Escaleras

  29 Enero 2021

El dominio de Hitchcock sobre cada elemento

escalera-0-hitchLas escaleras han sido un elemento muy relevante a lo largo de la historia del cine. En algunos casos se han convertido incluso en representaciones icónicas de las películas en las que aparecen, como es el caso, de sobra conocido, de la escalera de Odessa en El acorazado Potemkin o aquella por la que descendía, aferrándose a los últimos rescoldos de diva, Norma Desmond al final de El crepúsculo de los dioses.

Hitchcock lo comprendió desde el primer momento, y ya en su etapa inglesa tienen un papel muy significativo en películas como Easy virtue (1927) o Juno y el pavo real (Juno and the paycock, 1930).

Cuando llega a Estados Unidos continúa la utilización y depura el protagonismo de este elemento arquitectónico, en ocasiones sutiles presencias que van configurando un ambiente, en otras auténticos ejes sobre los que gira la historia.

Una escalera es un lugar de tránsito y como tal delimita dos espacios. Son estos los que le otorgan su razón de ser, pero al mismo tiempo establece una relación entre ellos, es decir, define unas posiciones muy marcadas por sí mismas y por referencia a la otra. Desde este punto de vista la escalera se diluye en sus extremos. Pero la escalera puede también adquirir una entidad propia al margen de su función, y es ahí cuando su tipología pasa a ser relevante.

En el primer caso su presencia tiene una función narrativa; en el segundo la importancia que se le concede está en relación a la puesta en escena. Ambos enfoques están presentes en el cine de Hitchcock.

Escalera como atrezo

Las películas de Hitchcock están repletas de escaleras porque están repletas de mansiones, y en todas ellas hay una escalera que las define (no sólo las hay en las casas, también en los teatros, las embajadas o las iglesias). Sobre este elemento descansa la descripción del conjunto, aglutinando las características del continente que la comprende. Se trata de una sinécdoque fílmica que nos permite trascender sus límites para conocer el lugar en el que se inserta.

La grandeza de Manderley en Rebeca (Rebecca, 1940) es acorde con la magnificencia de la escalinata que ocupa su centro. Su estilo contundente, hasta recargado, representa bien las características de la residencia del Señor de Winter. Lo mismo cabría decir de la que estructura la estancia del Señor Flusky en Atormentada (Under Capricorn, 1949), otro potentado que vive acorde con sus posibilidades.

Cuando los recursos económicos son menores las residencias no son tan lujosas, pero seguimos encontrando escaleras que conducen a una zona superior o a los sótanos, como en Encadenados (Notorious, 1946), La sombra de una duda (Shadow of a doubt, 1943), Psicosis (Psycho, 1960) o Los pájaros (The birds, 1963). Hasta para acceder a los apartamentos en los que viven Bob y trabaja Brenda en Frenesí (Frenzy, 1972) se necesita subir una escalera, en este caso mucho más humilde.

La adecuación entre la escalera y el nivel económico se ve muy bien en Sospecha (Suspicion, 1941). Lina abandonará la opulenta morada de sus padres cuando se case con John y se irá a vivir a una estancia más modesta. En ambos casos nos encontramos con sendas escaleras que reflejan el descenso en la escala social que la joven ha experimentado. Del lujo de la casa paterna a la más sencilla residencia de casada.

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Además de ser una representante del conjunto, la escalera en muchas ocasiones posee una forma relevante para la narración en la que se inserta. Ya hemos mencionado la contundencia de la que aparece en Manderley, adecuada para reflejar el mundo rígido y vetusto al que la nueva Señora de Winter va a acceder. Pero además la casa está plagada de escalones que conducen de una estancia a otra, lo cual, amén de mostrar la antigua habitación de Rebeca en un plano superior, subrayando así el dominio que continúa ejerciendo sobre el conjunto, abunda en el tortuoso mundo interno en el que viven todos los personajes. Los ascensos y descensos que continuamente realizan en sus movimientos por la casa son un fiel reflejo de sus inquietudes.

El valor psicológico de las escaleras, al margen de la iluminación peculiar que en cada momento propone Hitchcock, se reconoce también en su trazo. Tanto en Sospecha como en Encadenados son piezas curvas, lo que insinúa la angustia que genera su ascensión, sea el peligro del envenenamiento, sea el horror que arriba aguarda o sean, en fin, las dificultades del incierto rescate de Alicia.

La angostura de estos espacios es también utilizada por el maestro para generar suspense. En estos casos suelen ser el camino a un peligro intuido pero desconocido. Es lo que ocurre por ejemplo en Psicosis, donde la escalera es doble, sirviendo para acceder a la casa en la que viven Norman Bates (y quizá su madre), y dentro de ella a las estancias superiores donde sospechamos que se aloja la asesina. La primera se filma entre brumas, por la noche, perdiéndose en su final, mientras que la segunda queda apresada contra la pared, con su continuación hacia el sótano, como un pasillo amenazante.

