Bernard Herrmann: Cumbres borrascosas (de Christian Aguilera)

  02 Mayo 2021

El sonido Hitch

bernard-herrmann-0«Herrmann y Hitchcock coincidieron en señalar que Roger Thornhill, bajo esa fachada de un hombre de mediana edad incapaz de amedrentarse, se esconde un individuo temeroso, frágil y atenazado por un peligro que ofrece distintas caras. Por consiguiente, una vez más, es la música la que nos informa en torno al estado de ánimo real del ejecutivo neoyorquino, activando para la ocasión un leit motiv que sugiere desde sus primeros compases una idea de desconcierto» (a propósito del uso de un fandango para la música de Con la muerte en los talones).

Para casi todos, Herrmann es el músico de Hitchcock y eso que sólo compuso la banda sonora de su cine durante diez años, aunque, eso sí, fueron los años de muchas de sus obras maestras.

Su primer título conjunto fue Pero… ¿quién mató a Harry? (1955), con una banda sonora basada en parte en música ya existente.

Fue con su siguiente colaboración cuando Herrmann pasó a primer plano: El hombre que sabía demasiado (1956).

Un film en el que incluso roba protagonismo al cameo habitual de Hitch. No porque este no apareciera al principio (una costumbre que quizá oculta algo más que una cuestión de ego), sino porque en la gran escena, el concierto final de la London Symphony Orchestra en el Royal Albert Hall… ¡la orquesta está dirigida por el propio Bernard Herrmann en pantalla!

Un ejemplo de su complicidad, del nivel de sinergia alcanzado entre ambos.

Luego vendrían la casi desconocida música de Falso culpable (1956), la obra maestra Vértigo (1958), el fandango irónico de Con la muerte en los talones (1959), las cuerdas inolvidables Psicosis (1960), la música electrónica de Los pájaros (1963), el retorno a la gran orquesta con Marnie, la ladrona (1964) y la música rechazada para Cortina rasgada (1966), título para el que Herrmann compuso la banda sonora, pero Hitchcock la sustituyó en beneficio de una más «comercial» de John Addison.

Hasta aquí la historia oficial. La que casi todos conocemos.

Pero Herrmann fue mucho más que el músico de Hitchcock.

Y de eso se ocupa Christian Aguilera en un volumen muy completo, con un planteamiento muy didáctico: tras una introducción biográfica, los capítulos están ordenados más o menos cronológicamente, aunque también respeta una agrupación temática.

La radio, Welles y la RKO, la Fox, Hitchcock, el mundo fantástico de Harryhausen, el exilio europeo, los nuevos cineastas norteamericanos, su legado musical, su música para televisión y sus otras obras son, en esencia, los temas tratados.

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En definitiva, todo Herrmann en un solo libro, al que además han contribuido dos nombres ilustres de la literatura española sobre bandas sonoras, con sendos prólogos: Joan Padrol y Roberto Cueto.

Se completa, faltaría más, con fichas, filmografías, ediciones discográficas y todo lo que el aficionado pueda esperar.

Pero, sobre todo, Aguilera sabe explicar el valor de la música de Herrmann en cada caso.

No es exhaustivo en sus análisis de las bandas sonoras, pero siempre aporta un dato, un detalle que sirve para descubrir por qué esa música tiene su importancia… y su lógica.

Porque al hablar de Bernard Herrmann uno sabe que su nivel de exigencia era tal que la música debía ser de determinada forma y aparecer en momentos concretos. No más. Ni menos. Un nivel de autoexigencia que hacía difícil trabajar con él.

Aguilera analiza títulos concretos en todos los capítulos, por lo que no hay duda que es un libro perfecto para repasar cada vez que nos enfrentemos a una película con música de Herrmann, sea del periodo que sea.

Su acercamiento a la obra no es nuevo. De hecho, sigue la línea marcada por su anterior libro sobre otro de los grandes monstruos de la banda sonora, Jerry Goldsmith: Música para un camaleón (editado en 2014), aunque en aquel la división en capítulos no era por épocas, sino por géneros cinematográficos.

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Más allá de dar a conocer a Herrmann para aquellos nuevos aficionados, el libro de Aguilera ofrece un breve, pero significativo, acercamiento a cada título y eso permite al aficionado recuperarlo para consultas ocasionales tras el visionado de films de la Fox, Harryhausen, De Palma, Scorsese y, naturalmente, Hitchcock.

Especialmente destacable, además de los largometrajes, es el exhaustivo análisis que Aguilera realiza de los trabajos para televisión, donde Herrmann colaboró con distintas series, aunque es especialmente recordado por The Twilight Zone y por sus 17 episodios para la serie The Alfred Hitchcock Hour.

Quizá la joya de la corona del libro, porque nos permite acercarnos al trabajo menos conocido de Herrmann, al que todos asociamos en sus inicios con el cine de Orson Welles, en su época fantástica con las aventuras diseñadas por Ray Harryhausen y, en definitiva, alcanzó la cima con las obras maestras de Hitchcock.

Un libro imprescindible para acercarse a la obra de uno de los músicos más importantes del siglo XX.

«Herrmann se empeñó en escribir el score de Torn Curtain al dictado de sus propios razonamientos. Cuando los posicionamientos creativos de uno y de otro se iban distanciando progresivamente, la opción que Hitchcock llegara a poner en entredicho la eficacia de una determinada composición no parecía del todo descabellada. Ironías del destino, el director que había contribuido sobremanera a realzar el talento de Bernard Herrmann sería el primero y el último en rechazar uno de sus scores» (página 134).

Escribe Mr. Kaplan

Bernard Herrmann: Cumbres borrascosas | Christian Aguilera | T&B editores | Madrid, 2017 | ISBN: 978-84-946662-6-1

  

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