Náufragos (Lifeboat, 1944)

  20 Mayo 2021

Gran película, olvidada sin causa

naufragos-0Vi esta película por vez primera siendo casi niño, en un cineclub de colegio y ya no se me olvidó. Luego la he visionado en otras ocasiones, pero la primera vez me impresionó.

Y sigue siendo así. Creo que es una obra de calado sobre el espíritu humano en una situación extrema.

Cine en situación de guerra

La época en que Hitchcock rodó Náufragos, nuestro director estaba en Norteamérica, muy preocupado y seriamente comprometido con la guerra que se desarrollaba en Europa y que enfrentaba de manera principal a su país Inglaterra contra Alemania; luego, como es sabido, se uniría a la contienda los EE.UU. Hitch siempre se mostró abiertamente a favor de la alianza entre británicos y americanos para combatir a Hitler. Además de eso, tenía la preocupación por su madre que estaba en Londres y se negaba abandonar Inglaterra, aunque logró sacarla de la capital.

En esos tiempos, Hollywood contribuyó con la guerra de muchas maneras, lo que incluía el alistamiento de sus miembros o con producciones para favorecer la moral de los combatientes o de la sociedad civil. También había propaganda del papel de los Estados Unidos y aliados en la Guerra: documentales y obras de ficción.

Directores como Frank Capra, John Ford o William Wyler filmaron episodios bélicos desde el mismo frente. Alfred Hitchcock, británico afincado en Norteamérica, deseaba hacer algo en el mismo sentido. Para ello dirigió cortometrajes como Bon voyage (1944) o Aventura malgache (1944). Pero su gran contribución fue la magistral Náufragos (1944).

Los inicios de la película

Hitchcock es siempre genial, hay «acrofobia», «guerra fría», «pájaros», «psicosis», «trastornados de culpabilidad», «cleptómanas», «ladrones de guante blanco», «sacerdotes inocentes», «amor» por supuesto, personajes que huyen «pisándoles los talones», «rubias de cine», «voyeur»” en silla de ruedas, «falsos culpables», y «MacGuffins» muchos. Cada cinta de Hitchcock parece la mejor, la obra cumbre, la definitiva, la no-va-más. Esta es eso y algo más.

Hitch leía a menudo noticias de personas que eran rescatadas en botes, bien porque un avión era derribado en el mar, bien porque un submarino alemán o similar había torpedeado el barco en que viajaban. Tantas eran estas noticias que él mismo pensó que esta temática era de gran interés para hacer una película, con personas aisladas en un bote salvavidas y en medio del océano.

Llevar al cine esta idea suponía un reto técnico a todo nivel, lo cual hacía el emprendimiento más atractivo para un genio como Hitch que no rehuía a las dificultades, sino que se crecía ante ellas. Hora y media con un grupo de personas en un espacio limitado en el mar.

Hitchcock propuso al escritor John Steinbeck (premio Nobel de Literatura en 1962) que escribiera el guion, y aunque Steinbeck era reacio a hacer de guionista, tras hablar con Hitch accedió, entre otros, por motivos patrióticos, pues él había querido ir a la guerra sin éxito, por lo que con en el libreto quería reflejar ese espíritu suyo colaborador con la causa de su país. Así fue como se escribió Náufragos, una novella corta de Steinbeck narrada en primera persona, lo cual distaba de la idea convencional de un guion de cine.

El guion adoptaba el punto de vista de Kovac, un hombre trabajador; el otro eje era la figura del personaje alemán, que en la novela era un sujeto distinto a la creación que de él hizo Hitch posteriormente. Para nuestro director, había una tercera protagonista principal, una periodista superficial y sofisticada (Tallulah Bankhead), el personaje más irónico, extravagante y desconcertante que se podría hallar en un bote en medio del mar y a la deriva.

La novela fue adaptada por el dramaturgo de Broadway y guionista Jo Swerling. De modo que estuvieron en la tarea Hitchcock, Steinbeck y Swerling. Produjo la película la Twenty Century Fox.

