La psicoterapia psicoanalítica en Hitchcock

  13 Marzo 2021

El caso de Recuerda (Spellbound, 1945)

spellbound-0Me dispongo a escribir unas páginas sobre la psicoterapia psicoanalítica en la filmografía de Alfred Hitchcock, tarea gratificante a la vez que todo lo ardua que se quiera y procuraré que sea lo más asequible posible. Ceñiré el tema a la película Recuerda (1945)

El psicoanálisis constituye una herramienta de análisis (se podría decir que es una hermenéutica de la vida), desde donde se puede analizar y profundizar, no sólo en el psiquismo humano y sus patologías, sino también en tantas cuantas producciones humanas se puedan imaginar, como la obra de arte, la historia, la ciencia, la sociedad y cómo no, el propio cine.

Es también una forma de entender nuestro crecimiento personal desde que nacemos hasta el final de la vida.

Y es igualmente una herramienta que se utiliza para atender a personas que padecen algún tipo de trastorno mental.

Y me perdonarán los que lean estas líneas pues conociendo el tema sé y afirmo que hacen falta años —entre 8 y 10 de estudio y formación— para conocer de manera medianamente adecuada esta perspectiva, tanto en el plano teórico como en su nivel de aplicación, o sea, en lo que tiene y alcanza como praxis psicoterápica.

Los que hemos hecho este recorrido, incluso podemos afirmar que el psicoanálisis es una experiencia de vida, una experiencia que capacita y a la vez sana a quien pasa por ella. Sanar no como concepto milagroso, sino colocando al especialista en ese punto en que puede ver las cosas con un mejor enfoque de realidad que antes de iniciarse en esta ciencia. El psicoanalista como embajador de la realidad, como a veces se ha dicho por autores psicoanalíticos como Racamier.

Conocer el psicoanálisis obliga a: a) leer a Freud y a los autores notables, tanto coetáneos de Freud, como autores posteriores hasta nuestros días; b) emprender un psicoanálisis didáctico personal en torno a 6-8 años, dos sesiones semanales con un psicoanalista didacta acreditado; c) iniciar la labor psicoterápica llevando los primeros casos de pacientes en régimen de supervisión, acompañado y asesorado de un analista experimentado.

Por lo tanto, adelanto que Hitchcock fue un genio de la cinematografía, pero no un experto en la ciencia del psicoanálisis. Hablé de esto en mi crítica de Recuerda en relación al papel jugado por el productor David O. Selznick, quien a la sazón pasaba por un momento emocionalmente delicado, lo cual que estaba siendo tratado por una psicoanalista. Pues bien, dado que el film iba de esto, Selznick solicitó de su terapeuta que asesorara sobre el tema durante el rodaje, lo cual llegó a enojar bastante a Hitchcock.

Psicoanálisis en Recuerda

Al hilo de esto, en Recuerda, la que debía ser su obra más onírica y psicológica, el maestro dio vía libre a los diálogos más razonables que imaginar se pueda, poniendo en primer plano la trama del falso culpable. Sin embargo, en este film, que sería paradigmático de lo que aquí nos trae, Psicoanálisis-Hitchcock, la mente del protagonista, su cura no eran el centro esencial, sino el McGuffin, y el psicoanálisis un método detectivesco dentro de la trama.

Algo por cierto más que legítimo, pues incluso hay una obra muy interesante de un psiquiatra y psicoanalista británico de nombre Michael Shepherd de título Sherlock Holmes Holmes y el caso de Mr. Freud, que equipara el método psicoanalítico con las maneras que empleaba el famoso detective de ficción creado por Sir Arthur Conan Doyle. Pues si se mira bien, la técnica psicoanalítica sigue el rastro de pistas, vestigios, indicios o señales que el paciente va mostrando a modo de pruebas que precisan ser contrastadas, para acceder al misterio que yace y se oculta en el mundo inconsciente del analizado.

A propósito, en este film se habla de un extraño concepto, extraño pero sugerente, «complejo de culpabilidad», y en los créditos aparece la siguiente frase de Shakespeare: «La culpa no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos». No lo hay más claro. Nuestra verdad anida en lo más profundo de nuestro ser.

