Cortina rasgada (Torn curtain, 1966)

  27 Febrero 2021

Los intereses de la productora se imponen a la obra de arte

cortina-rasgada2-0Hitchcock inició su andadura cinematográfica en 1921 y desde el principio mantuvo más contacto con el cine alemán y americano que con el cine británico. De hecho, en esos inicios trabajó como asistente de dirección para el realizador Graham Cutts en De mujer a mujer, ocupándose también del guion, escenario, vestuario, reparto e incluso como jefe de producción.

Y como la película que comentamos se desarrolla en Alemania, quiero traer a colación datos de interés al respecto, como la impronta del cine germano en Hitch o su conocimiento del idioma.

Como apunta Laura Bondía en su artículo Hitchcock y su regreso a Alemania, el trabajo con Cutts le llevaría a Alemania a rodar en los estudios de la UFA-Babelsberg la coproducción The blackguard (en alemán Die Prinzessin und der Geiger). Entonces los estudios de Babelsberg eran los más modernos del mundo. Esto tuvo un enorme impacto en la carrera de Hitch que encontró en los tales estudios un gran nivel de preparación que hacía posible, entre otros, un tipo de movimiento de cámara y composición de plano muy avanzados.

Tiempo en Alemania y de aprendizaje como asistente, y después como director de El jardín de la alegría (1925) y El águila de la montaña (1926); sin olvidar su experiencia crucial al lado de Friedrich Wilhelm Murnau cuando este rodó un clásico del cine mudo, El último (1924), con juegos de cámara impensados hasta entonces. Esta cinta fue producto de un alarde de dirección de parte de Murnau, obra cumbre del expresionismo y pieza principal en la historia del cine. Pues bien, de Murnau y de Alemania se nutrió abundantemente nuestro genio británico quien, según dijo, no pisó un estudio británico hasta 1927.

La cuestión es que llega la medianía de los sesenta del pasado siglo, cuando ya Hitchcock tiene su nombre en letras de molde como un grande del cine, momento en que va a rodar su película número cincuenta, que es una historia de espionaje dentro de la Alemania del Este, un proyecto especial al que le quiere poner toda su sapiencia, ganas, anhelo y dedicarle tiempo y saber para lograr un triunfo sonado. Por un lado, era su película cincuenta y, por otra parte, en Alemania, su fuente nutricia de formación inicial.

Hitchcock hablaba alemán de su etapa germana, pero se encuentra con el problema de tener que rodar en una Alemania que está en ese entonces del lado comunista, una zona encorsetada y vigilada en extremo. De hecho, Hitch quiere que la película refleje una Alemania Federal aún más lóbrega y siniestra si cabe, de lo que puede verse en el Berlín Oriental o Leipzig. Habían transcurrido cuatro años desde la construcción del muro.

A nuestro director le preocupa el tono ambiental de esta Alemania, qué tonalidades y decorados serían óptimos para reflejar la opresión, también le importan las localizaciones, llega incluso a recorrer el itinerario que harán los personajes. De nuevo, Laura Bondía nos recuerda muy atinadamente, la famosa conversación de François Truffaut, con relación a este título: «el film se divide claramente en tres partes. La historia se desarrolló de esta manera con bastante naturalidad, pues respeté su topografía lógica; para asegurarme de que todo esto sería exacto, antes de iniciar el guion, realicé el mismo trayecto que los personajes. Fui a Copenhague, luego, utilizando una línea de aviación rumana, me presenté en el Berlín oriental, en Leipzig, de nuevo al Berlín oriental y finalmente en Suecia».

El caso es que estas preocupaciones por reflejar fielmente el trauma que ha supuesto la partición berlinesa y el ambiente restrictivo, hacen que pida trabajar con Hein Heckroth, un director de arte alemán especializado en producciones teatrales y cinematográficas, que habría de sugerir motivos y colores adecuados al proyecto.

