El aviador (The aviator, 2004)

  21 Mayo 2020

Película excelente y un exceso de patologías

el-aviador-0Fui a una sala de cine en Madrid poco antes de las fiestas navideñas, a ver el estreno de esta película de Martin Scorsese que prometía mucho. Para empezar, era la historia de un hombre controvertido a la vez que polifacético e inestable: Howard Hughes.

Hughes, un hombre que se convirtió tras unas acertadas inversiones, en uno de los productores más poderosos del Hollywood de los años treinta y cuarenta. Promocionó a actrices como Jean Harlow, llegando a ser el propietario de la RKO Radio Pictures. Pero Hughes era un personaje ambicioso que desplegó también sus tentáculos en la industria y comercialización del sector de la aviación, de ahí el título de la cinta; nuestro prohombre jugó sin duda un papel relevante por sus innovaciones en el diseño y construcción de aviones en una época en la cual se comenzaba a volar, por todo lo alto.

Hay una secuencia destacada en este largo y emocionante biopic, en la cual un desequilibrado Howard Hughes comparece ante una comisión del parlamento que le pregunta sobre los vínculos de sus empresas aeronáuticas y el gobierno. En ella, Scorsese hace una sinuosa e inteligente apuesta del personaje, un Howard Hughes al que hemos visto atormentado por un devastador trastorno obsesivo, que acierta a levantarse sobre sus dificultades, momento en el cual Scorsese brinda desde la pantalla al espectador, la única y solitaria ocasión de identificarse con el personaje y sus circunstancias.

Y como escribe Torreiro: «Esa identificación —de Scorsese— (…) es al tiempo un peaje y una reivindicación: peaje con una industria a la que falló en su última película, Gangs of New York, un fracaso (…) que obsequia con uno de esos momentos que tanto ansía un productor, el de la empatía entre la platea y el protagonista. Pero también reivindicación, (…) Scorsese utiliza a su criatura como una suerte de búmeran: su triunfo ante la comisión es el triunfo de un solitario ante el establishment (…) el propio Scorsese, ante quienes actualmente mueven el cotarro de un cine que tan poco se parece al que él admira y gusta de realizar».

Pero esta obra no es mera parábola para hablar de su autor, se trata también de una película excelente sobre Hughes, que por sus cualidades técnicas y de abordaje fílmico, puede calificarse de exquisita.

Sin embargo, me dejó un regusto amargo, pues aunque le sobre calidad, sobre todo técnicamente, visualmente y en producción, sin embargo no seduce, no me atrajo lo que presumía y tampoco me emocionó lo que esperaba; incluso por momentos se me hizo pesada, entre otras por un excesivo metraje (166 minutos) y la obstinación por centrarse en los problemas psiquiátricos del personaje, con un tratamiento excesivo de su patología.

Lo digo desde mi modo de ver, y ya que entiendo algo sobre el tema. Empero, la película sí consigue reflejar la pasión que Hughes le pone a sus proyectos, incluso esa podría ser considerada por muchos una virtud principal, pero yerra en otros aspectos que la lastran, lamentablemente.

Vayamos al tema psiquiátrico que resulta principal en la cinta. Pues sabido es que el magnate era un enfermo mental, probablemente como consecuencia de una crianza y una educación materna victoriana que lo envolvió en sus propios males con un exceso de control y proximidad insana, pero esta es otra historia.

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Es mi parecer que el tiempo que dedica Scorsese a este capítulo de la enfermedad es desmedido y, además, con ciertas irregularidades en su tratamiento. Se describe hasta el hartazgo el cuadro TOC del protagonista (según la actual nomenclatura: Trastorno Obsesivo Compulsivo) y, como tal, las conductas anómalas resultan demasiado histriónico-dramáticas, un personaje casi arrastrándose con sus obsesiones, un paranoico de los gérmenes y los microbios.

Sabemos que el trastorno obsesivo compulsivo es denominado el «cáncer de la Psiquiatría» por sus dificultades para ser curado, y ciertamente eso dice la experiencia clínica, es un cuadro en el cual el paciente sufre mucho. Pero hay en esta película, en este cuadro mórbido del protagonista, aspectos poco creíbles.

Continuando con la psicopatología, también pasaba Hughes por períodos eufóricos o «maníacos», en los que se le ve entregado a su vocación y a sus sueños en forma jubilosa. Pero estos episodios exultantes van acompañados de bajones. Porque su segundo cuadro, que alterna con el TOC, es un perfil ciclotímico, maníaco-depresivo o «bipolar» como se dice hoy: oscilando entre la manía y la depresión.

De ese modo, Hughes padece una disfunción emocional muy incapacitante que alterna la euforia incansable con las caídas depresivas severas, junto a sus ideas obsesivas. Entonces ¿cómo fue posible que consiguiera el imperio que forjó? Porque esta película parece un fórum de Psiquiatría, más que a la aproximación al gran empresario y emprendedor que fue Howard Hughes.

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Cuando los trastornos de ansiedad (el trastorno obsesivo-compulsivo) y los trastornos del estado del ánimo (bipolaridad) se dan en forma conjunta, resulta una combinación explosiva que escasamente daría margen para emprendimientos.