E igualmente, en esos inicios del film y de nuevo en los créditos se lee:

«Nuestra historia se basa en el psicoanálisis, el método mediante el cual la ciencia moderna trata los problemas emocionales del hombre.

El psicoanalista sólo pretende inducir al paciente a hablar de sus problemas ocultos, con el propósito de abrir las puertas cerradas de su mente… tan pronto como los complejos que han estado inquietando al paciente se sacan a la luz e interpretan, la enfermedad y la confusión desaparecen y los demonios de la locura son expulsados del alma humana».

De hecho, en el año de la realización y estreno de esta película, Freud y su teoría sobre el aparato psíquico como herramienta terapéutica empezaban a tener una importante influencia en el pensamiento psiquiátrico y psicoterápico estadounidense. De modo que, pertrechado con un excelente guion de Ben Hecht y algunos consultores (no muchos), Hitchcock decidió emprender una película con el reclamo del psicoanálisis.

Y la palabra está bien elegida, el psicoanálisis era un reclamo y un pretexto, lo que no quita que Hitchcock sirviera a la divulgación de la teoría y práctica del mismo como recurso terapéutico en el campo de la salud mental.

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La teoría psicoanalítica en brevedad

En sus inicios, Freud encontró cierto acomodo en una concepción mecánico-energética del funcionamiento psíquico y de su patología, pero este enfoque fue rápidamente abandonado para dar paso a explicaciones más genuinamente psicológicas.

Para Freud, la evolución de la energía sexual o amorosa (libido) se despliega a través de una dinámica en la que las pulsiones entran en conflicto con la realidad exterior. Es por lo tanto un modelo interaccionista entre individuo y realidad. En su explicación y concepción, Freud adopta tres puntos de vista complementarios para describir cualquier proceso psíquico: el dinámico, el tópico y el económico.

El punto de vista dinámico se refiere al carácter conflictual del psiquismo que es, en último extremo, el resultado de una oposición (interacción) de fuerzas, de tendencias, de deseos concurrentes; se trata, por una parte, del conflicto entre el individuo y el mundo exterior, y por otra, del conflicto intrapsíquico resultante de deseos internos opuestos: «Las antítesis se hallan siempre estrechamente enlazadas entre sí y con frecuencia apareadas de tal modo, que una de las ideas es intensamente consciente, y la otra en cambio, inconsciente y reprimida» (Freud, 1905/1973, 962).

El punto de vista tópico (que viene de topografía o mapa) describe instancias o estructuras del aparato psíquico caracterizadas por un funcionamiento propio. La determinación de la conducta humana por elementos inconscientes fue (y sigue siendo) premisa fundamental del psicoanálisis; así, la primera tópica freudiana es la que contrapone el sistema Inconsciente, del sistema Preconsciente y del sistema Consciente. Estos sistemas están separados por censuras.

A partir de 1920, Freud elaboró la que constituiría su segunda tópica: a saber, la distinción de tres sistemas de personalidad: el Ello, el Yo y el Superyó. Esta segunda tópica es, desde un punto de vista evolutivo, un intento de explicación psicogenético de cómo el original «Proceso Primario», como fórmula de funcionamiento mental (alógico, atemporal, amoral y no sometido al principio causa-efecto), regido por el principio del placer y centrado en la esfera biológica, evoluciona adaptativamente hacia una mayor capacitación para valorar la realidad (Yo-principio de realidad-Proceso Secundario) y hacia una asunción de los principios éticos, normativos, ideales e ideológicos transmitidos social y culturalmente (Superyó): «diremos que los caracteres que esperamos encontrar en los procesos pertenecientes al sistema inconsciente son la falta de contradicción, el proceso primario (movilidad de las cargas), la independencia del tiempo y la sustitución de la realidad exterior por la psíquica» (Freud, 1915/1973, 2073).

