Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990)

  16 Mayo 2020

Una historia desenfrenada

uno-de-los-nuestros-0El estreno de este filme en el año 1990 supuso la consagración de Martin Scorsese como uno de los grandes cineastas del cine norteamericano. Marcó respecto a sus películas anteriores un nivel de maestría no alcanzado hasta entonces.

Los fracasos comerciales de sus películas anteriores New York, New York (1977), Toro salvaje (1980) y El rey de la comedia (1982), le generaron dudas sobre su capacidad creativa. Dio entonces un giro a su manera de hacer cine buscando nuevas temáticas con After Hours (1985), una película de bajo presupuesto, El color del dinero (1986) y La última tentación de Cristo (1988), con las que encontró el apoyo de la crítica.

Para su siguiente proyecto, volvió a las historias de mafiosos, rompiendo las reglas del relato clásico de cine negro, en favor de un impresionismo y un realismo que lo sitúan a otro nivel estético, con una puesta en escena iconoclasta y efectista.

La narración de Uno de los nuestros aporta una serie de recursos narrativos y estilísticos que serán copiados por otros cineastas a partir de ese momento. Hablamos de audaces movimientos de cámara, el uso de la voz en off para pautar la narración (volverá a utilizarla en Casino, 1995), la imagen congelada como fórmula de subrayado, planos secuencia inusitadamente largos o un montaje dinámico y por momentos frenético.

El título original, Goodfellas, puede traducirse como «buenos chicos», en referencia a los protagonistas; unos jóvenes de Brooklyn cuyo aprendizaje como mafiosos y sus andanzas transcurren a lo largo de treinta años. En los inicios de su carrera, abordó esta misma temática con Malas calles (Mean Streets, 1973), que puede considerarse un antecedente de Uno de los nuestros. En ella, Scorsese cuenta la historia de unos personajes a los que conoce bien, ya que están tomados de Little Italy, el barrio de su Nueva York natal.

Se cumplen ahora treinta años del estreno de Uno de los nuestros, una obra maestra que en ese momento supuso una discordancia frente a la obra que hasta entonces representaba el canon del cine sobre la mafia: El padrino (1972), de Francis Ford Coppola, que disfrutó de dos continuaciones (El padrino: parte II, 1974; y El padrino: parte III, 1990), dando lugar a una trilogía fundamental para este género. Este tríptico está concebido como una mitificación de la mafia de origen italiano en Estados Unidos.

Por el contrario, el filme de Scorsese se aleja de una visión idealizada de ese mundo, aportando una perspectiva realista y poco complaciente. La película se basa en una novela de Nicholas Pileggi, escritor y guionista italoestadounidense, titulada Wiseguy: Life in a Mafia Family, que narra la historia real de Henry Hill, un mafioso italoirlandés que terminó sus días como informante protegido del F.B.I. Otra particularidad es que Scorsese no se centra en los capos mafiosos sino en personajes intermedios, alejados de los círculos de decisión.

La historia gira en torno al personaje de Henry Hill, interpretado convincentemente por Ray Liotta, un aspirante a mafioso que va progresando en la jerarquía de «la Familia», junto a sus amigos, Jimmy Conway (Robert de Niro) y Tommy De Vito (Joe Pesci). Los hechos, contados en primera persona a través de la voz en off del protagonista, pautan la progresión de la narración, compartida en ocasiones con la voz de su esposa Karen (Lorraine Bracco). La referencia para todos ellos es el cabeza de la familia mafiosa Paul Cicero (Paul Sorvino), al que acuden para pedir consejo y ayuda.

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El amplio periodo de tiempo elegido para desarrollar la historia —desde los años cincuenta hasta principios de los ochenta— aporta un marco histórico dentro del cual la narración de Scorsese permite traslucir la perversión del sueño americano. Como ocurre habitualmente en las películas de Scorsese, la espléndida banda sonora con conocidas canciones de esos años, asume un importante papel para subrayar el color ambiental de las diferentes secuencias.

