Un Dios cinematográfico: Berlanga

  10 Diciembre 2009

Luis García-Berlanga MartíLuis García-Berlanga Martí, ácido, sarcástico y muy real, nacido en Valencia el 12 de junio de 1921, en el seno de una familia aburguesada cuyas costumbres retrata posteriormente en sus películas. Su padre, diputado de Unión Republicana en tiempos de la Segunda República, decidió que estudiase con los jesuitas e incluso lo internó en un refinado colegio suizo.

Se inclinó por la carrera de Derecho y la de Filosofía y Letras, pero abandonó los estudios para  enrolarse en la División Azul, no sólo para evitar represiones políticas por el cargo que había desempeñado su padre sino a cambio de medidas de gracia para éste. Combatió en el frente ruso un año, y cuando se licenció decidió dedicarse al cine.  Marchó a Madrid con una carta de recomendación de su tío dirigida a Vicente Casanova, un alto directivo de la productora Cifesa, y finalmente, en 1947, ingresa en la primera promoción del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, junto a José Luis Borau y Juan Antonio Bardem.

Berlanga debuta con tres cortometrajes que se podrían denominar ensayos de un estudiante de cine, pero que poseen un elemento común: el interés por observar la realidad social y plasmarla en sus obras. Tres cantos (1948), un documental  encargado  para el Ministerio de Información y Turismo, Paseo por una guerra antigua del mismo año y realizado junto a Florentino Soria, Agustín Navarro y Juan Antonio Bardem, y El circo (1949), un breve documental sobre la realidad interna del mundo circense.

Esa pareja felizDurante ese tiempo, un grupo de alumnos del instituto, entre los que se encontraba, decide crear una productora para que al menos uno de ellos ruede su proyecto; la decisión final se encontraba entre el propio Berlanga y Bardem, que al final dejan sus propuestas personales para escribir un drama social titulado La huida, pero por miedo al fracaso deciden rodar una comedia con la que en 1951 debutan: Esa pareja feliz, que contaba con Fernando Fernán-Gómez como protagonista, con José Luis Ozores y Elvira Quintillá. El argumento de la película trataba en clave de humor los problemas diarios de un joven matrimonio de realquilados y más tarde se consideraría una de las  películas renovadoras del panorama del cine español de la postguerra, dominado por las producciones de tipo folclórico y religioso.

El éxito no tardó en aparecer y pronto reciben el encargo de coescribir un guión con Miguel Mihura y rodar un musical con una prometedora tonadillera y actriz llamada Lolita Sevilla. La película se estrenó en 1953 con el título de ¡Bienvenido Mr. Marshall! (1), un trabajo muy personal que describía la España de la época, muy pendiente de Estados Unidos (2), y que mostraba las costumbres rurales y la realidad social, marcada por los problemas económicos.

¡Bienvenido Mr. Marshall! Al final Bardem renunció a la codirección y dejó libre a un Berlanga que siguió dejando las huellas que más tarde identificarán su cine: largos planos secuencia en los que el humor negro, la sátira y el esperpento darán una especial visión de la realidad política y sociocultural española (en este caso, la presencia del imperio austro-húngaro en el mapa de la escuela a pesar de haber sido disuelto en 1919) (3), esta referencia aparecerá en todas sus películas a veces de manera demasiado forzada.

La película tuvo una gran acogida en el Festival de Cannes de 1953, donde recibió entre otros, el premio del Sindicato Nacional del Espectáculo, el premio a la Mejor Película de Humor, y una mención especial al guión de la FIPRESCI (4), aunque no por ello dejó de estar rodeada de polémica, ya que el actor Edward G. Robinson (5), miembro del Jurado de la Sección Oficial, disgustado porque una bandera de los Estados Unidos desaparecía por un sumidero, impidió que obtuviese la Palma de Oro (6).

Novio a la vista Tras consagrarse internacionalmente realizó Novio a la vista (1953), su tercera película como director, que contó con una producción de lujo a cargo de Benito Perojo y un gran guión elaborado junto a José Luis Colina, Juan Antonio Bardem y Edgar Neville, en la que, a través de  una historia ambientada en 1914, critica  el intento desesperado de unos padres para llevar de vacaciones a su hija  y que se interese por "un muchacho formal e ingeniero", ya que ésta prefiere a un mal estudiante que tiene que quedarse en la ciudad para los exámenes de septiembre. El reparto contaría con nombres como José Luis López Vázquez, José María Rodero y Julia Caba Alba.

