Las musas rubias de Hitchcock

  24 Abril 2021

La fascinación erótica de un genio del cine

rubias-0La mayoría de las películas más exitosas de la filmografía de Alfred Hitchcock tienen como protagonistas femeninas a actrices rubias y sofisticadas, con una presencia distante, si bien transmiten o sugieren una pasión interior claramente perceptible. Se trata de mujeres bellas, esculturales, inteligentes y fascinantes.

Por tanto, cabe hablar de una predilección del director británico por este tipo de damas elegantes y frías; de alguna manera amenazadas por su entorno. Esta característica ya está presente en su etapa inglesa, aunque es una propuesta en evolución que se consagra en el periodo americano, donde llega a su plenitud.

El ensayista francés Serge Koster publicó en su momento un pequeño libro titulado: Las fascinantes rubias de Alfred Hitchcock (1). Y justifica su interés por esta temática en los siguientes términos: «Si el cine hollywoodiense creó las estrellas de los años treinta, me parece incuestionable que fue Alfred Hitchcock uno de los que más contribuyó a darles una dimensión mítica. (…) Si hay un enigma en las películas de Alfred Hitchcock, es el gran enigma que provoca el sexo femenino: ¿qué mirada, qué caricia, qué sueño nos transmite ese enigma?».

En la obra recopilatoria de Wieland Schwanebeck titulada Reassessing the Hitchcock Touch (2) se señala que el primer film del director británico que contiene casi todos los elementos principales de lo que más tarde se llamará el «toque Hitchcock» —incluyendo algunos motivos, como el «hombre equivocado» o la «rubia Hitchcock»— es El enemigo de las rubias (The Lodger, 1927).

Se trata del tercer film acreditado del director, donde encontramos a la primera rubia del perfil mencionado, que fue interpretada por la actriz inglesa June Tripp. El argumento trataba sobre un asesino en serie, inspirado en la figura de Jack el Destripador, que elegía a jóvenes rubias como víctimas en un Londres victoriano.

En la larga filmografía del director inglés podemos trazar una línea de tiempo, de manera que en cada una de las décadas recorridas es factible identificar al menos a una «rubia Hitchcock».

Así, en los años treinta del siglo XX encontramos a Madeleine Carroll actriz británica a la que Hitchcock lanzó al estrellato internacional. Con ella filmó en Inglaterra 39 escalones (The 39 steps, 1935). Y al año siguiente volvió a trabajar con ella en Agente Secreto (The Secret Agent, 1936). Después del éxito de estas películas se trasladó a Hollywood donde desarrolló una fructífera carrera cinematográfica. Como dato curioso, vivió sus últimos años retirada en Marbella.

En 1939, Hitchcock se traslada a los Estados Unidos, dando un giro muy importante a su carrera. En la década de los años cuarenta, trabaja en varias ocasiones con la actriz sueca Ingrid Bergman; en concreto protagonizó tres de sus películas: Recuerda (Spellbound, 1945); Encadenados (Notorious, 1946) y Atormentada (Under Capricorn, 1949).

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Ingrid Bergman no tenía el cabello rubio, sino castaño claro, pero eso no impidió que el director la convirtiera en la referente de las tres historias, confrontándola con solventes partenaires como Gregory Peck, Cary Grant y Joseph Cotten, y dando forma a un tipo determinado de heroína, no habitual en aquella época.

Pasaron cuatro años sin que encontrara otra musa. Durante ese tiempo, dirigió a Anne Baxter en Yo confieso (I Confess,1952), tiñéndola de rubio.

En la década de los cincuenta, Hitchcock encuentra a su musa preferida, una joven veinteañera llamada Grace Kelly. La convirtió en su ideal femenino: rubia, bella, inteligente, distinguida y sensual.

Donald Spoto en su conocida biografía sobre Hitchcock (3), a propósito de Grace Kelly y su sintonía con el director escribe: «Con su belleza fría y elegante, su pasión interior, su mente despierta, Grace Kelly era la encarnación de los fantasmas personales y profesionales del cineasta, (…) la actriz más colaboradora que conoció nunca». La relación entre ellos siempre fue cordial y respetuosa.