De modo que los colores para su film fueron tema recurrente de Hitch. ¿Qué colores son los idóneos para recrear esa atmósfera represiva de la RDA? Llegó Hein Heckroth, pintor y decorador muy apreciado por su trabajo de diseño y de vestuario en Las zapatillas rojas (1948), al cual finalmente le encarga el diseño de producción de la película. Hitchcock escribe a Heckroth en un alemán algo rudimentario: «Quiero también saber. Si alguien puede hacer imágenes en color de muchos lugares en Alemania de Este, de tal modo que las podamos utilizar con propósitos de investigación».

Toda una odisea y duro trabajo significó el rodaje de esta película, una labor meticulosa y calculada hasta el milímetro por parte de Hitchcock, con elementos técnicos precisos. Como él mismo declaró: «Quiero ser recordado como un hombre que entretuvo a millones con la técnica del cine».

Cómo se hizo Cortina rasgada:

  

La 50ª película de Hitch

Para escribir estas líneas hemos revisado esta película que a mí siempre me resulta emocionante y divertida. Creo que siempre es una suerte volver a visionar un film tan animado e incluso tenso del gran Alfred Hitchcock, una garantía de que vas a pasar un buen rato y a la vez vas a aprender mucho, de nuevo. Al volver a ver este tipo de cine, al tratarse de un director tan rico, se pueden recordar y revisar mejor escenas, episodios y aspectos del metraje, ya clásicos.

La película se rodó en exteriores de Berlín, Copenhague y la University Of Southern California, y en el plató de los Universal Studios (Hollywood). Se estrenó el 14 de julio de 1966 en los EE.UU. Se realizó la película con la productora de Alfred Hitchcock, conjuntamente con los estudios de la Universal Pictures.

En la historia, Paul Newman interpreta el papel de Michael Armstrong, un respetado físico nuclear norteamericano, científico de prestigio, que se desplaza a la Alemania Oriental y simula que ofrece sus servicios a los comunistas. Su novia y secretaria Sara Sherman (Julie Andews), sorprendida y confusa por la decisión de Michael, no puede creer que él pueda traicionar a su país y a ella misma. Por estas razones lo sigue hasta el Berlín oriental donde va a descubrir sus genuinos propósitos, que es colaborar con EE.UU. y obtener datos científicos de alto nivel, sobre tecnología para la defensa nuclear soviética, secretos de física nuclear cuya fórmula tiene un científico germano.

En un episodio de gran tensión con la eminencia científica teutona, escenas interesantes y trepidantes ante un el eminente profesor Gustav Lindt, y justo cuando había conseguido la anhelada información (la fórmula), es descubierto. En este punto Michael y Sarah deberán huir a toda prisa, no sin afrontar numerosos riesgos, para conseguir burlar a la policía y el ejército de la República Democrática Alemana, y huir del país. Lo que ocurre en el transcurso de esta aventura es de elevado voltaje, inquietante e incierto para el espectador que se pregunta: ¿lograrán huir con éxito?

Podría repetir el tópico de que esta no es la mejor película de Hitchcock (ya quisiéramos que un producto así fuera lo peor que hiciéramos). Creo que no se puede hablar así, como muchos han hecho. La cosa es que esta peli tiene el sello Hitch y se ve como un film muy entretenido y angustiante por momentos (emocionante es la palabra).

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Tiene partes de gran tensión y escenas memorables, como la muerte del perseguidor Gromek sin uso de música, imágenes tremendas que ponen en evidencia, entre otras, cuán difícil es matar a una persona, cuán doloroso y cruel resulta. La secuencia es un prodigio de planificación, con planos muy cortos de un cuchillo clavado en el cuello que se rompe, una pala golpeando en las piernas del agente alemán y, sobre todo, ese angustioso final en el horno y los dedos de Gromek batiendo el aire antes de expirar, todo en un escenario y unas imágenes más que funestas; uno de los episodios más crudos y a la vez más humanos de la cinematografía.

El asesinato de Gromek es muy especial para el cine de los 60: el silencio omnipresente como elemento expresivo, el primer plano de la pistola junto con el del taxista que está esperando a Armstrong, lo que indica que no puede utilizarse un arma de fuego, pues la misión fracasará. Armstrong, que comprende que debe cometer un asesinato si quiere llevarla a cabo, ayudado de la mujer en la granja acometerá la agresión definitiva contra Gromek, el oficial que ha descubierto su tapadera.