Cabe referirse por último a las escaleras que, al margen de los lugares que conectan, son en sí mismas un peligro. Sería el caso de la escalera exterior de La sombra de una duda, que se transforma en una frustrada arma homicida cuando cede uno de sus peldaños, pero sobre todo la que encontramos en Vértigo (Vertigo, 1958), auténtica protagonista de la película, al menos en cuanto estructuradora de la trama, que adquiere la forma de un laberinto de tablones abiertos que valen más por lo que dejan entrever que por sí mismos, y que para Scottie representan la peor de las amenazas. La escalera se suspende aquí en el vacío, y son sus huecos los que la tornan peligrosa.

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Lugares inquietantes

Las escaleras de Hitchcock no conducen a un lugar cualquiera. Su aspecto ornamental va siempre acompañado de otro funcional, convirtiéndose así en un elemento clave de la narración.

Esos lugares a los que nos llevan pueden representar el sentido de la película entera, como es el caso apuntado de Vértigo: Sólo conociendo lo que se esconde al final de las escaleras que Scottie no puede subir entenderemos la historia que se nos ha contado.

Sin llegar a este extremo, en otras ocasiones los espacios comunicados por las escaleras albergan sucesos clave para hacer avanzar el relato, introduciendo giros o abriendo perspectivas cruciales. Así cabe entender, por citar sólo un caso, lo que ocurre en la bodega de la casa de Alexander Sebastian en Encadenados, a la que descienden primero Devlin y Alicia, y después el propio Sebastian, cambiando a partir de ese momento el devenir de los acontecimientos.

Sea como fuere, las escaleras conducen siempre a lugares inquietantes, los cuales conocemos directamente o simplemente intuimos. Cuando se trata de una mera sospecha, ésta se va alimentando a lo largo del filme hasta que finalmente se confirma, aunque no sea en el sentido en el que se planteó. Incluso llega a ocurrir que la escalera va cambiando su significado, pasando de ser un elemento neutro, hasta agradable, para ir perdiendo ese carácter poco a poco y tornarse temible. Donde más claro lo tenemos es en La sombra de una duda. Allí, cuando la película comienza, conduce a la habitación de la joven Charlie, pero cuando el tío llegue a la casa se instalará en la parte superior, y las sospechas sobre él irán tornando la escalera más lúgubre. Hitchcock refuerza esta idea llenándola de sombras, convirtiéndola en el camino amenazante hacia un lugar peligroso.

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Cuando el punto de vista adoptado es el del personaje de la película, la amenaza comienza teniendo la forma del misterio, y sólo cuando se conozca la realidad se hará efectiva, o bien se desactivará. En el caso de Vértigo las escaleras del hotel llevan a la habitación de Carlota, o eso es lo que Scottie, ajeno al engaño del que está siendo objeto, cree. La cumbre del campanario seguirá siendo un enigma para él, aún ignorante de lo que ocurre, por más que para el espectador, ya consciente, se transforme en un peligro.

El mismo esquema lo tenemos en Psicosis, en este caso con la habitación de la madre de Norman, para llegar a la cual hay que ascender primero hasta la casa desde el motel, y después a la habitación superior. El peligro que allí se encierra queda confirmado con el asesinato del detective que intenta indagar lo que ocurre.

A veces las escaleras sólo están presentidas, pero eso no las hace menos temibles. En Encadenados Alex está dando una fiesta y el champán escasea. Sabemos que cuando se agote tendrá que bajar al sótano a por más y descubrirá lo que se está tramando. La escalera que lleva allí, sin mostrarse, se hace cada vez más presente, y, como las antes citadas, conduce al desastre. En esta misma película las escaleras se convierten en caminos al cadalso, en primer lugar cuando Alex baja junto a su madre, Alicia y Devlin mientras abajo le esperan sus compinches que han comenzado a dudar de él, y finalmente las que sube camino de la casa en la que están aguardándole sus verdugos.

Los lugares a los que las escaleras conducen muchas veces han sido escenarios de delitos, o encierran un peligro físico evidente, lo que incide en su carácter temible. Son las que conducen a la habitación de arriba, donde Melanie va a sufrir el ataque de los pájaros, o las que llevan al embarcadero en el que se vio por última vez a Rebeca, de cuya muerte se acusa al Señor de Winter, o en las que se asesina, supuestamente, a Van Meer en Enviado especial (Foreign Correspondent, 1940).

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También las que permiten acceder al despacho de Brenda y a la vivienda de Bob (Frenesí) donde éste ha cometido sus crímenes. En este último caso la cámara sigue a la víctima hacia el lugar en el que morirá, y al llegar a la puerta se da la vuelta y la abandona a su suerte, desprotegiéndola, volviendo a la calle donde, allí sí, la vida sigue su curso. Por último, Bruce Dern, en La trama (Family Plot, 1976) ha de subir varios tramos de escaleras hasta llegar a la catedral en la que se va a secuestrar al obispo.

