sus tramas con papel de dictadura atados con pequeños lazos.

Cuando hablo de lazos me refiero a detalles como el de que los habitantes canten el himno nacional justo antes de empezar la corrida de toros. Y cuando hablo de envoltorio, me refiero a la historia de amor entre el contrabandista y la hija del policía, que ocupa una parte importante del metraje, donde la familia, en este caso el padre, toma un papel importante imponiendo su voluntad de que la relación terminase. Al final acaba en boda. Un final feliz para una “sociedad feliz”

Por todo esto (critica sutil, humor, sentimiento, nostalgia, fuente de documentación, grandes actuaciones, habilidad para evitar la censura…) y a pesar de su sencilla dirección y escaso presupuesto en producción, Calabuch ha pasado a la historia no sólo como una de las mejores obras de su autor, sino también como una de las mejores películas de la historia de nuestro cine.

Escribe Eva Cortés