En 1955, el cineasta fue uno de los participantes más activos de las llamadas Conversaciones de Salamanca junto con Juan Antonio Bardem, Carlos Saura y Ricardo Muñoz Suay, promovidas por Basilio Martín Patino, y en las que se analizó el futuro del cine español y se trató de darle un aire más realista y dar una visión más comprometida de la realidad político social del momento.

CalabuchAl año siguiente, el director continua con su esquema de filme coral y realiza Calabuch, una coproducción entre España e Italia con actores de la talla de Edmund Gwenn en el papel protagonista, Valentina Cortese y José Isbert.

El guión, escrito junto a Leonardo Martín, Florentino Soria y Ennio Flaiano, cuenta la historia del profesor Hamilton, un sabio que inventa una máquina que podría ayudar a conseguir la paz en el mundo y que desaparece repentinamente. En realidad, éste se hace pasar por un vagabundo y se refugia en un pequeño pueblo para olvidar los problemas que le ha ocasionado su invento y ser feliz. La película fue premiada en la Mostra de Venecia por la OCIC (7).

Los jueves milagro (1958), sería de nuevo una coproducción con Italia y su última película realizada en la década de los 50, en la que incide de nuevo en la sátira más mordaz. La película, que contó de nuevo con José Luis Colina como coguionista y con el padre Garau, un censor que fue invitado por el mismo Berlanga a firmar como coguionista del filme por la cantidad de veces que reescribió el guión.

Los jueves milagroEl argumento nos cuenta cómo en un pequeño pueblo se inventan la aparición de San Dimas para atraer turistas a su olvidado balneario y  nada sale según estaba previsto. La película, que contó entre otros con José Luis López Vázquez y Manuel Alexandre, obtuvo una Mención Especial en la Semana de Cine de Valladolid.

En 1958 Berlanga participa en el guión de Familia provisional dirigida por Francisco Rovira Beleta, y al año siguiente hará lo mismo junto a Rafael Azcona en el cortometraje Se vende un tranvía, del director Juan Estelrich; una obra que se puede considerar como el nacimiento del Berlanga más conocido, en el que desarrolla sus rasgos de estilo junto a Azcona.

Cuatro años más tarde, iniciada ya la década de los sesenta, Berlanga estrena Plácido (1961), un título protagonizado por Cassen, José Luis López Vázquez y Luis Ciges, en el que el director y Azcona critican de manera sutil la sociedad española de la época, donde era imposible ocultar la diferencia entre ricos y pobres.

PlácidoLa historia, que le valió una nominación a los Oscar como mejor película de habla no inglesa, acontece un día de navidad en una ciudad en la que los pudientes organizan una gran fiesta bajo el lema "siente un pobre a su mesa"; los actos (con cabalgata incluida) pretenden promover entre los ciudadanos la caridad en cada uno de los hogares. Entre toda esta gente destaca Quintanilla, el encargado de la organización, y Plácido, un transportista que intenta pagar la primera letra de su recién adquirido carricoche.

En su nueva andadura, el director y Azcona colaboran en una adaptación de las fábulas de Jean de la Fontaine, Las cuatro verdades (8), un episodio de coproducción hispano-franco-italiana que lleva por título La muerte y el leñador.

El verdugoJuntos de nuevo, en 1964, realizan El verdugo, de nuevo coguionizado con Rafael Azcona, uno de sus mejores trabajos, por la originalidad con que trataron el tema de la pena de muerte a través de la historia de Amadeo, un verdugo que acaba de jubilarse, aunque el piso donde piensa vivir está supeditado a su trabajo, y su yerno tendrá que heredar la profesión. La comedia negra (9) de Luis tuvo una gran repercusión internacional (10) y fue galardonada en el Festival de Venecia (11).

Ambos vuelven a trabajar juntos en Argentina en el rodaje de La boutique (12) en 1968, película que cuenta la historia de Carmen (Sonia Bruno), una mujer infeliz en su matrimonio que finge tener una enfermedad incurable para conseguir una mayor atención de su esposo (Rodolfo Bebán). Él, sintiéndose culpable, le monta una boutique para que pueda disfrutar de sus últimos días.

¡Vivan los novios!En 1970 rueda una comedia menor que coescribe una vez más con Azcona; ¡Vivan los novios!, que tiene como argumento la historia de dos novios que planean casarse en Marbella, el lugar natal de ella. Pero la madre del novio, delicada de salud, muere repentinamente. Para evitar el retraso del enlace, lo que habría supuesto un año de luto, estos deciden ocultar la muerte hasta después de la boda, lo que desencadena una serie de situaciones absurdas.