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Cómo fue la historia

La película comienza con el hundimiento de un gran barco, escena acompañada por la música de Hugo Friedhofer. A continuación, entre la humareda y la neblina, asistimos al espectáculo de la supervivencia. Son civiles británicos y estadounidenses, miembros del servicio y marineros mercantes, en pleno Atlántico Norte, después de que su barco y un submarino se hundan en medio de la guerra.

Willi, un superviviente alemán, se sube a bordo y niega ser el capitán del submarino. Estas personas suben a bordo de un bote, a la espera de algún incierto rescate. En tanto, los personajes van hablando sobre su mala suerte, pues un submarino alemán ha torpedeado y hundido el barco en que viajaban desde Estados Unidos al Reino Unido.

En el grupo hay de todo: una periodista atractiva y lenguaraz (Tallulah Bankhead); Kovac (John Hodiak), maquinista profesional hecho a sí mismo; el millonario Charles Rittenhouse (Henry Hull), dedicado a la construcción de material de guerra; Alice (Mary Anderson) dulce enfermera militar; el natural y llano Gus (William Bendix), profesional de los concursos de baile; Stanley Garett (Hume Cronyn), hombre bonachón; George (Canada Lee), camarero; Mrs. Higgins (Heather Angel), rescatada junto con su bebé cogido en brazos; y Willy (Walter Slezak), un marinero del submarino alemán hundido junto al barco.

La película es un drama que cautiva por su situación (supervivencia pura), con un conmovedor estudio de personajes, sus grandezas, temores y miserias. De cada cual vamos sabiendo y descubriendo: el origen social de Connie, la personalidad del germano Willy; la inestabilidad emocional de Alice; el fracaso de Gus; el pasado George como ladronzuelo; la pasión callada de Stanley; Mrs. Higgins y sus tragedias; Kovac, el rencoroso; la conciencia social de Rittenhouse. En fin, todas estas cualidades y contradicciones junto a la intriga hitchcockiana presentada en sus mínimos detalles, incluido qué hacer con el pasajero alemán.

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Hitchcock trata la película desde distintas ópticas: el experimento de introducir en una barcaza a diez personas muy distintas, analizar qué ocurre en sus relaciones, estudiar la diversidad de la conducta humana: ruindad, intereses, también honradez, heroísmo o integridad, y sus debilidades. «Un drama tenso y vivaz sobre supervivientes a la deriva de un barco torpedeado, absorbente en sus revelaciones sobre los personajes y sus espléndidos detalles visuales» (Bosley Crowther).

Hitch manifiesta así diferentes abordajes a la naturaleza del conflicto: el belicismo extremo (incluye el asesinato del alemán como enemigo); la venganza por el hundimiento del barco; la moderación en los ideales de justicia y democracia (los valores de los aliados); o la ingenuidad, que considera al pobre Willy una víctima de las circunstancias. Estas posiciones van alternándose de personaje en personaje según las circunstancias puntuales que van aconteciendo.

Una evolución con matices, en los personajes de países aliados, que se torna ambigua, con intriga y luego pesimista en lo que al personaje de Willy se refiere y que finalmente deviene discurso final, con Connie como protagonista antes de la aparición de los créditos finales.

Pero, para Hitchcock, la película fue ante todo un desafío técnico que superó con total éxito. Además, hay en el film suficientes crisis y tensiones durante los noventa y seis minutos de metraje como para mantener al espectador plenamente atento.

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Aspectos técnicos

A Hitch le gustaba trabajar en estudio, no en el entorno natural, unido a lo difícil por no decir imposible que habría sido rodar en mar abierta esta película.

Para el rodaje se construyó un bote de doce metros. La imposibilidad material de efectuar el rodaje en entorno natural obligó al estudio a construir un gigantesco depósito del que salía agua a chorros, también máquinas de viento, todo ello para dar impresión de estar en alta mar.

Ahí se situaban el bote y sus integrantes, que eran sometidos con gran disgusto, esfuerzo y tolerancia a todas las inclemencias recreadas en el estudio: la agitación de las olas, las tempestades, continuamente mojados, así como a la emulación que los distintos comportamientos del mar debían generar en los movimientos del bote. Dividieron el bote en distintas secciones y podía ser partido en dos para que entrara la cámara. Utilizaron un segundo bote para cuando había perspectiva del horizonte; entonces colocaban en este segundo bote un fondo para la panorámica ficticia.