Algunos delitos se quedan en meras tentativas. En Encadenados, Alicia va a ser envenenada en el cuarto de arriba, lugar donde, por otra parte, extiende sus dominios la madre de Alex, en el fondo el mismo esquema utilizado en Psicosis. La escalera retorcida conduce por tanto al lugar del crimen, por mucho que en esta ocasión no pueda completarse. De este modo las escaleras suponen también el acceso a lugares que adquieren carácter de prisión, como ya ocurría en Enviado especial y la pensión donde está secuestrado Van Meer, o en El hombre que sabía demasiado (The man who knew too much, 1956) y la embajada donde retienen al niño.

Cuando se produzca el rescate deberá desandarse el recorrido anterior. En Encadenados Alicia es conducida a su habitación por Alex y sus invitados a pesar de su resistencia, como si fuera una presa conducida por sus guardianes. Cuando Devlin la rescata su tarea consistirá en enmendar ese ascenso. La escena se convierte en emblemática en el cine de Hitchcock, y con escasas variaciones se repetirá en películas posteriores. Ocurre en El hombre que sabía demasiado y el rescate del niño, o en Los pájaros, cuando Melanie ha de ser ayudada a escapar de los pájaros enloquecidos y es transportada inconsciente por Mitch y su madre.

Consideración aparte merece Sospecha. En esta película se adelanta lo que después veremos en Encadenados. La joven Lina es recluida en la habitación de arriba por parte de su marido, quien la lleva de la mano a través de las escaleras plagadas de sombras, y también en curva, hacia un lugar para ella temible. Hitchcock juega con la ambigüedad que le ofrece el cinismo de Cary Grant e introduce la archiconocida escena del vaso de leche (en Encadenados serán las tazas de café), pero lo que parecía cárcel no lo es, y el supuesto asesino es en realidad un enamorado que la está protegiendo.

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Perspectivas

Las escaleras representan un lugar privilegiado para la introducción de picados y contrapicados, y a través de ellos para señalar dominio, jerarquía, peligro o amenaza. Hitchcock no desaprovecha estas posibilidades, que son exprimidas reiteradamente.

Ya hemos hablado de la madre de Alex Sebastian. Su presentación se hace observándola arriba de la escalera, la cual desciende cuando llega Alicia. Se trata de toda una declaración de principios, por el lugar que ocupa en la casa (las escaleras de Hitchcock suelen ser escaleras abiertas desde las que se observa lo que ocurre abajo, atalayas que posibilitan el control) y por el hecho de dignarse a descender para recibir a quien va a ocupar un rango inferior. La escena es filmada desde los ojos de Alicia, quien contempla todo el descenso hasta llegar a ella, en un primer plano que se le echa encima, que la aplasta.

Establecidos los espacios ya no es necesario recurrir a la presencia física del personaje para reconocer su efecto. Cuando comienza la fiesta se nos ofrece una panorámica desde el piso de arriba en la que podemos contemplar a los invitados y anfitriones, y a partir de ahí un lento movimiento de cámara va acercando la imagen hasta mostrarnos el detalle de la mano de Alicia con la llave sustraída. Aunque no lo haga de manera explícita, Hitchcock nos avisa del ojo universal que todo lo ve (la madre de Alex) y que, en consecuencia, acabará descubriendo el engaño. Cuando al final de la fiesta Alicia se dirija a sus aposentos, lo que en realidad hace es entrar en el territorio de su suegra, caer en sus garras. Y cuando Devlin la rescate la bajada de la escalera es la síntesis de la liberación.

En La sombra de una duda se encuentra el mismo diseño. La parte de arriba de la casa familiar ha sido transferida de la sobrina al tío, y en esa medida se ha tornado peligrosa. Las imágenes en contrapicado del tío Charlie recalcan su carácter intimidante, al tiempo que generan la desconfianza y el miedo en la joven. Cada vez más la figura del tío nos es ofrecida a través de la mirada de la sobrina, quien lo contempla como un elemento que se le impone desde arriba, que la asfixia, bien sea desde los escalones de la entrada a la casa, bien desde los que conducen a su cuarto o desde la ventana; en todo caso remarcando un desnivel entre los dos personajes. Finalmente la perspectiva se invierte, y cuando la sobrina baja las escaleras portando el anillo el tío tiene que reconocer su derrota y anunciar su marcha.

Hemos hecho un apresurado repaso por el significado que tienen las escaleras en el cine del maestro, y perfectamente podríamos haberlo hecho sobre las lámparas, las ventanas o los cuadros que cuelgan de las paredes.

Todo ello no hace sino demostrar el perfecto domino que tenía sobre los elementos utilizados en sus películas, y de esa forma confirmar lo que ya sabíamos, la concepción de cada una de sus obras como un todo en el que cada elemento desempeña una función muy precisa.

Escribe Marcial Moreno

 

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