Una vez más, el genial director nos deja ver a personajes esperpénticos que son un vivo retrato de él mismo y que nos muestran un retrato fidedigno de una sociedad que empieza a descubrir un tipo de sexo aún imposible que el tardofranquismo empezaba a propiciar.

Comienza con esta película una nueva etapa para el director, una época de transición y libertad política que terminó perjudicando en general al cine de autor que a través de su ingenio salvaban la censura franquista. Se acabaron pues las mil formas de eludir la censura para dar paso a una expresión totalmente directa y clara.

Tamaño natural Así, en 1977 llegaría a las pantallas Tamaño natural (13), una extraordinaria película que trata de un médico (interpretado por Michel Piccoli) enamorado de una muñeca hinchable que se trae de Japón. La película, que en un principio parece que se aparta de la filmografía del autor, es en realidad un canto a la soledad y a las obsesiones fetichistas (14) del director (15).

En 1978, con una recién nacida democracia, Berlanga se convierte en uno de esos directores que necesitan dejar de un lado la sutileza y los dobles sentidos y presenta La escopeta nacional, una crítica directa al régimen franquista sobre los temas que eran  inadmisibles hasta entonces: el ejército, la dictadura y la religión (16).

El argumento, de nuevo con guión de los inseparables Azcona y Berlanga, tiene lugar  en los años 70, cuando el industrial catalán Jaume Canivell (José Sazatornil) llega a Madrid para participar en una cacería en la que hay un gran número de personalidades, incluido un futuro ministro; durante toda la montería intentará que este financie su proyecto de porteros automáticos.

La escopeta nacionalCon esta película, Berlanga emprende una trilogía de películas en las que trata todos y cada uno de los tabúes sociales que no había podido tratar de forma explícita. Esta saga de películas corales cuenta con los mejores actores del panorama español.

En 1980 recibe el Premio Nacional de Cinematografía y la orden italiana de Commendatore. Una año después, en 1981, con Patrimonio Nacional, Berlanga continúa su incisiva trilogía con el tema de la alta sociedad española de fondo, partiendo del núcleo central, tanto de personajes como de actores de su anterior película.

El tema se centra en la recién instaurada monarquía, que hace regresar del exilio a una vetusta aristocracia entre la que se encuentra el Marqués de Leguineche (Luis Escobar) que se instala con su hijo (José Luis López Vázquez) en un lujoso palacio enfrente de la Cibeles; su plan, incapacitar a la marquesa para quedarse con el palacio y codearse con la realeza española.

Nacional IIIAl año siguiente presentará Nacional III, título con el que cierra la trilogía de la familia Leguineche. Esta vez la acción tiene lugar en 1981, después del fallido golpe de Estado de Tejero, en la que encontramos al anciano marqués amancebado con su criada Viti y viviendo en un piso al que se ha trasladado tras tener que vender el palacio que poseía;  el dinero llega de forma inesperada tras la muerte del suegro de su hijo Luis José, que deja una fortuna a su única hija, Chus. Surge un nuevo problema para los Leguineche, y es cómo evadir el dinero de España a Francia. La solución final será viajar disfrazados de peregrinos en el tren especial para enfermos que viajan a Lourdes en busca de un milagro.

El éxito que se esperaba no llegó, siendo la película de la trilogía con menos espectadores (17). Aún así, el sabor agridulce de la película se compensó ese mismo año cuando recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

En 1985, rueda una comedia al más puro estilo Berlanga-Azcona: La vaquilla (18). En esta ocasión el director se centra en la Guerra Civil, cuya única versión siempre había sido manipulada y proclamada como triunfalista para el régimen franquista. Berlanga nos narra una absurda relación entre las tropas de ambos bandos; después de varios años de contienda, la monotonía de los soldados se rompe con motivo de las fiestas de la Virgen de Agosto y la celebración una novillada.

La vaquilla La odisea de cinco militares de la zona republicana, comandados por el brigada Castro (Alfredo Landa) para intentar raptar a la vaquilla, desmoralizar al bando nacional y animar a las tropas que sufren escasez de alimentos, nos muestra a un Berlanga satírico con la realidad de la época.