Era difícil mantener 96 minutos en un espacio reducido, y conseguir que los planos fueran diferentes. Para ello Hitch dibujó un guion gráfico detallado con todas las escenas para que hubiera suficiente movimiento entre planos y bastante variedad. Usó ese guion como guía y lo ideó todo de antemano, dibujando todas las escenas de la película a la perfección. Estos bocetos se los iba dando al cámara para que supiera qué era lo que quería, en ese afán perfeccionista que lo caracterizaba. Hitch quiso crear un orden en algo tan caótico, pues para él el cine era una manera de crear un orden.

Algunas de las secuencias resultan muy realistas (no así el uso de transparencias), y permiten creer verosímilmente que se han filmado en mitad del mar. Hitchcock hizo tomas de gran mérito, tanto técnico como narrativo. Como lugar cerrado y único en el que transcurre la acción, Hitchcock compartimenta visualmente el escenario de manera excepcional, fragmentándolo, creando la ilusión en el espectador de continuos cambios de localización, que no son tales, contribuyendo así al dinamismo en la acción y a un ritmo en continua progresión, a pesar de tratarse de una historia mayormente estática. En este aspecto, el bombardeo final resulta extraordinario.

En cuanto a lo puramente narrativo, algunos instantes poseen enorme valor dramático, mientras que otros, por su tremenda brutalidad, especialmente el acto final que protagoniza el náufrago alemán, poseen una ambivalente carga argumental, puesto que vuelve a establecer una teórica igualdad entre los seres humanos, también en sus aspectos más crueles y detestables (a pesar de la grandilocuencia de ciertos discursos y actitudes impostadas), y también de los elevados motivos que pueden mover a los ciudadanos a una guerra por la pervivencia de unos valores superiores compartidos por una mayoría.

Por supuesto, surgieron muchas dificultades en el rodaje pues eran diez personas apretujadas en un bote que además estaban sometidas a constantes chorros de agua y en ocasiones a condiciones de sol ardiente; ello dio lugar a pulmonías, traumatismos óseos entre los miembros del reparto… y Tallulah, que era una persona difícil y prepotente, dentro y fuera del set de rodaje. La ventaja era que entre ella y Hitch había una estrecha y franca amistad.

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Reparto y otros

El reparto fue cuidadosamente elegido entre la productora y el propio Hitch. La bella Tallulah Bankhead, una actriz fundamentalmente de teatro, hace un trabajo actoral de lujo. Cuando aparece ella cual diva del mar resplandeciente, John Hodiak entra al bote y le dice: «Cualquiera diría que ese barco acaba de hundirse». Ella responde: «Pues yo me siento como una tabla a la deriva» (¡se le había corrido la media!).

Ello junto a un reparto de los buenos: amén de Tallulah Bankhead (la periodista), John Hodiak (excelente), William Bendix (profesional), Hume Cronyn (que además de actor era escritor: muy bien), Mary Anderson (enfermera, actriz de la Fox), Walter Slezak (Willi, el alemán regordete que empatiza: muy bien), Henry Hull (el capitalista; Tallulah se metía con él por viejo); Canada Lee (personaje negro cuyo humor y risa despierta compasión y que además ameniza) y Heather Angel. Es un grupo conjuntado y muy eficiente.

Al comienzo, la trama parece pivotar sobre el soldado alemán, pero el papel y el trabajo de la Bankhead hace que desviemos pronto la atención hacia ella. El ritmo vertiginoso y perfectamente llevado provoca que el espectador no pierda ripio, gracias a las innegables dotes de Hitchcock para trasladar incertidumbre en la trama y en lo que ocurre entre los personajes. Un planteamiento muy original en el cual Hitch crea tensión y suspense en lugares fijos, a raudales. No hay música, sólo el camarero toca la flauta en breves escenas.

