Matrimonio original (Mr. and Mrs. Smith, 1941)

  26 Mayo 2021

Divertida y entrañable comedia de suspense romántico

matrimonio-original-0Vi esta película hace muchos años en una reposición y guardaba de ella un grato recuerdo.

Para escribir estos comentarios he vuelto a visionarla, por suerte para mí. Lo he hecho dos veces con mucho gusto, magnífica dirección, guion sólido y trabado, estupenda música de Roy Webb, fotografía muy buena de Harry Stradling en blanco y negro, planos generales, planos de situación, planificación teatral, diálogos ocurrentes y divertidos.

Así es el film número veintiséis de Hitchcock y el tercero de su etapa americana, del que me dispongo a escribir unas líneas. 

Título en España y otros comentarios 

Lo primero es que estamos ante otro caso de libre traducción al español del título, pues originariamente se llama Mr. & Mrs. Smith, traducida como Matrimonio original en España, y en otros países de habla hispana fue Su amado enemigo. En fin, que habría podido quedarse como Sr. y Sra Smith.

Pero, para la época sobre todo de aquella España de los cuarenta, el film dibuja un matrimonio atípico que se dicen bonitas palabras, se levantan juntos, desayunan con besos, se quieren… y a veces se enfadan y se dan caña. O sea, que se manejaban con sus propias reglas, reglas que eran poco convencionales.

Lo segundo, es que muchos críticos y entendidos, la consideran la película menos representativa de Alfred Hitchcock, dado su carácter de comedia, género que, supuestamente para algunos, no era propio ni habitual en Hitch.

Ese argumento es dudoso, pues nuestro gran director ha hecho películas de intriga o suspense e incluso psicológicas en un encuadre con evidentes tintes de comedia, que una cosa no quita la otra. O sea, muchos momentos de sus películas —y no pocas películas en sí— tienen una fina ironía, un humor negro, una vocación autoparódica que no es ajena en ningún caso a la comedia.

E incluso hizo otra película, también considerada atípica en su carrera y próxima al género, Pero… ¿quién mató a Harry? (1955) de la cual ya escribimos en esta revista y suscribo: «desconcertante pieza rara en la filmografía del insigne director británico. Y no se trata sólo de un enredo de a ver quién mató o quién es Harry, más bien es un encadenamiento de acontecimientos impensados, maravillosos y desternillantes; una especie comedia de misterio que combina humor negro con una intriga sutil y ligera».

De este asunto de comedia-suspense en Hitch hablaremos al final de este artículo.

Hay suspense, pese a lo que digan

El guion de Norman Krasna, que adapta un relato propio, aunque no sea en sentido estricto temática de suspense criminal o de terror (real o psicológico), de intriga o de espionaje (que era la «salsa» de Hitch), sin embargo, la trama se zambulle en otra clase de suspense importante también, más de lo que aparenta superficialmente, esto es, el suspense romántico que conlleva la pregunta: ¿qué pasará con la pareja protagonista?

En Hitchcock, el amor forma parte del suspense tanto como el asesinato, el chantaje, la huida o la traición. De modo que, en esta cinta, Hitch rueda su «única comedia romántica», con las mismas herramientas y del mismo modo que sus conocidas obras de suspense. Lo hace dosificando al espectador información que los personajes no saben, colocando misterios, secretos y sembrando dudas a lo largo los 95 minutos de metraje.

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Regalo de Hitch a Carole y drama posterior

Parece que Hitchcock aceptó dirigir esta comedia por la amistad suya y de su mujer Alma Reville con la actriz Carole Lombard, cuando vivían en Hollywood. Por cierto, Carole era de origen inglés y alemán, y con ella solían salir a menudo. Así pues, esta obra puede ser considerada como un regalo que Hitchcock hizo a su adorada Carole.

Los Hitchcock y el matrimonio formado por Clark Gable y Carole Lombard eran amigos íntimos, compartían cenas y encuentros, fantaseaban sobre proyectos y hacían planes que casi nunca llegaron a ningún sitio.

Lástima, porque la Lombard fallecería al poco, en 1942, en un accidente de aviación cuando viajaba a lo largo de todo el país recaudando fondos con la venta de bonos, para la contienda contra Japón y Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial.

