Criadas y señoras (The help, 2011), de Tate Taylor

  16 Octubre 2020

Prejuicios

criadas-y-senoras-0En mayor o en menor medida todos estamos llenos de prejuicios, recelamos de todo aquel o aquello que es diferente de lo que estamos acostumbrados, ya sea por temor o curiosidad, la mirada hacia lo diferente varía.

Sin embargo, en una actualidad tan globalizada y diversa como en la que nos encontramos, nuestra mirada debería estar más habituada, pero no es así. Los antiguos problemas raciales que creíamos haber superado alardeando de ese «yo no soy racista», que en una era de conocimiento y modernidad debería ser cierto, carece, a la hora de la verdad, de autenticidad.

El problema se acrecienta cuando en un mismo país, donde sus habitantes poseen diferente color de piel entre sí, unos de ellos son relegados a ciudadanos de segunda clase; habitantes con las mismas obligaciones, pero con diferentes derechos. El blanco occidental prevalece sobre el negro.

El reciente lema «Black lives matter» surgido en Estados Unidos tras los asesinatos indiscriminados de ciudadanos afroamericanos a manos de la brutalidad policial, tras la muerte de estos hombres por cuestión del racismo, ha recorrido el mundo entero (también ha habido mujeres, ellas son casos menos mediáticos a nivel mundial, ellas aún importan menos pues sufren una doble discriminación: la de su sexo y la de su piel).

El cine sobre racismo

El tema no es nuevo y el cine se ha hecho eco de esta problemática. Desde hace muchos años, actores iconográficos como el gran Sidney Poitier se han convertido en un clásico de las obras de temática racista.

Entre las muchas películas sobre racismo, Criadas y señoras (Tate Taylor, 2011) se remonta al problema situándolo en los Estados Unidos de los años 60, década en la cual comenzaban a reclamarse con fuerza los derechos fundamentales entre ciudadanos.

Pero ésta no sólo se centra en la falta de derechos por el color, también se centra en la falta de ellos en las mujeres: ellas protagonizan la obra. Las criadas negras de una ciudad sureña de los Estados Unidos relatan sus historias bajo su punto de vista, como mujeres negras al servicio de unas jóvenes blancas recién casadas, de clase media, que se creen sus dueñas.

El ser diferente

Skeeter (Emma Stone), recién licenciada en periodismo y con ansias de escribir, dará voz a estas mujeres y narrará sus vivencias y sentimientos. Es una joven rebelde: diferente por dentro, con sus ganas de cambiarlo todo; y por fuera, con su pelo rizado y rojo que tampoco encaja entre las disciplinadas e impecables melenas rubias de las «señoritas».

Desde el punto de vista histórico la obra requiere mucha atención por parte del espectador, pues cada diálogo contiene gran cantidad de datos que nos pasan desapercibidos. Como el temor de Aibileen (Viola Davis) a contar su historia, ya que a su prima le quemaron el coche sólo por pasar por un colegio electoral, y es que, si en Estados Unidos el sufragio femenino se ganó en 1920, únicamente era para las blancas, a las negras no les llegaría hasta 1967.

La película reafirma esa diferencia entre personas, aunque ellas sean también seres humanos.

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Segregación

La división por categorías humanas hombre-mujer, blancos-negros y los privilegios de las primeras categorías (hombre blanco) en detrimento de las segundas son evidentes. No obstante, en paralelo hay una subdivisión, la de un grupo de mujeres, negras y blancas, que no encajan en el molde social al cual deberían encasillarse, no se someten a esas normas, esas «inadaptadas» se unen para crear un frente unido y una protesta en forma de libro.

La obra pone de relieve la sociedad estadounidense del sur en los años sesenta, con sus estereotipos, su American way of life y sus prejuicios. Habla de esas jóvenes herederas de las no tan lejanas tradiciones esclavistas que creen estar en posesión de todo derecho, superioridad y dominio de sus criadas, mujeres con una supuesta vida perfecta como esposas-florero-amas de casa.

Skeeter, la escritora, no encaja en ese estereotipo. Tiene estudios y aspira a más, a una independencia, a un buen trabajo como periodista, y como colofón, está en contra del trato que reciben las sirvientas. Todo ello la excluye de esa sociedad «idílica», no encaja, es una paria. Tratan de amoldarla buscándole novio y alisando su pelo, no obstante, tanto su melena como su carácter no toleran ese clima en el que le toca vivir.

Ellas

Hilly (Bryce Dallas Howard), su antigua mejor amiga, se presenta como el personaje antagonista. Ella es la abanderada de los ideales sureños «juntos pero separados». De su boca solo salen aberraciones que dañan a todo ser con un mínimo de cerebro y sensibilidad. Una poderosa niña rica, clasista y racista que tratará de destruir a toda aquella que se le interponga. Así lo hace con Celia (Jessica Chastain), una buena persona, una mujer exuberante, alocada y con una gran sensualidad.

Celia tampoco se ajusta a la norma social establecida, con su cuerpo curvilíneo que no duda en mostrar y su carácter jovial y sano, carece de maldad y no entiende de colores. Minny (Octavia Spencer), contratada para encargarse de las labores de su casa, se convertirá en su mejor amiga.

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Minny es, de las criadas, la más rebelde, ella no se somete al «amo» pues ya no hay esclavitud, al menos en teoría. Al comenzar a trabajar para Celia, se convertirá en la guía de la joven y también en su salvación. Asimismo, Celia es quien le dará las fuerzas necesarias para abandonar un hogar de malos tratos. Ambas unidas por una enemiga común y por la intimidad de los secretos, desembocará en una fuerte amistad y gratitud.

Aibileen, quien abre y cierra la película con su voz calmada, ella encarna a todas. Es la primera criada en unirse a la causa de Skeeter. Es la primera narradora, gracias a la cual aparecerán más mujeres, las necesarias para crear el libro de denuncia, mostrando desde su perspectiva una vida a la cual se han visto obligadas a vivir.

«¿Te habría gustado ser otra cosa?» es la primera pregunta. Pero su destino venía marcado por el color de su piel. Su abuela fue esclava, su madre criada y ella no podía optar a otra cosa. Un trabajo duro, falto de respeto, con pocos derechos y mal pagado. El hecho de nacer con un color determinado había marcado su destino.

Sin embargo, el binomio que forma con Skeeter hará posible que ambas cambien su destino. Ella será algo más, una escritora, y Skeeter logrará el trabajo en la revista. La unión de estas figuras inadaptadas dará resultados positivos.

Por otro lado, están los personajes que no aprueban la situación, pero que por miedo a ser excluidas y convertirse en parias, aceptan y no luchan. Como la madre de Skeeter, una mujer culta y liberal (para la época) pues no ha dudado en dar una educación universitaria a su hija. Sin embargo, se adapta al ambiente racista, no alza su voz, no es valiente, carece del coraje de su hija, algo que valora de ella.

La película está basada en el libro homónimo de Kathryn Stockett publicado en 2009, una protesta muy en la línea de lo que llevamos viendo en estos últimos meses.

Escribe María González

 

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