Película intensa, penetrante, trágica, emocionante y, en alguno de sus pasajes, frívola. Inmensa la fotografía en blanco y negro de Glen MacWilliams, que capta los rostros e incluso el mar embravecido azotando a la barca y a sus protagonistas. Un viaje hacia una supuesta salvación. Pero hasta llegar a ese incierto final, habrá palabras densas y sugerentes, ejecuciones, rescates, amputaciones, sed, tempestades, póker, perfidia y más.

Hay pocas películas en la cinematografía universal a las que se les haya sacado tanto partido como a este Náufragos de Hitchcock. Como se dice en el film: «Encanto, morir juntos es más íntimo que vivir juntos». Una de esas joyas semiescondidas de Hitch con cualidades deliciosas y de enorme nivel que deviene singular satisfacción y deleite.

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Elementos audiovisuales relevantes

A Hitchcock, el contenido de sus películas le importaba relativamente; incluso la novela en sí era igualmente accesoria, pues, según nuestro genio, un buen o mal texto era válido, sabiendo llevar las riendas de un film estéticamente, con ritmo, con pericia. A él le tiraba el «cine puro», como podría ser una elaborada secuencia de montaje o un movimiento de cámara complejo.

Las cuestiones técnicas eran sustanciales para Hitch y esta película es ejemplo de ello por variadas razones. Hitch siempre fue fiel a la reconstrucción de los espacios y a la fiabilidad de la imagen: entendía que la película no era el guion y que «no existía fidelidad a este sino esclavitud».

Hitchcock buscaba la unidad en la continuidad de las tomas, bien como coreografías formales o, como ocurre en Náufragos, en la que prontamente se advierte que es una obra centrípeta en cuanto a focalizaciones y dimensión espacial. Además, lo que se va rodando va cada vez siendo más cargado por un exceso de realidad y dramatismo, con tomas largas y lentas en el espacio y el tiempo.

Asunto distinto es que este tipo de tomas tuviera éxito o gustaran, lo cual es dudoso. Pero Hitch estuvo siempre marcado y seguro de su virtuosismo técnico, de imagen y montaje, por su experiencia en la productora alemana UFA y por haber conocido y trabajado con el gran F. W. Murnau, maestro del expresionismo alemán.

El rodaje de Náufragos se realizó en tiempo de guerra, y recuerdo aquí la cinta Memory of the Camps, un durísimo documental oficial británico sobre los campos de concentración nazis —basado en imágenes filmadas por las fuerzas aliadas— en el que se recogieron imágenes y escenas impactantes y terroríficas (lo cual suscribo por haberlo visionado). Como director de montaje y asesor de imágenes, Hitchcock escogió para este documento planos largos en el espacio y en tiempo, y planos secuencia. La cinta permaneció oculta por su crudeza y para no enturbiar una postguerra llevadera con la Alemania vencida, hasta 1985, en que se dio a conocer mundialmente. Lo que quiero decir es que la guerra y cuanto en ella acontecieron, afectó por diversas razones a Hitch, e influyó en la realización del metraje Náufragos.

Como forma de complementar lo dicho, es digno de reseñar que Hitchcock continúa experimentando en este film el terreno de la ambigüedad. Los personajes, atrapados en una barca, sacan a la luz comportamientos ancestrales, motivados por el único afán de la supervivencia. Busca Hitch evitar el montaje (como en los documentales de guerra) a pesar de la complejidad de las tomas y los encuadres. E igual incide en la ausencia de juicio. No puede juzgar a los personajes, pues quizá nosotros mismos, o sea, los espectadores, haríamos lo mismo en caso de encontrarnos en una situación equivalente.

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Montaje, unidad espacial y sentido narrativo

Toda una aventura, en fin, orquestada por Hitch para limitar como nunca el encuadre en el restringido espacio de un bote salvavidas. Apuesta además por la planificación de cámara más compleja y los planos largos como apuesta por la unidad a través de la cámara.

«En Náufragos, el planteamiento técnico es el de limitar el campo de la cámara a un espacio tan pequeño que equivale al que podría ocupar un bote salvavidas. Aunque evidentemente el bote y sus ocupantes están al aire libre, el ambiente creado es asfixiante, pues se genera entre los personajes un clima de tensión psicológica que es acentuada por el obligado aislamiento del grupo» (Martínez, Hitchcock, imágenes entre líneas, PUV, Valencia, 2011).