Por último, el punto de vista económico toma en consideración el devenir de la energía psíquica derivada de las tendencias profundas del sujeto (de sus pulsiones), energía invertida y repartida en los distintos sectores de la actividad mental, y empleada en la realización de los fines pulsionales (la satisfacción de las necesidades eróticas y agresivas, la descarga de tensión en definitiva): «aparte del instinto que tiende a conservar la sustancia viva y a condensarla en unidades, cada vez mayores, debe existir otro, antagónico de aquél, que tienda a disolver estas unidades y a retenerlas al estado más primitivo, inorgánico. De modo que, además del Eros, debe haber un instinto de muerte; los fenómenos vitales podrían ser explicados por la interacción y el antagonismo de ambos» (Freud, 1930/1973, 3050).

La contienda entre Eros y Thanatos es lo que Freud considera el contenido esencial de la lucha de la especie humana. A tal punto que, para Freud, la evolución de la cultura no es sino esta batalla (a partir de cierto hecho cardinal aún desconocido) de la especie humana por la vida: «¡Y es este combate de los Titanes el que nuestras nodrizas pretenden aplacar en su arrorró del Cielo!» (Freud, O.C., 3053).

Por otra parte, el punto de vista económico se refiere igualmente a la inversión de la energía en operaciones defensivas que se oponen a una satisfacción pulsional demasiado directa que pudiera ser fuente de angustia (mecanismos de defensa). La valoración de la respectiva cantidad de placer auténtico y de angustia o displacer, de la mutua importancia de la búsqueda de satisfacción y de la lucha contra la emergencia de angustia, tanto en una actividad determinada (las relaciones interpersonales, la actividad profesional, etc.) como en general, es una parcela importante en la investigación psicoanalítica.

Esta es, en definitiva, la metapsicología freudiana, o sea una «exposición en la que describir un proceso psíquico conforme a sus aspectos dinámicos, tópicos y económicos» (Freud, 1915/1973, 2070).

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El paciente de Recuerda y la «libre asociación»

En la obra Recuerda, se nos presenta a un Gregory Peck torturado interiormente y amnésico, al que un doctor intenta convencer con estas palabras para que participe en una sesión de hipnosis: «El secreto de quién es y qué le ha hecho huir de sí mismo, todos estos secretos están encerrados en su cerebro, pero usted no quiere afrontarlos. Muchas veces el ser humano no quiere conocer la verdad sobre sí mismo porque sabe que le va a hacer daño, pero se hace más daño intentando olvidar». Y las producciones del paciente hitchcockiano que era Peck constituían un auténtico puzle que había que reconstruir.

Me permito recordar que el psicoanálisis es una disciplina fundada a principios del siglo XX por Sigmund Freud que tiene básicamente como objeto de estudio lo inconsciente en la totalidad de sus manifestaciones. Como método terapéutico, el psicoanalista trata de hacer aflorar a la conciencia del paciente el material mental reprimido, por lo que al psicoanalista se le otorga la capacidad y la obligación de reproducir vivencias y conflictos primitivos, conflictos por tanto del pasado del paciente, con la finalidad de desvelar, apuntar y señalar los deseos reprimidos que manifiesta mediante signos ligados a procesos de satisfacción propios de sus vivencias primeras.

Para ello, el psicoanalista debe crear un clima favorable para que el paciente pueda hablar libremente de cuanto se le ocurre, de sus fantasías, recuerdos, sueños o ideas. Hay que recordar que al principio Freud intentaba sugestionar e incluso ordenar directivamente a sus pacientes, histéricas sobre todo, con imposición de las manos, para que narraran los acontecimientos traumáticos antiguos (lo explica perfectamente en su conocida obra de 1895 Estudios sobre la histeria).

Posteriormente, hizo un período de formación en París con Jean-Martin Charcot, un afamado neurólogo francés, profesor de anatomía patológica y titular de cátedra de enfermedades del sistema nervioso. Pues bien, influenciado e instruido por las enseñanzas de Charcot, hipnotizaba a las pacientes histéricas con síntomas de conversión, por lo que las enfermas, al recordar en trance experiencias duras, los síntomas en apariencia desaparecían.