Esta tragedia no sólo traumatizó a Gable de por vida, sino que apenó sinceramente a los Hitchcock, que le tenían gran afecto. Por cierto, el presidente F. D. Roosevelt declaró que Carole fue la primera mujer que cayó víctima de aquella guerra.

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Comedia gozosa y alocada

La película es una cinta muy divertida sobre el matrimonio compuesto por el Sr. y la Sra. Smith, matrimonio que alterna el amor con las desavenencias, desuniones, desacuerdos, discrepancias y pactos para enmendar la cosa cuando se tuerce. La regla de la pareja es respetarse y no mentirse, lo que conforma un matrimonio teóricamente «ideal».

Los personajes, la pareja Ann (Carole Lombard) y David Smith (Robert Montgomery) están casados desde hace tres años y tratan de llevar una vida acomodada de clase media. A lo largo del tiempo, entre ellos se han ido tejiendo una serie de vínculos prácticamente consolidados, y ambos ejercen sus respectivos papeles, que constituyen los hilos y la urdimbre de la mayor parte de los acontecimientos que ocurren en la historia.

En ocasiones, cuando la confrontación es máxima y la cosa necesita solucionarse para restablecer el equilibrio, han acordado la estrategia de encerrarse en casa hasta tanto no solucionan el litigio y acaben haciendo las paces.

Pero tras esta vida en común, el mutuo respeto, la franqueza, los «acuerdos» y el acaramelado envoltorio, va a surgir la duda.

Resulta que en una de las últimas discusiones la cosa va a llegar más lejos de la cuenta. Al final de la bronca y una vez de nuevo en paz y cariñosos ambos, Ann le pregunta a David si se volvería a casar con ella en caso de empezar de nuevo.

Ella lo tiene claro, pero él, en su afán de ser sincero tal como han convenido, le responde que no se casaría, que un hombre pierde muchas prerrogativas con el matrimonio en cuanto a libertad e independencia (de la mujer no se dice nada) y que, de empezar hipotéticamente la relación, no volvería a casarse. La cosa queda en este punto, ella un tanto desconcertada y defraudada. Lo cual abrirá la caja de los truenos con la separación de ambos.

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Quieren las circunstancias que, por una de esas cabriolas de la vida, un señor del pueblo de Ann va al despacho de abogados donde trabaja David y le confiesa que por un asunto administrativo y ciertas irregularidades de papeleo, su matrimonio no lo es a efectos oficiales; o sea, que aunque hay convivencia manifiesta, sin embargo no hay matrimonio legal.

Tan sorprendido como alborozado, David intenta ocultárselo a ella, pero cuando Ann descubre la verdad, no se lo perdona y decide volver a la soltería, ganarse la vida y ser independiente.

Continúa la historia con que ella lo echa de casa e incluso empieza a salir con otros hombres para pasmo y desesperación del ex marido. Hitch muestra una mujer que ya en principios de los 40 intenta rehacer su vida, y su esposo yendo tras ella, celoso, queriéndola obligar a que vuelva con él.

La actitud de David oscila entre la caballerosidad y cierto ridículo que resulta divertido. David no sabe qué hacer para volver a conquistarla y parece un desgraciado. Sin embargo, ella, en su salsa, se aprovecha de la evidente torpeza de él y se mueve con soltura y picardía.

La cuestión es que conforme se van sucediendo los diferentes acontecimientos del argumento, comprobamos cómo los protagonistas experimentan cambios diversos en su conducta y en sus estrategias para sobrevivir al shock que ha significado la inesperada soltería. Todo se torna más complejo cuando toman conciencia de que su situación marital es ilícita, una farsa flotando en un limbo legal por una falla en el procedimiento.

Y este es el precipitador del desenlace de este largometraje cómico y también sarcástico, dirigido magistralmente por Alfred Hitchcock.

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Estilo screwball

Mi parecer tras el nuevo visionado no puede ser más claro: no hay crímenes, no hay pájaros, ni vértigo, ni psicópatas, ni terror psicológico. La clave esencial de esta obra es una pregunta que puede surgir en la vida de cualquier matrimonio, incluso aunque la relación sea razonablemente buena: ¿mereció la pena casarse?