El montaje, por compromiso con la enunciación, es de difícil separación de la trama. Por este motivo, algunas de las relaciones espaciales o temporales entre planos y entre otras unidades de sentido, se presentan aquí unidas al sentido por la experiencia particular de secuencias y argumento.

Hitchcock experimentó con un elemento: la unidad espacial. Si bien la unidad no es dirigida por la cámara, quizá pueda serlo por el espacio. Según Ana Mª del Valle, en su tesis doctoral La posición de cámara y el montaje en el cine de Alfred Hitchcock como un acto moral: «Así había rodado Náufragos en 1944, solo cuatro años antes de La soga (1948), lo que hace plausible su búsqueda de la verdad en el cine a través de la técnica, como confesó pretender a su amigo Truffaut».

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Náufragos fue rodada en un único set que representaba la barca en la que había naufragado un grupo de supervivientes cuyos lazos interpersonales, motivaciones secretas y personalidades heterogéneas, son, en sí mismas, el corazón de la obra. Se da en esta cinta una extrema dificultad de rodaje: «el espacio tan reducido para la posición de cámara, el uso intercalado de primeros planos sin discontinuidad narrativa, el cuidado de los ejes visuales con respecto de la posición de la cámara y de la reconstrucción del espacio por parte del espectador, son casi agónicos» (Ana Mª del Valle).

Según Del Valle, de esta manera se entiende perfectamente que el posterior rodaje de La soga no le resultase tan costoso a Hitchcock, pues ya había ensayado en esta cinta con un escenario mucho más complejo; o sea, antes del ecuador de su carrera había hecho ejercicios de auténtico virtuosismo formal, no excesivo, no recreativo y vacuo, sino vigoroso y necesario en cuanto significante (Valle).

Náufragos es la prueba de la singularidad del encuadre para Hitchcock, incluso aunque la apuesta por la unidad resida en el espacio fílmico, porque la claustrofobia buscada por Hitchcock en contraposición a la inmensidad del océano en el que, paradójicamente, la barca navega a la deriva, es lograda por la limitación del fuera de campo que no existe, no hay extracampo.

Para Hitchcock, los límites del encuadre son los límites del mundo. Ese es el marco de su cosmovisión, con todas las implicaciones creativas que tiene enmarcar algo, pero también con todas las restricciones que se derivan de la amputación de un plano en el espacio. «En Náufragos el planteamiento técnico es el de limitar el campo de la cámara a un espacio tan pequeño que equivale al que podría ocupar un bote salvavidas. Aunque evidentemente el bote y sus ocupantes están al aire libre, el ambiente creado es asfixiante, pues se genera entre los personajes un clima de tensión psicológica que es acentuada por el obligado aislamiento del grupo» (Martínez, 2011).

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Final

Náufragos es una obra maestra tanto en su variante técnica —la explotación de un escenario reducido al mínimo—, como en su plano argumental, aplicable a cualquier otro conflicto o situación límite en el que se muestra con total y elocuente sinceridad la auténtica naturaleza de los seres humanos, para bien y para mal.

Pensemos que Hitchcock, tras el visionado de las atrocidades cometidas durante la guerra, perdió en gran medida la fe en el hombre y en sus cualidades más humanas o benévolas.

Este film ha sido catalogado, por parte de la crítica y cinéfilos, como una de las películas más subestimadas de Hitchcock. No hay que olvidar que en su momento fue vapuleada por la crítica de su país, pues decían que daba una imagen positiva de los alemanes durante la guerra. Esa rémora continúa a día de hoy. Creo que aquellos señores y señoras no entendieron ni la película ni la sabiduría de Hitch. Actuaron con un exceso de ignorancia y sectarismo.

Espero haber podido aportar algo en favor de divulgar esta impresionante obra entre quienes no la conocen. Convendría que la repusieran y aconsejo a los amantes del cine que la vean si no lo han hecho. Maravilla.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

Vídeo: Cómo se hizo Náufragos

  

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