Hitchcock dirigió a la futura princesa de Mónaco en Crimen perfecto (Dial M for Murder, 1954), La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) y Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, 1955); en las que se encargó de supervisar cada detalle de su trabajo, su vestuario, maquillaje y peluquería para ajustarlos a su mujer soñada. En 1956 se quedó muy frustrado cuando Grace Kelly se casó con Rainiero de Mónaco y puso fin a su carrera en el cine.

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Ese mismo año, Hitchcock conoció a Vera Miles y firmó con ella un contrato de varios años. El primer proyecto que se concretó fue Falso culpable (The Wrong Man, 1957).

Para el siguiente proyecto Vértigo (De entre los muertos, 1958), contaba con la actriz, pensando en convertirla en una estrella de primera magnitud; pero cuando Hitchcock estaba a punto de iniciar el rodaje Vera Miles le anunció que estaba embarazada y que no podría participar en la película. En el último momento, Hitchcock tuvo que darle el papel a Kim Novak una actriz estadounidense, que ya había hecho notables películas como El hombre del brazo de oro (Otto Preminger, 1955) o Picnic (Joshua Logan, 1955).  Su relación con Hitchcock fue tensa y distante desde el principio, ya que no se sintió cómoda con la forma de trabajar del director.

Al finalizar la década descubre a su siguiente rubia, Eva Marie Saint, dándole el papel protagonista en Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959). Con ella no tuvo grandes conflictos. Como de costumbre, escogió su vestuario buscando la imagen sofisticada que deseaba.

Más tarde le tocó el turno a Janet Leigh, a quien inmortalizó con la escena del asesinato bajo la ducha en Psicosis (Psycho, 1960). En este film también trabajó Vera Miles.

En 1961, cuando Hitchcock tenía 62 años, vio en televisión un anuncio publicitario donde aparecía una bella modelo rubia que llamó su atención, era Tippi Hedren: una divorciada de 31 años, madre de una niña (Melanie Griffith), que se convirtió en su último gran proyecto para «crear» una estrella. La hizo firmar un contrato de siete años y, aunque carecía de experiencia como actriz, la lanzó al estrellato en Los pájaros (The birds, 1963).

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Donald Spoto (4) describe el rodaje de este complejo film como tortuoso para la actriz. La situación se volvió preocupante cuando Hitchcock la obligó a rodar durante cinco días la violenta escena en que los pájaros la agredían. Tippi terminó con un colapso nervioso.

Aun así, por temor a los problemas que le traería romper el contrato firmado, hizo una segunda película con él: Marnie, la ladrona (Marnie, 1964). Hitchcock la trataba cada vez peor y le prohibía hablar con los demás actores. Según la guionista Jay Presson Allen, «estaba loco por ella». Cuando Hedren no soportó más el acoso, Hitchcock la amenazó con destruir su carrera. «Y lo hizo», dijo la actriz.

Después de perder a Tippi Hedren, Hitchcock no volvió a ser el mismo y su carrera empezó a declinar.

Volvemos a Serge Koster para referirnos a Tippi Hedren, la última rubia de Alfred Hitchcock: «Él quiso inmiscuirse en su intimidad, ella le cerró su corazón y todo lo demás. ¿Hemos vuelto a ver muchas veces más a este raro ejemplar en una pantalla? “Ex modelo, belleza clásica”, anuncia el dossier de prensa, “rubia de inmensos ojos verdes y con un porte de reina”, ¿qué pasó con Tippi Hedren para que todo el mundo conspirara contra ella, empezando por aquellos que la consideraban groseramente sólo un sucedáneo de Grace Kelly?».

Las sofisticadas actrices que Hitchcock convirtió en estrellas de cine constituyen una faceta específica en la carrera del director. Glamour, belleza, sofisticación, elegancia, erotismo, sadismo… son las manifestaciones de la mirada de este genio del cine, que proyectan su fascinación por un tipo de mujer, inalcanzable para los mortales. Ellas permanecen en nuestro imaginario como sueños deslumbrantes, sueños que sólo cobran vida en las pantallas.

Escribe Juan de Pablos Pons


Notas

(1) Koster, Serge: Las fascinantes rubias de Alfred Hitchcock. Editorial Periférica, 2015.

(2) Schwanebeck, Wieland (Ed.): Reassessing the Hichcock Touch. Industry, Collaboration, and Filmmaking. Palgrave Macmillan, 2017.

(3) Spoto, Donald: La cara oculta del genio. RBA, 2008.

(4) Spoto, Donald: La cara oculta del genio. RBA, 2008.

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