A partir de esas experiencias, Freud intentó aplicar la hipnosis con sus pacientes, para favorecer el recuerdo. Pero finalmente desistió, pues se dio cuenta de que no tenía buenas dotes como hipnotizador, pero, además, los resultados de la hipnosis no son duraderos y las pacientes recaían de nuevo. En este punto descubrió Freud que la mejor forma de hacer abordar los contenidos inconscientes era lo que denominó «libre asociación», y ese es el método psicoanalítico propiamente dicho que se mantiene hasta hoy: que el paciente hable, asocie y cuente libremente lo que le venga a la mente.

Hechas estas digresiones, el método de la libre asociación es prácticamente inexistente en las escenas de Recuerda ni en ninguna de las cintas de Hitchcock. Se da la circunstancia de que en Recuerda, tanto la Dra. Petersen (Ingrid Bergman) como su maestro en el film, el eminente Dr. Brulov (Michael Chekhov), cuando tratan al supuesto Dr. Edwards (Gregory Peck), más bien que lo van dirigiendo (no hay libre asociación prácticamente) hacia los objetivos que se han propuesto. Técnicamente, pues, esto no es terapia analítica.

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Principio de abstinencia y vínculo con el paciente

Además, el psicoanálisis se rige por la abstinencia, o sea, participar poco en la terapia para que sea el paciente quien descubra y se oriente en el camino hacia su «verdadera realidad psíquica». En el film Recuerda el asunto es muy diferente. Los terapeutas —tanto la Dra. Petersen como el Dr. Brulov— son muy heterodoxos, directivos e incluso impacientes con el pobre Dr. Edwards.

Además, es sabido que entre el terapeuta y el paciente no debe haber relación de amistad, familiaridad ni afectiva alguna, para evitar contaminaciones. En primer lugar, porque una pieza importante de la terapia es analizar las relaciones que se dan entre paciente-terapeuta y las que acontecen al revés: terapeuta-paciente. Pues el análisis de estas maneras de relación llamadas técnicamente «transferencia» y «contratransferencia» son vitales para la cura, pues en ellas se reeditan comportamientos y afectos infantiles que es preciso desvelar. Ni que decir tiene que en el film ambos personajes, la terapeuta y el paciente, están enamorados, lo cual es inaudito en un tratamiento de estas características.

El fenómeno del insigth

Otro elemento que interesa aclarar es que durante la terapia y en base lo que en ella se habla y también a ciertas señalizaciones e interpretaciones que el psicoanalista aporta al paciente, en este se produce lo que se denomina insight, o sea, una especie de iluminación súbita o discernimiento o intuición que ayudan al paciente a reconstruir en una totalidad esclarecedora los sentimientos o vivencias que hasta ese momento no tenían sentido o no comprendía.

Se habla de insigth-reconstrucción, no es por tanto el ¡eureka! de quien se ha percatado de algo, sino que ese algo tiene relación con otros aspectos del psiquismo que hasta entonces permanecían deslavazados.

Pues bien, en algunos momentos el paciente de Hitch sí tiene insigth, si bien parece un esclarecimiento muy puntual (las líneas en la nieve), pero no un esclarecimiento de conjunto.

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Interpretaciones salvajes o silvestres

En el tratamiento analítico hay que evitar hacer interpretaciones chocantes o duras de asimilar para el paciente, como hacen algunos noveles en la materia. No es recomendable, por ejemplo, decirle a un paciente que tuvo deseos eróticos hacia su madre en su etapa infantil; primero, porque la interpretación sería rechazada por repudiable; y segundo, ese tipo de intervenciones no conduce a nada si no están inscritas en un momento importante o esclarecedor de la sesión.

Además, si las interpretaciones se dan fuera del contexto de una sesión de terapia, como ocurre en la película Recuerda, entonces lo que podría ser esclarecimiento o ayuda es entendido como una impertinencia del terapeuta, lo cual hay que evitar. Esta circunstancia se da ve en Recuerda cuando la Dra. Petersen y el Dr. Edwards, ya juntos y enamorados, van huyendo en el tren y ella le insiste en aspectos de su curación, cuando él querría una aportación no profesional sino afectuosa.

Ahí, cuando ella le insiste que recuerde asuntos varios y complejos de su vida, asoman en el paciente sus «resistencias» a la cura, a la vez que su exasperación, pues ella actúa más como psiquiatra que como su novia. Cuando Constance le insiste en el tema del complejo de culpabilidad, él le replica en tono airado: «¡Déjame en paz, hablas y hablas como si fueras el rey Salomón, palabras y más palabras que no significan nada! ¡Si hay algo que odio en este mundo es una mujer sabionda!».

