La soga (Rope, 1948)

  10 Marzo 2021

Rumbo a Estados Unidos

la-soga-0En 1938, con la Segunda Guerra Mundial a las puertas, Alfred Hitchcock firmó un contrato con Selznick, pues su conocido gran talento traspasaba fronteras.

Ya en 1939 se traslada con su familia a Estados Unidos, iniciando con Rebeca la conocida como «etapa americana». Su experimentación en el cine y su coronación como maestro del suspense no es ajena ni siquiera a los neófitos del séptimo arte.

El carismático director y su «peculiar» físico logró eclipsar a las estrellas que trabajaban con él, llegando a ser tan conocido o más que alguna de ellas, y hoy su nombre sigue resonando como uno de los más grandes del cine.

La soga

En 1948, tres años después de la conclusión de la nombrada guerra, realiza una obra técnicamente experimenta,l La soga, en ella inserta el tema del supremacismo que tan denostado había dejado al mundo, sobre todo a Europa. 

He aquí, la primera colaboración con uno de sus actores fetiche: James Stewart, junto a quien haría grandes y reconocidas obras, asimismo, fue la primera cinta de su productora Transatlantic Pictures, que tuvo una corta vida, y también fue su primera película en color.

La obra experimental fue rodada en un (falso) plano secuencia; en ella narra el asesinato de David Kentley, estrangulado por sus amigos y pareja Brandon y Phillip, en el lujoso apartamento en el cual ambos conviven. Y que, gracias a la narrativa utilizada por Hitchcock, toma la apariencia de escenario de teatro.

Sólo el inicio, que muestra el exterior de la calle rompe con esa teatralidad estética creada por el plano secuencia, introduciéndonos al interior con el terrible grito del hombre asesinado, mostrándonos en ese acto de estrangulamiento, no solo un acto criminal, sino también sexual. Algo que más adelante, con Frenesí (1972), ocupará el tema central de la obra.

El asesinato como arte

La soga narra la pretensión de la joven pareja, Brandon y Phillip, de cometer un asesinato realizado a modo de obra de arte y salir impunes. Como colofón de su hazaña, a Brandon, quien   realmente es el asesino y mente del delito, se le ocurre celebrar una pequeña fiesta a la cual invitan al padre, la tía, la novia y al mejor amigo del asesinado, y también a Rupert Cadell (James Stewart) profesor que en el instituto impartió clase a los cuatro chicos.

Brandon, en una charla con el profesor, expone su teoría según la cual el asesinato está más que justificado: un ser inferior puede y debe ser asesinado; si bien Cadell se mantiene en una línea teórica que linda con el humor negro, Brandon va mucho más allá, algo que hace sospechar al profesor. En este momento, Hitchcock, el rey del crimen cinematográfico, parece presentar su reprobación a los crímenes cometidos muy recientemente por la Alemania nazi.

Sucede con la personal tesis donde  Brandon expone sus ideas acerca de por qué el asesinato es aceptable: todo ser superior, como lo es él, tiene derecho a matar a otros que él considere inferiores sin que ello constituya un delito.Cuando las sospechas de Cadell se confirman, averiguando el terrible asesinato pertrechado, se da cuenta de su grave error y cambia de opinión, nadie tiene derecho a asesinar a otro ser humano.

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Suspense

El suspense acerca de un asesinato venidero —al que nos tiene acostumbrados en sus obras— en esta ocasión no está representado en su modo habitual, pues el personaje al cual le acecha un gran peligro que él ignora es asesinado al inicio, lo vemos morir justo al final del estrangulamiento. Pese a todo, el suspense se mantiene gracias a la incertidumbre de la «investigación» y las elucubraciones mentales que vemos reflejados en el rostro de James Stewart.

La intriga de no saber en qué momento su mente privilegiada recompondrá el puzle que culpabilice a los asesinos y descubra el cadáver sobre el cual están cenando crea la tensión en un espectador al que poco a poco se le muestra que el momento está cercano, para frustrarnos cancelándolo y llevándolo hasta el final.

¿Cómo lo hace? Hitchcock deja en plano la improvisada mesa, un arcón en el que guardan libros y el cadáver, mientras la asistenta, la señora Wilson, recoge la cena y se dispone a abrir el arcón para guardar unos libros; al mismo tiempo, fuera de plano, una entretenida conversación entre asesino (Brandon) y «detective» (Cadell) los mantiene distraídos y ajenos a lo que en plano está ocurriendo. La frustración del espectador viene cuando en el momento de la apertura el asesino se percata e impide que se descubra. Así, en ese tira y afloja la incertidumbre se prolonga.

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Por otra parte, dicha tensión se ve incrementada en ese largo plano secuencia que es toda la película y que mantiene expectante a un espectador que espera a ese corte de plano. Algo que, bien es sabido, no acontece, pues los pocos cortes que tiene son técnicos y se encuentran hábilmente enmascarados.

A ello hay que sumarle el recurso del «misterio de la habitación cerrada» (si bien con alguna que otra variante, como que el espectador conozca la identidad del asesino): es el apartamento en donde sucede el asesinato y en el cual nos vemos «encerrados» los espectadores hasta que el personaje que ejerce de detective resuelva el caso y, finalmente, nos libere de la tensión.

Hasta que el sonido de las sirenas que provienen del exterior se filtra en el interior del apartamento, realmente, el espectador no rebaja la tensión y el nerviosismo.

Escribe María González

(PD: no os perdáis el tráiler original filmado por Hitchcock… donde muestra escenas fuera del apartamento que no aparecen en el film, pero completan la trama.)

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