En 1986 el recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y en 1987 Moros y cristianos será la última comedia creada por el tándem Berlanga-Azcona tras treinta años de colaboración. Se trata de una especie de recopilación de la pareja con una anárquica concepción de la puesta en escena y la dirección de actores.

El director se vuelve a rodear de los mejores y más reconocidos actores y actrices españoles para conseguir un gran éxito comercial; entre ellos Fernando Fernán-Gómez, Pedro Ruiz, Rosa María Sardá, José Luis López Vázquez y un delirante Andrés Pajares.

La película nos muestra a una familia que con el objeto de reconducir su fábrica de turrones valencianos de Xixona, se involucra en una insensata campaña de publicidad organizada por un consagrado asesor de imagen. Un fiel reflejo de la vida y obsesiones de Berlanga, en la que se hacen referencias a la zona de Levante, a Calabuch, uno de los turrones que se presentan en la película, y a una sociedad compuesta por una serie de personajes excesivos que se mueve solamente por principios capitalistas: sexo, dinero y política. Ese año la película recibió un Goya (19) la Mejor Interpretación Femenina de reparto y el director obtuvo el Premio Goya de Honor por su labor como cineasta.

Todos a la cárcelTras siete años de silencio, en 1993 estrena Todos a la cárcel, una farsa esperpéntica que emula la trama de La escopeta nacional dentro de un contexto democrático español, pero en vez de en una cacería, en una cárcel. Coguionizada junto a Jorge Berlanga, la película critica a la España del pelotazo de la época socialista mostrándonos las jornadas del Día del Preso de Conciencia, donde se reúnen varios ex presos políticos que comparten sus experiencias con los presos comunes. Artemio (interpretado por Sazatornil) es un pequeño empresario del sector sanitario intentará reclamar ochenta millones de las antiguas pesetas que le debe la administración.

De nuevo un vodevil delirante en el que se mueven a sus anchas un director de la prisión con su amante travesti, un cura flatulento comunista, una pareja de inseparables excombatientes (uno de derechas y otro de izquierdas) y un actor gay. La película obtuvo tres premios Goya: a la Mejor Dirección, a la Mejor Película y al Mejor Sonido.

Con la serie Villarriba y Villabajo, en 1994, el director realiza su primer trabajo para la televisión como creador de la serie y guionista, dirigiendo junto a Carlos Gil y Josetxo San Mateo, una historia que presentaba la rivalidad entre dos localidades vecinas. 

En 1997 volvería a trabajar para la televisión en Blasco Ibáñez, la novela de su vida, con guión propio junto a Jorge Berlanga y Gómez Rufo, materializando de esta forma un proyecto personal. Contó con un elenco de actores encabezado por Ramón Langa, que interpretaba al escritor Blasco Ibáñez; Ana Obregón, que daba vida a Elena Ortúzar Chita; Emma Penella, que interpretaba a Emilia Pardo Bazán, y Carlos Iglesias, que daba vida al pintor  Joaquín Sorolla.

París-TombuctúEn 1999 rueda París-Tombuctú, una obra en la que el director sigue fiel al esperpento, aunque esta vez algo exagerado y, como indica el título, la película es un viaje en el que quedarán reflejadas todas las inquietudes del director. El guión, escrito de nuevo por él  junto a Jorge  Berlanga, Antonio Gómez Rufo y Javier G. Amezúa narra la historia de Michel, un anciano cirujano plástico en crisis con problemas de impotencia que emprende un viaje desde París rumbo a Tombuctú. En el camino para en el pueblo de Calabuch, se topa con un grupo de pintorescos personajes que nos recuerdan a algunos de los ya vistos en Calabuch, Moros y Cristianos, Tamaño natural, La escopeta nacional o ¡Bienvenido Mr. Marshall! (20) entre otros; así, parece que el director hace un último testamento de todo lo que ha supuesto el cine en su vida acudiendo a referencias de la España actual y camuflando pequeños homenajes personales.

El último trabajo del joven octogenario fue el cortometraje El sueño de la maestra (21) en 2002. El cortometraje, encabezado por una falla homenaje al director que se plantó en Valencia e imágenes de Franco dirigiéndose al pueblo emulando a Pepe Isbert en su balcón del imaginado pueblo de Villar del Río, cuenta cómo una profesora (interpretada por Luisa Martín) explica a sus alumnos paso a paso y con todo tipo de detalles cómo son los sofisticados sistemas de nuestro mundo para matar legalmente, mientras se los aplica a los propios alumnos: la horca, el garrote vil, la lapidación, la silla eléctrica (en la que ejecuta a un jovencísimo Azcona), la guillotina y hasta la pira en la que la maestra se inmola mientras emerge en ella una lasciva ensoñación.