O sea, las palabras terapéuticas son sólo aceptables cuando vienen de un terapeuta, pero si provienen de otro tipo de relación, pueden suscitar rechazo y animadversión, sobre todo si aluden a interpretaciones o indagaciones desagradables soltadas a bocajarro; eso son las interpretaciones salvajes o silvestres, según Freud, que en Hitchcock asoman con frecuencia.

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Psicoanálisis y trastornos psíquicos (o no)

Hitchcock trata extensamente en Recuerda, como en ninguna de sus películas, el tema del psicoanálisis, de sus efectos curativos y la necesidad que plantea de explorar traumas psicológicos infantiles reprimidos en su carga ideacional y afectiva, acontecimientos que están relegados a lo más profundo de nuestro inconsciente.

Es mi opinión, entonces el psicoanálisis era una teoría aún emergente y relativamente nueva. El tratamiento de la teoría freudiana en la película es bastante ingenuo, lo que incluye la teoría del «trauma único», la amnesia como manera de defensa, los episodios de interpretación de los sueños que resultan muy naif, las intervenciones psicológicas de la doctora Petersen, que son muy directivas e inocentes, e igual las del ilustre psicoanalista el Dr. Brulov. Todo en su conjunto dibuja una visión cándida y poco madura sobre las verdades compactas del tratamiento psicoanalítico, que sin duda tiene sus beneficiosos efectos, pero no a la manera en que lo plantea el film.

La terapia analítica hace uso de otros recursos que este film ignora o no trata, cuestiones como la importancia de analizar la transferencia o relación paciente-terapeuta, la viceversa o la indagación del propio analista sobre sus sentimientos ante el paciente (contratransferencia), el uso de la mentalización en el proceso analítico (Fornagy), o sea, la forma de actividad mental imaginativa, que nos permite percibir e interpretar, tanto nuestro propio comportamiento como el comportamiento de otros, en términos de estados mentales intenciones, deseos, creencias, necesidades, sentimientos; también la capacidad empática del terapeuta de la que habló Heinz Kihut…

Freud queda esquemático y mal entendido en Hitch y para redondear la faena, Dalí queda empequeñecido en su contribución al film, al ser mutilada la parte del sueño en el que él mostraba sus construcciones de ruedas torcidas y otros símbolos geniales de los que lamentablemente puede que ya nunca sepamos nada y que significaban un ejemplo de cómo explicar en imágenes el denominado funcionamiento psíquico del Proceso Primario, la simbolización, la condensación o la dramatización con que se construyen nuestros sueños. Experiencias alucinatorias que nos preservan a todo nivel (el descanso, la liberación de conflictos, la realización de deseos inconscientes, etc.), cada día y a todos nosotros. Si no soñáramos, moriríamos psíquica y físicamente.

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Algunos aspectos de la teoría

A ciertos comentarios de una especialista en desacuerdo con aspectos argumentales del film y cuestiones técnicas psicoanalíticas, Hitchcock, con sarcasmo y mala onda, le soltó a la terapeuta que aquello «era sólo una película». Defendía Hitch que la en las películas la lógica y la técnica psicoterápica y los elementos psicológicos en general se podían ir a tomar viento.

Además, justo y curiosamente, cuando debido al tema, a la trama y a un guion al milímetro, resulta que este es uno de sus trabajos más lógicos y donde el juego de la mentira o la ficción cinematográfica se encuentra más limitado, aunque que eso perjudique en modo alguno al film.

La precisión y la ortodoxia de la terapia psicoanalítica no le interesaban mucho a Hitch, algo de otra parte más que razonable. Él hacía cine, no regentaba una clínica de salud mental.

En Recuerda se aborda el capítulo del tratamiento psicoanalítico, sin embargo, la teoría freudiana es tratada de manera trivial o por decirlo más exactamente, con poca profundidad. Para Hitch, no era el psicoanálisis el objetivo del film, sino un aspecto del libreto donde lo principal es la intriga criminal, que se presta al juego del entretenimiento en su más puro estado, en el cual no falta emoción, suspense e historia de amor por supuesto.