Bien, pero apartándonos un poco de este asunto, creo que la obra tiene méritos sobrados. Es de justicia afirmar que la película está rodada de manera distinguida; con formas y un estilo que cada vez se pierde más en el cine comercial, ese que frecuenta las carteleras de hoy.

Con esta propuesta, el reconocido maestro obtiene un resultado con perfecto acabado, con secuencias inolvidables (las de aviones son espectaculares), ofreciendo una habilidosa mezcla que atrapa, sobre todo en momentos cumbre del filme. La realización es soberbia en todos los aspectos. En este sentido, Scorsese demuestra ser un clásico sin paliativos.

De otro lado, la cinta no deja de ser también el adornado y exagerado biopic de un personaje presuntamente incomprendido. Pero esta dimensión se acentúa cuando dirección y guion enfocan a una persona trastornada, y a la vez con un poder ilimitado confrontado apenas con los delirios de grandeza del propio Hughes.

Una urdimbre de ambición y hombre trastornado que carece de una clara conciencia de enfermedad. Un Hughes. por una parte admirado, por el esplendor de sus objetivos, pero asimismo apartado de sus ambiciones por su altanería, sus antojos y su petulancia, y también por su extravagancia y manifestaciones locas.

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Echo en falta en el retrato de Hughes la presencia de angustia franca, de necesidad de auxilio, lo cual lo sitúa en un escenario entre la inflexibilidad y el desmán, sin humanidad. El Hughes de Scorsese se coloca fuera de juego, como apartado de los esquemas sociales y afectivos, y entonces el magnate queda como en suspenso, sobrevolando las cosas con desafuero, como un ser despreciable.

No veo que la obra «comprenda», en sentido diltheyano, o acierte mediante un procedimiento descriptivo y analítico, al personaje; es decir, la trama no ofrece herramientas para comprender o penetrar introspectivamente en el psiquismo del ambicioso Hughes: sólo resalta su patológico engreimiento narcisista o su derrumbe psíquico cuando llega el caso, pero sin claroscuros intermedios.

Quizá Scorsese sienta piedad por el gran millonario cineasta y aviador, aunque el ritmo de la narración apenas da tregua a esa compasión. De acuerdo con Torreiro en que el filme ofrece el perfil de un superhéroe «internamente quebrado». Hughes parece haber vivido su vida en soledad, sólo acompañado de su vocación y el gusto por los emprendimientos a lo grande, lo cual fue su razón de vivir. Lo demás son puras distracciones.

Podríamos destacar también, de parte de Scorsese, haber construido un relato chocante, aunque disciplinado, que pese a estar concebido a lo grande y por todo lo alto, no olvida multitud de pinceladas, pormenores y detalles que enriquecen la película.

Howard Shore escribe una banda sonora magnífica que se combina con música de altos vuelos, como la Tocata y fuga de J. S. Bach, la 6ª Sinfonía de Tchaikovsky y Moonlight Serenade de Glenn Miller.

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La fotografía de Robert Richardson hace uso de una cámara dinámica, hermosos encuadres, planos próximos y tomas de gran profundidad. El guion de John Logan reconstruye hechos de la vida de Hughes que, aunque dispersos, resultan claros. Magnífico vestuario e iluminación, y una espléndida ambientación que nos transporta a los años 30-60 con gran verismo.

En cuanto al reparto, Leonardo DiCaprio hace una actuación soberbia y acertada; destaca igualmente Cate Blanchett, con un trabajo al alcance de pocas actrices en el rol de Katharine Hepburn; y están igualmente excelentes John C. Reilly, que aporta sobriedad y aplomo; Ian Holm, con su indiscutido oficio; Alan Alda que cumple sobradamente; sin olvidar a Kate Beckinsale, soberbia, estilo, belleza y muy creíble; Alec Baldwin, resultón y llenando pantalla; Willem Dafoe, sobrio y justo; o Jude Law, maravilloso el tiempo que le toca en pantalla. Todos ellos junto a un extenso reparto donde todos dan el corte.

«Cada vez que el film toma un avión, remonta el vuelo. (...) Tiene una opulenta reminiscencia de los clásicos de la MGM. (...) A pesar de los heroicos esfuerzos de sus estrellas,'The Aviator es un precioso jet, volando en piloto automático» (Richard Corliss: Time).

Premios y nominaciones en 2004: 5 Oscar: incluyendo mejor actriz secundaria (Cate Blanchett), fotografía, montaje genial de Thelma Schoonmaker, asidua de Scorsese (su 2º Oscar) y 11 nominaciones. 3 Globos de Oro: Mejor película drama, actor drama y BSO. 6 nominaciones. 4 premios BAFTA: incluyendo mejor película y actriz secundaria. 14 nominaciones. Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor diseño de producción. 3 nominaciones. American Film Institute (AFI): Top 10 Mejores películas del año. Critics' Choice Awards: Mejor director y compositor (Shore). 6 nominaciones. Asociación de Críticos de Chicago: Mejor Fotografía y Banda sonora. Sindicato de Productores (PGA): Mejor película. Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director. Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guion original. Sindicato de Actores (SAG): Mejor actriz secundaria (Cate Blanchett). 3 nominaciones.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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