Llamativa también es la la escena de la huida en autobús que es Hitch-infarto en estado puro; el ballet y el grito de Michael, «¡fuego!», para que cunda el pánico y escapar del teatro, la aristócrata venida a menos que les salva la vida, etc.

Y una de las más emocionantes y con carga de humor, pero a la vez «corre corre que te pillo», es cuando en la Universidad de Leipzig el sabio alemán le dicta la fórmula secreta al protagonista Michael casi sin darse cuenta, como en un juego.

En fin, todo esto y más mantiene la atención los 128 minutos que dura la cinta. Por eso digo que, aunque algunos la definen como obra menor, ya querríamos que todas las obras menores fueran como ésta. 

Asesinato de Gromek:

  

Pero, ¿qué suscitó el interés de Hitch en esta historia?

Como suele ocurrir tantas veces, la motivación que dirigió esta película estuvo basada en un hecho real. La idea que había detrás de Cortina rasgada tenía una base verídica sobre la deserción de dos diplomáticos británicos a la URSS en 1951, Guy Burgess y Donald Duart Maclean, pertenecientes a los denominados cinco de Cambridge.

Este denominado Círculo de Cambridge fue un grupo de espías británicos que se infiltraron en el MI5, el MI6 o el servicio diplomático que trabajó como espías para la Unión Soviética (URSS) en la II Gran Guerra. El grupo fue reclutado por el Servicio de Inteligencia de la URSS, y Mclean como agente encubierto también llamado «topo». Mientras Mclean estudiaba en la universidad de Cambridge, como premio por sus actividades de espionaje, fue ascendido a coronel del KGB de la Unión Soviética.

Parece que Hitchcock anduvo intrigado sobre la vida de Maclean en la URSS, porque había dejado tras de sí a Melinda Marling, su esposa en Gran Bretaña, aunque esta siguió a su marido detrás del telón de acero, un año después, con los tres hijos de la pareja.

Hitchcock se preguntó cómo habría vivido la huida de su esposo la señora Maclean. A Hitch le interesó, sobre todo, saber cómo reaccionaría la esposa de un desertor, y ese es uno de los pilares fundamentales del film.

Lo cual deja de manifiesto que, tras grandes ideas y obras consagradas, hay una parte de realidad o suceso veraz, así considerado por el autor, como es el caso: un film consagrado al genuino interés por saber y conocer sobre asuntos mal resueltos que, empero, históricamente sucedieron.

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Las taras de la Universal Pictures

Como otras veces le ocurrió a nuestro genio, fueron los grandes estudios de cine los que se inmiscuyeron y pusieron impedimentos varios, siempre pensando en la rentabilidad más que en la creación artística en sí.

Con todos estos problemas, creo que bastante hizo Hitch evitando que esta cinta acabara pareciéndose a una de tantas películas de espías tipo James Bond y similares. Los Estudios de la Universal reclamaron que el material rodado fuera menos sombrío y lúgubre, a pesar de desarrollarse parte de la trama en una Alemania comunista opresiva y represora, y cetrina como un nubarrón.

El reparto fue una pieza esencial del film. Hitchcock tuvo desacuerdos con la Universal. Inicialmente, Hitch quería para el papel de Sarah a Eva Marie Saint (que a mí mucho me agrada, por cierto), la estrella rubia de Con la muerte en los talones, como la protagonista femenina.

También había hablado en 1965 con Cary Grant sobre aparecer en la película. Para Grant tenía proyectos importantes e incluso la intención de poner fin a su carrera, para darle un retiro muy conveniente (contaba Grant con más de sesenta años). Pero los ejecutivos de la Universal Pictures insistieron en buscar a otros actores más actuales, más de moda y más al gusto de aquel público.

Lo que ocurrió fue que las figuras del reparto fueron impuestas, siendo elegidos Paul Newman y Julie Andrews que, independientemente de su calidad, no gustaban a Hitch y además se llevaron la mayor parte del presupuesto del film (750,000 dólares frente a los 5 millones presupuestados). Lo que incluyó en que la parte creativa e innovadora de exteriores y de diseño de producción no fuera aceptada en gran medida por los estudios de la Universal.