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Los sueños

Para el psicoanálisis, como el mismo Freud subrayara en su celebérrima obra La interpretación de los sueños (1900), los sueños son la «vía regia al inconsciente». Lo cual quiere decir que las producciones oníricas se dan en estado de dormido cuando las censuras internas se relajan, lo cual que en esas imágenes (alucinatorias) que se ven, oyen, huelen, etc., en el soñar, afloran los elementos más recónditos de nuestro mundo reprimido inconsciente, si bien esos contenidos aparecen profundamente deformados en forma de símbolos e imágenes que necesitan ser revisadas y de las que el paciente debe hablar y relacionarlas libremente con sensaciones, ideas o recuerdos que le vayan viniendo al hilo, para que el psicoanalista pueda reconstruir el sentido de lo soñado. Pero la vía más directa al inconsciente son, sin duda, los sueños.

La cuestión es que si algo atraía a Hitchcock de los contenidos de la psicología profunda era la posibilidad de plasmar en la pantalla el mundo onírico, pero alejándose de la tradición «brumosa y confusa» de los sueños cinematográficos. Por eso le pidió a Selznick que contratase a Salvador Dalí y le transmitió su voluntad de conseguir una visualización de «línea clara» de los sueños, al modo del simbolismo surrealista.

Muy acertada idea, pues los «alocados»” sueños se rigen por una forma de funcionamiento mental denominada Proceso Primario, o sea que los contenidos no están sujetos al Principio de Realidad, y sus contenidos saltan o eluden los principios causa-efecto, el tiempo, las leyes físicas, las limitaciones espaciales e incluso los principios morales.

Además, los sueños están cargados de simbología y regidos por los principios del desplazamiento (algunos temas sustanciales pueden aparecer desplazados en posiciones aparentemente irrelevantes), la condensación (un elemento del sueño puede aglutinar aspectos diversos), la elaboración secundaria, o sea, el soñante cuenta lo soñado de manera ordenada y dramatizada, lo cual forma parte de su interpretación sobre lo que ha soñado que, seguro, carece de orden o de guion.

Esto forma parte de lo que Freud llamó «elaboración secundaria», o sea, cómo el soñante le confiere un añadido de lógica y racionalidad a las imágenes, voces, colores, etc., que en origen no tienen orden ni sucesión. Pues bien, como es sabido, en Recuerda Hitch rodó 20 minutos (reducidosa a dos minutos por el productor Selznick). Esos veinte minutos fueron recordados por Ingrid Bergman como «veinte minutos maravillosos, dignos de pertenecer a un museo».

En el film, el Dr. Brulov, ahí sí acorde con el psicoanálisis, le explica Edwards la importancia de los sueños para descubrir los secretos que tiene ocultos en su mente; que los sueños desvelan en clave, como en las piezas de un rompecabezas, lo que se intenta ocultar y es misión del psiquiatra recomponer esas piezas para averiguar lo que él, paciente, está intentando decirse así mismo.

Tras estas explicaciones, el supuesto Edwards les cuenta un esclarecedor sueño en la nieve.

La secuencia del sueño comenzaba en una casa de apuestas sin paredes y con muchas cortinas llenas de ojos pintados. Un hombre provisto con grandes tijeras cortaba las cortinas. Aparecía luego una muchacha ligera de ropa besando a todo el mundo (asociada con Constance).

El paciente estaba sentado jugando a las cartas con un hombre con barba al cual el propietario del local acusaba de hacer trampas. El hombre de la barba, sobre el tejado inclinado de una casa en el bosque, caía despacio, al vacío. Luego volvía a aparecer el propietario del local con una rueda en la mano, la cual arrojaba al tejado.

El soñante corría hasta llegar al borde de la montaña. Todo el «sueño» estaba plagado de características del artista surrealista Dalí: muchos ojos de distintos tamaños, siluetas derretidas, hombres sin rostro, ruedas de carro sinuosas e irregulares, o pianos colgados boca abajo.