Parece que este es su penúltimo trabajo berlanguiano (22) y que el imperio austro-húngaro perderá al soberano que lo mantuvo durante décadas en el celuloide después de su ocaso. El césar que respiró los aires del neorrealismo italiano y el señor del cine coral y popular. No queda nada más que parodiar a Concha Velasco cuando dijo: "Sí tenemos un Dios cinematográfico, es Luis García Berlanga".

Escribe Jesús de la Peña

Sí tenemos un Dios cinematográfico, es Luis García Berlanga


(1) 50 Aniversario del ¡Bienvenido, Mr. Marshall!, Editorial Tf. Madrid, 2002

(2) MATELLANO GARCIA, V.: Bienvenido, Míster Marshall: de la anécdota al cine con un pequeño pueblo castellano. Colmenar Viejo: La Comarca, 1997

(3) HERNÁNDEZ LES, J.: El último austro-húngaro: conversaciones con Berlanga. Barcelona: Anagrama, 1981.

(4) Federación Internacional de Críticos Cinematográficos.

(5) Edgar G. Robinson sufrió la denominada Caza de brujas en la época McCarthy.

(6) La delegación americana protestó por los falsos billetes de dólar en los que aparecían las caras de los protagonistas y que se repartieron para promocionar la película.

(7) Organisation Catholique Internationale du Cinéma et de l'Audiovisuel.

(8) Los tres episodios restantes de Las cuatro verdades (Les quatre vérités) estaban dirigidos por René Clair (Los dos pichones), Hervé Blomberger (El cuervo y el zorro) y Alessandro Blasetti (La liebre y la tortuga), y el metraje original de la cinta se emitió en la TV francesa con el título Les fables de La Fontaine en 1964.

(9) La censura no tardó en aparecer ya que las autoridades españolas entendieron El verdugo como "la película más antipatriótica y antiespañola que se hubiera visto jamás", a pesar de su inocente aspecto de comedia e incluso quisieron impedir su proyección en el festival.

(10) Más tarde fue premiada en el Festival de Moscú, y obtuvo el gran premio de la Academia francesa del Humor Negro. El verdugo obtuvo en España el premio al mejor guión del Círculo de Escritores Cinematográficos, y Emma Penella el de mejor actriz del Sindicato Nacional del Espectáculo.

(11) El verdugo se presentó en Venecia en 1963, cuando Franco acababa de ordenar el fusilamiento del comunista Julián Grimau y la ejecución por garrote vil de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado.

(12) La película se título Las pirañas en Argentina.

(13) En Francia se tituló Grandeur nature.

(14) El autor explicó que la película nació de una apuesta que se hizo con Azcona sobre la posibilidad de vivir durante un tiempo con un maniquí.

(15) Elementos para una teoría del fetichismo. Cuadernos hispanoamericanos, nº 593, 1999.

(16) ÁLVAREZ, J.: La vida casi imaginaria de Berlanga. Barcelona: Prensa Ibérica, 1996.

(17) Según datos de la Filmoteca Española, La escopeta nacional fue vista por 2.061.027 espectadores; Patrimonio nacional por 1.121.459 y esta última, Nacional III por 392.889.

(18) Basada en el guión Tierra de nadie escrito por los años cincuenta.

(19) La película tuvo nominación al Mejor Guión y a la Mejor Interpretación Masculina de Reparto.

(20) La Academia de Cine homenajeó a su Presidente de Honor el 14 de noviembre de 2007 por su brillante trayectoria como director y por el 55 aniversario de esta película, colocando en el  balcón de la calle Zurbano figuras de los actores Pepe Isbert y Manuel Morán acompañados de la canción Americanos.

(21) Basada en una secuencia prevista en el guión de Bienvenido, Mr. Marshall. En ese momento pudo filmar los sueños pro o antiamericanos del alcalde, el cura y el hidalgo, pero el de la maestra nacional (interpretada por Elvira Quintillá) que soñaba ser perseguida por robustos jugadores de rugby fue censurado.

(22) El último está en la arqueta 1.034, una caja de seguridad en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, que se cerró el 27 de mayo de 2008 y su contenido se desvelará el 12 de junio de 2021, cuando se cumpla el centenario del nacimiento del cineasta.

Berlanga, un olvidadizo espíritu mediterráneo