Los productores querían el relumbrón de los grandes actores hollywoodienses, a pesar de que no había buena sintonía entre Newman y Hitch; tampoco de este con el Andrews, la estrella de Mary Poppins (1964) y Sonrisas y lágrimas (1965), a quien consideraba una cantante.

Incluso se impuso, para obviar la sordidez de la Alemania Oriental, que un equipo de alemanes hiciera el rodaje de proyecciones traseras y transparencias (de mala calidad) para exteriores y engañifas mediocres.

También la productora quería a toda costa una música alegre y, en fin, parece que entre unas y otras, Hitch se fue cansando y perdiendo interés en la obra.

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La música: cambio de planes

Aprovecho para este apartado el estupendo artículo ya publicado en esta revista por Juan Francisco Álvarez, Director versus compositor: crisis de pareja, que habla de la estrecha relación profesional e incluso amistosa entre Hitch y el compositor Bernard Herrmann, desde que se conocieran en 1954 a raíz de Pero ¿quién mató a Harry?

Pues bien, fue con motivo de esta película que vino la polémica ruptura entre ambos creativos. Como escribe Álvarez: «La carrera de Herrmann iba viento en popa, mientras que Hitchcock acababa de recibir una de las peores críticas de toda su carrera con Marnie, la ladrona, a la que la crítica consideró una película menor en la filmografía del director. A todo ello se le suma la presión que sobre el director ejercían los directivos de la Universal en contra del compositor».

Este extremo de rivalidad, celos, envidias, etc., debió tener su peso. Sin embargo, parece que el detonante fue una airada discusión telefónica entre ambos personajes. Hitch quería una música a la moda (pop, melódica), mientras que Herrmann, contra lo solicitado, hizo una música experimental, atonal y estridente. Incluso la Universal esperaba de Herrmann que escribiera una canción para la actriz principal, Julie Andrews. Nada que ver.

Tras este desplante y esta problemática, fue contratado John Addison para la banda sonora, quien compuso una partitura con un rítmico tema principal, pegadizo y romántico, que experimenta diversas variaciones a lo largo del metraje, reforzando cierto carácter socarrón y de buen humor, sin que caer en ningún momento en la frivolidad.

Destaca el tema de amor y, concretamente, la muy angustiosa escena de la persecución del autobús, en el que la alegre melodía contrasta con la tensión del momento. O sea, unas notas musicales que inciden en el suspense y el misterio del film.

Sin olvidar que, en la escena culminante de la participación del ballet en el teatro de Berlín Oriental, la música es un extracto de Tchaikovsky, Francesca da Rimini.

BSO de Cortina rasgada (Torn courtain)de John Addison:

  

El trabajo de cámara y elementos técnicos como el background

Hitch no es un director que improvisa o se deja llevar por ocurrencias a vuela pluma. Al contrario, es un genio que en su trayectoria ayudó a construir el corazón de lo que llamamos cine clásico, que viene a ser el cine vinculado al sentido, como indica Gutiérrez Recacha: «El cine clásico cuenta historias y, además, cuenta historias con sentido».

Hitchcock entendía el encuadre y el montaje en sus films como una dimensión psicológica y moral de la acción comunicativa que pretendía en sus películas, la que fuere. Estas líneas van en aras a entender quién es el hombre que estuvo detrás de la cámara en Cortina rasgada, pero también en tantas películas como realizó. Y utilizo el verbo «estar» solo metafóricamente, pues Hitch se jactaba de no haber mirado jamás a través de una cámara para encuadrar una escena.

Entonces, necesitamos saber que el hombre que dirige de ese modo, que ejecuta siempre un plan perfectamente trazado en su cabeza, que prevé tantas cosas, que cuida otras, aprendió mucho de sus maestros de juventud, alemanes como Murnau, que vio mucho cine desde siempre, que guarda muchos secretos y cuenta tantas versiones diferentes de la misma historia… Necesitamos, para poder dialogar con Alfred Hitchcock, saber quién es realmente el mago del suspense. Y su manejo de los aspectos técnicos que tanto contribuyeron a eso.