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Volver al lugar del trauma

Y tras el sueño, Edwards observa tras la ventana la nieve con la marca de las rayas de esquíes, por lo que siente una fuerte angustia. A partir de este suceso, el profesor Chekhov y la doctora Petersen deciden llevarlo al lugar del pretendido crimen, el Valle del Ángel Gabriel.

Al llegar al escenario de la nieve y cuando, esquiando, van a caer por un precipicio (igual al del sueño), el falso Dr. Edwards recuerda que de pequeño mató accidentalmente a su hermano, que el verdadero Edwards había caído por un precipicio cuando esquiaban juntos y que, por el complejo de culpabilidad por la muerte de su hermano, creía que fue él quien mató al malogrado médico.

Tras esto recupera toda su memoria y su identidad.

Obra construida por tres eminencias de nuestra cultura

Recuerda es una película que mezcla a tres genios de la contemporaneidad: el gran cineasta Alfred Hitchcock, el padre del psicoanálisis Sigmund Freud y el celebérrimo artista español Salvador Dalí.

Hitchcock es uno de los mejores y mayores creadores de la Historia del Cine. Freud ha sido uno de los pilares fundamentales de la cultura contemporánea, tan admirado como vilipendiado, sobre todo por quienes no conocen su obra. Y Dalí es sin duda un artista completo y un exponente cimero del surrealismo en el arte.

Si algo atraía a Hitchcock del contenido psicológico del film, era la posibilidad de plasmar el mundo onírico, una pieza muy importante del edificio psicoanalítico desde que en 1900 publicara Freud el primer tratado científico sobre los sueños (La interpretación de los sueños) más vigente que nunca y lectura muy recomendable. En esta obra, Freud consideró las producciones nocturnas como realización de deseos inconscientes.

Hitchcock comentó con relación al trabajo de Dalí: «Lo que yo buscaba con esta escena era la viveza de los sueños. El trabajo de Dalí es muy sólido, concreto, muy nítido y misterioso. Queríamos evitar el cliché de todas las películas en donde los sueños se ven borrosos. Dalí fue la mejor persona para hacer este sueño pues así es como los sueños deberían de ser».

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La cura por amor

Como es sabido, al final de la película Recuerda, Palantine recupera la memoria gracias a Constance Petersen, y se funden en un abrazo, ya irremediablemente enamorados. Esto es Hitchcock, el amor como lenitivo radical. De modo que la película mezcla la cura psicoanalítica con lo que el mismo Freud denominó la «cura por amor».

En la cura por amor, un venturoso encuentro entrañable precipita la salida del paciente de la terapia pues ya no se habla de la angustia, sino del amor. El amor posibilita «la ilusión de que algo no sólo se articula, sino que se inscribe en el destino de cada uno». Freud nos advierte sobre la relación entre el amor y la curación: «un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo, y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar» (Freud, 1914, p. 82).

En estos casos, el énfasis está puesto en el hecho que de repente nos encontramos con un giro inesperado en el tratamiento del paciente. La contingencia propia de un nuevo encuentro amoroso lo sorprende y se presenta ahora «curado de esa angustia» que emergió, quizá por la pérdida o ausencia de amor.

No es el amor de transferencia el motor que permite el cese del sufrimiento, sino ese encuentro amoroso con una pareja. Que justo en el caso de Recuerda se plantea de manera insólita como el sueño de muchos pacientes, pues la pareja es ¡la misma terapeuta! Miel sobre hojuelas.

En una obra del psicoanalista francés Boris Cyrulnik, El amor que nos cura (2006), cuenta el autor que el amor de pareja puede devolver a la vida a quienes están marcados por profundas heridas a causa de experiencias antiguas traumáticas y dolorosas. Refiere, pues, la capacidad de auto-terapia de las personas frente al padecimiento y la angustia psíquica o moral.

En la película Recuerda, mujer joven y hermosa (nada menos que la Bergman), con talento, mente aguda y corazón abierto, y John Palantine (el sanado), apuesto y prometedor joven (Peck) acaban contrayendo matrimonio.

«¡Ah! ¿No es eso felicidad?»
Jin Shengtan (1608-1661)

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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