La consecuencia a esta pregunta es una simpática, divertida y una comedia muy bien dirigida al estilo screwball. Una pareja, un matrimonio que luego resulta ser que no lo es. Ella impetuosa, ocurrente y errática; él obstinado y enfrentado con frecuencia a los desvaríos de su querida y bonita esposa. Se odian, pero se aman. Se repelen, pero se atraen. ¡Ay, que me voy y no me voy! Momentos de fino humor.

La screwball comedy se inicia a principios de los años treinta en los EE.UU. y continuaría su éxito hasta finales de los cuarenta. Obras en las que el personaje femenino suele ser fuerte y mantiene una relación con su contraparte varón que centra la historia: diálogos rápidos y ocurrentes, situaciones grotescas, episodios chispeantes, enfrentamientos… y la intención clara de ser divertidas.

Un subgénero que tomó su nombre de un jugador llamado Fred Goldsmith que conseguía dar un efecto raro o «bola de tornillo», un lanzamiento que rompía la dirección prevista de la bola sorpresivamente, lanzamiento que se llamó screwball. Así, los críticos de cine empezaron a usar ese concepto para referirse a un tipo concreto de comedias con dos protagonistas, hombre-mujer, primordialmente ambivalentes: repulsión-atracción, pero que finalmente pasan la película juntos, soportándose y atravesando por todo tipo de situaciones disparatadas, para llegar a un desenlace feliz que concluye en amor. Ejemplos conocidos de screwball son títulos como: Sucedió una noche (1934), de Frank Capra; Vivir para gozar (1938), de George Cukor; o la que dicen fue la mejor, Arsénico por compasión (1944), también de Capra.

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Así es este caso, moviéndose alrededor de un MacGuffin principal, un error nimio de tipo burocrático como vehículo para la historia, principio básico de la screwball comedy, el caso es una pareja protagonista con sentimientos encontrados primero, después juntos, luego separados y acabando el cuento felizmente unidos de nuevo.

Pero Hitch no se limita a abordar esta cuestión de modo simbólico, como ocurre en otros productos de la época, sino que refleja de modo literal el farragoso, embroncado y también apasionado matrimonio de Ann y David Smith que, empero, no es ya matrimonio por el error burocrático que acontece, lo cual que todo el tiempo la pareja ha estado viviendo «técnicamente» en concubinato.

El magisterio de Hitch desvela el asunto del «no matrimonio» al espectador, pero los protagonistas se enteran por separado.

Y esto sirve de arquitectura al desarrollo del film. Contrasta la indiferencia con la que David acoge la noticia, con la extrema importancia que adquiere para Ann la necesidad de volver a estar casada (más por cuanto esa misma mañana David le dijo que no se casaría caso de iniciar de nuevo el noviazgo).

El desdén de David por el problema burocrático es interpretado por Ann como desinterés por ella y será entonces cuando Ann decida que no quiere casarse con un hombre así, poco seguro y firme. Y para jorobar, se le ocurre seducir al socio de David, Jeff (Gene Raymond) en el bufete. Ese triángulo hace a una tensión a tres bandas, a la que se suma la irrupción de los padres de Jeff, que no saben muy bien cómo interpretar la cosa.

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El proceso a lo largo del film

La parte más brillante y las propuestas más eficaces están en el primer tercio de la película: la calidad y brillo de la realización y lo divertido de algunas secuencias, como la cena de los esposos en el restaurante al que iban de novios, actualmente en un estado lamentable; o cuando ella se pone su antiguo y elegante vestido y le queda pequeño.

En este tramo hay una genuina agudeza de un planteamiento que encaja en el perfil de los ambos personajes. Estos compases iniciales son muy divertidos, sobre todo con las escaramuzas y desengaños de Ann al ver que su «ya-no-marido» no ha sido capaz de tirarse a la piscina y volver a casarse con ella de manera inmediata.

Lo que viene luego siempre guarda la calidad, dignidad y secuencias geniales. Como cuando ambos coinciden en un restaurante con música, cada cual con sus acompañantes; el jocoso episodio en la noria entre Ann y su cargante pretendiente Jeff; o el encuentro final en la casa rural en la nieve.

Pero este tramo posterior pierde parte de la frescura inicial, con a un ritmo más perezoso y convenciones que finalizan en una frágil y facilona conclusión.

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Posición de cámara y enfoque

Observamos en el film fundidos clásicos, dando esta vez paso a grandes planos generales que sirven, a su vez, de planos de situación que se retoman durante las conversaciones, perfectamente encuadradas y sutilmente ensartadas mediante los tiros cruzados de cámara.

