Los violentos de Martin

  24 Julio 2020

La violencia de Scorsese

violentos--0«Violencia»: acción violenta o contra el natural modo de proceder. De esta forma aparece en el diccionario aquello con lo que Martin Scorsese nos deleita en la mayoría de sus películas. Existen constantes en la manera de representar esas acciones fuera de lo normal. Una de esas constantes son los personajes, cuya violencia se manifiesta implícita o explícitamente. A estos actantes les podemos denominar, sin ninguna duda, los violentos de Martin.

Hablar de personajes implícitamente violentos es pensar en aquellos que necesitan un catalizador para reaccionar, son los que pierden el control por determinadas acometidas sobre ellos o por la acumulación de circunstancias.

Jimmy Cornway (De Niro en Uno de los nuestros) no ataca porque sí, lo hace cuando las cosas no le salen bien o se le inflan las narices. Como le sucede al padre de la familia Borden (Nick Nolte en El cabo del miedo), al que se le despierta el instinto asesino debido al acoso constante que sufre su familia por parte de un vengativo ex convicto.

Igualmente, si su desastrosa mujer intenta quitarle a su hija o falla alguna de las piezas que él controla a la perfección en el casino, Sam Rodstein (nuevamente De Niro, en Casino) golpeará a su cónyuge hasta hacerla entrar en razón y hará uso de sus influencias para que todo funcione bien en su trabajo.

A caballo entre las dos posibilidades se encuentra Travis (De Niro, naturalmente, en Taxi Driver), cuya violencia explota por el almacenamiento de odio en su interior: ex marine, conductor de taxi en el turno de noche (para mantenerse ocupado y olvidarse del insomnio), no soporta el sistema y menos aún los deshechos humanos que pueblan la oscuridad de las calles. Esto y el rechazo de una mujer hacen saltar sus resortes más impulsivos, dejando un reguero de sangre allí donde se cometía una de esas injusticias inconcebibles para su trastornada razón.

Los otros son violentos por naturaleza, actúan sin contemplaciones, son agresividad en estado puro.

Uno de ellos es Tommy De Vito (Joe Pesci, en Uno de los nuestros), un gangster en continua enajenación, que te pega un tiro en el pie por una confusión y al día siguiente te acribilla por no bailar, o no cesa de matar y rematar un sujeto ya cadáver hasta quedarse sin balas.

También en este grupo estaría Max Cady (De Niro en El cabo del miedo), ese endiablado ex convicto que se oculta tras la verdad y la justicia mediante su irónica sonrisa, para juzgar al incompetente abogado que le defendió, llevando a su familia a situaciones extremas.

De la misma manera, el impulsivo Nicky Santoro (Pesci en Casino) se empeña en realizar sus funciones de guardaespaldas y asegurarse de los cobros correctamente, perdiendo el control a golpe de teléfono, de pluma o de lo primero que tenga a mano.

Incluso, en este grupo podría considerarse a Vincent (Tom Cruise en El color del dinero), un personaje explícitamente violento, dados sus arrebatos adolescentes surgidos de sus impulsos prepotentes, los cuales proyecta sobre la mesa de billar de forma violenta.

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Martin Scorsese impregna su filmografía de una isotopía visual que contextualiza las acciones antinaturales de los personajes: el color rojo. ¿Qué otro pigmento iba a representar mejor la violencia? El nexo culpable de esta asociación es la sangre, presente en los cuerpos sin vida encontrados en un camión de basura o colgados junto a piezas de ganado en un refrigerador. Colorado fluido que salpica tras un contundente golpe o que se expande lentamente por el suelo, después de que alguien reciba un disparo en la cabeza.

Pero no sólo son las dosis de hemoglobina lo enrojecido de este director, que recurre también a la coloración de la imagen al completo: con la iluminación de las luces de posición de un automóvil, para dar el golpe de gracia a un personaje y enterrarlo posteriormente; mediante una bengala de salvamento, para endemoniar aún más, si cabe, a Max Cady; o incluso llega a tintar una imagen acuática como insinuación de la virulencia que llegará más tarde.

Asimismo, el color rojo predomina y resalta en lugares donde puede acumularse la tensión: la tapicería de piel del coche de Eddie Felson, lugar en el que se desarrolla la violencia verbal y ambiental, o el enmoquetado del casino de Atlantic City donde se juega el gran campeonato de billar y los nervios desesperan (ambas en El color del dinero).

El color del coche y las camisas floreadas de Max Cady o el atardecer que precede al desenlace (en El cabo del miedo). El juego de luces en la noche, con los semáforos, los neones de los locales, las ambulancias y los taxis (en Al límite y Taxi Driver). Y absolutamente toda la moqueta del casino de Sam Rodstein, donde el dinero fluye de mano en mano (en Casino).

Un genial director, que se desenvuelve a la perfección en la violencia. Donde otros realizan baños de sangre con tiros y puñaladas sin orden alguno, él utiliza a los violentos de Martin para narrar magistralmente sus vidas y sus historias.

Escribe Israel Pérez  


 

Este artículo se publicó inicialmente en el nº 17 de Encadenados, en diciembre de 2000.

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