George Harrison: Living in the material world (2011)

  15 Agosto 2020

Ordinary material 

george-harrison-0El interés de Martin Scorsese por la música ha estado siempre presente en sus películas. La mayoría de las veces a través de una cuidada selección de las canciones de sus bandas sonoras que, según la época ambientada, servían para arropar la historia y los personajes.

Pero junto a este uso de la canción como un elemento secundario de la película, el director italoamericano cuenta en su filmografía con varios documentales dedicados íntegramente a las manifestaciones musicales. El primero de ellos fue The last waltz, una producción de 1978 en la que se mostraba el concierto de despedida de The Band, la banda que acompañaba a Bob Dylan y se reflexionaba sobre el fin de un grupo y de un tiempo.

Posteriormente esos proyectos estrictamente musicales irían repitiéndose en su filmografía en sucesivos años. La película corta que acompañaba al tema Bad de Michael Jackson; la serie de televisión sobre el blues; el documental sobre una de las etapas más importantes de Bob Dylan, aquella donde el cantautor americano cambió el acompañamiento acústico por el eléctrico, No direction home: Bob Dylan; y por último, la filmación de un concierto de los Rolling Stones, Shine a light.

Y ahora se estrena, tras su paso por el apartado Zabaltegui del pasado Festival de cine de San Sebastián, y su exhibición en la televisión por cable americana, el documental George Harrison: living in the material world.

Un acercamiento a la figura del componente de The Beatles mediante la recopilación de imágenes y el apoyo de entrevistas con todas las personas que, en las diferentes etapas, han tenido oportunidad de conocer y relacionarse con Harrison: Paul McCartney, Ringo Starr, Eric Clapton, Terry Gilliam, Jackie Stewart, Yoko Ono, familiares y amigos…

Para encauzar el biopic del guitarrista inglés, Scorsese apuesta por mantener el itinerario cronológico temporal, comenzando con el nacimiento de Harrison a finales de la Segunda Guerra Mundial, para ir avanzando en una serie de acontecimientos que desembocan inevitablemente con la formación del admirado grupo de Liverpool.

Los primeros ensayos, la génesis del grupo, la amistad con Lennon y McCartney, la significativa etapa de Hamburgo y por fin la locura desatada por la beatlemania. En esa primera parte con The Beatles, Scorsese intenta destacar el carácter introvertido de Harrison y el enorme potencial compositivo del tándem Lennon-McCartney que ahogaba cualquier posibilidad de que Harrison pudiera colocar alguna canción en los exitosos álbumes del cuarteto inglés.

Estas dudas y ansiedades, unido a todo el vendaval mediático en el que se vieron inmersos los cuatro jóvenes, hacen que la figura de Harrison adopte un tono sombrío, frustrado y donde la meditación y las filosofías orientales, muy en boga a mediados y finales de los 60, sean su vía de escape para encontrar su lugar en un mundo dominado por la moda y el materialismo. El contacto con el músico hindú Ravi Shankar será fundamental para desarrollar esa espiritualidad que le acompañará durante toda su vida.

La publicación de los temas While my guitar gently weeps, Something y Here comes the sun en los últimos discos de The Beatles le afianzan como un enorme compositor y facilita el tránsito para la segunda parte del documental que se centra en la etapa en solitario de Harrison.

Tras la disolución del conjunto británico, George Harrison explota toda su creatividad con la edición del triple álbum All things must pass, producido por Phil Spector, que también participa en las entrevistas del filme, y el concierto benéfico por Bangladesh que se celebró en 1971.

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Tras esa etapa álgida, el documental se centra en los diferentes caminos por los que transcurre la vida de Harrison que, junto a la música, ira profundizando en su pasión por el cine, inicialmente como productor de los Monthy Pyton (posibilitó la financiación para la puesta en marcha de La vida de Brian) y su afición por las carreras de coches. En esta parte se descubre un Harrison apartado de los oropeles de la fama y recluido junto a su familia en su enorme residencia. En la parte final el protagonismo lo asume su viuda, Olivia Harrison, y se transmite cierta quietud en los momentos finales en los cuales se narra la muerte del ex Beatles.

El problema de la propuesta de Scorsese es que los más de 200 minutos apenas aportan novedades significativas o un análisis particular sobre la vida de Harrison que ya no esté presente en otras imágenes. La etapa en la que perteneció a los Beatles está suficientemente documentada y la figura de Harrison no consigue emerger del influjo de John Lennon y Paul Mccartney.

En la parte dedicada a la trayectoria en solitario, quizá porque la producción corre a cargo de la viuda, Olivia Harrison, el documental no tiene un carácter reflexivo ni medianamente crítico con la obra del guitarrista. El documental pasa de puntillas sobre los continuos fracasos que siguieron a sus primeros discos o la acusación de plagio sobre su canción más emblemática, My sweet lord, y concede más importancia a acontecimientos como el intento de asesinato que sufrió en su casa en 1999.

Durante ese periodo temporal en el que Harrison vuela en solitario y que abarca cuatro décadas, es decir, una etapa cuantitativamente superior a los diez años con The Beatles, no tenemos una explicación de los cambios que suceden en la sociedad, en la música, ni qué recorrido artístico sigue Harrison pues tan sólo asistimos a hitos puntuales (un concierto, la gestación de los Traveling Wilburys, etc.).

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Al ex Beatle se le suele tildar en la abundante bibliografía como un hombre tímido, introspectivo, invisible. Y el documental de Scorsese no consigue devolver la figura de Harrison a un primer término. Las numerosas entrevistas, entre las que podemos destacar la de su amigo y colega Eric Clapton, glosan las virtudes del hombre y del artista, pero apenas traspasan la capa protectora con la que Harrison envolvió su vida.

Nos queda el material doméstico rodado por el Harrison, un buen puñado de excelentes canciones, un par de momentos brillantes donde las imágenes se acoplan perfectamente con la música (All things must pass y las escenas de una Inglaterra bombardeada, While my guitar gently weeps) y cierta sensación que este desarrollo lineal de la narración contribuye a la escasa capacidad de riesgo que muestra el documental.

Y prueba de ello es que el único momento en que Scorsese enfrenta pasado y futuro, con unas imágenes en las que vemos a unos Beatles adolescentes y a continuación se muestra el momento de la firma de la separación del grupo, años después, intuimos como el juego con el montaje consigue elevar el tono de la narración.

Desafortunadamente este recurso no es la apuesta elegida por Scorsese y ese Harrison que se asoma fugazmente tras unas flores en la escena inicial permanece igual de enigmático cuando termina el filme.

Escribe Luis Tormo


Más información:

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