Porque estas herramientas técnicas se vinculan estrechamente con aspectos psicológicos, religiosos, sociales o de la trama. Una parte de este tema radica en el trabajo de cámara. Hablemos del trabajo de la cámara, parcialmente, claro, pues el tema es complejo y excede la extensión de este trabajo.

En esta película, como en otras de Hitch, la cámara se mueve continuamente. Pero en Cortina rasgada, como bien explica Ana María del Valle Morilla (tesis doctoral: La posición de cámara y el montaje en el cine de Alfred Hitchcock como un acto moral), es una cinta paradójica o, como poco, cíclica, con variaciones y ángulos inesperados: «No es explícita ni constante en cuanto al uso de los recursos técnicos. Comienza con mucha inestabilidad de la cámara, movimientos continuos sin aparente solución de continuidad que buscan y lograr producir gran inquietud y desasosiego en el espectador, hay otra parte de la película que se lleva a cabo con una cámara más bien estática y usos de los recursos no tan significativos o aparentemente intrascendentes».

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Al igual que en otras producciones, como Pero... ¿quién mató a Harry?, obra que empieza y acaba con una disposición más o menos similar de los personajes, aunque estos sufren una importante transformación personal y en sus relaciones a lo largo del film. Sin embargo, en esa circularidad, a diferencia de otras obras de Hitch, los personajes de Cortina rasgada entran y salen de su mundo en un barco, con el curioso dato de que mientras que el punto de partida se realiza con muchos movimientos de cámara, el punto de llegada se recoge de una manera sosegada y estática. Como que se ha llegado de la incertidumbre y la zozobra a cierto estado de serenidad y calma.

Se pueden observar también recursos como el zoom out. Al principio, a modo descriptivo, para mostrar el contenido de un telegrama. Y vuelve con esta herramienta en un insólito plano que se toma desde el suelo de un inodoro en el cual se esconde el profesor Amstrong para recibir las instrucciones de su misión; también, como apunta Valle Morilla: «tras asesinar a su acompañante, Hitchcock utiliza el recurso del zoom como aparte o información extradiegética solo para el espectador, para recordarnos que hay un cabo suelto del que deshacerse en la ocultación de pruebas».

Hay igualmente contrapicados agudos, sobre todo para referir las miradas acusatorias de los muertos. En el momento en que la supuesta campesina, ayudante del profesor Armstrong en Alemania, asesina al acompañante de este que acaba de descubrir la trama, «la cámara la encuadra en un fuerte contrapicado mientras respira agitada con el cuchillo aun en la mano y el rostro endurecido por una iluminación expresionista que nos hace pensar en Norman Bates, en Psycho, unos años antes»” (Valle Morilla).

Así es, un plano en picado, el plano en que Gromek se asfixia en el horno es de una duración poco habitual. A medida que el tiempo pasa, sus manos se sueltan de las de Michael y se agitan en el vacío. «Con esa escena quise adoptar la posición contraria a la del cliché común» —cuenta HItchcock a Truffaut. «Por lo general un asesinato ocurre muy rápido, una puñalada, un disparo de fusil, el asesino no se toma siquiera el tiempo para examinar a su víctima para ver si está muerta o no. Quise mostrar qué penoso, difícil y largo es matar a un hombre»

Cuentan también las transparencias, así filmaron las secuencias del colectivo que permite a la pareja huir de la universidad. Como no se pudo filmar en Alemania Oriental, Hitchcock utilizó la técnica de las transparencias: los backgrounds fueron filmados por un operador alemán. ¡Es el verdadero tren de Berlín el que vemos en la ventanilla del micro!

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Dirección, otros aspectos y actores

Lo principal de este film es, claro está, la maestría en la dirección de Hitchcock, a lo que se une un excelente guion de Brian Moore que crea un clima de tensión e intriga superlativo. La fotografía de John F. Warren construye una narración visual sobria y efectiva, no exenta de algunos toques de virtuosismo, y hace uso de un cromatismo contenido y equilibrado.