Uno de los nuestros se caracteriza por tener un dinamismo (aquí está la mano de la fiel montadora de Scorsese, Thelma Schoonmaker, ganadora de tres Oscar) que dota a la historia de un ritmo trepidante, de manera que sus 2 horas y 25 minutos de duración apenas son perceptibles para el espectador.

Uno de los aspectos a resaltar lo constituyen los diálogos del filme, muy abundantes, buscando un efecto de espontaneidad, algunos de los cuales fueron improvisados, según han revelado algunos miembros del reparto. Podría hablarse de un estilo cercano al documental, en el que se incorporan detalles como la preparación de las comidas en las casas de los mafiosos, o el rol de las madres (la progenitora de Tommy en realidad es la madre del propio cineasta).

De esta manera, se recrea la trayectoria y la amistad de los tres amigos (Henry, Tommy y Jimmy) que con el transcurrir del tiempo termina quebrándose, al discurrir en un permanente equilibrio inestable entre el compañerismo, la traición y el engaño. Una larga carrera delictiva en la que se producen atracos, extorsiones y asesinatos, a las órdenes de la familia Lucchese, una de las llamadas Cinco Familias que dominaron las actividades del crimen organizado en Nueva Jersey, durante el periodo en el que transcurre la película.

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El protagonista Henry (Ray Liotta) va obteniendo el reconocimiento de la Familia, especialmente a partir de un robo en los depósitos de la compañía Lufthansa. Tommy (Joe Pesci) es un psicópata violento, a semejanza del personaje encarnado por James Cagney en Al rojo vivo (White Heat), película dirigida por Raoul Walsh en 1949. Jimmy (Robert de Niro) es un compañero poco fiable cuyo comportamiento resulta en ciertos momentos desconcertante.

Henry decide vender droga por su cuenta y convence a Tommy y Jimmy para que le secunden. Las cosas se tuercen cuando los miembros que formaron parte del robo de la Lufthansa ignoran las órdenes de Jimmy de no hacer comprar ostentosas, por lo que Jimmy decide matarlos. Más tarde, Tommy es asesinado por un ajuste de cuentas, cuando iba a ser reconocido como miembro de la Familia. Finalmente, Henry, que es adicto a la cocaína, es capturado por agentes de narcóticos y enviado a la cárcel. Cuando regresa a su hogar, su esposa le dice que se ha deshecho de la cocaína guardada, para evitar ser descubierta por el FBI. Paul Cicero, el cabeza de la Familia, se siente traicionado por Henry y se desentiende del él. Entonces este teme por su vida y decide denunciar a todo el clan y pasa a formar parte del Programa de Protección de Testigos para protegerse él y su familia.

Como puntualiza Mark Cousins en su excelente Historia del Cine (1), «Uno de los nuestros se cierra cuando un reformado Henry Hill (Ray Liotta) aparece en su casa, y en un brusco cambio de plano aparece Tommy (el personaje interpretado por Joe Pesci), volviendo del más allá puesto que ha sido asesinado, y apuntando directamente a la cámara realiza varios disparos. Se trata de un homenaje a Asalto y robo de un tren, de Edwin S. Porter (1903), en la que en el último plano, un pistolero dispara directamente hacia los espectadores. Toda una declaración de principios, rescatando el espíritu del cine primitivo».

Obra redonda, compleja, sin tiempos muertos, contiene un virtuosismo formal que ha creado escuela. Curiosamente, Uno de los nuestros compitió en la misma edición de los Oscar con El padrino, parte III, un guiño de la vida hacia sus grandes directores Martin Scorsese y Francis Ford Coppola. Uno de los nuestros fue declarada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, obra de «importancia cultural» y seleccionada para su preservación en el National Film Registry.

Escribe Juan de Pablos Pons


(1) Mark Cousins: Historia del Cine. Nueva edición actualizada. Editorial Blume, 2019.

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