Disposición de transparencia en el montaje que, además, no es protagonista de la acción, la cual está influida por la planificación teatral, dejando reposar el peso mayoritario de la trama sobre el diálogo. Aquí, de nuevo, «aparece la construcción de la escena en el espacio hacia el interior del plano que es, también, perfectamente limitado por el encuadre» (Ana Mª del Valle: tesis doctoral).

Lingüísticamente, el film es un manual de ortografía y aritmética. Los cortes son encubiertos, «las conversaciones se articulan en plano contraplano, perfectamente encuadrados sobre el hombro de los interlocutores, las elipsis temporales se representan con fundidos a negro y los encadenados» (A. Mª. Valle); o sea, representan cambios de espacio o de tiempo.

Predominan los planos de angulación natural y justificada, los planos subjetivos y los planos detalle de los objetos que reclaman la atención del espectador. No obstante, Hitch nos ofrece sendos planos subjetivos en los que su huella resulta inconfundible. Se trata de dos planos consecutivos desde la atracción de feria (noria) en la que han quedado atrapados la Sra. Smith y su nuevo acompañante Jeff. El primero es un majestuoso plano cenital y el segundo, un cenital agitado, borroso, desenfocado, interpelando a la visión de los personajes en un momento en que son sacudidos por el temporal de una súbita tormenta.

Reparto

Gran parte del peso de la película recae en la labor de los actores.

Robert Montgomery logra una brillante labor de comedia, no igualable, claro, a lo que habría podido hacer el magisterio de Cary Grant.

Carole Lombard, bella y distinguida (gran vestuario) demuestra su extraordinaria capacidad para el género.

Otros protagonistas cumplen con menos brillo, como Gene Raymond que hace del pazguato Jeff.

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Comparación con otros grandes de la comedia

Aunque el conjunto de esta película es más que solvente, divertido y ameno, es claro que no es el territorio más propicio para Hitchcock. A pesar del ingenio del conflicto básico de la historia, las interpretaciones impecables y algunos logros visuales del cineasta, creo que no resuelve ni cierra adecuadamente o, si se quiere, con fortuna.

No comparte el ritmo, diálogos, ni el humor visual de autores de la época, como Leo McCarey, George Cukor, Frank Capra, Howard Hawks o Billy Wilder. Secuencias largas, falta de dinamismo y agilidad, excesiva dependencia de los protagonistas, elaboración limitada o falta de garra.

Hitchcock maneja el suspense romántico (burlona crítica al concepto de matrimonio en este film), remite a las relaciones de encuentro y desencuentro de las jóvenes parejas, que no falte el MacGuffin, pero no termina de cuajar la cosa para máxima nota, a pesar de que se da la máxima hitchcockiana: «rodar las escenas de amor como las escenas de asesinato, y las escenas de asesinato como escenas de amor».

No quita para que sea una estupenda película. Lo que ocurre es que, así como por las venas de Wilder, Cukor o Capra corría mayormente sangre de comedia, en el ADN Hitch es evidente que estaba inscrito la aptitud para el crimen, la intriga y las tramas psicológicas creativas e imprevisibles, amor incluido, que lo cortés no impidió al maestro ser un gran aficionado a los romances.

Acabar con justeza

Como quiero acabar con justeza y sin dar lugar a equívocos, diré que Hitchcock tampoco merece que se le encasille en ningún género. Como escribe Iván Escobar en estas páginas, no es razonable que algunos analistas de la obra de Hitch lo tachen en exclusividad como un maestro del suspense: «Tal consideración (…) desprende cierto tufillo peyorativo hacia la omnipotente figura del británico, encasillándolo en un género (…) y reduciendo su inmensa aportación cinematográfica. (…) nos hallamos frente al mejor y mayor creador de formas que ha conocido la Historia del Cine, como bien lo definió en su día el siempre acertado Godard».

Así es, Hitchcock es un narrador total que maneja todos los hilos de sus producciones: reparto, vestuario, exteriores, decorado, etc., y todos los elementos quedan ligados y conjuntados con su sello, con su marca, su magnetismo y su inconfundible estilo.

Y esta película no es menos, a pesar de ciertas salvedades que hemos apuntado.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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