En cuanto al reparto, los dos puntales del reparto son Paul Newman (fue la única vez que trabajó a las órdenes de Hitchcock: salieron ambos enemistados) y Julie Andrews (que tampoco gustaba a Hitch). Ambos están creíbles, espléndidos, pero hay poca química y sintonía entre ellos, apenas la necesaria para que saliera el producto a flote.

Newman sí luce aplomo, veteranía y desenvoltura, y aún no me explico cómo este singular actor nunca fue galardonado con un Oscar en alguna de las muchas películas que rodó en el transcurso de su vida.

Pero volviendo a Cortina rasgada, tanto Newman como Andrews cumplen las expectativas de los productores, hacen su trabajo con la experiencia y el glamour de ambos artistas; y no hay que olvidar a otros actores y actrices estupendos como Lila Kredrova (como la excéntrica y extravagante condesa Kuchinska, actriz que acababa de ganar un Oscar por Zorba el griego), Hansjörg Felmy (Heinrich Gerhard), Luwig Donath (profesor Gustav Lindt), Tamara Toumanova (bailarina altiva), Wolfgang Kieling (como el siniestro Hermann Gromek) o Davis Opatoshu, por mencionar algunos.

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La Guerra Fría

En esta película, Hitchcock incursiona en el tema de la Guerra Fría, y creo que lo hace muy bien, sin demasiadas profundidades y construyendo un relato de suspense (y taquicardia) que lo que pretende primordialmente es divertir, dando a la obra un gran ritmo basado en un excelente montaje.

Además, crea una atmósfera desasosegante, más del tipo película de acción y fuga, no como otros films suyos más psicológicos. Hasta que el final feliz no llega, estaremos ante la pantalla en estado d. máxima alerta, para ver qué va a ocurrir en una situación tan difícil como la que viven los protagonistas.

Yo diría que es film muy efectivo. En su momento se consideró maniqueo en cuanto a la visión del mundo comunista. Por esa razón, los antiguos países del Este tacharon al cineasta de persona non grata después del estreno.

Considero esta valoración legítima, pues deja a los comunistas con dos palmos de narices, pero desacertada. A la postre, esto fue lo que ocurrió: el muro fue derruido y ese mundo, que ahora ya parece lejano, cayó presa de su intransigencia, su exceso de dogmatismo, sus profundos errores en la gobernanza y la cruel dictadura a que tenía sometido al ciudadano.

Para más señas, podéis ver películas como Good Bye, Lenin! (2003), de Wolfang Becker, o La vida de los otros (2006), de Florian Henckel von Donnersmarck, para enterarnos que la Alemania Oriental de entonces no era precisamente un paraíso de las libertades y menos aún un lugar para vivir con un mínimo de bienestar o cordura.

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Concluyendo

Se trata de un thriller de espionaje con elementos importantes de acción, intriga, enigma y romance. La película consigue una atmósfera densa en todo el relato y se sustenta en un encadenamiento sin fin de situaciones de intriga perspicazmente concebidas, sucesos extraordinarios bien diseñados y espléndidamente montados.

Hitchcock utiliza unos elementos efectivos (contrarreloj, persecuciones, indefensión, dificultades, amenazas), y la mixtura y sabia mezcla de éstas situaciones vertiginosas, introducen al espectador en una trama que es vértigo, vacilación, peligro y osadía.

Es cierto que en la película hay buenos y malos, el bien contra el mal en un ambiente donde hay un estricto régimen policial, absolutismo, dominación, anulación de la individualidad, fanatismo y obcecación. Hay, y esto es importante también, una descripción de los tópicos, no por ello menos ciertos, del comunismo: ineficacia, desorden en la gestión, comida o café pésimos, y pobreza.

Y aunque la película no es el colmo de la sutileza, o de las sugerencias, como suele ser habitual en Hitchcock, no deja por ello de ser una estupenda obra sobresaliente y muy grata de ver, incluso cuando ya se haya visionado varias veces. Pasado el tiempo, Alberto Abuín editor de Blog de cine, la considera simple y llanamente «Una delicia».

Verdaderamente yo comparto esta sencilla pero firme sentencia: es una delicia que se deja ver 55 años después de su estreno.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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