Shutter Island (Shutter Island, 2010)

  13 Agosto 2020

El género

shutter-island-0Intriga, suspense, cine negro, película de detectives…, en numerosas ocasiones todo esto va de la mano. En esta ocasión, nos encontramos ante un predominio del thriller psicológico.

Sin embargo, llevar multitud de características en una misma obra no es sencillo, por ser habitual no debemos suponer que sea fácil. Es más, nunca lo es cuando la obra adquiere la calidad a la que cineastas como Scorsese nos tiene acostumbrados, tal vez podríamos decir malacostumbrados, ya que presuponemos, con su buen hacer habitual, una sencillez en la elaboración de su trabajo.

Que en ocasiones como esta, hay quien califica a la película como una obra menor, con el baremo del propio director como medida. Injustamente, con ese calificativo la cinta termina por ser menos valorada. Sin embargo, si fuera medida por el panorama general, no se le daría el calificativo de obra menor.

En Shutter Island (2010) nos introduce en la mente del protagonista, el detective Teddy Daniels, quien, junto a su compañero Chuck Aule, van a investigar la huida de una peligrosa interna del psiquiátrico, Rachel Solando.

No obstante, al hacernos ver el mundo a través de los ojos de Teddy, todo el lugar resulta amenazador, oscuro y siniestro, terminado tan desconcertados como el protagonista, con dudas interminables y certezas confusas.

Los recuerdos

Los flashbacks sirven como medio para insinuar al espectador esa desorientación que, posteriormente irá en aumento. Unos «recuerdos» que se intensificarán a medida que avance el metraje, mostrando la confusión de Teddy, que nos remite al dilema de Descartes: ¿cómo distinguir el sueño de la realidad? Sobre todo, cuando la solución a tal problema, su premisa «pienso, luego existo», aquí no funciona. Pues, en el mundo irracional de una mente perturbada, el propio pensamiento es el que confunde.

La forma de distinguir un mundo de otro es el color, el colorido brillante del recuerdo de Dolores contrasta con la oscuridad del psiquiátrico y su isla. Lo cual cambia sustancialmente al revelarse la verdad, coincidiendo con el fin de la tormenta. Cuando la isla pierde su hostilidad inicial.

Una tormenta huracanada que es utilizada con fines dramáticos ya que enfatiza lo terrible y lúgubre del lugar.

La llegada de los detectives a la isla resulta amenazadora. Como en una obra de terror, la isla es la localización elegida para dejarlos aislados del mundo exterior, accesible por el único ferry que no tendrá retorno por la omnipresente tormenta.

shutter-island-3

La consciencia del héroe

Si la isla y sus acantilados son hostiles, aún resulta peor la institución que aparece imponente, como la mansión Manderley de Rebeca, pero ahora en versión psiquiátrico. Una apariencia que toma el protagonismo que en las obras de terror tienen las casas encantadas.

Al fin y al cabo, cumple esa misión, es un antagonista del héroe. Su apariencia imperturbable y sus destructivos habitantes serán los obstáculos difíciles de salvar para el héroe y su misión de búsqueda de Rachel Solando.

Durante la búsqueda procede el habitual autoconocimiento de todo héroe no forjado, procediendo así a su propia evolución. El detective dudará de todo y de todos durante su camino heroico. Las dudas le conducirán directamente a la verdad. Nada es lo que parece.

Ni siquiera el final, ese «conócete a ti mismo» que reza en el oráculo, resultará ser lo esperado. La realidad es la que le lleva a la autodestrucción: «¿qué sería mejor vivir como un monstruo o irse como un hombre bueno?>. La consciencia y la conciencia, cuando se adquieren, resultan insoportables.

El bifacetismo heroico del personaje protagonista se desvela al final del thriller para sorpresa del espectador y del propio personaje, ya que ambos a lo largo de la película creían estar envueltos por un misterio rayano al subgénero de casas encantadas.

shutter-island-2

Las referencias cinematográficas

No obstante, cuando la verdad se muestra la realidad resulta menos esotérica.

En los recuerdos del campo de concentración, los flashbacks muestran a una niña fallecida entre varios cadáveres, la cual en ocasiones recobra la vida en la mente del protagonista, en estas imágenes oníricas en las que la niña ostenta el protagonismo de la imagen, nos remite a la iconográfica niña del abrigo rojo de La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993).

Según avanza el metraje, todo recuerdo se revela como una aparición fantasmagórica, surrealista, a excepción del último recuerdo, el real, el que nos devuelve a todos la cordura.

Asimismo, el protagonista, ese personaje enloquecido que vive en un universo paralelo al real, comparte similitudes con las obras de Lynch, sin llegar a sus excesos, pero sí cercano a ellos, aunque la estética entre ambos autores sí es diferente.

No es la primera vez que Scorsese acerca el género del thriller al del terror. En el remake que realizó en 1991, El cabo del miedo, su actor fetiche, De Niro, y su versátil mirada aterrorizó, y aterroriza, a todo espectador.

Su otro actor favorito, Di Caprio, también representa la locura, pero, en esta obra, de forma pausada, confundiendo al espectador, sin ser amenazante. El género negro con el cual se inicia la obra va fundiéndose levemente con el terror a medida que avanza la obra, en un ritmo lento, no obstante, pese a resultar inquietante y confuso, en ningún momento llegamos a percibir puro terror, un miedo que la de 1991 realmente sí produce.

shutter-island-1

La femme fatale

Como ya es habitual en el séptimo arte y en obras literarias, la figura de la mujer, personaje secundario en el cual se apoya el principal, es la causante de todos los males del hombre, del héroe. Ella es la perdición del hombre y el origen de su desequilibrio, ella es la culpable de todo el mal.

Personaje habitual del cine negro (o neo noir), del thriller, la femme fatale, la destructora, es un personaje imprescindible del género, ella le conduce a la tragedia, a su destrucción.

Dolores, su esposa, de apariencia virtuosa y representante del arquetipo de amante madre y esposa, personifica el engaño que la mujer fatal posee en el imaginario del cine negro. Una Lolita ya crecida y adulta, pero igual de destructora que la de Nabokov y Kubrick.

Y es que, pese a que desde hace unas décadas (los 90) el tema está evolucionando, es muy habitual, tanto en cine como en literatura, la figura de la mujer como causante del mal del héroe, ya sea una mujer benefactora o un personaje destructor, como Dolores.

Pero, como decía, este estigma está cambiando, para limitarse a imágenes arquetípicas.

En la obra de Scorsese, una enfermedad mental es realmente, en último término, la causante de toda la destrucción, no Dolores en sí, ella es una víctima más de la terrible enfermedad y el héroe, su marido, el único capaz de «salvarla», aunque la salvación que ella le ruega suponga la destrucción de ambos.

Teddy, como todo buen héroe, por esa consigna que el personaje mantiene —servir y proteger—, llegará a las últimas consecuencias.

Escribe María González


Más información sobre Scorsese y Shutter Island:

Shutter Island en el 60 Festival de Berlín
El guión como objeto de deseo

shutter-island-scorsese